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El éxodo, leyenda bíblica

Humanidad expansiva

La vida del hombre siempre se ha caracterizado en una lucha por los recursos impulsados por las comparaciones del beneficio y las aspiraciones que éstas generan. La ambición, la codicia y la envidia se han mezclado con otros sentimientos conocidos como "nobles", tales como la familia, nuestra patria, el interés por el prójimo-amigo, el bienestar de nuestra descendencia y así por estilo, generando actividades expansivas y justificables de todo tipo. Aunque querramos ser individuos libres e independientes no podemos evitar ser parte de un conjunto que nos aprisione en su molde. Nuestra individualidad es solo una pequeña parte de la sociedad en que vivimos, y a su vez, todas las sociedades humanas son porciones de un todo mayor y así sucesivamente. Somos parte de la naturaleza aunque a veces nos pareciera que la naturaleza es parte nuestra, amos sobre ella. La misma distribución de la humanidad sobre el planeta muestra cuánto dependemos de ella. La humanidad se concentra donde existe agua ya sea en forma de ríos de deshielos o por lluvias, donde puede cultivar la tierra y criar animales.

   

                                                         Distribución de la población humana por el globo terráqueo

Sin embargo, a pesar de la prodigalidad de la naturaleza ésta también tiene sus contradicciones. Una de las maneras en que el hombre a creído tener dominio sobre ella, en especial en el pasado, es mediante la religión, a través de un pacto o relación con dioses o con un Dios que obligaría a la naturaleza y a sus competidores serles favorable. Cuando muchas personas viven en un territorio y este es parte de su terruño, los recursos se tornan insuficientes y comienzan las riñas, las luchas y las guerras. El éxodo israelita y la conquista de Canaán no consistía solamente en un cambio de localidad, sino en una expulsión de los otros, y para ello los recursos religiosos también se adecuaban a las circunstancias. Pero quizás una de las historias más inverosímiles se corresponda con el relato del viaje según la manera que la Biblia lo describe, hechos más verosímiles si son considerados como historias religiosas armadas y no relatos auténticos de los hechos tal cual sucedieron.

Características naturales de Egipto

La tierra de Gosén en la antigua Egipto, si nos referimos a la zona del delta, abarca unos 11.500 Km2. (Ver imagen que muestra el dlta del río Nilo a la izquierda) Arribaron a ella, según la Biblia, unas 50 familias semíticas, el clan de Jacob. En 215 años llegaron a multiplicarse a más de 2 millones de personas. Estas cifras se basan en los datos que la Biblia proporciona, pues dice que solamente de hombres de 20 a 50 años eran 600.000 para cuando salieron de Egipto. Si consideramos que la otra mitad estaría compuesta de mujeres, ya tendríamos 1.200.000, y si le agregamos los niños y adolescentes de 1 a 19 años y los ancianos de 51 a 70 años, fácilmente llegamos a más de 2.000.000. Esta cantidad representaba en la tierra de Gosén que vivieran unos 174 habitantes por kilómetro cuadrado si la abarcamos en su totalidad. No es nada comparado con la actualidad, donde la densidad de la población en esta zona del delta del Nilo es, según datos enciclopédicos, de unos 2.000 hab/Km2, lo que nos dice que por cada hectárea de terreno firme subsisten un promedio de 20 personas. En el año 1974 eran unos 33 millones, con una densidad de la zona del delta de 1150 hab/Km2, lo que nos indica que el área del delta sigue siendo una zona muy generosa. Obviamente, si los israelitas se reprodujeron tanto era porque la tierra era buena y había abundante alimento. De seguir ese ritmo, en 200 años más serían 80.000.000.000 de seres, una cifra imposible de alcanzar en el mismo lugar geográfico. Esto demuestra que tanto la velocidad de crecimiento de una población como el límite máximo o tope de desarrollo lo determinan los recursos disponibles según la época. Mientras la velocidad del crecimiento israelita en el delta de Egipto fue de un 4,8% anual, en la actualidad los egipcios no superan el 2,3% anual. Aunque es elevada, el crecimiento fue espectacular durante varias décadas durante el siglo XX gracias a la posibilidad de adquirir recursos desde el exterior a cambio de las exportaciones de petróleo. Entre las producciones agrícolas Egipto posee actualmente los más altos rendimientos del mundo, produciendo entre maíz, trigo, arroz, tomates, cebollas, verduras, azúcar e higos, más de 18 millones de toneladas por año. Esto representa apenas unos 800 gramos por habitante por día. Para suplir sus necesidades alimenticias deben complementarlas obteniéndolas de la carne, la leche y el pescado. Básicamente la mitad de la población vive de los recursos agropecuarios y pesqueros, mientras el resto importa los alimentos faltantes desde el exterior. Actualmente Egipto esta viviendo al límite de sus posibilidades, y en un ambicioso y polémico plan a proyectado la ocupación de unas 2.000 Km2 de desierto mediante un sistema de regadío que podría concretarse gracias a la represa de Assuan. Si esto fuera posible y una vez concretado en un período de 20 años, su territorio cultivable se ampliaría en un 2 %. ¡Qué costosa y difícil ampliación! Lo que la naturaleza no proporciona cuesta mucho suplirla.

Ubicación histórica del éxodo israelita

Para la época de la salida de Egipto, alrededor del año 1513 a. E.C. según la cronología bíblica, nos situaríamos en la época de los faraones Tutmosis (1524-1504), los cuales ambos, I y II, fueron enterrados en el Valle de los Reyes. Pero estos faraones parecen no corresponder con una  salida de extranjeros de esas tierras. Llama la atención de la Biblia que cuando quiere ser precisa brinda muchos detalles y da nombres de gobernantes, pero aquí con respecto al éxodo no menciona el nombre siquiera del faraón. Muchos devotos prefieren no encontrar ninguna relación directa con algún período faraónico, de manera que siempre tratan de desacreditar cualquier mención a algún gobernante egipcio para el tiempo del éxodo israelita. Aducen que los períodos a los cuales se atribuyen las dinastías egipcias varían en siglos, aunque esto en realidad no es así ¿La razón? En primer lugar no existen correspondencias en la historia egipcia de dicho suceso, salvo algunas menciones llamativas y algunos sucesos históricos y menciones posteriores de escritores como Flavio Josefo y Manetón, un sacerdote egipcio del siglo III a. E.C.. Como se puede ver, lo más probable de su insistente negativa y crítica empecinada es por la inquietante posibilidad de encontrar al relato del éxodo de la Biblia como leyenda y quedarse sin saber qué decir a los creyentes por eso. Es interesante la mención de unos datos aparecidos en una obra de consulta bíblica, el libro "Perspicacia para comprender las Escrituras" editado por la sociedad Wachtower, en la página 890 bajo el título "Exodo", tomados de Josefo-historiador del siglo I E.C.-el cual este a su vez tomó de Manetón, donde menciona lo siguiente:

 

“El sacerdote egipcio Manetón, (...) escribió en griego sobre el año 280 a. E.C. Según el historiador judío Josefo, Manetón (Maneto) dijo que los progenitores de los judíos “llegaron a Egipto en muchas decenas de miles y que sometieron a sus habitantes”, y a continuación Josefo escribe que Manetón “reconoce que posteriormente salieron de aquella región y ocuparon la zona que ahora se denomina Judea, y luego de edificar Jerusalén levantaron el Templo”. (Contra Apión, libro I, sec. 26.)”

La parte interesante corresponde con la declaración de Manetón de que los ‘semitas llegaron en decenas de miles a Egipto sometiendo luego a sus habitantes’. Esto es algo diferente de la historia hebrea, donde habla solamente del arribo de Jacob y su familia y sugiere que todos son descendientes de Jacob que nacieron en Egipto. Sea como fuere, la declaración de Manetón coincide con una parte de la historia egipcia referida a los hicsos. Los hicsos fueron invasores semitas nómadas que lograron establecerse en la parte norte de Egipto allá por el año 1780 a.C.(o a.E.C.), tomado Menfis y conquistándolo. Gobernaron Egipto hasta por el año 1570 a. E.C. desde su capital Avaris situada al este del delta del río Nilo, fecha en que Amosis I  da comienzo el llamado Imperio Nuevo por los historiadores, una época para cuando finalmente, según los registros egipcios, los expulsó militarmente. Su período de ocupación, durante el cual introdujeron el caballo y el carro, abarcó unos 214 años, y coincide con la mención de que posteriormente fueron expulsados, aunque desde el punto de vista hebreo ocurrió de otra manera. Es importante destacar que además de las menciones detalladas por Josefo, los hicsos han dejado rastros arqueológicos, rescatando huellas de su paso en distintas inscripciones, fragmentos escultóricos y cerámicos, y algunas evidencias en restauraciones de templos, principalmente en Bubastis. De corresponder los hicsos con el relato del éxodo y la fecha seglar, tendríamos una diferencia de unos 57 años con la fecha extraída de la cronología bíblica, sumamente cercanas entre sí, resultado por demás sorprendente. A pesar de que algunos consideran como no confiables las fechas dadas por los arqueólogos, una enciclopedia dice:

“La base para el estudio del periodo dinástico de la historia egipcia, entre la primera dinastía y el periodo de los tolomeos, reside en el Aegyptiaca de Manetón, un sacerdote tolemaico del siglo III a.C., que organizó una lista de reyes dividida en 30 dinastías. Existe un acuerdo general sobre las divisiones de la historia egipcia, hasta la conquista de Alejandro III el Magno, en los imperios Antiguo, Medio y Nuevo con periodos intermedios, seguidos por los periodos tardío y de los tolomeos, fijado cronológica y genealógicamente gracias a los nuevos hallazgos y el uso creciente de sofisticados métodos de datación.[1]

De modo que la puntería seglar no debe estar muy desviada, lo que al compaginar el suceso hicso con las fechas cronológicas y arqueológicas, el faraón que los expulsó, la mención de Manetón confirmada por Flavio Josefo y el relato y cronología de la Biblia, bien pudo ser Amosis I el faraón del éxodo. Su hermano tebano, Kamosis, ya estaba luchando contra ellos por unos 6 años. El reinado de Amosis concluye en 1546 a E.C.. Algunos relacionan a los hebreos con Amenofis IV, el faraón reformador religioso que instituyó el culto monoteísta, pero este reinó desde 1350 hasta 1334 a.E.C., mucho después de la salida de los hicsos de Egipto, por lo menos unos 163 años después tomando en cuenta la fecha dada por la cronología bíblica y el comienzo de su reinado. Quizá lo más relevante de este faraón también llamado Akenatón, sea la similitud entre un salmo de la Biblia con un himno religioso hallado perteneciente a su época.  Otros hasta hablan de Ramsés por la mención de la ciudad Ramesés en la Biblia, sin embargo este es aún posterior a Akenatón, pues la dinastía Ramesida comienza en 1293 a. E.C. y su apogeo constructivo abarca el período de Ramsés II que se extiende hasta el año 1235 a.E.C.

 

El relato del éxodo

            Un relato de la Biblia que los creyentes (todos los cristianos y judíos también) aceptan como totalmente verídico es el éxodo de Israel de Egipto. No parece fácil de creer en realidad, sino muy complicado. Sin la fe o convicción religiosa es imposible considerar dicho relato como real o auténtico. Más bien, a través de un análisis objetivo se lo puede describir como una gran novela basada posiblemente en hechos sucedidos y contados por testigos reales que luego degeneraron en una tradición oral amalgamada según los patrones políticos religiosos de la época. Desde sus comienzos fueron historias adornadas, adecuadas y a la vez interpretadas según las necesidades de identidad y dominio de su momento, enmarcados en una corriente histórica que privilegia el sentido nacional del pueblo hebreo. Muchos críticos han puesto en duda el que los hechos sucedidos ocurrieran durante el período que señala, sugiriendo que fue la invención de algunos escribas posteriores. Sin embargo, aunque es probable que más tarde se agregaran distintos relatos procedentes de fuentes diversas, es muy poco probable que fueran invenciones. El Pentateuco, excluyendo el libro de Levítico, cuya importancia en este análisis es indistinta, es en realidad un colección de historias y tradiciones muy evidentes en cada uno de los diferentes libros que los componen desde hace milenios. En Génesis, Exodo, Números y Deuteronomio, en cada uno de ellos encontramos diferencias de estilo, repeticiones y desórdenes en las narraciones a medida que leemos sus capítulos, lo que impide ver a cada libro individual y a la serie que compone el Pentateuco como una obra que haya salido originalmente de la mano de un solo autor. Este punto de vista está de acuerdo con las tradiciones más antiguas, las cuales nunca afirmaron explícitamente que Moisés fuera el único redactor de todo el Pentateuco. La idea de atribuir a Moisés todo este conjunto de libros proviene de ciertas lecturas evangélicas del primer siglo de nuestra era, en donde los cristianos primitivos y Jesús parecen acomodarse a esta opinión (Jn.1:45; 5:45-47; Rm.10:5).

Sin embargo, esta manera extensiva de atribuir a Moisés todo los escritos como si fuera obra suya es una interpretación equivocada de nuestra parte. En los pasajes aludidos se interpreta a la “Ley” como a todo el Pentateuco, porque de hecho así lo consideraban los judíos. Sin embargo, no todo el Pentateuco era “Ley”, solo su sección más sobresaliente en las cuales se fundamentaban las reglas de vida de la comunidad judía. Por otra parte, no todo el Pentateuco fue obra de Moisés, como por ejemplo las diferentes historias del libro de Génesis, las cuales, aunque las hubiera puesto por escrito, en realidad estaba recopilando historias orales de sus antepasados o manuscritos ya existentes. También se puede constatar al leer los relatos en las cuales Moisés aparece siempre en tercera persona, como ocurre de manera evidente en el último capítulo de Deuteronomio al referirse a su muerte y hechos posteriores a ella. De hecho, todo los relatos incluidos en estos libros, inclusive los relacionados con el éxodo israelita y su vida por el desierto, parecen escritos por distintos testigos oculares o bien de redactores posteriores que acomodaron los testimonios manuscritos en un cierto orden hasta que con el tiempo conformaron los primeros cinco libros que tenemos hoy en nuestras Biblias. De modo que las diferentes historias que componen nuestro Pentateuco-como en los días de Jesús-es el resultado de una posterior recopilación de copias de manuscritos procedentes de los originales, entre los cuales habrían algunos atribuidos directamente a Moisés, ya sea como producto de su propia recopilación como a relatos propios escritos de su puño y letra o de algún secretario, y el resto provenientes de testigos contemporáneos y posteriores que se encargaron de documentar los distintos sucesos históricos en un marco fuertemente ligado a la fe en yhvy (Yavhé o Jehová) con relación a su destino nacional.

