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Vaguedad interpretativa

Los cuatro elementos

         Vamos a considerar un tema que nos ayudará a ver en mayor profundidad aspectos reveladores del espíritu humano. En el mundo occidental la Biblia es un libro sagrado, y personas de toda clase de religión le tienen un respeto enorme. Por lo general, la mayoría considera la Biblia como un compendio de sanos consejos, amplia en mandatos para el bien del hombre. Sin embargo, muchas personas han dado su vida cuando por obedecer lo que creyeron eran mandatos explícitos de adoración se vieron enfrentados con poderes gobernantes que les exigían otra cosa diferente, o bien otros se han inspirado en ella para pelear y matar a otros con plena convicción religiosa por la "causa del bien". Si bien en aspectos tan positivos como el de negarse a matar o participar en guerras la Biblia ha servido de inspiración, no por ello todo lo que dice se halla libre de contradicción, error, ni es incuestionable.

Todo lo escrito que requiera de una interpretación revela que la mente que lo escribió usó de una, y las fuentes o datos sobre los cuales generó ideas y pensamientos se hallan obviados. Finalmente, la idea completa y detallada figuraron solo en la mente del escritor, elementos a los que nunca podremos llegar. Nuestra única posibilidad para rescatar el pensamiento original o parte de éste detrás de las palabras escritas y detectar las fuentes que probablemente utilizó, dependerá de las pericias interpretativas y la disponibilidad de archivos antiguos independientes. Por otro lado, cuando un escritor trata de explicar lo que no ha visto ni comprende bien, aún cuando posea ciertos datos ciertos sobre algunos hechos ocurridos, si le inspira una seguridad espiritual, caerá inevitablemente en el desarrollo o propagación del mito, en donde su intuición, temores y creencias completarán el relato. Cualquier cosa en el futuro que se base sobre tales escritos estarán influenciadas por el mismo mito, sin importar cuántas expresiones correctas y hechos reales exactamente narrados se acopien o incorporen a esos escritos. Las ideas en el fondo estarán contaminadas por los mitos en los cuales se basan, pues actúan a modo de lentes mediante los cuales tratan de interpretar la realidad presente.

  Muchos pasajes bíblicos se caracterizan porque reflejan el punto de vista del escritor humano y no el punto de vista de un "Ser Supremo" que le enseña a la humanidad. Cuando trata sobre tópicos físicos concernientes a la naturaleza, como la tierra, la creación, el cosmos, etc, la ambigüedad es tan grande que permite interpretar un pasaje de distintas maneras, adaptándose a cualquier clase de conocimiento que sus lectores han tenido en distintas épocas. Esta vaguedad interpretativa revela el esfuerzo pericial de los intérpretes a través del tiempo por avalar de cualquier manera dicha información forzando a través del recurso del razonamiento simbólico a otras ideas fuera de las obvias que claramente transmiten. Esta necesidad de reinterpretaciones evidencia una falencia con relacion a lo que se pretende afirmar, que dichos escritos son la palabra de verdad inmutable de Dios. Debido a ello parecen proceder casi únicamente del más sincero y auténtico esfuerzo humano por desentrañar el significado de la existencia.

  Un caso interesante que voy a presentar ahora tiene que ver con el pasaje de 2 Pedro 3:5-7. Este pasaje es muy importante porque actualiza al mundo cristiano la historia del diluvio universal, exponiendo como incrédulos y opositores al cristianismo a todos aquellos que lo rechacen. Allí leemos según una versión Jehovista:

  “Porque, conforme al deseo de ellos, este hecho se les escapa, que hubo cielos desde lo antiguo, y una tierra mantenida compactamente fuera de agua y en medio de agua por la palabra de Dios; y por aquellos medios el mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando fue anegado en agua. Pero por la misma palabra, los cielos y la tierra que existen ahora están guardados para fuego y están en reserva para el día del juicio y de la destrucción de los hombres impíos.” (Trad.NM)

 Aparentemente Pedro-bajo inspiración divina-nos da una explicación técnica de cómo estaba constituido el mundo antiguo, un hecho que se les escapa a los incrédulos. ¿Cual “hecho”? Pedro nos habla sobre un suceso considerado real, acaecido por medios naturales debido a cierta disposición en la composición del planeta en la antigüedad, aspecto físico actualmente inexistente. Pues bien, ¿qué exposición evidente presenta Pedro por inspiración? 