Otro ejemplo de esto lo podemos encontrar en el libro de Génesis. Además de las diferentes historias recopiladas de diferentes antepasados y luego de distintas tribus o grupos poblacionales relacionados con Israel, existen menciones que prueban que partes de ese libro fueron añadidas por lo menos durante la época de los reyes de Israel (Gen.36:31). Una mención tan segura de la existencia de reyes israelitas no puede atribuirse a una visión profética. Este pasaje es una copia del mismo pasaje que aparece en 1 Cro 1:50 que se atribuye escrito por Esdras en el siglo V a.E.C., posterior a la época de los reyes. Se dice que Esdras copió del Génesis o de otra fuente para su recopilación genealógica. Sin embargo, en segundo lugar, es más probable que otro escritor, muy posiblemente anterior a Esdras pero de la época de los reyes haya insertado este pasaje en el libro de Génesis, porque ¿cómo sabía de antemano Moisés que habría reyes en Israel? Se suele citar Deuteronomio 17:14,15; donde alude a que más adelante los israelitas deberían colocar sobre sí un rey de entre sus propios hermanos cuando lo desearan, brindando algunas otras normas de su proceder que deberían tener en cuenta cuando esto surgiera. De acuerdo a este pasaje parece aludir claramente a un escritor que escribe antes que los israelitas entren a la tierra prometida(s.XV a.E.C.). De acuerdo a ello, Moisés estaría allí, por lo que estaría al tanto de ello. Sin embargo llama la atención que cuando surge esta petición en la época de Samuel (s.XII a.E.C.), la Biblia muestra que esa actitud era incorrecta, pues no deberían nombrar un rey. Ante la insistencia del pueblo, Samuel accede y en 1 Sam 8:7; 10:19 y Os. 13:11 pone en evidencia el desagrado de Dios por semejante petición. Parece raro cuando siglos antes el mismo Dios les brindaba la posibilidad una vez bien establecidos en la tierra de colocar un rey. Tal parece entonces que la decisión de colocar un rey no estaba aprobada por Dios ahora en los tiempos de Samuel aunque después la toleró o bien la instituyó. Volviendo al Génesis, aunque menciona solo una línea de 8 reyes edomitas, Esdras hace exactamente lo mismo al prácticamente aparecer una copia de esta genealogía en la genealogía que se le atribuye recopilada y que curiosamente culmina con los jeques de Edom al igual que en Génesis, como dando a entender que allí quedaban establecidos todos los descendientes edomitas, generando una repetición innecesaria, que de haber pertenecido a un libro independiente de la Biblia no habría sido relevante. En definitiva, lo que evidentemente no queda claro para nada es que si Moisés fue realmente el escritor de ese versículo del Génesis 36:31,-y por extensión se supone con buen tino del resto de los versículos que tratan sobre ese aspecto de las genealogías edomitas-no tendría que haber mencionado para nada a modo aclaratorio sobre la existencia de los reyes israelitas. Si la lista hubiera sido recopilada por Moisés antes de la entrada a la tierra prometida, simplemente hubiera bastado con que dijera algo como: “Ahora bien, estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom hasta estos días, mientras vivimos en el desierto”. Aparte de encontrarse en tercera persona, el aclarar que reinaron “antes que reinara rey alguno sobre los hijos de Israel”, introduce un factor de tiempo indeterminado de unos 300 años que descolocan claramente a Moisés como el escritor o recopilador para favorecer a un escritor posterior que ya conocía por lo menos algunos reyes, y que lo incluyó como parte natural de su narrativa al relatar sucesos y describir documentos antiguos como esa sección incorporada en lo que es hoy día  para nosotros el libro de Génesis. Tampoco es clara la mención de Seír. En Deuterenomio 2:12 y 22 menciona que Seír tuvo varios hijos que conformaron a los horeos, los cuales habían sido desposeídos y aniquilados de sus tierras por los descendientes de Esaú antes del tiempo que los israelitas entraran en Canaán. Una vez desposeídos no deberían tener jeques o jefes tribales, descendientes de los hijos de Seír, pero Gen 36:21 y 30 da a entender que todavía estaban en esa zona. No dice que eran o que ‘habían sido’ sino ‘son los jeques según sus clanes del país’. Según Gen. 32:3 Esaú ya vivía en la región de Seír para cuando su hermano Jacob todavía vivía en el norte de la Mesopotamia. Estas faltas de coherencia temporal permiten suponer al menos que fueron colecciones de datos provenientes de fuentes ajenas de tiempos distintos e incorporadas con los otros relatos a medida que se recopilaban los escritos a través de los siglos. Será por eso que correctamente muchos de los distintos libros de la Biblia tal como los tenemos hoy no se atribuyen a un solo escritor, son algunos cristianos que parece que les obsesiona esta necesidad, acostumbrados a que le digan quién lo escribió. Al contrario, existen numerosos pasajes de la Escrituras que mencionan a su escritor, como por ejemplo a Moisés mismo en diversos lugares, como en los Salmos, a David, Salomón y otros escritores sobre los cuales se da a entender que pusieron por escrito diferentes partes y hasta libros completos, como Juan la Revelación. La mayoría de los libros de la Biblia son recopilaciones y agrupamiento de otros manuscritos sobre los cuales los autores son desconocidos, porque muy probablemente en muchos casos fueron el resultado del trabajo de varios o patrimonios culturales de una comunidad.

Cuando leemos la parte del éxodo israelita como su viaje por el desierto hasta antes de entrar en la tierra prometida, nos encontramos con relatos fantásticos. Pero, no se trata solamente de los milagros tales como las diez plagas de Egipto o el cruce del mar Rojo y el maná del desierto. También existen otros aspectos menos notorios que se dan por descontados como hechos simples, pero que al analizarlos revelan detalles de cuento o mito, elaborados más que nada para reforzar la fe de los futuros descendientes sobre los orígenes de su destino. Entre los aspectos más llamativos no se encuentran quizás en creer o no creer si Dios puede hacer un milagro o no, sino en descubrir a través de las palabras escritas lo que hay detrás de ellas, porque éstas son el producto de los pensamientos, deseos, temores, metas y razonamientos de quién proceden o se le atribuyen. A su vez, es posible analizar los hechos en un contexto real, trasportándonos al lugar, sentir el clima, su calor abrasador, el olor del desierto, el ruido de los animales y el pulular de las personas. Tratar de ver los milagros como que ocurren tal cual se relatan y luego esforzarse por entender las reacciones de las personas en un marco donde no solo prima el conocimiento físico de la naturaleza y del ser humano, sino sus componentes sicológicos, puede trasportarnos a lugares sorprendentes si solo nos dejamos llevar por la libertad en el pensamiento honrado, guiado por un juicio lo más recto y objetivo posible y totalmente desvinculado de ideas o creencias preconcebidas. La mente libre puede ser un buen instrumento, pero debe alejarse lo más posible de las pasiones humanas para que la verdad pueda ser lo más pura posible. Quizá logremos alguna aproximación a ella, aunque su conocimiento pueda todavía estar lejos de nosotros. A lo mejor, en el camino de la persistencia solo podamos alcanzar algunos triunfos personales.

Pero, vamos a analizar el éxodo y la vida en el desierto para ver que podemos conseguir. Entre los elementos del relato no conciliatorios con la realidad-sin contar la división del Mar Rojo o la caída del maná, claramente milagrosos-tenemos los siguientes que desarrollaré de un modo progresivo, siguiendo la misma ruta que relata la Biblia. Por el momento dejaré de lado las plagas de Egipto, aunque las tendremos en cuenta para posteriores análisis. Tan solo tomando en cuenta las propias evidencias y declaraciones internas de la Biblia encontramos a este relato más cerca del ámbito espiritual o simbólico que literal, aunque de alguna manera pudiera estar basado en sucesos reales, éstos parecen más que nada para justificar los cimientos del relato.

 

Ubicación geográfica.

Para comenzar no hay nada mejor que tratar de ubicarnos en la realidad lo mejor posible. Para alcanzarlo debemos conocer primero la ubicación geográfica general de la zona que trataremos en su contexto, y también conocer más de cerca sus características topográficas y climáticas.

 

       La península del Sinaí en su contexto geográfico, a la derecha topografía y principales ciudades del Medio Oriente.

                    Mapa actual de la península del Sinaí.

Tamaño del pueblo que sale de Egipto

De acuerdo a la Biblia los descendientes de Jacob salen de Egipto todos juntos para el tiempo de la primavera. Entre una de las descripciones imposibles de ver salvo como exageradas es la gran cantidad de israelitas que la Biblia menciona, unos 600.000 hombres de 20 a 50 años, lo que haría, junto con la muchedumbre mixta, una cifra de más de 3 millones de personas que salieron al mismo tiempo todos juntos de Egipto. Según cálculos de algunos, muestran que hasta en la forma de una columna cerrada para la marcha esta abarcaría 8 kilómetros cuadrados. Esto equivale al tamaño de una ciudad de 4 kilómetros de largo por 2 kilómetros de ancho.

Sin embargo es muy difícil sino imposible mantener organizada una columna muy ancha para que avancen en forma pareja una cantidad tan grande y compacta de personas de distintos sexos y edades junto con animales de diferentes tipos. Se cree que marcharon en formación tipo militar, con una columna a la vanguardia una a la retaguardia y dos flancos. Por más ancha que pudiera manejarse una columna, esta no podría estar dividida a su vez en más de 3 columnas de 100 metros de ancho cada una distanciadas a por lo menos 50 metros una de otra. Seguramente, como ocurre en cualquier caravana o columna, debieron haber al frente los que la dirigían y mantenían la velocidad. Cualquier columna demasiado ancha produciría deformaciones debido al limitado campo visual y dirección, dificultada además por las variantes topográficas del terreno. Si de alguna manera pudieron armar una formación semejante, las columnas centrales serían unas 6, con tres a cada lado formando los dos cuerpos principales, separadas unos 100 metros. Si de alguna manera se utilizó la pertenencia tribal, tendríamos de esa manera las doce tribus contando las otras tres que marcharían como el cuerpo restante por la retaguardia. Con esta configuración las dimensiones que abarcaría semejante formación serían alrededor de unos 17 kilómetros de largo y con un ancho máximo en la zona central de 900 metros, casi un kilómetro. Ciertamente risueño el solo considerarlo.

Sin embargo, después que parten de Sinaí, bajo las aparente nuevas instrucciones de Dios, de haber existido ya no existían flancos sino columnas una detrás de la otra separadas por cada tres tribus, viajando los levitas con los enseres religiosos en formaciones intermedias. Esto haría que toda la formación pudiera alcanzar hasta unos 25 kilómetros de largo. De cualquier manera, el tamaño del pueblo para la marcha no era el mismo que para cuando formaban el campamento. Para acomodar a tantas personas en un campamento con tiendas y espacio, sus dimensiones podrían alcanzar hasta unos 64 Km2, asemejando a una gran ciudad de 80 cuadras de largo por 80 cuadras de ancho. Estas dimensiones serían las que adoptarían los distintos campamentos que se establecieron durante el viaje. Es sumamente difícil sino imposible poder movilizar semejante tamaño de seres vivos de manera organizada, teniendo en cuenta que habría niños y ancianos, y por supuesto, miles de animales, entre ovejas y vacunos (Ex.12:27-39). Hoy día podría ser el equivalente a movilizar todo un país por cientos de kilómetros a través de un desierto árido, como podría ser toda la población de la República del Uruguay. Si pudiéramos ubicar a todos los habitantes de Uruguay en el valle de Río Negro, desde Neuquen hasta Regina (unos 500Km2, diseminados a unos 60 personas por hectárea), sería como que partan de esta zona en una viaje de 400 kilómetros por el centro de la Patagonia hasta Laguna Verde en la provincia del Chubut en verano, con un primer tramo hasta Sierras Blancas, a 120 Km. al sur del valle con vacunos y ovejas. Si hoy día hubiere semejante grupo nómada que se desplazara cientos de kilómetros por terrenos desérticos a la manera antigua, sin duda se convertirían en el principal foco de atención mundial no solo por su magnitud sino por su seguro trágico desenlace por el tipo de territorio y destino elegido si no fuera asistido por numerosos médicos y abundantes provisiones de agua y alimentos. Jamás a ocurrido cosa semejante en la historia humana. Las peregrinaciones más grandes realizadas en la actualidad probablemente sean las que los musulmanes realizan cada año cuando viajan a La Meca. La población de esta ciudad situada al oeste de Arabia Saudí para el año 1994 se estimaba en 1.500.000 habitantes. En el año 1977, gracias a los modernos métodos de transporte, especialmente el aéreo, mediante los cuales arriban de distintos lugares del planeta los musulmanes devotos,  conformaron una multitud de casi 2 millones los peregrinos que se concentraron en este lugar de Arabia, en el cual estarían incluidos seguramente la mayoría de los habitantes de la ciudad. Son bien conocidos hoy día las miserias de los campos de refugiados, tales como los escapados de las guerras de Ruanda, el de Ngara, con una población de 580.000 personas para 1994. Las necesidades básicas de higiene, agua potable y alimento no solo son un problema que afecta a los escapados, sino también a miles de voluntarios que movidos por la compasión enfrentan el desafío de proporcionar estas necesidades a los hacinados, que suelen estar distribuidos en distintos sectores, generalmente a la orilla de algunos ríos o lagos cercanos.

 

Escasez de provisiones y alta densidad

Otro factor imposible de conciliar con la realidad normal es que salieran sin provisiones a caminar por una tierra desértica. (Ex 12:39) Fueron, de acuerdo a la misma Biblia literalmente expulsados, así es que salieron con lo puesto, inclusive cargando sobre sus lomos la harina amasada sin leudar del día anterior. Diferentes Biblias dan a entender que salieron de prisa, sin tener tiempo para prepararse bien, obligándolos a actuar de manera muy rápida. La Biblia de Jerusalén (BJ) traduce que a consecuencia de haber sido “echados de Egipto no pudieron tomar víveres ni provisiones para el camino”. La versión Nacar Colunga (NC) traduce que “ni para comer pudieron preparar nada”. Semejante grupo se dice que salió esa misma noche, el 14 de Nisán (Ex.12:42, 51), aunque en otro lugar se dice que salieron el 15 de Nisán, un día después (Nu. 33:3). Imagínese un grupo poblacional tan grande, semejante a la cantidad de habitantes que hay hoy día en grandes ciudades, salir a caminar con sus rebaños por una zona desértica donde la vegetación es muy escasa y los oasis no solo están lejos unos de otros sino que son pequeños en comparación con la masa humana y animal caminante. Actualmente, la península Arábiga, una enorme extensión continental al este de Africa puede servirnos de ejemplo. Arabia Saudí, una nación que ocupa un extenso territorio de la península Arábiga de características similares a la pequeña península del Sinaí, alberga en total unos 17,6 millones de habitantes según el censo de 1993, en su mayoría distribuidas en grandes ciudades y multitud de poblados. La ciudad de Riyad es la más grande del país, y viven 2.500.000 habitantes. La extensión del territorio abarca 2.240.000 Km2, por lo que la densidad promedio de la población es de casi 8 hab/Km2, una de las más bajas del mundo. La península de Sinaí, de características geográficas y climáticas parecidas, apenas tiene 57.000 Km2. Suponiendo que pueda albergar una población distribuida a la actual densidad de la península Arábiga, en la península de Sianí no podrían vivir más de 456.000 personas. ¡Mucho menos concentradas en un área a manera de una enorme ciudad de tiendas y multitud de rebaños! Es realmente, o una leyenda, una parábola, ilustración educativa o historia exagerada o un poco de cada cosa. Otro caso que puede ilustrarlo mejor es el de Jordania. Este país esta situado al este de la península del Sinaí, pegado a la misma, de hecho es la continuación a partir de la depresión del Arabá que separa al Neguev, zona donde según el Pentateuco el inmenso grupo de israelitas vagaron por 38 años. Pues bien, a diferencia de esta zona y el resto de la península del Sinaí, Jordania posee un distrito de pastos y arboledas en su sector noroeste, donde además de tener el régimen más alto de lluvias anuales del país se encuentran algunos afluentes del Jordán, desde la zona del Irbid, la más rica, hasta Ammán, distrito donde también se concentran la mayoría de los habitantes del país. El resto se distribuye en otras ciudades en dirección al sur hasta el golfo de Aqaba. ¿Cuántos habitantes viven en Jordania? Pues según estimaciones para 1993 se calcula en 3.900.000 habitantes, una cifra muy cercana a la que se dice componían los israelitas al salir de Egipto. La población nómada de Jordania no supera las 200.000 personas. El territorio cultivable apenas cubre unos 4.800 Km2, en su mayor parte depende de las lluvias generalmente invernales, donde el régimen es de 660 mm anuales en el noroeste, con apenas 127 mm en su extremo oriental y de 25 mmm en su extremo sur, en Aqaba. Aún en sus mejores años agrícolas, Jordania importa más alimentos de los que produce. Se destacan en cambio la ganadería menor, con 1,2 millones de cabezas de ovinos y 460 mil de caprinos. Los vacunos apenas llegan a las 29 mil cabezas. Su principal actividad animal es avícola, con 60 millones de aves. Por otra parte, el mismo Neguev, actualmente parte del territorio de Israel, conforma una superficie de unos 13.000 Km2, con un régimen de lluvias en su parte norte de 245 mm anuales, lo que hace imposible usar el suelo para cultivo sin irrigación artificial. Beersheva es una de las ciudades más importantes en la actualidad en ese lugar, y gracias a un continuo suministro de agua proveniente de un conducto que trae el agua del mar de Tiberíades o antiguo mar de Galilea, se ha desarrollado agrícolamente esta región. Actualmente su población es de 114.000 habitantes. De hecho, la entera cantidad de habitantes que viven actualmente en todo Israel y que se distribuyen a través de todo el territorio con un carácter extremadamente urbano en muchas ciudades de 2.000 habitantes en su mayoría, alcanza la cifra de 5.500.000 habitantes para 1994.

  (Ver: Mapa de Israel en la actualidad, con doble click) Todo Israel en la

  actualidad, cuya superficie es bastante similar a la antigüedad (26.000 Km2) y

  considerando que era la deseada tierra de promisión donde abundaba

  la leche y la miel y donde es posible encontrar hoy día en su extensión una

  capacidad de sustentación agrícola ganadera natural de cierta importancia,

  tiene una extensión de casi 22.000 Km2, con lo cual su densidad poblacional

  ronda un promedio de 250 hab/Km2. Cisjordania, cuyo territorio bordea el río

  Jordán  desde el mar de Tiberíades hasta el mar Muerto del lado occidental, alberga a 975.000 habitantes en 5.900 Km2. Es interesante analizar sobre los datos que podemos obtener de la producción actual en Israel, ubicable en cualquier enciclopedia. Una de ellas brinda los siguientes datos:

Recursos naturales

La zona que actualmente ocupa Israel (denominada en la época bíblica como la tierra de la leche y la miel) se considera yerma y estéril. Sin embargo, la república tiene recursos minerales y agrícolas. Los estudios geológicos han descubierto en el Néguev numerosos yacimientos de minerales entre los que figuran: cobre, hierro, fosfatos, manganeso, granito, mármol, mica, feldespatos, yeso, vidrio, arcilla en piedra y arcilla en bolas. También se han hallado en esta región depósitos de petróleo y de gas natural, explotables comercialmente. En las aguas del mar Muerto hay grandes cantidades de bromo y potasio, mientras que en Galilea se ha encontrado hierro y turba.

El suelo es generalmente pobre, pero a lo largo de las llanuras costeras hay ricos suelos aluviales y las tierras roturadas de las zonas pantanosas de la llanura de Esdrelón también son muy fértiles en la actualidad.

Flora y fauna

La flora es propia de tres regiones: la costa mediterránea, la estepa asiática y las regiones desérticas de la península de Arabia. En el país hay aproximadamente 2.500 especies de plantas, la mayor parte de ellas xerófilas, es decir, capaces de sobrevivir a prolongadas temporadas de sequía. Entre los productos de valor económico figuran los cítricos, los plátanos, el algodón, el tabaco, las uvas, los dátiles, los higos, las aceitunas, las ciruelas y las almendras. En los últimos años se ha aumentado el número de robles enanos, árboles de hoja caduca y coníferas. Desde 1948 se han plantado en Israel más de 200 millones de árboles, y actualmente las zonas reforestadas cubren un 6% del territorio.

En Israel hay unas 100 especies de mamíferos y unas 400 especies de aves. Entre los animales de presa destacan la nutria, el lobo, la mangosta, el chacal y la hiena; también abundan gacelas, puercoespines y erizos. La langosta, aunque no es originaria de esta área, invade la zona de forma periódica, provocando dificultades en el sector agrícola.[2]

Agricultura

La agricultura cubre aproximadamente tres cuartas partes de las necesidades de alimento de la población, y algunos productos, sobre todo los cítricos y los huevos, se exportan. En la producción agrícola de comienzos de la década de 1990 figuraban (en toneladas métricas) 887.000 de naranjas, 523.000 de tomates, 213.000 de patatas (papas), 291.000 de trigo, 104.000 de manzanas, 66.300 de melones, 48.000 de aguacates y 98.000 de uvas. La ganadería contaba con 331.000 cabezas de ganado vacuno, 375.000 ovejas, 115.000 cabras y 27 millones de aves de corral.

El éxito de la agricultura israelí ha sido posible gracias a la investigación científica y al uso de tecnologías avanzadas que se aplicaron sobre todo en los programas de roturación de tierras y de regadío. Las comunidades agrícolas israelíes se dividen según su organización en tres tipos. En las comunidades colectivas (kibutz), la gente comparte equitativamente el trabajo y los beneficios. En los pueblos cooperativos (moshav), las granjas individuales se trabajan de forma independiente, pero la producción se pone en un fondo común y se comercializa de forma colectiva. En las comunidades de pequeños propietarios (moshavá), las granjas individuales se trabajan como empresas privadas. Los primeros dos tipos de asentamientos se establecieron en tierras que pertenecían a las diferentes organizaciones colonizadoras, sobre todo al Fondo Nacional Judío, y que se alquilaron a sus nuevos habitantes.

Silvicultura y pesca

Una parte importante del programa de conservación y roturación en Israel es la repoblación forestal, sobre todo en las zonas de montaña; a comienzos de la década de 1990 aproximadamente el 6% del país fue repoblado. En este mismo periodo, la captura anual de pescado fue de unas 26.100 t. Más de la mitad de esta cifra era pescado de agua dulce criado en piscifactorías.

Minería

Los principales bienes disponibles de la industria minera son grandes cantidades de potasio, bromo, magnesio y otros minerales que se extraen de los depósitos de sal del mar Muerto. La producción de potasio (a comienzos de la década de 1990) alcanzó unos 2,1 millones de t anuales; se producen cada año cerca de 2,5 millones de t de fosfatos; las enormes canteras de mármol y granito cubren las necesidades internas de la construcción. La producción de petróleo crudo hace frente a menos del 1% del consumo de Israel.[3]

 

Pues bien, ante el manejo moderno del agua además de la tecnología para su aplicación y labranza, toda la producción agrícola no supera los 1,1 Kg/dia por habitante. Aunque los rendimientos agrícolas por área cultivada son entre los mejores del mundo pero dado que la mayor parte del territorio es yermo, el rendimiento promedio de la tierra prometida no supera en la actualidad el 0,1Kg/m2 (1Tn/h). Con relación a la ganadería, si todo el ganado disponible en la actualidad se faenara, no llegaría a cubrir los 14Kg por habitante para todo el año. Con esta producción moderna apenas habrían vivido 3 millones de personas en la tierra prometida en la antigüedad. Pues si esto ocurre hoy en unos 22.000 Km2 donde la producción agrícola apenas alcanza para cubrir el 75% de las necesidades locales, ¡imagínese lo imposible que sería que 3.000.000 de personas vivieran en unos 64Km2 durante 40 años en medio de un desierto!

Todo esto visto sobre el territorio del Israel actual es un paraíso comparado con la desolada península del Sinaí. El régimen de lluvias anuales no se puede medir, porque a veces en amplios sectores del desierto solo llueve una vez en varios años. En Elat, zona del golfo de Aqaba, apenas llueve 25 mm anuales. Ni en el pasado existieron ni actualmente existen ciudades en la península del Sinaí, parte hoy del territorio de Egipto, y la mayoría de los poblados son pequeños reductos ubicados a lo largo de la carretera que bordea la península y diminutos asentamientos de nómades que se trasladan de un oasis a otro en distintos lugares del desierto constantemente. Muy poco a cambiado en estos 3500 años el clima y terreno en este lugar, no solo a juzgar por los conocimientos geológicos y biológicos actuales sino apoyados por las propias declaraciones explícitas contenidas en los distintos libros del Pentateuco acerca de la aridez y extensión de estas tierras. Sobresale la zona del monte de Sinaí considerada zona sagrada desde la antiguedad, donde en el siglo VI se construyó el monasterio de Santa Catalina, también cerca hay un aeropuerto, y es uno de los lugares frecuentados por turistas occidentales de todo el mundo para conocer la montaña donde según la Biblia Moisés recibió los diez mandamientos de YHVH. Pero no solo la densidad es un factor negativo de la veracidad histórica del libro de Exodo, sino otro factor fundamental relacionado con la naturaleza física humana y animal: La sed.

 

Caminatas imposibles hasta el mar Rojo

El que caminaran los primeros 120 kilómetros hasta el mar en una marcha continuada sin posibilidad de encontrar y tomar líquidos es un relato imaginario. Una marcha de un pueblo tan numeroso, con niños y animales, además de carga de todo tipo, no habría podido superar una velocidad mayor a 2 kilómetros por hora durante 6 horas de viaje diarios. Para llegar desde el río Nilo hasta el mar Rojo habrían requerido por lo menos unos 10 días de marcha. Hay que agregarle a esto que estuvieron acampados, por lo menos 2 dias en cada lugar, tanto en Sucot, primera parada desde su salida de Ramesés, y otros 2 días en Etam, ambos lugares, al igual que Ramesés hoy desconocidos (Esta palabra en egipcio significa ‘hijo del dios sol’ nombre que  siglos después sería conocido en la persona de un Faraón egipcio, el fundador de la XIX dinastía conocida como la dinastía Ramesida en 1293 a. E.C., Ramsés I. Últimamente se han descubierto antiguos restos de posibles ciudades de almacenamiento, ubicadas al noreste del delta cerca del mar Mediterráneo, con inscripciones que leen Ramsés, lo que hace pensar que probablemente aquí sería el lugar de donde partieron los israelitas según menciona el Exodo). Asimismo, es probable que también pasaran unos 2 días en Pihahirot, antes de cruzar el mar. Esta última acampada antes de cruzar el mar tampoco es conocida hoy día, aunque es posible determinarla hasta cierto grado en base a los datos geográficos que suministra el relato

  En la imagen de la izquierda se puede apreciar

  la ruta probable del éxodo israelita según la

  narración bíblica.Imagínese usted, como padre

  de familia, que tuviera que salir con su esposa

  e hijos a recorrer una distancia de 120

   kilómetros por tierra desértica, como la 

   meseta de Río Negro, sin provisiones,

   y además con ovejas o vacunos. Después de

   unas horas de caminar por el sol de primavera

   seguramente tendrá sed, no solo usted, sino

   sus hijos y su  esposa. Más grave sería si

   tuviera un bebé a quien amamantar. Sin

  embargo, no hay agua por el camino. A esta

  altura seguramente habría considerado

  una locura salir con su familia a caminar por el

  desierto. En cuanto a los israelitas, ¿cuánto

  tiempo cree usted que podrán aguantar sin

  tomar líquidos? Para su conocimiento, no

  existen oasis por el camino, ni manantiales, ni

  hay ríos en Sucot ni en Ezam, lugares donde

  acampan. El agua del Mar Rojo era salada, no

  se podía beber, lo mismo que las antiguas

  lagunas que se encontraban en línea hacia el

  norte por donde actualmente cruza el canal de

  Suez, y la Biblia nada dice que los israelitas

  hayan tomado de esa agua de mar o de 

  laguna alguna después de algún proceso

  milagroso  de convertirla en potable. ¿No

creería usted que sería una locura semejante emprendimiento? Por supuesto, esto no quiere decir que en la antigüedad no  se cubrían grandes distancias.

 

Los camellos eran los animales por excelencia utilizados en estas zonas desérticas, en las cuales un animal de este tipo puede cargar hasta 450Kg y recorrer a una velocidad de 4Km/h una distancia de hasta 47 kilómetros en un  solo día. Puede resistir sin beber agua por varios días, lo que evidencia el  poder de trasporte antiguo en regiones desoladas. Las caravanas formadas  por muchos animales en fila, pueden llegar en las más largas hasta 10  kilómetros de largo. Actualmente las caravanas más famosas son las que  realizan los peregrinos del Islam en su viaje hacia La Meca en Arabia Saudí, y las formadas en reuniones anuales en El Cairo y Damasco, donde alcanzan a agrupar a varios miles de personas con más de 10.000 camellos. Sin embargo, la Biblia no informa que los israelitas que partieron de Egipto formaran una clase de caravana con camellos. Aunque podrían haber camellos, la mención de ganado vacuno y ovino en gran cantidad imposibilitaba equiparar su desplazamiento al igual que una caravana de camellos. Aunque los camellos habrían resistido perfectamente semejante travesía y habrían podido transportar el agua necesaria para las personas, esto sería imposible en tan alta cantidad y en la cual habría que suplir las necesidades adicionales del ganado que conformaban este gigantesco grupo. Habrían requerido como mínimo 1.000.000 de camellos. Aunque algunas traducciones vierten en un versículo de Exodo 13:18 que los israelitas salieron “bien equipados” (BJ); otras Biblias lo vierten como “armados” (V), “en buen orden” (NC), y “orden de batalla” (NM), lo que impide alcanzar una clara interpretación, aunque las menciones de salir expulsados revelaría que mucho tiempo para prepararse no tuvieron, por lo cual su salida tal cual lo atestigua la propia Biblia era bastante improvisada.

De modo que éstos tres factores hasta ahora analizados-tamaño y densidad del grupo, recursos del territorio y tiempo de marcha versus fisiología humana-relacionados entre sí, permite comprender que de manera natural es totalmente imposible que ocurriera lo descrito en la Biblia de la manera en que lo relata, a no ser que el factor sobrenatural del milagro divino jugara su papel, y además, en un grupo mucho más reducido.