A juzgar por lo que escribe-sobre lo más relevante-parece decir que existía un continente antiguo que era como una gran isla. Una tierra “fuera de agua y en medio de agua” no se puede entender de otra manera, aunque en realidad es tan ambiguo que puede interpretarse como mejor se prefiera. Pero basicamente "fuera" indicaría arriba, emergente, y "en medio", sinónimo de "en el centro de", significaría rodeada. Es importante tener en cuenta que la expresión tierra no se refiere al planeta como actualmente se suele utilizar, con sus continentes, atmósfera y océanos, inclusive hasta su masa interna, sino a la parte sólida del terreno donde se ubica la vegetación y viven los animales y el hombre. Esto queda claro al contrastarse con el cielo y el agua. En tiempos de la Biblia su expresión siempre fue en singular, no en plural, pues se refiere a una sola y no de varias como sugiriendo continentes, tal cómo lo contrapone el Génesis al hablar de “mares” en plural y “tierra” en singular cuando se refiere a su creación. Con respecto a los cielos-dando a entender que hay varios-lo único que aporta es que “hubo...desde lo antiguo”, es decir: nada. 

¿Cómo vierten este pasaje otras traducciones? Veamos otras tres distintas versiones en español:

“Porque ignoran intencionadamente que hace tiempo existieron unos cielos y también una tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la Palabra de Dios, y que, por esto, el mundo de entonces pereció inundado por las aguas del diluvio, y que los cielos y la tierra presentes, por esa misma Palabra, están reservados para el fuego y guardados hasta el día del Juicio y de la destrucción de los impíos.” (Trad. B.J.)

"6 Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios; 6 Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua: 7 Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombrea impíos.” (Trad. Val.)

 “5 Es que voluntariamente quieren ignorar que en otro tiempo hubo cielos y hubo tierra, salida del agua y en el agua asentada por la palabra de Dios; 6 por el cual el mundo de entonces pereció anegado en el agua. 7 mientras que los cielos y la tierra actuales están reservados por la misma palabra para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los impíos.” (Trad N.C.)

           En primer término, una diferencia con la primera traducción expuesta, es que en las tres últimas presentadas, ya no es “un hecho que se les escapa”-a los incrédulos burlones-sino una  negación voluntaria’. Hay una diferencia notable entre estas dos terminologías. La primera claramente da a entender que los incrédulos de la Biblia y de Jesús -motivo por el cual se burlan de las creencias cristianas-no han mirado bien y visto las evidencias físicas de un Diluvio, motivo por el cual no llegan a descubrirlo. Sin embargo, en las demás definitivamente da a entender que de manera intencional niegan los hechos. 

Podemos comprender que las negaciones de muchos no estaban conformadas en la interpretación de evidencias físicas sino en la imposibilidad de creer en semejante hecho físico como resultado de la dirección de un dios o Creador que quiso castigar a los malos y bendecir a los buenos, creencias muy difundidas en la cultura popular mesopotámica y palestina. Herodoto, tan temprano como en el siglo V a.C. mencionaba en sus libros la existencia de conchas y mariscos (fósiles) sobre montes lejos del mar, interpretándolos como rastros de lentas transformaciones, mención a las que muchos traductores modernos todavía insisten en desacuerdo a pie de página haciendo figurar a tales evidencias como auténticos "testigos" en favor de la Revelación de cuando Moisés habla del diluvio universal, oponiéndose de esa manera a tales ideas de los sabios de entonces, aunque imprecisas muy similares a las actuales de la geología moderna, con lo cual se pone de manifiesto la enorme confusión que se propaga en el tema.5  