 

Tamaño del ejercito egipcio

Otro aspecto llamativo y que es importante considerar es que sintieran temor ante el ejército egipcio cuando fueron perseguidos, lo que equivaldría a un gran grupo de por lo menos 250.000 hombres armados para poder controlar, someter y matar a unos 2 millones de adultos (Ex.14:10-12). Se supone para ello que estaban desarmados. La Biblia informa que los egipcios usaron 600 carros de combate escogidos-es decir los mejores-tirados por caballos, además de todos los otros carros de Egipto disponibles con todos sus combatientes de caballería (Ex.14:7,9; 15:19). Para lograr una fuerza que pueda infundir miedo a semejante grupo israelita debió ser bien elevada. Pero algo aún más llamativo es que los egipcios persiguieron a los israelitas con un ejército de caballería, no hay mención de una formación con camellos para recorrer semejante distancia hasta el mar Rojo para el trasporte de líquidos y alimentos. Movilizar unos 250.000 hombres con gran cantidad de caballos sin transportar agua para su sostenimiento a una distancia de 120 kilómetros desde Menfis, o a los sumo unos 110 kilómetros hasta el brazo más cercano del Nilo en el delta cerca de los descubrimientos modernos de la posible ubicación de Ramesés (Ver mapa), habría sido un suicidio militar. Para una incursión militar a tan gran escala y tan gran distancia se habrían requerido por lo menos una compañía auxiliar para el trasporte de agua y alimentos compuesta por unos 25.000 camellos. Aún considerando un tamaño del ejército egipcio mucho menor en armonía a un grupo israelita también menor y bien equipado para la travesía por el desierto, un regimiento de caballería con carros de combate sin un auxilio de tropas de camellos de carga, habría sido completamente imposible que llegaran tan lejos como al golfo del mar Rojo. Aunque la Biblia no lo informa de manera directa, podría entreverse este apoyo logístico al mencionar “y sus fuerzas militares”-o “y su ejército” como lo vierten otras traducciones-de manera separada de la mención de ‘todos los carros de combate y sus guerreros’-se cree según las pinturas que iban tres por carro-en Exodo 14:9, y tampoco se hace mención que este ‘ejército’ o ‘fuerzas militares’ hayan penetrado en persecución detrás de los israelitas por el lecho del mar, mencionando solamente los caballos, los carros y sus guerreros en Exodo 15:19. Esta manera de verter el relato permitiría ver el suceso descrito como algo posible. Sin embargo, aunque esto fuera factible, solamente podría serlo en un tamaño razonable según las posibilidades reales de aquella época y no con el tamaño del ejército descomunal que habría sido necesario formar para infundir miedo al pueblo israelita. De acuerdo a esto, la cantidad real del grupo del éxodo tuvo que ser mucho más baja de la señalada en la Biblia. Un grupo tan grande obligado a abandonar Egipto tan de prisa impidiéndoles preparar las provisiones para el viaje, habría resultado en que cientos de miles salieran sin nada, muy mal preparados. Un grupo menor habría podido compensar algunos desfasajes de manera menos complicada, dada por un lado la menor cantidad de víveres y elementos de trasporte necesarios para llevar el agua, simplemente haciendo que algunos cargaran de más en sus camellos; y por otro lado habría requerido un nivel de organización mucho más simple, facilitándose enormemente las ordenes y planificaciones. Quizás unas 6.000 a 10.000 personas fuera más real. Sin embargo, la Biblia insiste en esa cifra descomunal, la que repite con lujo de detalles cuando hacen el censo unos meses después en el desierto. Esto impide ver el suceso como algo real. Pero hay otro factor que lo convierte en menos real.

 

Cruce del mar

Que cruzaran el mar, estimando una distancia de un poco más de10 kilómetros en una sola noche  (Ex.14:20, 21, 24). La zona donde se presupone que cruzaron, se angosta hasta ocupar una franja de 700 metros de ancho entre la zona montañosa y el mar. La Biblia nos informa que estaban acampados en Pihahirot, con sus tiendas de campaña armadas, por lo que debieron ocupar una vasta extensión, de más de 60 Km2 (Ex.14:2). Si se observa el mapa y el dibujo de la zona que habrían ocupado semejante grupo humano y de animales, es fácil comprender el enorme atolladero al situarse en un pequeño embudo limitado al oeste por la zona montañosa y al este por el mar Rojo. El tamaño del pueblo israelita habría excedido la capacidad geográfica para lograr una maniobra de tan solo unas cuantas horas.

                 :

                                                                   Posible zona de cruce del Mar Rojo

Desarmar los campamentos  e iniciar la marcha mediante agruparse en un formación organizada, estrecha y compacta, a partir de esta forma geográfica y durante la noche habría demorado demasiado si se considera que partieron desde Pihahirot. La Biblia dice que la nube milagrosa que mantenía en oscuridad a los egipcios producía un fuego que alumbraba el campamento israelita. Debió ser muy intensa la luz para permitir arriar los vacunos y el ganado menor durante luna nueva, tarea que dificultaría enormemente la formación de las columnas a medida que ingresaran al lecho marino. Algunos creen que pudieron ingresar formando una columna de 1,5 kilómetros de ancho, pero de esta manera el ingreso sería desorganizado, imposible de mantener una marcha bien dispuesta. ¿Cómo se formaría semejante frente tan ancho a partir de una pequeña franja de terreno de unos 700 metros. A lo sumo, la columna podría iniciarse con ese ancho, por lo que la longitud alcanzaría a unos 11 kilómetros de largo. A medida que desarmaran sus tiendas y arreglaran sus cosas para la partida, la marcha se iniciaría lentamente. Hay que considerar que el pueblo no se hallaba ya encolumnado y esperando la señal en la orilla del mar para emprender el movimiento. La partida se iniciaba desarmando el campamento, agrupando a los animales y formando las columnas.

Poder llevar a cabo una maniobra de encolumnamiento organizado con una población acampada de más de 3 millones de personas y muchísimo ganado metidos en una encerrona geográfica en solo unas 7 a 8 horas es imposible. Puede que la forma del golfo haya cambiado un poco después de miles de años, pero no sería muy diferente de lo que es ahora, por lo que una apertura del mar de más de 6 kilómetros para dejar muros de agua a ambos lados dejaría el extremo norte del golfo muy pequeño en su tamaño acuoso. Si se considera una ausencia de organización para la formación de las columnas se puede calcular un espacio de unos 20m2 por cada persona junto con su equipaje o animales (un espacio de 4,5 x 4,5 metros), similar al tamaño del campamento. A esa densidad y con una apertura como la considerada en la figura, todo el pueblo habría estado en la otra orilla recién para las 11 de la mañana si comenzaron a moverse hacia las 10 de la noche. Sin embargo, la Biblia informa que el mar comenzó a volver a su estado normal al amanecer(Ex.14:27). El amanecer en primavera ocurre alrededor de las 6 de la mañana, pero en ese caso el pueblo tendría que haber empezado a entrar al mar a las 5 de la tarde del día anterior para ver cerrarse el mar a esa hora temprana, y no haber ingresado tarde por la noche. Pero la Biblia dice que el mar comenzó abrirse por la noche, no durante la tarde (Ex.14:21). Además, la Biblia informa que entraron a “pie enjuto”, lo que quiere decir a ‘pie seco’, sin mojarse, porque el viento-del este-había secado el lecho marino. Este proceso habría durado algunas horas previas al comienzo de la entrada del pueblo, digamos que a lo mejor habría comenzado hacia las 8 de la noche. Por ello, de ocurrir un paso por el mar Rojo de manera milagrosa, tuvo que ser un grupo mucho menor al señalado por las cifras de la Biblia, a no ser que hayan cruzado por otro lugar. Pero en tal tamaño y por este lugar, habría sido físicamente imposible, a menos que milagrosamente la noche se hubiera extendido, aspecto probable ante la magnitud de los milagros ocurridos, donde en uno muy parecido en la época de Josué un intervalo de tiempo por la tarde se demoró como un día entero (Jos.10:12,13). 

Además del problema mecánico expuesto, lo más interesante es que parece que todavía no sentían sed ninguna, a juzgar por la gran alegría que prorrumpió en cantos y alabanzas a Dios cuando llegaron a la otra orilla y vieron a sus perseguidores ahogados en el mar después de unos 17 días de marcha (Ex.15:1-21).

Un aspecto muy importante que inserta el libro de Exodo en este momento es la reacción del pueblo al ver semejante milagro, aspecto esencial de recordar luego para relacionarlo con otras situaciones a fin de poder comprender la dimensión concreta de todos los relatos sobre la vivencia, la marcha y sucesos desarrollados más adelante (Ex.14:31)

Ruta israelita por el desierto tomada de un libro religioso publicado por los Testigos de Jehová.  

(Ver con doble click a tamaño mayor)

La ruta de la sed

Cuando partieron desde la otra orilla del Mar Rojo, ahora sí buscaron agua por tres días sin encontrar. (Ex.15:22) Esto demuestra que estaban sedientos. Un camino de tres días no hubiera sido mayor de 18 kilómetros si todo el pueblo y sus rebaños marchaba junto. ¿Cómo es posible que en tramos mayores no apareciera el tema de la sed?

La llegada a Marah

Otro hecho relevante, que se repite en las narraciones, es que soportaran por falta de agua hasta llegar a Marah, después de varios días de marcha. La distancia estimada hacia esta zona actualmente desconocida sería de unos 73 Km. desde la zona de cruce del Mar Rojo. A la velocidad con la cual posiblemente se desplazaran, estaría a unos 6 días de marcha. Esto haría que llegaran a este lugar por lo menos unos 23 días-considerando unos 6 días de estadía en los tres campamentos que tuvieron, para recuperar fuerzas evidentemente-después de su partida de Egipto. Este punto se menciona como el primer lugar de abastecimiento de líquido, efectuado de manera milagrosa, porque parece que el agua era salada. ¿Es posible que familias completas aguantaran 23 días sin tomar líquidos, además de sus animales a medida que caminaban por el desierto? Esto hubiera sido imposible si cada unos de los hombres no llevara un cargamento familiar de por lo menos 80 litros de agua del Nilo. Esto habría requerido unos 1.200.000 receptáculos de 40 litros cada uno que debieron fabricarse un tiempo antes de la salida de Egipto. Esta cifra de todos modos es mínima, porque de acuerdo a datos actuales, una persona adulta necesita unos 6 litros de agua diarios para sobrevivir en un desierto, y el cálculo solo está basado en una cantidad de 2 litros. Pero hay otro problema que vuelve imposible llevar tantas reservas líquidas. Este requerimiento sería solo para saciar la sed mínima de las personas, no de los numerosísimos animales que iban con ellos. Solamente los camellos pueden recorrer grandes distancias sin tomar-por unos días, no más de 20-agua, pero las ovejas y los vacunos necesitan agua cada tanto. La única explicación para aguantar semejante trayecto sin líquidos es mediante un milagro llevado a cabo por Dios sin que los israelitas se dieran cuenta, algo improbable de aceptar. Quizá por eso su murmuración no fuera justificada, sólo válida para el relato imaginario.

Es interesante que en Números 33:8 mencione que los israelitas tardaron tres días en cubrir el trayecto desde la costa este del mar Rojo por donde cruzaron hasta llegar a Marah. Esto supone una velocidad de unos 24 kilómetros diarios. No caminaban de noche y debían parar para descansar durante el día, por lo que la marcha física concreta no podía ser superior a unas seis horas diarias. No hay que olvidar que habían muchos niños, también mujeres y ancianos. Con un grupo semejante, además de multitud de animales y carruajes con cargas, todos agrupados en una formación tipo militar cubriendo una extensión compacta de 8 Km2, es prácticamente imposible visualizar una marcha  promedio a pie de 70 metros por minuto. Una marcha liviana, adaptable a tan diverso grupo de personas, en el cual debían a su vez arriar animales y trasportar mucha carga, se ubicaría en unos 40 metros por minuto, con lo cual unos 14 kilómetros diarios podría ser la velocidad promedio factible. Esto también haría que durante varias noches durmieran agrupados sin levantar tiendas. De extenderse la formación para levantar tiendas y así pasar la noche cada 14 kilómetros habría demorado más tiempo el desplazamiento al requerir del mismo en la reagrupación. De modo que para una velocidad más o menos posible, unos 14 kilómetros diarios podría ser la cifra máxima de velocidad. Ello demuestra que la mención de Números 33:8 debe referirse a personas montadas en animales en marcha apurada y no caminantes con mujeres, niños, ancianos y animales. Sin embargo, una vez cruzado el mar Rojo, es posible que existieran cuerpos expedicionarios conformados por una avanzada que se desplazaran mucho más rápido, encargados de asegurar la ruta y encontrar los lugares adecuados para acampar. Quizá a eso se refiere el pasaje.

El aspecto que también nos llama la atención es que según Exodo 15:24 se mencione que el pueblo comenzó a murmurar contra Moisés porque le preguntaron “¿qué hemos de beber?”, como diciendo “¿y ahora qué, nos vamos a morir de sed aquí? Esta pregunta no tendría sentido si no fuera porque se les habría acabado el suministro de agua trasportado desde Egipto. Sin embargo, es imposible que en un viaje de tantos días, unos 24 hasta ahora, hubieran llevado tanta agua para ellos y para sus animales.

 

La parada en Elim

Saciada la sed en Marah donde el pueblo acampa al parecer por poco tiempo, luego se dirigen hacia otra zona ubicada más al sur. Sin embargo, sobre este lugar se desconoce en la actualidad su ubicación exacta. No es posible encontrar agua allí hoy. De todos modos parten de Marah y se dirigen a Elim. Que doce manantiales en un paraje llamado Elim, probablemente ubicado a unos 10 kilómetros de Marah hacia el sur, donde había solo 70 palmeras (indicio de ser un lugar con poca agua), alcanzara para satisfacer la demanda de agua de un pueblo de 3.000.000 millones de personas además de los animales que llevaban. Semejante muchedumbre y sus rebaños habría requerido mas de 20 millones de litros diarios. El problema no solo sería la capacidad del oasis, sino también del perímetro físico al cual se tendría acceso para obtener el agua y su transporte a las ubicaciones para su consumo, además de tener que arriar grandes cantidades de animales por secciones para que bebieran todos cada tanto directamente de los cursos o cuerpos de agua. En la actualidad no existe este paraje con 12 manantiales por lo que su ubicación exacta se desconoce, pero tradicionalmente se a relacionado Elim con Wadi Gharandel, situado a unos 88 Km al SSE de Suez, lugar conocido actualmente por la presencia de agua, vegetación y palmeras.

                 

De Elim al desierto de Sin

Llegado el momento partieron de Elim, y cuando dice que llegaron al desierto de Sin, ubicado a unos 55 kilómetros de Elim en su ruta algo curva hacia el sur de la península, menciona que llevaban hasta ahora 45 días de viaje desde Egipto, lo que confirma la lenta marcha del pueblo en recorrer más de 270 kilómetros (Ex.16:1). Considerando una marcha promedio de 12 Km. diarios, unos 23 días habrían demandado cubrir esa distancia, de los cuales se puede deducir que el resto de los días, unos 22, fueron los que pasaron acampados en los distintos lugares mencionados, Elim y Marah en la península del Sinaí, y en Sucot, Ezam y Pihahirot antes de cruzar el mar Rojo. Sin embargo, en Números 33:10 menciona que al salir de Elim acamparon en la costa del mar Rojo. Esto agrega un lugar más, por lo que tenemos en total 6 campamentos hasta el desierto de Sin. Esto nos daría como máximo no más de 3 a 4 días por campamento, aunque de todos probablemente donde más tiempo habrían estado sería Elim y Marah (digamos 2 Sucot, 2 Ezam, 2 Pihahirot, 5 Marah, 7 Elim y 2 en la costa del mar Rojo).  Esto pone de manifiesto el serio problema del agua potable ya mencionado, especialmente desde Egipto hasta Marah, una distancia de 200 Km.. Es imposible que de manera natural fuera factible este trayecto en tantos días sin provisiones, especialmente de agua potable, no solo para el pueblo sino para las ovejas y vacunos, los cuales eran parte del ‘numerosísimo conjunto de animales’mencionado (Ex.12:38). Considerando una provisión líquida milagrosa de manera no visible, Dios habría hecho posible que este vasto pueblo llegara por lo menos hasta Marah. Luego, después de partir de Marah y llegar al fin a mitad de camino entre Elim y Sinaí, en este lugar del desierto de Sin, unos 13 kilómetros antes de Dofqá (ver mapa), es llamativo que el principal problema que los aquejaba allí he hizo murmurar en contra de Moisés fuera la falta de carne y pan y no de agua. ¡Ahora querían comida abundante! (Ex.16:2,3) Nada se dice que en ese lugar hubiere agua. De hecho no hay agua allí hoy día donde se cree se encuentra el desierto de Sin. Fue allí precisamente, en ese desierto, donde según el libro de Exodo conocieron por primera vez el maná. ¡Ahora sí tenían alimento milagroso provisto de manera visible todos los días! También comieron codornices. De acuerdo al relato no tenían nada de sed sino un voraz apetito. Según parece, pasaron varias semanas en el desierto de Sin, porque allí se menciona por primera vez la ley sabática, y en el relato de Exodo permite entrever que estuvieron por lo menos más de 15 días, con lo que el tiempo trascurrido habría llevado unos 2 meses.