Pero, dspués de todo, ¿cuáles eran los conocimentos de los "burlones"? Pedro menciona que deliberadamente no querían aceptar ciertas evidencias. ¿Donde estaban esas evidencias? ¿En el colectivo de los genes de las personas o en los relatos tradicionales de un pasado mítico? ¿Sobre que elementos podrían las personas percibir una diferencia con respecto a los conceptos creídos ciertos sobre la constitución de la tierra y su relación con el agua de los mares en los tiempos de Pedro? ¿Estaría jugando Pedro con la intuición y los conocimientos sobre la tierra y los mares de su época de manera persuasiva? A falta de evidencias científicas no cabe otra posibilidad que la remisión a los escritos sagrados como única fuente documental conjugados con los conceptos imaginativos que las personas pudieran desarrollar incentivados a partir de ellos. Y si la Biblia es "inspirada de Dios" la pregunta más importante sería, ¿seguirían vigentes hasta nuestro día tales evidencias expresivas, estableciéndose con mayor seguridad, dignificando de esa manera el respeto por dica "Palabra de Dios"? 

Antes de seguir vamos a ver primero el aspecto moral del asunto tratado. En todas las traducciones notarán que les espera un juicio condenatorio a los "impíos", coincidiendo todas en esa terminología. ¿Quienes son los "impíos"? El significado contenido en este término, el de impío, es: librepensador, heterodoxo, apóstata, irreligioso, escéptico, ateo, profano, laico, no devoto, impenitente, indiferente, antirreligioso, pagano, infiel, incrédulo. Básicamente implica a personas no temerosas de ninguna deidad. En otras palabras, ¿a quiénes dirige su mensaje de juicio condenatorio Pedro? ¿A los asesinos, inmorales, ladrones, estafadores, mentirosos, crueles? No. Se dirige a aquellos que no solo no creen en los cristianos ni en lo que predican, sino que adoptan una actitud crítica ante los documentos de las Escrituras, como por ejemplo negar el relato bíblico del diluvio universal como un hecho real de la historia. ¡Una actitud de mayor intolerancia en el nombre de Dios mediante Jesús no podría ser! ¿Acaso son tan perversos que no quieren aceptar la "verdad" de la Palabra de Dios? ¿Corresponde la actitud escéptica a una negación consciente de evidencias posibles de ver?

Semejante deducción religiosa en donde determina que solamente los creyentes y obedientes a los ritos religiosos concernientes a la adoración de la deidad son los "justos" mientras que todos aquellos que no son conforme a dicho molde son inevitablemente todos malvados, "injustos", es una equiparación tendenciosa y contradictoria. 

Veamos las "evidencias" que presenta Pedro a favor de la postura cristiana. Estas pueden percibirse mejor al comparar entre sí las distintas traducciones en lo que tiene que ver a la parte clave en la cual-por inspiración divina-Pedro arroja luz sobre este diferente mundo antiguo. Nos describe que “existieron unos cielos”, los ‘que fueron o hubo en el tiempo antiguo’, y una tierra “surgida del agua y establecida entre las aguas” o que ‘está asentada por agua y en agua’, o bien “salida del agua y en el agua asentada”. 

Cualquiera de las versiones usadas no puede ser más explícita para entender qué cosa realmente pasó por la mente del apóstol Pedro cuando escribió esto. Al menos, de una cosa podemos estar plenamente seguros: sobre el asunto de "los cielos" no tenía ni idea. Obviamente ni el mismo sabría realmente qué tipo de mundo físico era el antiguo que describía, pero deja entender a primera vista sobre la parte "de abajo" que creía que en una época anterior toda la tierra era como una gran isla rodeada de agua y que sería muy distinta a lo que percibían entonces. 

Sin embargo: ¿desde dónde o de quién o a partir de qué le era factible realizar la comparación? Los apóstoles no fueron ni geógrafos ni geólogos. ¿Sobre la base de qué hablaba? 