 

Del desierto de Sin a Alús

El libro de Exodo no menciona a Dofká, diciendo que partieron del desierto de Sin directamente hacia Refidim. Sin embargo, el libro de Números menciona a dos lugares donde acamparon, uno es Dofqá y el otro es Alús, como parajes intermedios en donde los israelitas se asentaron algunos días antes de proseguir su ruta hacia Refidim (Nu.33:12-14). Tanto el desierto de Sin como Dofqá, son desconocidos en la actualidad. Es posible que el lugar que corresponde a Dofqá sea una ubicación que muchos escrituarios relacionan con el distrito egipcio de Mafqat. Con respecto a Alús el misterio es aún mayor. En el libro de Números da a entender que estuvieron varios días acampados en Dofqá y Alús, al decir “más tarde” y “luego” para cada lugar.

 

De Alús a Refidim

Mas tarde, partieron de Alús y llegaron a Refidim, según los eruditos bíblicos a unos 69 kilómetros del desierto de Sin y a 58 desde Dofqá. Brindando unos 6 días de viaje además de unos 6 días entre Dofqá y Alús, podemos calcular que probablemente habrían llegado a Refidim a los 72 días después de salir de Egipto. Este lugar estaba a unos 16 kilómetros antes de Sinaí. Ahora surge un serio problema por la falta de agua (Ex.17:2). Llama la atención que la última queja sobre la falta de agua estaba situada geográficamente a unos 123 kilómetros al norte de donde vinieron, en Marah, y no hay evidencias que desde Elim, donde había 12 manantiales y 70 palmeras hasta Refidim, unos 113 kilómetros de distancia, pasando por la costa del mar Rojo hasta el desierto de Sin donde estuvieron algunas semanas para proseguir por Dofqá y Alús donde permanecieron algunos días, hubiere abundante agua por todos esos lugares y en el camino. Parece obvio otra provisión milagrosa de manera invisible a lo largo del camino mientras los israelitas se quejaban porque tenían hambre en el desierto de Sin, sin percatarse que humanamente tendrían más bien sed y no hambre ellos, sus mujeres, niños, ancianos, sus pequeños y todos los animales. Es interesante que mencionara que podían hervir el maná en el desierto de Sin, así que debieron tener abundantes provisiones de agua encima para cocinar además de la ruqerida para beber (Ex.16:24). Si tenían provisiones de agua a la vista, deberían cargarlas para el viaje, disponiendo a razón de por lo menos unos 70 a 80 litros por familia tan solo para el consumo humano, más o menos como cuando salieron de Egipto hasta Marah en la distancia que cubre desde Elim a Refidím. A esto hay que agregar que estuvieron varios días acampados (Ex.16:22), lo que habría elevado la cantidad de reserva líquida. Sea como sea, ahora en Refidim surge un problema grave por falta de agua (Ex.17:4). Milagrosamente a la vista de los ancianos de Israel se provee agua al pueblo, llamándose ese lugar por Masah y Meribá. Es llamativo que 40 años después se vuelva hablar de otro lugar como Meribá en la localidad de Qadés, un lugar que se supone está ahora ubicado a unos 200 Km al N de Sinaí (Ex.17:7 con Nu.20:13). Lo más llamativo de Qadés es que según el libro de Números cuando regresaron después de 38 años dice que no había agua allí, cuando actualmente existen unos tres oasis por esa zona ubicados a varios kilómetros uno de otro. Las preguntas serían. Si Qadés hace 38 años era el mismo lugar, ¿por qué no hubo quejas por falta de agua en aquel entonces en ese lugar cuando vivieron bastante tiempo allí, lugar de donde enviaron a los espías? Con respecto a los oasis actuales, ¿son el resultado de aquel milagro de Moisés 38 años después o siempre estuvieron allí? Otra cosa interesante es que mencionara que cuando se proveyó milagrosamente el agua en Qadés, se dice que fue para proveer para “la asamblea y sus bestias de carga” (Nu.20:8,11; NM). Nada menciona sobre el ganado, sino solamente “bestias de carga”, como dando a entender que era una caravana y no un pueblo marchando con ovejas y vacunos. ¿Será que ya no tenían más animales que posiblemente camellos para usarlos como bestias de carga? Pues nada de ello, porque en el versículo 19 del capítulo 20 cuando peticiona pasar por Edom menciona que tenían ganado. Estas incongruencias parecen revelar que el Pentateuco fue un armado realizado por historiadores posteriores tomados de múltiples historias desparramadas en distintos lugares, tanto de diversas tradiciones orales como de distintos rollos o pergaminos que pudieron preservarse y que fueron escritos originalmente por distintos testigos oculares y de historiadores o documentadores de las siguientes generaciones. Es obviamente imposible atribuir los distintos libros del Pentateuco a un solo escritor, pues de ser así hubiera podido desarrollar el tema de una manera coherente y lógica, y no un salpicado de historias muy evidentemente colocadas de tal manera que parecieran estar unidas en un esfuerzo por conformar un todo lo más coherente posible, lo cual no pudieron lograr aquellos que lo hicieron, al respetar obviamente cada historia individual como una gema preciosa que no debía de retocarse.

 

La falta de fe, ¿porqué?

Volviendo a Refidim, otro detalle interesante ocurrido tiene que ver con las razones o motivos de fondo de las quejas, llamativamente ahora por falta de agua. En Exodo 17:7 muestra que la cuestión era si ‘¿estaba YHVH en medio de ellos o no?’. Esta declaración textual del sentimiento popular muestra una incertidumbre en el espíritu de los israelitas acaudillados por Moisés. Otra manera de verter esta pregunta que podría orientarnos mejor podría ser: ¿estaban siendo dirigidos por YHVH o era simplemente una dirección humana? Obviamente que este tipo de duda a esta altura de los acontecimientos pondría de manifiesto que hasta el momento todos los relatos milagrosos ocurridos desde Egipto hasta el maná del desierto de Sin tal como lo leemos de la Biblia no fueron reales, sino cuentos o sucesos escritos y adornados después. A lo mejor ocurrieron algunos fenómenos, pero ante la vista del pueblo no eran indisputablemente de origen sobrenatural como para no tener dudas al respecto, pues podían atribuirse a sucesos factibles de la naturaleza. Sin embargo, si se insiste lo contrario, entonces no cabe otra alternativa que desembocar en la siguiente pregunta: ¿se debía a que estaban impacientes porque aparentemente YHVH se estaba tardando demasiado en el suministro milagroso del agua? Es interesante que la Biblia diga que “tentaron a YHVH”, como dando a entender que lo pusieron a prueba para ver si actuaba como ellos pretendían o no. Entonces, ¿fue la razón de su disputa o riña con Dios porque habrían puesto en duda sus motivaciones y sentimientos, como queriendo dar a entender que las razones de Dios no eran genuinas ni sinceras para con ellos? Dado que habrían recibido ayuda sobrehumana espectacular cuando cruzaron el mar Rojo y las provisiones milagrosas de agua y alimento durante todo el trayecto, algunos creen ver en esta situación una atribución de malicia al sugerir que preguntaran algo como: ¿y ahora qué le pasa, está o no está a favor nuestro? Aparentemente es lo que el relato quisiera sugerir, sin embargo, si así fuera, una actitud de esta naturaleza no podía haber surgido a menos que gran parte del pueblo estuviera sufriendo un padecimiento tan serio que les hubiera hecho pensar de ese modo. En ese caso, Dios los estaba probando a ellos y no ellos a Dios. Si ante tal capacidad de milagros extraordinarios por parte de Dios, -¿cómo es posible que ahora no pudiera hacer nada?, pudieron preguntarse los israelitas. Sin embargo, no parece factible este enfoque al compararlo con lo que sucedió unos meses más tarde como resultado del espionaje realizado a la tierra prometida. Este tipo de planteo no se hubiera dado en boca de hombres considerados ejemplo de fe, como ocurrió con Josué y Caleb en esa futura ocasión. Cuando el pueblo se sintió desalentado de atacar para tomar posesión de la tierra prometida a consecuencia de la opinión de algunos espías que consideraban militarmente una derrota segura atacar a los habitantes de ese lugar, Caleb, uno de los que al igual que Josué pensaban diferente, no dice: 

“Ustedes han visto como solo gracias a YHVH estamos vivos y hemos llegado hasta aquí. Tan solo hace unos meses ustedes vieron con sus propios ojos cómo nuestro Dios ahogó en el mar de manera milagrosa a todo un temible ejército Egipcio mientras nosotros cruzamos por en medio del mar. Si YHVH nos envía mediante Moisés es porque tal como nos salvó de los egipcios y nos dio pan y agua de manera sobrenatural por el desierto, así peleará por nosotros y nos dará la victoria. Aunque son en realidad más fuertes que nosotros, por el poder de YHVH ocuparemos esas tierras y por nuestro poder, tal como lo han visto todos ustedes hasta ahora. Si no fuera por el poder milagroso de nuestro Dios ya habríamos muerto en este desierto”

Nada de eso. Al contrario, sus palabras revelan el espíritu de un valiente y nada más: 

“Subamos directamente, y de seguro tomaremos posesión de ella, porque ciertamente podemos prevalecer sobre ella” (Nu.13:30). 

La expresión podemos no revela otra cosa que eso, una posibilidad. Cuando el pueblo se rebela y decide que toda esta campaña militar será un fracaso, entonces Josué y Caleb dicen: 

“La tierra por la que pasamos para espiarla es una tierra muy, muy buena. Si YHVH se ha deleitado en nosotros, (“si le agradamos”NC, “nos es favorable”BJ; se complace) entonces ciertamente nos introducirá en esta tierra y nos la dará, tierra que mana leche y miel. Solo que contra YHVH no se rebelen; y ustedes, no teman a la gente de la tierra, porque son pan para nosotros. Su amparo se ha apartado de sobre ellos, y YHVH está con nosotros. No los teman”( Nu. 14:7-9). 

Es llamativo que aunque declaran que YHVH esta con ellos, antes dan a entender: ‘si YHVH nos quiere entonces seguramente nos ayudará’, y ‘no les tenga miedo porque los podemos vencer (comer como el pan)’. ¿La razón de estas expresiones de valentía y coraje? ‘Dios no los protege porque no son sus adoradores leales y fieles como lo somos nosotros’. En otras palabras, todo se resumía a una cuestión de fe religiosa humana, una convicción basada en ideales políticos-religiosos y una posibilidad de victoria sustentada únicamente sobre la base de la entera conducta del pueblo para con su Dios YHVH, el centro de su unidad nacional representado en la figura de Moisés. No había milagros sino convicciones. Si fracasaban-estaba la posibilidad-sería, no porqué YHVH no pudo ejecutar algún milagro, sino porque ellos no habían hecho que Dios estuviera satisfecho con la adoración que le daban. Ante esta disyuntiva el la cual colocaba a cada israelita como responsable del fracaso o éxito de la misión únicamente sobre la base del tipo de devoción y conducta propia y de su familia, no es llamativo que los más racionales se opusieran. Evidentemente, estas palabras revelan a las claras que el auténtico problema del pueblo era convencerse de si la misión de Moisés era o no era dirigida por el Dios de sus antepasados, porque según la manera en que se lo viera podría ser como no serlo. Su desaliento por el desierto no obedecía a otra cosa que a dicha incertidumbre que flotaba en sus espíritus, y que obviamente no existió ningún suceso sobrenatural de manera tan evidente como lo relata el libro el cual les hubiera esfumado cualquier dubitación en ese sentido. Todo habría sido muy distinto si realmente hubieran experimentado semejantes sucesos. La expresión de incertidumbre-al decir entonces-es contrario a la supuesta realidad que habrían experimentado desde que salieron de Egipto. Esto permite ver que ante el análisis de las palabras de Josué y Caleb, la condiciones cambiantes a estados de disfavor o malaventura que les tocaba vivir obedecían a la medida de la falta de complacencia de Dios en ellos. Una explicación de este tipo determina que los ‘milagros’ (en el mejor de los casos) no pudieron ser otra cosa que interpretaciones humanas de índole religiosa o supersticiosa que más tarde fueron mejor adornadas y completadas cuando se recopilaban los escritos antiguos en períodos posteriores durante o después de las conquistas israelitas. De modo que este factor dubitativo fue el verdadero desencadenante de un problema surgido en el campamento de Refidim. Ante esta incertidumbre y ante el apoyo que hasta entonces habían dado los israelitas a Moisés, no es ilógico tampoco pensar que al aceptar mentalmente a YHVH como su guía espiritual e invisible, llegaran hasta dudar de las intenciones de ese Dios en el cual habían depositado su confianza. De otro modo no habrían salido siquiera de Egipto, a menos que hubieran sido expulsados por otras causas. Pero fuere como fuere, nunca habrían desarrollado esa inclinación si la manifestación milagrosa de YHVH fuera tan evidente según como lo relatan los libros de Exodo, Números y Deuteronomio.

Esta situación pareció necesario aclararse luego, cuando en Deuteronomio se alude a palabras de Moisés dirigidas al pueblo ahora unos 38 años después, un tiempo antes de entrar en la tierra prometida, cuando estaban acampados al “otro lado del Jordán”. Allí sí menciona este aspecto de manifestación milagrosa como si hubiera sido pronunciado en aquel entonces (Deut.1:29-33). Ahora era necesario fortalecer con fe y convicción al pueblo que estaba listo a entrar en guerra para tomar la tierra, y estas palabras añaden un detalle que no lo menciona el libro de Números, pero que evidentemente estaría presente en la mente de los israelitas por querer entender el porqué de semejante rebelión ocurrida tantos años atrás. ¿Escucharían ahora el pueblo y avanzaría con coraje y fe? Si no lo hicieran estarían dudando de los hechos que se enseñan fueron milagrosos, y así estarían mostrando nuevamente rebelión contra el Dios YHVH. ¿Pero acaso no habían experimentado muchos de los ahora adultos esos milagros pasados?

 

La batalla de Refidim

Volviendo al relato del viaje nos encontramos en Refidim. Ahora, además del problema del agua surge otra cosa notoria. Que tuvieran armas para pelear contra los amalequitas (Ex.17:8-13).¿Eran de cobre o bronce? Sería ridículo que fuera a golpe de puños o con hondas. Dado que ante los egipcios se atemorizaron, considerando estaban desarmados, ahora llama la atención que se diera la posibilidad de un enfrentamiento armado a solo unos cuantos días de diferencia, con armas fabricadas en medio de un desierto. Disponer de espadas en tan gran cantidad parece no solo improbable sino imposible y risueño para un pueblo esclavo que salieron de Egipto con la masa de harina al hombro. Las hondas y garrotes podría haber sido más probable, pero en ese caso un ejército equipado con espadas y lanzas como se supone atacarían los amalequitas, los habrían derrotado fácilmente. Si la victoria fuera desigual, la Biblia lo habría mencionado y los israelitas habrían tenido su prueba de fe. Sin embargo, lo más inverosímil es que hubiera tantos amalequitas como para tener el suficiente coraje para atacar semejante formación en la península de Sinaí, en un lugar desértico como donde se supone estuvo Refidim. Es imposible que vivieran pueblos numerosos en la península, y mucho menos probable es que viajaran a esa región desde la tierra de Edom para atacarlos. De modo que es imposible históricamente que los israelitas estuvieran en un lugar cercano al monte Sinaí en tal cantidad y que a su vez fueran atacados por una fuerza militar del lugar o proveniente de algún otro. De haber existido un combate en esa región debió ser una simple lucha entre unos cuantos nómadas. Los amalequitas son descendientes de Amaleq, un nieto de Esaú, hermano de Jacob o Israel. Podemos suponer como factible un crecimiento tal elevado de la población de Jacob en el delta del Nilo como lo menciona la Biblia gracias a la rica región donde estaban asentados. Pero la zona del monte Seir, quizá la zona del Neguev actual, las tierras son como siempre fueron: desérticas, pobres, donde la vida es dura y no permite grandes crecimientos de población y ganados. De modo que es improbable que los amalequitas, descendientes de un sobrino nieto de Jacob, hayan podido crecer en tal número semejante de habitantes y en menos tiempo que los mismos israelitas durante unos 200 años en Egipto como para poder hacerles frente a un grupo tan numeroso.