Los devotos (es decir, los "píos") suelen contestar que escribía lo que Dios deseaba comunicar a sus siervos. Tan solo pensar que esta sección fuera "inspirada de Dios" parece un chiste. Si de esa manera informa y brinda conocimiento Dios mejor fue esperar 2.000 años y comprar un libro de historia y geología producto del neto esfuerzo humano. Parece más un cuento de misterio que otra cosa. Igualmente intentemos descubrir el trasfondo. Algo que nos puede ayudar a entender al apóstol es conocer qué tipo de conocimientos tenían sobre geografía la gente de su tiempo. Esto puede demostrar que, sin entrar en muchos detalles, estarían inevitablemente vinculados bajo alguna influencia de tales conceptos combinados con sus propias intuiciones y deseos de creer. Veamos la información que nos brinda una fuente enciclopédica sobre el asunto:

  Uno de los primeros mapas conocidos se realizó en una tabla de arcilla en Babilonia, hacia el 2300 a.C. Hacia el año 1400 a.C. se recorrieron las costas del Mediterráneo y se representaron en mapas las tierras exploradas. Durante los siguientes mil años, los antiguos viajantes llegaron a las islas Británicas y exploraron la mayor parte de las costas africanas. Por otro lado, los antiguos griegos proporcionaron al mundo occidental sus primeros conocimientos importantes sobre la forma, tamaño y características generales de la Tierra.

                     (4)

En el siglo IV a.C. (unos 340 años antes de Cristo), el filósofo y científico griego Aristóteles fue el primero en demostrar que la Tierra era redonda. Basaba su hipótesis en los siguientes argumentos: que toda la materia tiende a caer hacia un centro común; que la Tierra proyecta una sombra circular sobre la luna durante los eclipses de luna; y que si se viaja de Norte a Sur pueden verse nuevas constelaciones, mientras que las conocidas desaparecen. En astronomía, Aristóteles propuso la existencia de un Universo esférico y finito que tendría a la Tierra como centro. La parte central está compuesta por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua.[1] El geógrafo griego Eratóstenes (unos 200 años antes de Cristo) fue el primero que calculó con cierta precisión la circunferencia de la Tierra.

                 

                                                  Mapamundi de Eratóstenes (4)

Los viajes, conquistas y actividades colonizadoras de los griegos en la región mediterránea dieron lugar a una acumulación de información geográfica considerable y estimularon los tratados de geografía. El geógrafo e historiador griego Estrabón (c.63 a.C. a 24 E.C.) escribió una enciclopedia de 17 volúmenes, titulada Geografía, que fue una importante fuente de información para los jefes militares y los administradores públicos del Imperio romano.[2] Estrabón afirmaba haber viajado desde Armenia en Oriente, a Cerdeña en Occidente, y desde el Ponto Euxino (mar Negro) en el Norte hasta las fronteras de Etiopía en el Sur.[3]

Sin embargo, parece que para los romanos el progreso griego alcanzado no era tán práctico, por lo que simplemente al crear sus mapamundis abarcaron lo que creían era el mundo entero, aquel que describiera sus dominios imperiales. De esa manera, regresaron a los cartogramas jónicos de Hecateo, atrasándose en varios siglos de conocimientos, a lo mejor por considerarlos demasiado teóricos, prefirieron honrar como realistas concepciones tan antiguas como las desarrolladas en la época de Homero y Hesíodo. Si bien los griegos se destacaron en el desarrollo de la cartografía, los conceptos de Hecateo provenían de Tales de Mileto, y este tomaba de las ideas generales de antiguas culturas como la mesopotámica y la egipcia. Los egipcios creían que la tierra tenía la forma de un plato con bordes con el suelo seco emergido en su parte central en medio de agua. Los mesopotámicos creían que la tierra había emergido del agua. Estas creencias permanecieron por milenios porque los humanos no tenían manera de visualizarlas de otro modo que no fuera a través de los pocos datos precisos procesados por la imaginación intuitiva. De esa forma, un territorio, aunque extenso, sería finito, tendría extremidades. Y para los romanos no había nada que contradijera sus mapamundis, basados en el extenso dominio de sus territorios y en su relacion comercial con civilizaciones lejanas. Ello explicaría porque en otra parte de la Biblia, otro pío escritor, el famoso apóstol Pablo manifestara en Col.1:23 que el Evangelio...