El lugar exacto de Refidim no es seguro, pues parece que el manantial de agua producido milagrosamente desapareció milagrosamente, y no existe nada parecido hoy día para ubicarlo. Muchos geógrafos modernos sitúan a Refidim con un lugar en Wadi Refayied, un poco al NO del monte Sinaí tradicional. Junto a ese uadi-valle fluvial seco, muy abundantes en la península del Sinaí-hay una colina del mismo nombre, donde se dice que Moisés pudo estar de pie con los brazos alzados durante la batalla contra los amalequitas.

 

Poco tiempo para Refidim y luego a Horeb

Recién para el día 14 del tercer mes, es decir a unos 90 días de su 14 de Nisán-el primer mes-en Egipto, los israelitas parten de Refidim y se dirigen un poco más al sur, al desierto de Sianí, frente a la montaña de Dios, posiblemente el actual monte Sinaí, situado a unos 16 kilómetros de Refidim, es decir, muy cerca. Allí es donde reciben la Ley, y construyen el Tabernáculo. Sin embargo, considerando que habrían llegado en unos 72 días a Refidim, su permanencia en esa localidad parece no haber llegado a las tres semanas-18 días-, porque afirma (Ex.19:1) que parten a los 90 días según su cuenta desde el día de la salida de Egipto. Este tiempo es relativamente muy corto para que ocurran todas las cosas mencionadas en Exodo desde 17:2-18:27. Entre ellas, además del problema de agua y la guerra con los amalequitas, Moisés parece tener un reencuentro en ese lugar con su familia y existe una reorganización en donde por consejo del suegro de Moisés se nombran hombres capaces para atender los litigios entre la numerosísima gente del pueblo dispersa en varios kilómetros a la redonda, según el Exodo. Todos estos eventos no pueden caber en dos semanas, razón por la cual algunos creen que este relato del capítulo 18 de Exodo es una inserción para contar un aspecto de la historia mientras estaban en Sinaí, frente a la montaña de Dios en Horeb (Ex.18:5).

 

Llegada al Sinaí hasta la 2º Pascua.

Como sea nos situamos imaginariament ahora con el pueblo en el desierto del Sinaí, frente a la montaña de Dios. Otra vez no hay agua en esta zona como para que 3.000.000 de personas con rebaños de ovejas y vacunos viva de manera natural. Algunos pozos o pequeñas vertientes serían insuficientes. Es una zona muy agreste, desértica. Nuevamente, sin provisión milagrosa de agua diariamente, al igual que la provisión de maná que bajaba del cielo al amanecer todos los días desde el desierto de Sin en adelante, habría sido físicamente imposible que vivieran. Es de suponer que se habrían dado cuenta de ello, ¿no le parece? Era evidente que Dios continuaba a favor de ellos si ese fuera el caso sin importar lo que ellos pensaran. Además de recibir milagrosamente agua y pan, en este lugar realizaron labores artesanales con los metales y las telas que trajeron de Egipto. ¡Bastante peso traían! Hasta tuvieron que mandar a buscar aceite de oliva puro, probablemente de mercaderes o caravanas que pasaran lejos de allí (Ex.27:20). También necesitaron aceites perfumados y para preparar el incienso. Allí, pasaron muchos días, y al cabo de casi un año desde que salieron de Egipto ya estaba erigida la tienda del Tabernáculo, inaugurada el 1 de Nisán del año siguiente, es decir, unos 346 días después de salir de Egipto. Esto indica que ya estuvieron en la zona del Monte Sinaí unos 255 días. ¡Que evidencia del cuidado amoroso de Dios! Estaba próxima la fecha y tenía que estar todo listo para celebrar la Pascua el día 14 de Nisán, la segunda en su historia, dado que la primera la celebraron un año atrás cuando se disponían a salir de Egipto.

 

Estadía en Sinaí y organización para continuar el viaje

El libro del Exodo, en 19:2, culmina el aspecto del viaje en el monte Horeb en el Sinaí. Todos los capítulos siguientes del Exodo desde el 19:3 hasta el 40:38 nos hablan de todas las cosas que ocurrieron en Sinaí. El libro de Levítico se concentra en los rituales y aspectos sacerdotales. El libro de Números, al comenzar se va concentrando en la tarea del censo y una nueva organización para emprender la marcha. Es interesante que a través de las cifras mencionadas del censo, se ratifica la cantidad mencionada al salir de Egipto con lujo de detalles por cada tribu, sumando en total 603.550 pertenecientes a los cuerpos del ejército de 20 años de edad para arriba. Aquí no están incluidos los levitas, distribuidos en sus respectivos clanes, como los guersonitas, los quehatitas y los meraritas. El capítulo 9 de Números relata la 2º Pascua y las preparaciones para la partida. Es interesante que en Nu.9:22 muestre que los campamentos israelitas podían durar 2, 30 o 360 días. A veces la nube estaba sobre el tabernáculo una sola noche, lo que muestra que se detenían en sus jornadas de viaje (Nu.9:21) Ahora se arma una nueva configuración de marcha, agrupando de a tres tribus bajo una bandera distintiva que partirán según los toques de trompetas, intercalando entre ellos a los levitas encargados de llevar las distintas partes del tabernáculo, su centro de adoración y señal de unidad nacional, con el arca de la alianza adelante. Eran 4 grandes grupos militares, posiblemente acompañados con sus familias y animales, intercalados por 2 grupos de levitas encargados del trasporte de los elementos religiosos. El solo imaginar desde el comienzo la puesta en marcha de semejante agrupación, donde cada uno de los cuatro grupos abarcaban alrededor de 150.000 hombres además de sus familias y animales, además del movimiento de los levitas, habría sido imposible realizarla en un solo día. Piense. El campamento general estaba dispuesto de tal manera que el tabernáculo estaba en el centro y los campamentos se encontraban distribuidos a cierta distancia alrededor del tabernáculo (Nu.2:2). Esto haría que ocuparan varios kilómetros a la redonda, por lo menos unos 5 kilómetros desde el centro, donde estaba ubicado el tabernáculo, hasta la orilla exterior para cada lado. Hacia el este acampaban tres tribus, Judá, Isacar y Zabulón; hacia el sur otras tres, Rubén, Simeón y Gad; al oeste estaban Efraín, Manases y Benjamín; y al norte Dan, Aser y Neftalí. Primero se levantaba la del este que tomaba la vanguardia, después partían los hijos de Guersón y los hijos de Merarí, de los levitas, llevando parte del tabernáculo, luego le seguía la del sur, después iban los quehatitas, el resto de los levitas, llevando el santuario, le seguían después los del oeste, y finalmente en la retaguardia partía la del norte. Como el viaje ahora sería en dirección hacia el norte, nos podemos imaginar la complicada maquinaria de movimientos y desplazamiento en lenta velocidad de arranque. Realmente una exageración ridícula. Recién en el capítulo 9:33 del libro de Números el Pentateuco retoma el viaje de los israelitas en dirección a la tierra prometida. De modo que desde Exodo 19:2 salta a Números 9:33 para continuar con el relato de la marcha.

 

Partida del Sinaí y características del desierto de Parán

Parten del Sinaí el día 20 del segundo mes del segundo año, es decir 1 año y 35 días después de la salida de Egipto hacia el desierto de Parán (Nu.10:12b) . Trasladarse desde Refidim hasta Horeb habría demandado 1 día de viaje, por lo que esto permite deducir que estuvieron por lo menos en esta región del Sinaí unos 305 días, apenas unos 10 meses. Es interesante que en Deuteronomio 1:6 Dios mencione al ordenarles continuar el viaje que han estado ya “bastante tiempo” en Horeb cuando en el mismo libro en 2:3 dice lo mismo Dios cuando dieron la vuelta por el monte Seír durante 38 años. Pues bien, siguiendo adelante, de acuerdo a Números 10:11-13, los israelitas parten del Sinaí al desierto de Parán, lugar indicado direccionalmente por la nube milagrosa.  Con respecto a esta región una obra de consulta dice lo siguiente ( "Perspicacia..."tomo 2, pág. 598  Parán).

 Excepto durante las breves estaciones lluviosas, la superficie de grava de este terreno escabroso está desprovista de vegetación verde, y los manantiales son escasos y muy distantes entre sí.”   

Ante esta perspectiva, era obvio que los israelitas dependían exclusivamente de la provisión milagrosa de Dios. De hecho, hasta ahora todo este relato no se puede aceptar a no ser como un suceso totalmente fuera del ámbito natural. Considerar viajes en grupos más reducidos, con animales de carga y con pocos animales y llevando abundante provisión de agua, un viaje como el contado hasta ahora es posible realizarlo por la región desértica de la península de Sinaí. Pero como vemos, la Biblia no habla de tal tipo de viajeros, considerados como normales, sino de una cantidad imposible de viajeros que a pie y sin reservas de agua recorren por días enormes distancias y acampan por meses viviendo en una zona geográfica donde la vida es imposible a esa densidad de pobladores. Historia adornada y orientada hacia la unidad de adoración nacional bajo una fe inverosímil suena más racional. De todos modos veamos que pasó a medida que penetraron la ruta ahora hacia el NE desde Sinaí.

 

Comienzan los problemas en Taberá

Apenas salen de Sinaí, después de apenas unos tres días de marcha, surgen nuevamente murmuraciones o quejas no se sabe porqué, pero ocurre un incendio en una parte del campamento, el que mediante una intercesión de Moisés se desvanece. A consecuencia de ello llaman a este lugar por nombre Taberá. Este incendio se atribuye a la cólera de YHVH.

 

Problemas gastronómicos y llamativa duda de Moisés

Pero un poco más adelante, quizás a otros tres días, comienzan a murmurar nuevamente, pero no por falta de agua, sino por deseos de comer carne, pescado pepinos, sandias, ajo, cebollas y los puerros. Despreciaban-especialmente la muchedumbre mixta-el maná milagroso, el cual lo estaban comiendo ya por espacio de un año según la manera que seguimos su travesía (Nu.11:4-6). De modo que parece que el descontento del pueblo estaba centrado en sus añoranzas gastronómicas. Estaban deprimidos y tristes recordando con apetito sus comidas en la tierra de Gosén en Egipto. Esto lleva a Moisés a desalentarse de seguir llevando adelante a este pueblo. Se produce el nombramiento de ayudantes, y a una orden de YHVH se le informa a Moisés que el pueblo se prepare para un festín de carne de un mes entero. De acuerdo a Moisés, evidentemente ante tamaña población, parece que no podía creer que milagrosamente Dios proveería carne a los israelitas para que comieran durante un mes entero (Nu.11:21,22). Parece raro en Moisés realizar un planteo físico a nivel natural habiendo visto cómo hasta ahora los israelitas sobrevivieron únicamente de manera milagrosa, tanto por su provisión de agua invisible como visible y de alimentos como el maná y las codornices. Esta parte no se puede ver de otro modo que un refuerzo de tipo literario para engrandecer a YHVH, único recurso para mantener la unidad de semejante dispersión de tribus semitas ante un suceso inusitado: enormes bandadas de codornices pasaron por el campamento. Como sea, nuevamente se proveen codornices en tal magnitud que resultan colmados de ellas, pero al mismo tiempo pecan por manifestar anhelo descontrolado y egoísta. Se dice que ante las tremendas ganas de comer carne no solo juntaron desmedidamente sino que no dieron tiempo a que siquiera se desangren las pobres aves, engulléndolas desesperadamente mientras las juntaban, aspecto algo difícil de creer a menos que los isarelitas fueran unos salvajes muertos de hambre. Sea como sea este lugar se llamó Quibrot-hataavá, ubicado posiblemente a unos 37 Km. al NE de Sinaí (Ver mapa). Probablemente se quedaron en este lugar durante un mes comiendo sus codornices, pues es poco probable que las llevaran consigo por el camino, considerando el aumento de carga que esto hubiera significado. De modo que le asignamos a este período desde que salieron de Sinaí unos 36 días hasta que se preparan para salir de Quibrot-hataavá. La primavera va finalizando y está por comenzar el verano dentro de unos días.

Antes de proseguir es importante ver más de cerca lo ocurrido. ¿Tiene sentido que un pueblo que sobrevivía milagrosamente se sintiera descontento con lo que Dios les daba? ¿Habría algún sentido añorar frutos y alimentos que conocían de Egipto como dando a entender que esperaban que Dios, como grandioso ejecutor de milagros que era, podría también habérselos dado allí mismo en el desierto si los hubiera querido realmente en vez de darles solamente maná (pan) y agua? Si YHVH-podrían haber razonado ellos-tiene tanto poder, ¿por qué nos hace sufrir solamente con maná y agua? Otra vez Dios está probando a los israelitas. Esta actitud de aparente desconfianza mutua no tiene otro resultado que la desconfianza o descontento de los israelitas. Tal parece que para Dios los israelitas deberían estar llenos de agradecimiento y un corazón rebozante de gratitud y alegría mientras recorrían un desierto abrasador con solo raciones diarias de pan y agua. ¿Podía razonablemente esperarse otra cosa? ¿Hasta dónde o por cuánto tiempo puede resistir el espíritu humano? Una actitud tan desesperanzada no podría surgir a menos que pensaran que la tierra prometida estaba muy lejos o la vieran como una empresa todavía no comenzada. ¡Pero-de acuerdo al relato-estaban en camino! Tal parece que este relato tiene la intención de mostrar otra cosa, una enseñanza sobre la paciencia y el aguante, una preservación de la confianza depositada en Dios a pesar de las hostilidades y padecimientos de la vida real que Dios mismo nos da. Esta es la realidad de la vida y en este relato los hebreos tratan de obtener sus respuestas en la vida así como los judíos, cristianos y demás devotos de hoy. Pero, ¿a qué se debe este tipo de entrenamiento? ¿Por qué desea Dios que mantengamos nuestra paciencia ante el maltrato? Se trata de una razón lógica en la cual Dios interviene o es solo una explicación teológica ante las incertidumbres de la vida? Aunque parezca mentira, hasta este mismo día nos debatimos en tratar de comprenderlo. Pero sigamos con los israelitas acampados en Quibrot-hataavá preparándose para salir.

 

El viaje israelita se oscurece.

De allí luego partieron y se instalaron en Hazerot, unos 21 Km. más hacia el NE. La mayoría de los eruditos bíblicos relacionan Hazerot con el oasis Ain-khadra situado a unos 60 Km. al NE de la ubicación tradicional del monte Sinaí. Aquí es donde ocurre el incidente de la lepra de Miriam. Dada la cuarentena de Miríam de 7 días además de unos días de campamento, es posible que estuvieran en Hazerot unos 10 días. Esto haría que totalizaran por lo menos unos 48 días hasta que parten de Hazerot. De modo que la velocidad promedio de avance del pueblo por el desierto hasta ahora seria de 0,8 Km/día. En Números 12:16 menciona que el pueblo parte de Hazerot y acampa en el desierto de Parán. En realidad, ya se habían adentrado en ese desierto, pero parece que da a entender que el viaje continuaba por el mismo hasta que llegaron a un lugar de ese desierto donde acamparon. Como el capítulo 13 de Números comienza hablando del envío de los espías, el campamento referido debe haber sido en Qadés. Por eso, se cree que una vez que salen de Hazerot y siguen su camino por el desierto de Parán,  llegan con el tiempo a Qadés-barnea, una ruta curvada de unos 220 kilómetros. Sin embargo, este tramo del viaje israelita permanece oscuro, porque no se hace mención de este trayecto en la Biblia indicando los lugares donde acamparían para, aunque más no sea, reponer fuerzas algunos días. Según Números 33:18 menciona que de Hazerot partieron y llegaron a Ritmá, por lo que algunos han dicho que Ritmá equivale a Qadés-barnea aunque otros crean que se omitió intencionalmente, aspecto difícil de entender cuando se están describiendo sistemáticamente los lugares por donde establecieron campamentos. Pasar por alto a Qadés sería un error. Sin embargo, es posible un cambio de nombre, porque la parte de la historia que se incluye en Números 13:26 puede ser de diferente época de la que luego se incluye en Números 33:18. Era común en aquellos tiempos que los lugares cambiaran de nombre después de décadas o siglos, cuando otros asentamientos humanos ocupaban el lugar. En Génesis 14:7 se muestra que en la época de Abrahán este mismo lugar era llamado En-mispat. Sea lo que sea, simplemente se supone que llegaron a Qadés-barnea desde Hazerot a través de una ruta de 220 kilómetros por el camino del monte Seír sin ningún tipo de inconvenientes (Deu.1:19). La ruta del monte Seir es la zona montañosa ubicada al sur del Mar Muerto correspondiendo a la parte E de la depresión del Arabá que llega hasta el golfo de Aqaba (Deu.1:2). La actual Petra, antigua ciudad edomita, se ubica en esta zona del tramo hacia el este, a mitad de camino del extremo sur del Mar Muerto al N y del golfo de Aqaba al S, la otra entrada del mar Rojo. Esta ruta tan larga se dice en Deuteronomio que equivale a 11 días de viaje, pero obviamente está hablando de una caravana y no de un viaje realizado por 3.000.000 de personas con ganado. Semejante formación habría tardado por lo menos 18 días en un viaje directo descansando solo por las noches. Hay que tener en cuenta que para cubrir una distancia similar cuando salieron de Egipto hasta el desierto de Sin, una distancia de 270 kilómetros tardaron 45 días. Cuando salieron de Sinaí tardaron 48 días en cubrir 60 kilómetros. Sin embargo, en el mejor de los casos, eliminando los 7 días de la cuarentena de Miríam y unos 25 días de estadía por las codornices, nos quedan 16 días para cubrir 60 kilómetros. A esta velocidad, cubrir 220 kilómetros les habría llevado por lo menos unos 59 días. Esta cuenta podría ubicar a los israelitas unos 3 ½ meses después de su salida de Sinaí. Su llegada a Qadés podría haber sido en el día 7 de su sexto mes del segundo año. Sin embargo todas las evidencias no permiten conciliar un viaje tan tranquilo. Considerando varias paradas hasta llegar a Qadés habrían pasado muchas cosas tal como las ocurridas durante los ya hartos conocidos trayectos anteriores. Pero nada, aquí un silencio absoluto en un tramo tan largo. Parece increíble que no ocurriera nada. Al menos, si fue así, hubiera sido digno haberlo mencionado, o simplemente, quizás se perdieron esa parte de los relatos.

 

Los problemas en Qadés

Una vez en Qadés, de allí se envían los espías para espiar la tierra prometida no mucho tiempo después de salir del Sinaí, durante el segundo año.  Resulta interesante encontrar que mientras en Números 13:3 dice que los espías son enviados desde el desierto de Parán, en Números 13:26 aclaran que estaban en Qadés y en Números 20:1 y 33:36 ubica a Qadés en el desierto de Sin. Pero otro detalle se revela al comparar Números 13:1 con Deuteronomio 1:22. Mientras en el primero muestra que es YHVH quien da la orden a Moisés de enviar a los espías, en el segundo revela que fue por insistencia del pueblo por el cual se enviaron a los espías, aclarando que luego le pareció bueno a los ojos de Moisés y lo llevó a cabo. Veamos algo primero sobre este lugar de donde se dice que acamparon y espiaron la tierra. Con respecto a Qadés-barnea, la misma obra de consulta ya mencionada en la pág. 766 de su segundo tomo lee: 

 “Qadés. Lugar del desierto donde acamparon los israelitas. Estaba situado en el extremo del territorio edomita cercano al “camino a Sur”, que quizás corresponde con el moderno Darb el-Shur, que se extiende desde Hebrón hasta Egipto. (Gé 16:7, 14; Nú 20:14-16 [el término hebreo `ir (ciudad), que aparece en Nú 20:16, puede que simplemente signifique “campamento”; compárese con Nú 13:19].) Al parecer, Qadés-barnea distaba de Horeb unos once días de viaje por la ruta del monte Seír. (Dt 1:2.) Se ubica a Qadés tanto en el desierto de Parán como en el de Zin. Debido a que Zin y Parán posiblemente eran desiertos colindantes que se juntaban en Qadés, bien podía decirse que estaba en cualquiera de los dos desiertos. O puede ser que el desierto de Zin fuese parte del desierto de Parán, que era mayor. (Nú 13:26; 20:1.) En el tiempo de Abrahán, a ese lugar se le conocía tanto por En-mispat como por Qadés. (Gé 14:7; 20:1.) Posiblemente sea el mismo lugar que Quedes. (Jos 15:21, 23.) Se cree que `Ain Qedeis, a unos 80 Km. al SSO. de Beer-seba, posiblemente corresponda con Qadés. En medio de un desierto desolado (compárese con Dt 1:19), el agua pura y dulce del manantial de Qedeis sustenta un oasis en el que crecen hierba, arbustos y árboles. También hay otros dos manantiales en las inmediaciones, `Ain el-Qudeirat y `Ain el-Qeseimeh. El mayor de los tres manantiales en la actualidad es `Ain el-Qudeirat, y por esta razón hay quien opta por identificarlo con Qadés-Barnea. Sin embargo, `Ain Qedeis es el manantial más oriental, de modo que la identificación de `Ain Qedeis con Qadés-barnea parece ajustarse mejor a la descripción del límite meridional de Canaán de E. a O.: Qadés-barnea (`Ain Qedeis [?]), Hazar-addar (`Ain el-Qudeirat [?]) y Azmón (`Ain el-Qeseimeh [?]). (Nú 34:3-5.) Si los israelitas acamparon en esta zona, es probable que, como eran un pueblo numeroso, utilizaran los tres manantiales. Por ejemplo, el campamento justamente anterior a que cruzaran el Jordán se extendía “desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim” (Nú 33:49), una extensión de unos 8 Km., de acuerdo con los emplazamientos que hoy se atribuyen a dichos lugares. De Qadés-barnea (`Ain Qedeis) a Azmón (`Ain el-Qeseimeh) hay una distancia de unos 14 Km., y unos 9 Km. a Hazar-addar (`Ain el-Qudeirat). Por consiguiente, no está fuera de lo posible que hayan hecho uso de las tres fuentes. También es posible que el nombre Qadés-barnea se aplicase a toda la zona y que con el transcurso del tiempo designara únicamente la fuente que estaba al SE. En el segundo año del éxodo de Egipto, los israelitas partieron de Hazerot y acamparon en Qadés-barnea.” 

Sin embargo, el pueblo estaba dado a los problemas, y ahora, a consecuencia del espionaje, se rebela contra la orden militar de conquistar la tierra prometida debido a la notoria supremacía de sus fuertes y pertrechados habitantes. Según parece, tal como ya expuse, los israelitas no vieron milagros en el desierto ni vieron acontecimientos sobrenaturales de su preservación y cuidado desde que salieron de Egipto. Con un ejército tan grande, de 600.000 hombres, no habría de haber parecido nada extraordinario atacar una región donde actualmente viven unas 5,5 millones de personas en total. Dado la época donde la vida era más difícil que en la actualidad, seguramente esa región estaba mucho menos poblada que ahora. La mayor parte de su territorio era como sigue siendo hoy, desértico, desolado, con escasas lluvias y clima inhóspito. De acuerdo a esto, es posible que en realidad el ejército israelita fuera en realidad mucho más reducido de lo que se lo pinta en la Biblia. Pero, ¿no fueron testigos vivos de los grandiosos milagros? Es probable que todavía persistiera en su memoria el encuentro con los amalequitas en Refidim no hace mucho tiempo. La batalla no fue sencilla, porque hubo momentos durante los cuales los amalequitas resultaban superiores (Ex.17:11). El relato muestra que la victoria israelita no fue fácil. Ante esta situación ¿porqué motivo YHVH, el Dios de tantos milagros, no peleó por ellos allí cuando realmente más lo necesitaban? ¿Porqué motivo-probablemente murieron combatientes israelitas en Refidim-no demostró su gran poder ante los amalequitas? ¿Dependía tanto el poder de Dios el que Moisés tuviera las manos levantadas al cielo? Aquí podemos ver una manera de proceder incierta de parte de Dios, porque si milagrosamente los salvó de los egipcios y milagrosamente les proveía pan y agua por el desierto, ahora que se encontraban ante un peligro militar difícil les costó sacrificio y vidas combatir a los amalequitas. Una situación contradictoria y perturbadora.  Sería muy razonable que en esta otra situación en Qadés después de conocer el relato de los espías, el pueblo se preguntara si YHVH repetiría esta forma de proceder anterior, dejándolos peleando con sus fuerzas, a merced de ciertas posturas religiosas de Moisés o de las oraciones e intercesiones de los sacerdotes, máxime considerando que ellos veían a los pueblos cananeos como más superiores que ellos. La propia ambigüedad divina daba lugar a sentir temor, porque nada estaba asegurado. Todo dependía, como le expuse antes al citar las palabras de Caleb y Josué, de sus propias convicciones y no del poder milagroso de Dios, así como de factores externos que sobre los cuales no tenían control. Ante esta realidad no es nada incomprensible que no estuvieran dispuestos a arriesgarse. Probablemente algunos habrían perdido a parientes y amigos en la batalla de Refidim. ¿Qué perderían ahora? Si ante los amalequitas que no fueron tan superiores les costó vencerlos, ¿a que costo será la batalla contra pueblos más poderosos? Tenían carros y había habitantes de gran estatura. ¿Por qué requiere Dios tanto sacrificio de nosotros, poniendo en peligro nuestras vidas y la de nuestras familias si el tiene tanto poder? No es de extrañar que hasta quisieron apedrear a Josué y Caleb así como probablemente también a Moisés y nombrar a un nuevo líder y volver a Egipto. De acuerdo a la Biblia, dada la negativa respuesta del pueblo, YHVH se encoleriza y pronuncia la sentencia de que ninguno de los hombres del ejercito conocerá la tierra, sus hijos la verán mientras ellos morirán en el desierto. Los israelitas viven por un tiempo en este lugar donde ocurren distintos sucesos. Por ejemplo se menciona la ejecución de un hombre que encontraron juntando trozos de leña en sábado (Nu.15:33). Luego viene otra rebelión, ahora de tipo religioso, protagonizadas por Coré, Datán y Abiram, la cual desemboca en la muerte de cientos de hombres y sus familias de manera sobrenatural. Este incidente hace que el pueblo se irrite contra Moisés acusándolo de ser los responsables, con lo cual la tragedia continua y desencadena la muerte de 14.700 israelitas más debido a una plaga. Ante esto los israelitas se sienten abrumados por las ‘ejecuciones divinas’ y se creen todos perdidos pensando que morirán pronto (Nu.17:27, 28). Luego se restablecen ciertas condiciones de los levitas que parece calmar los ánimos del pueblo, instalándose sacrificios para expiar sus pecados, con lo cual se sienten más seguros (Nu. 18:19). Con estas cosas termina el capítulo 19 del libro de Números, y el capítulo 20 comienza con un relato cuando se supone los israelitas vuelven nuevamente a Qadés 38 años después, razón por la cual no encontramos en la Biblia nada de lo que pasó durante esos 38 años por el desierto, salvo una lista de diferentes lugares donde supuestamente acamparon más adelante en una descripción añadida en el capítulo 33.

 

El vagar por el desierto

Con el tiempo, después de permanecer “muchos días” en Qadés-barnea (Deu. 1:46) vuelven otras vez hacia atrás, por la ruta del mar Rojo dando la vuelta al monte Seir. Según  Números 33:18, de Hazerot parten hacia Ritmá. Algunos piensan que saltea deliberadamente a Qadés-barnea, por lo que Ritmá sería el lugar que ocuparían después de dejar Qadés. Luego de Ritmá parten y acampan en Rimón-pérez, región ubicada según se cree a aproximadamente unos 75 kilómetros de Hazerot, en camino hacia el Sinaí, en dirección SO (Ver mapa). De allí pasaron luego a Libná. Más tarde partieron de Libná y acamparon en Risá. De Risá salieron y acamparon en Quehelatá. De Quehelatá se pusieron a acampar en el monte Séfer. La Biblia continúa de esta manera el largo periplo de treinta ocho años que siguen transcurriendo después de su retirada de Qadés-barnea. La traducción de la Biblia con referencias de la Wachtower narra en  Números 33:24-39 24:

 “Después partieron del monte Séfer y se pusieron a acampar en Haradá. 25 Entonces partieron de Haradá y se pusieron a acampar en Maqhelot. 26 En seguida partieron de Maqhelot y se pusieron a acampar en Táhat. 27 Después partieron de Táhat y se pusieron a acampar en Taré. 28 Entonces partieron de Taré y se pusieron a acampar en Mitqá. 29 Más tarde partieron de Mitqá y se pusieron a acampar en Hasmoná. 30 Luego partieron de Hasmoná y se pusieron a acampar en Moserot. 31 Entonces partieron de Moserot y se pusieron a acampar en Bene-jaaqán. 32 Después partieron de Bene-jaaqán y se pusieron a acampar en Hor-haguidgad. 33 Luego partieron de Hor-haguidgad y se pusieron a acampar en Jotbatá. 34 Más tarde partieron de Jotbatá y se pusieron a acampar en Abroná. 35 Entonces partieron de Abroná y se pusieron a acampar en Ezión-guéber. 36 Después partieron de Ezión-guéber y se pusieron a acampar en el desierto de Zin, es decir, Qadés. 37 Más tarde partieron de Qadés y se pusieron a acampar en el monte Hor, en la frontera de la tierra de Edom. 38 Y Aarón el sacerdote procedió a subir al monte Hor, por orden de Jehová, y a morir allí en el año cuarenta de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en el quinto mes, el primero del mes. 39 Y Aarón tenía ciento veintitrés años de edad cuando murió en el monte Hor. 40 Entonces el cananeo, el rey de Arad, mientras moraba en el Négueb, en la tierra de Canaán, llegó a oír de la venida de los hijos de Israel. 41 Con el tiempo estos partieron del monte Hor y se pusieron a acampar en Zalmoná. 42 Después partieron de Zalmoná y se pusieron a acampar en Punón. 43 Luego partieron de Punón y se pusieron a acampar en Obot. 44 Entonces partieron de Obot y se pusieron a acampar en Iyé-abarim, en el confín de Moab. 45 Más tarde partieron de Iyim y se pusieron a acampar en Dibón-gad. 46 Después partieron de Dibón-gad y se pusieron a acampar en Almón-diblataim. 47 Entonces partieron de Almón-diblataim y se pusieron a acampar en las montañas de Abarim, delante de Nebo. 48 Por fin partieron de las montañas de Abarim y se pusieron a acampar en las llanuras desérticas de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. 49 Y continuaron acampando junto al Jordán desde Bet-jesimot hasta Abel-sitim, en las llanuras desérticas de Moab.”