   "...ha sido predicado a toda criatura bajo el cielo," (NC)

Para Pablo, la predicación cristiana había alcanzado a todos los habitantes de la tierra.

                                                                                                                                                                    Copia medieval de un Mapamundi Romano   Los griegos en los tiempos de Homero y Hesiodo representaban el mundo como parte de la esfera (y no como un círculo), que se apoyaba en el cielo por medio del Atlas y cuyo borde superior rodeaba el Océano, dejando espacio en la parte inferior para el Tártaro, la región de la oscuridad, del fuego y de las tinieblas.

Respecto a los mapas griegos, los romanos suponen un retroceso. Las escasas reproducciones medievales que de ellos se conocen muestran una concepción centrista del Mundo Romano, completamente primitiva.

El tipo de mapamundi romano sigue el modelo circular de los geógrafos jonios, que habían usado Anaxágoras y Hecateo de Mileto, y que fue común en la Edad Antigua, sin incorporar ninguna de las aportaciones cartográficas de los alejandrinos. El centro del mundo es lógicamente Roma.  

http://www.cartograma.com/nihecsp.html

Hasta el siglo XV ninguna de las civilizaciones existentes en el mundo conocía más de un tercio del planeta. Aquellos que más conocimiento tenían eran los europeos occidentales, abarcando un 30% de la superficie terrestre y un 5% de la marítima. Las civilizaciones islámica y la china tenían un horizonte más pequeño, y las civilizaciones americanas no conocían más que un 1% de las tierras, y prácticamente nada de los mares. El único vasto mar o superficie de agua más grande que conocieron por milenios pueblos semitas como el hebreo fue el mediterráneo, sumándose más tarde en la mente colectiva el Mar Negro, el Caspio y parte de otros mares. Por supuesto, en cuanto al más conocido no lo llamaron Mediterráneo, porque desconocían su ubicación geográfica exacta rodeada de territorios, sino como El Mar Grande, tan grande y ancho, el mayor según lo que hasta entonces conocían (Sal.104:25, s.IX a.C.). No obstante, para el primer siglo ya se tenían conocimientos de otros mares grandes fuera del Mediterráneo, al oeste de Africa y España, al norte de Europa y Bretaña y hasta al sur de la India, pero cuyos confines eran totalmente desconocidos. Como la única mención de grandes mares para los hebreos aparece en Génesis, era natural que imaginaran en un principio que Dios creó a la tierra (el territorio conocido por ellos entonces) al hacerlo emerger de las aguas. Génesis 1:2 enseña de manera interpretativa directa una tierra o planeta cubierto todo de agua, sin ninguna masa terrestre firme. En los versículos 6 al 8 muestra la creación del aire y de las nubes (Prov.8:28), y desde el 9 al 10 la formación de la tierra, emergiendo del agua. Cuando se escribió o recopiló Génesis, según se cree a partir de la época de Moisés, es decir en el siglo XIII a.C., todavía los mares extensos que rodeaban la tierra fuera del mediterráneo eran en su mayor parte desconocidos y el resto totalmente inexplorados, cargados de misterios intuitivos, como se evidencia en la declaración en Job 38:16. Durante miles de años, el resto desconocido solo figuraba en menciones místicas, llenas de creencias fabulaicas, como la gran serpiente marina (Job 41:1-34; Isa. 27:1, s. VIII a.C.) que supuestamente habitaba los mares perimetrales inexplorados así como los desconocidos.