En total se mencionan 27 diferentes lugares por donde los israelitas acamparon en su vagar por el desierto durante 38 años después de salir de Qadés. Esto nos permite deducir que han estado como promedio 1 año y 4 meses en cada lugar aunque la mayoría de estos lugares son desconocidos en la actualidad.

 

El Pentateuco pierde coherencia.

La mayoría de las localidades mencionadas en la Biblia relacionadas con ubicaciones de los campamentos hebreos son desconocidas. Las pocas de ellas que figuran en los mapas no son más que suposiciones. Salvo Egipto, el Nilo y algunos otros nombres relacionados con la tierra palestina, el resto son deducciones elaboradas a partir del intento de interpretar por parte de muchos creyentes la ruta que posiblemente transitaron hace 3.500 años los descendientes de Jacob. Las pocas posibles identificaciones de la ruta por el desierto de la península del Sinaí, como Elim, monte Sinaí, Qadés y otros, son el resultado de encontrar en esos lugares algunos oasis, algo de pastos, pozos o vertientes de agua, o por saber históricamente que allí vivieron ciertos pueblos, como el monte Seir ubicado en la tierra de los edomitas. Sin embargo, es tan oscura la descripción de todo este periplo no solo por la manera de ocultar el viaje de Hazerot a Qadés sino que es imposible determinar estos lugares hoy por donde un pueblo de 3.000.000 de personas y numerosísimos animales hayan podido sobrevivir durante tantos años sin que hayan quedado rastros arqueológicos de semejante población con tantos animales.  Es interesante que después de mencionar a Qadés en Números 13:26, recién pasa a mencionar nuevamente ese lugar cuando regresan después de muchos años por vagar en el desierto en el momento en que allí muere Miriam en Números 20:1. De esto se desprende que todo lo relatado en los capítulos 15 al 19 debieron ocurrir en distintos lugares durante el vagar por el desierto o mientras estuvieron en Qadés. Posiblemente el caso del hombre que juntaba leña en sábado y fue luego ejecutado por ello, no ocurrió mientras estaban en Qadés-barnea, sino en algún lugar de los mencionados del periplo.

 

¿No había agua en Qadés?

Cuando regresan después de muchos años, ahora falta agua en Qadés, algo llamativo cuando antes nunca se mencionó este problema (L) en este lugar cuando estuvieron hace 38 años (Nu. 20:2). ¿Será ahora que el pueblo es más numeroso que hace 38 años aunque sin llegar a los números extraordinarios registrados en la Biblia? Probablemente, considerando en parte cierta la historia bíblica cuando tomaron la decisión de no atacar entonces (C). Por otro lado, si el Qadés-barnea ubicado en la actualidad se corresponde al de los israelitas, habría sido el único lugar donde permaneció la aparición del agua milagrosa sacada del peñasco como testigo. ¿Porqué no permaneció del mismo modo la de Refidim? También se menciona a Qadés como ubicado en el desierto de Zin (Nu. 27:14), cuando en Números 13:26 dice que estaba situado en el desierto de Parán. Algunos piensan, para conciliar esto, que posiblemente el desierto de Zin estaba en el desierto de Parán, llamando a Parán a una región más vasta que la de Zin o que estuviera a continuación. Sea como sea, el libro de Números guarda silencio sobre los lugares que supuestamente acamparon después que llegaron a Qadés desde Hazerot la primera vez cuando venían desde Horeb, aparentando que lo hubieran hecho de un solo tramo los 220 kilómetros que los separaba. Tampoco dice nada de su salida de Qadés sobre el vagar hasta que regresaron nuevamente al mismo lugar 38 años después, o como lo dice la Biblia, en el año 40 del primer mes, es decir Nisán (Nu.20:1; 33:36-39). En el quinto mes del año 40 es cuando muere Aarón en Hor, después de Miriam que muere en Qadés en el mes de Nisán o primero.  Omisión algo difícil de comprender. Tampoco vivieron todo ese tiempo allí, siquiera alguna parte del enorme pueblo, porque según Deuteronomio 1:46-2:1 partieron después de un tiempo para vagar alrededor del monte Seir. Deuteronomio tampoco explica ni detalla nada de este vagar, solamente el libro de Números presenta una lista en sucesión de campamentos sin mencionar a Qadés, por lo que no se puede saber a partir de cuál fue el primer campamento después de salir de ese lugar. Con respecto a uno de esos lugares la obra de consulta en el tomo 1 página 1091 dice:  

"Hasmoná
Hasmoná. Lugar donde acampó Israel, al parecer situado entre Mitqá y Moserot. (Nú 33:29, 30.) Aunque se desconoce su ubicación exacta, se ha vinculado a Hasmoná con Wadi Hashim, cerca del lugar donde se supone que estuvo Qades-barnea. Otra opinión es que se trata del mismo lugar que Azmón. (Nú 34:4, 5)"

 

Dificultad arqueológica

Ya vimos que otro inconveniente de tipo científico se aparece, y tiene que ver en que razonablemente algo se debió hallar que hubiera sido olvidado, abandonado o destruido. Que no se hayan encontrado restos arqueológicos de ninguna clase en ninguna parte de los lugares mencionados en la Biblia por donde transitaron durante cuarenta años nada menos que tres millones de personas con sus rebaños es algo difícil de aceptar. Las tierras desérticas poseen una excelente capacidad de conservación de toda clase de objetos y restos, pues la falta de agua y el clima seco y la arena son excelentes conservantes hasta de material orgánico, por lo que toda clase de materiales inorgánicos debieron haber aparecido alguna vez. Pero nada. Ante semejante desazón otra obra de consulta, el libro "Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa" en su página 20 dice:

"Libro bíblico número 2: Éxodo
...la autenticidad del registro de Moisés no depende de que los arqueólogos corroboren los diversos lugares del camino que se siguió.”

A decir verdad no se trata solo de corroborar el camino o ruta seguida, sino de encontrar vestigios de tamaño movimiento durante tantos años. Al sugerir que la Biblia no necesita ser corroborada da a entender que sería una falta de fe el buscar evidencias del tipo que permitan comprobar si el relato es un suceso real tal como se lo describe. ¿Porqué? ¿Se descubriría la mentira acaso? De modo que la búsqueda de pruebas tangibles sería un acto infiel, típica presión ideológica y sicológica desarrollada por aquellos que no dicen toda la verdad de algo importante. Lo que muchos parecen no darse cuenta es que el mismo pueblo dirigido por Moisés y registrado en el relato dudaba de las mismas cosas que nosotros sobre lo que a ellos les sucedía de manera sobrenatural, milagrosamente; y también, con respecto al liderazgo de Moisés para conquistar la tierra prometida. Nunca el pueblo israelita hubiera cuestionado a Moisés o al Dios que Moisés les predicaba si realmente hubieran experimentado en sus vidas los hechos sobrenaturales que cuenta  la Biblia les ocurrieron. Esto demuetra a las claras que el relato del éxodo no es otra cosa que una ficción literaria para persuadir, convencer y coaccionar al pueblo hebreo para evitar la dispersión nacional. De allí que el mismo libro religioso presenta las fisuras propias de su incoherencias, producto del fervor patriótico fuertemente ligado a sus conflictivas ideas sobre lo sobrenatural y desconocido entremezclado en sus más íntimas creencias religiosas y ambiciones humanas.

Otros aspectos finales

Otro hecho incompatible es que necesitaran más señales cuando estaban por cruzar el jordán, siendo que la mayoría fueron testigos oculares de los grandiosos milagros que se relatan desde Egipto en adelante por 40 años. En su mayoría el cuerpo del ejército que ahora cruzarían el Jordán eran niños que vivieron milagrosamente en el desierto durante los últimos 20 años y una tercera parte de ellos habían conocido Egipto. De modo que en gran medida en su mayoría conocían las provisiones milagrosas que se relatan.

Es llamativo que la Biblia dijera que las naciones que habitaban la tierra prometida eran más populosas que Israel, además de más fuertes (Deu. 7:1, 17). Las siete naciones referidas eran: hititas, guirgaseos, amorreos, cananeos, perizitas, heveos y jebuseos. Todas ocupaban las tierras al oeste del Jordán, desde la altura del monte Hermón hacia el Mediterráneo hasta el extremo sur del mar Muerto en línea hasta el Mediterráneo, una extensión de unos 19.000 Km2. A medida que se acercaban para la pelea, se enfrentarían a ejércitos de cada una de esas naciones que serían, según la Biblia, más grandes, además de tener caballos y carros de guerra, cosas que los israelitas no tenían (Deu.20:1). ¿Cuántos habitantes habría en toda esa región? Si cada una de estos pueblos eran superiores en número a Israel, entonces debemos calcular que eran por lo menos de 5 millones cada una, con lo que habrían unos 35 millones de habitantes en 19.000 Km2, una tierra semidesértica muy similar a la actual en su mayoría, es decir a una densidad de 1840 hab/km2, una cifra que solo es comparable a la del delta del Nilo de hoy, una zona altamente productiva. Es imposible creer que en las tierras del Isarel del pasado vivieran tantas personas cuando hoy día apenas pueden abarcar un fracción de esa densidad, tan solo de 250 hab/km2.

Llama la atención que los espías dijeran que la tierra era muy buena, y habían traído frutos de la tierra, un racimo de uvas colgado de un barral entre dos hombres. ¿De donde? Según su recorrida llegaron tan lejos como a la altura de Dan, cerca del monte Líbano. Pero las uvas las trajeron cerca de Hebrón hacia el norte, del valle torrencial de Escol , ubicado según se cree al oeste del mar muerto en las montañas de judea. Escol era un valle torrencial, es decir, un "uadi" o "wadi", por el que circulaba agua hacia el mar Muerto solamente en las épocas de lluvias, permaneciendo el resto del año seco. Actualmente en este lugar el régimen de lluvias es de unos 500 mm anuales. De modo que habrían de cavar pozos para sacar agua, no solo para los animales sino también para algunos cultivos. La mayor parte de la tierra israelita en la actualidad es yerma y estéril, y uno de sus principales problemas es la poca cantidad de agua de la que disponen. Una enciclopedia brinda la siguiente información al respecto:

Uso del agua

El abastecimiento de agua de Israel está muy limitado y su distribución es muy desigual. La explotación y la asignación de los recursos acuíferos son responsabilidad del Mekorot (la autoridad nacional en lo que se refiere al abastecimiento de agua), entre cuyas responsabilidades figura la conservación de los cursos fluviales, la depuración de aguas residuales, la ubicación y utilización de todos los depósitos de agua dulce y la desalinización de aguas salobres y salinas. El Sistema de Transporte Nacional de Agua, compuesto por canales, tuberías y túneles, lleva agua al Néguev desde el lago Tiberíades.[4]

De modo que imagínese cuánto pudieron lograr en tiempos antiguos sin la ayuda de las técnicas y recursos actuales para cultivar estas tierras.

Hoy día el ejército de Israel se compone de un cuerpo permanente 172.000 personas y un grupo de reservistas formado por 430.000 personas. Esto sumaría unos 600.000 en total (que raro, la cifra dada que conocemos de la antigüedad). La edad para ingresar al ejército es de 18 años, y permanece en la reserva hasta los 55 años para los hombres. Además, el ejército no solo esta compuesto de hombres, sino también por mujeres. La esperanza promedio de vida es de 77 años. Dado que el 83% de la población de 5,4 millones de personas son judíos, el entero cuerpo de defensa abarca alrededor del 13,4% de toda la población judía. En el antiguo Israel según los cálculos, el entero cuerpo militarizado abarcaba  más del 17% de su pobalción, considerando que eran entre 20 a 50 años, lo que evidenciaría un promedio de esperanza de vida mucho menor a la actual.

Conclusión

Estas consideraciones de los distintos pasajes bíblicos contados como historia, en nuestro caso sobre el éxodo israelita y su vagar por el desierto, son considerados por parte de los cristianos primitivos como hechos indiscutibles, con lo cual obliga a todos los cristianos de la actualidad a aceptarlos del mismo modo. Pero otros, no comprometidos por el temor y la fe, ya los analizaron y concluyeron como no exactamente reales, entre ello distintos eruditos. Por ejemplo, esta el caso de Eliécer D. Oren, de la Universidad Ben Gurion, del Neguev, que en una ocasión, según citado en una revista, la ¡Despertad! del 8 de Noviembre de 1983, página 9, manifestó los siguiente con respecto al cruce del mar Rojo y al éxodo israelita:

“No debemos olvidar que [esto] [...] de ningún modo se puede demostrar mediante pruebas arqueológicas. Personalmente estoy convencido de que el Milagro del Mar —obra maestra de composición literaria— tiene muy poca relación con la historia o [...] ‘la experiencia real’”.

Lo cierto es que no hace falta ser un "erudito" para darse cuenta que el relato del éxodo en un cuento o novela religiosa puramente imaginaria sobre algunas bases oscuras de realidad histórica. ¿Qué contestación brindan los defensores que consideran estos relatos bíblicos como historia real? Simplemente acuden a declaraciones internas de la propia Biblia, su capacidad de predecir el futuro, que los eruditos y arqueólogos solo hacen conjeturas y suposiciones, que nuestro entendimiento es imperfecto y diversos aspectos secundarios que no prueban ni pueden contradecir ciertas evidencias lógicas del propio relato. No se trata de ver las incoherencias de las distintas conjeturas, porque eso no tiene sentido ni corresponde como prueba. Sin embargo, una prueba interna de la Biblia que exponen es su inspiración divina. No se puede negar que buena parte de su contenido proviene de una fuente sobrehumana. Si la Biblia se considera inspirada por Dios, no puede mentir o hacer imaginar que un relato es completamente verídico cuando esta exagerando o no lo es exactamente. Basándose el ello aseguran que es totalmente confiable. Sin embargo con los ejemplo que he podido presentar queda muy claro que tal relato es un invento y no una descripción real de los hechos. Utilizar una novela que tuerce y exagera la realidad no puede servir para estimular a acciones devotas salvo sobre la base del temor y la coacción pricológica, elementos que sí eran muy apreciados por los líderes judíos para mantener unida su nación.

Probablemente el aspecto positivo del análisis efectuado con un ojo crítico como el presentado permite adentrarnos mediante el relato religioso en la sicología y personalidad de las personas, cómo describe sus reacciones a los sucesos según su mentalidad, y en perspectiva podemos analizarnos a nosotros mismos para ver hasta donde podemos llegar en la comprensión del bien y del mal. Significa descubrir lo que está más allá del simple relato, lo que se encuentra escondido ante los ojos de personas que solo creen confiadamente porque no pueden analizarlo por sí mismos.

 

                                                                                  E.K.Set2000


[1]"Egipto", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

[2]"Israel", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

[3]"Israel", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

[4]"Israel", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

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