         

        Mapamundi siglo XIV   (4)                                 Leviatán, la serpiente marina, siglo XVI (4)

 También se creía que ingresaba al Mediterráneo o, para expresarlo con el nombre dado en esas épocas, el Mar Grande, el más ancho y largo conocido hasta entonces. Quizás las únicas aguas mejor conocidas por lo navegantes del Mediterráneo eran los mares occidentales a los que podían tener acceso a través de la puerta al abismo, el estrecho de Gibraltar. Eran normales entre los marineros creencias como la existencia de sirenas, grandes cataratas abismales y cosas por el estilo. La figura geométrica de los contornos de la tierra-no del planeta, sino de la superficie del suelo seco-era ignota, aunque se suponía una forma circular (Isa.40:22). A su vez, la tierra, referida como orbe o círculo, estaba rodeada de una vasta profundidad o abismo acuoso (Job 25:10; Prov.8:27) Se creía que en los confines de esas remotas aguas se cernía una oscuridad profunda y el vacío allí se encontraba. A pesar de que los fenicios habían navegado por siglos el Mediterráneo, los conocimientos sobre costas, pueblos y direcciones, especialmente del mar externo, fueron mantenidos hasta cierto grado secretos durante mucho tiempo, ya que era parte de su estrategia comercial. Sin embargo, aún teniendo acceso a sus informes, poder reunir tanta información de miles de kilómetros de costas para dibujarlas en un mapa a escala y realismo cartográfico era una empresa imposible para aquellas épocas. Hay que tener en cuenta que sobre los mares externos, llamados océanos por los griegos, sabían muy poco porque no se adentraban mucho en esos mares, manteniéndose no muy lejos de la costa, llegando a conocer solamente algunas islas, como las Británicas en el mar Boreal desde donde traían estaño (para fabricar el bronce). Viajando casi siempre cerca de las costas y guiándose por la estrella polar* llegaron hasta Sri Lanka en la India desde el mar Rojo, unos 900 años antes de Cristo. Cuenta un relato que unos 300 años después, por pedido del faraón Nekó, los fenicios se aventuraron a circunnavegar Africa partiendo desde el mar Rojo y dando la vuelta ingresaron al Mediterráneo por las columnas de Hércules, es decir del actual estrecho del Gilbraltar hasta llegar a Egipto. Según se cree fue el primer viaje de exploración bordeando el Africa, empresa que el faraón consideraba factible para encontrar una ruta alternativa en ves de reconstruir el canal que unía el mar Rojo con el río Nilo para sus provisiones venidas de las rutas de oriente. (Periplo de Africa) Parece que pensaba que Africa  no sería más grande que su reino, pero según cuenta Herodoto (s.Va.E.C.), este viaje duró tres años, y aunque nadie cree que realmente ocurrió por carecer de otras fuentes que lo confirmen, existe una mención interna del propio relato que le confiere cierta autenticidad. Se trata del registro de navegación obtenido de los marineros al comprobar ellos que al mediodía cuando navegaban rumbo al oeste el sol se situaba al norte, mención que el mismo Herodoto afirma le cuesta creerlo. De todos modos, sea que los fenicios hallan completado el periplo o no, la confesión de Herodoto en descreer la ubicación del sol a mano derecha del ecuador celeste cuando navegaban hacia el oeste al sur de Africa, pone de relieve la idea de mundo que se tenía en la antiguedad.*6 Es interesante, que durante muchos siglos antes de nuestra era, la latitud más hacia el sur conocida entre los pueblos del oriente y el norte se llamaba el mediodía, porque para ellos los confines civilizados llegaban hasta donde el sol alcanzaba la posición-en verano-central del cielo, mientras que en los territorios del pueblo de Israel y Europa jamás se situaba en esa posición, manteniéndose a distintas latitudes hacia el sur, o hacia el mediodía. De allí que el reino del sur se identificaba con el alto Egipto, lugar por donde pasa el trópico de Cáncer. En diversas traducciones de la Biblia en el libro de Daniel en capítulo 11, donde habla de la rivalidad entre los reyes del norte y del sur, cuando se refiere a éste último todavía se expresan como “el rey del mediodía”, expresión usada en esas épocas (s.VI a.E.C.) para referirse a los reinos ubicados al sur de Israel. El que ahora el sol se situara al norte indicaba una nueva latitud desconocida, donde el mediodía dejaba de corresponder a las ubicaciones geográficas más lejanas conocidas en dirección opuesta al Septentrión. Durante la época del apóstol Pedro el conocimiento sobre la geografía no se había incrementado, aunque se podía tener una idea del tipo espacial en sentido bidimensional algo más desarrollada en la forma que estaban dispuestos los territorios y la forma de cómo rodeaban a la tierra habitada los mares conocidos y desconocidos llamados abismos por los hebreos y océanos por lo griegos. También se había incrementado el conocimiento cartográfico del lugar donde estaban el enorme Mar Negro, el Caspio, además de los conocidos mar Rojo, el Arábigo, golfo Pérsico, y el Mediterráneo.

   

Posiblemente inspirados en estos conocimientos parciales -y no del Espíritu Santo-de la geografía terrestre, ahora no solo creían saber sino que podían apreciar en dos dimensiones los otros enormes mares abismales cuyos fines les eran desconocidos rodeando a todas las áreas de la tierra conocida. Si tenemos en cuenta que todavía hasta el siglo XVI no se conocia la geografía correcta de la tierra como planeta, y que en la época cuando los escritores cristianos compusieron sus sagrados escritos la practicidad geográfica de Roma era la única reconocida de su tiempo, no es de extrañar los resultados arribados en sus declaraciones "inspiradas".

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                                          Mapa Ptolemaico. Edición de Ulm. 1482 (4)

Observando el mapamundi de Hecateo o el romano, ¿que veían? ¡Estaban no solo invadidos por una enorme lengua de tan ancho y largo mar-el Mediterráneo-sino rodeados de agua abismales, insondables! ¡Que evidencia extraordinaria que probaba-según pensaban los cristianos primitivos como el apóstol Pedro-de cómo un antiguo Diluvio Universal dejó a la tierra (todo el único suelo firme conocido por ellos) invadida por grandes mares, seccionada en enormes trozos donde los mares penetraban profundo en las extensiones de la tierra! ¡Ya no veían a la tierra en la forma de una masa compacta y única como la describe el Génesis! Allí, mientras habla de mares, es decir de varios, no habla de tierras, sino de la tierra, como de una sola (Sal 24:1,2). Nunca los israelitas, ni los judíos luego, tuvieron idea de continentes. De hecho, en sucesivos lugares de la Biblia se habla de las extremidades de la tierra, su gran extensión, sus cabos, confines y así por el estilo. Y ahora el Mar Grande era cartográficamente como una enorme invasión de aguas que penetraba bien adentro de la tierra circular, y Europa parecía una península asiática rodeada de mar. Un contorno tan irregular donde es difícil encontrar en el occidente europeo un punto que diste más de 250 Km. de la costa, no haría pensar en otra cosa que en el saldo diluvial. 

Sin embargo, es apropiado señalar que los escritos de Génesis no son pura fantasía sobre la que Pedro pretendiera avalar o certificar como auténtica. Existen evidencias científicas que demuestran que sí ocurrieron grandes cambios climáticos en el pasado. El relato de Génesis no es otra cosa que una descripción según la interpretaron los hombres de la antigüedad cuando se produjo el deshielo como consecuencia de un cambio registrado en la geología del planeta, de hecho ha ocurrido ya varias veces. A partir de la última glaciación el nivel de los mares crecieron e inundaron miles de kilómetros de costas por todo el mundo. No sería nada raro que los humanos antiguos perplejos ante inusitado fenómeno atribuyeran a éste como un castigo divino que destruyó sus asentamientos costeros anegando kilómetros de tierras donde vivían tapando incluso numerosos montes y colinas. Dado que la finalización de la época glaciar entrañaba un aumento de la temperatura del planeta, una consecuencia de ello sería a partir de entonces un aumento en las precipitaciones. Las lluvias se constituyeron en un fenómeno más habitual y con ello la productividad de la tierra resultó mayor, de allí que los hebreos interpretan que Dios trajo alivio del duro trabajo de la tierra a la humanidad después del mismo mediante Noé (Génesis 5:29). En consecuencia no sería ilógico pensar que los hombres y mujeres antiguos relacionaran el incremento de las lluvias con la invasión de las aguas sobre la tierra. De ahora en más la presencia del arco iris en los cielos sería mucho más habitual. Esta es la trama del Diluvio, la cual perdura aún en las distintas culturas no hebreas de la actualidad. 

Es interesante que para los europeos después del descubrimiento de América, su continente formaba con Asia y Africa el “antiguo mundo”, sumándose a partir de entonces América como el “nuevo mundo”. Esto revela que para los antiguos, en especial para los cristianos del primer siglo, no existía más mundo o tierra que las de Europa, parte de Africa, Arabia, la Media Luna con Jerusalén en el centro (Eze.38:12) y hacia el oriente las distantes tierras del Indo, desconociendo y desmereciendo lo qué habría más allá de las montañas del Himalaya, el desierto de Mongolia y las frías estepas siberianas. Se creía que el imperio Romano abarcaba a todo el mundo, muy evidente en las palabras de Pablo en Col. 1:23, punto de vista que siguió por siglos, hasta que viajes como el de Marco Polo en el siglo XIII E.C. comenzó a develar la existencias de otras enormes civilizaciones hacia el Oriente y los posteriores descubrimientos del continente americano permitió el conocimiento de civilizaciones totalmente novedosas. Tan solo unos 50 años después del descubrimiento de lo que creyeron al comienzo eran Las Indias, ya se tenía una idea espacial muy acercada a la real del planisferio o mapamundi de toda la tierra. 

      

                   Mapamundi de Agnese en 1545. (4)                           Representación geológica primitiva (4b)

          El conocimiento del hombre influyó en sus conceptos e interpretaciones de la Biblia a través de los tiempos, pues en ella la información pormenorizada en aspectos que tengan que ver con el conocimiento geográfico-histórico y certero de los hechos o fenómenos físicos es ínfimo. Muchos de sus aparentes relatos fidedignos-por la manera en que fueron escritos-se han comprobado en la actualidad gracias al conocimiento científico que fueron mitos. La necesidad de interpretar de modo esforzado los escritos de la Biblia se debe a la ausencia de registros objetivos y dotados o respaldadados por la realidad concreta. Ello revela claramente que la humanidad antigua fue la que trató de desentrañar esos hechos ocurridos a la luz de sus creencias más profundas y no debido a revelaciones del "más allá". Con el paso del tiempo éstas se fueron refinando y afirmando en la mente de las personas antiguas hasta que se plasmaron muchas de ellas en escritos religiosos como la Biblia. De allí que las personas que leyeron luego de ella, al otorgarle autoridad perfecta, heredaban y transmitían a sus hijos tales ideas sin cambios ni innovaciones, manteniendo la misma concepción que tuvieron en el pasado sobre la tierra y el espacio errada de la realidad, cargada con los conceptos limitados y desconocidos que sirvieron de base para escribir dichos relatos. Tampoco estuvo en pugna con las declaraciones escritas en la misma, porque éstas eran el reflejo interpretativo de sus ideas sobre el mundo con sus fenómenos y a la vez los escritos estaban tan desprovistas de detalles que hasta el día de hoy pueden interpretarse de manera armoniosa si se quiere con otras concepciones distintas. Esta falta de detalles reveladores demuestran por otra parte que nunca fue la intención de una inteligencia sobrenatural a la que se atribuye su inspiración ilustrar a los hombres, sino de adecuarse a sus propias ideas cambiantes y progresivas del universo en un contexto cuya única sobredimensión se concentraría en el campo religioso, razón por lo cual cuadra más con ideas humanas que sobrehumanas. Las pocas menciones detalladas que existen resultaron mitológicas o basada en conceptos equivocados, como es el caso de lo animales míticos y monstruos, la existencia de un diluvio universal que destruyó todo fuera del arca, así como las alusiones a la geofísica y astronomía fueron confusas y erróneas. Con respecto a los ríos, como el Nilo, se desconocía su fuente, y algunos pensaban que provenían de grandes mares de agua dulce, como el llamado Mar de Galilea para el río Jordán (Isa.19:5-7; Isa.44:27 y Jer. 51:36). Con respecto a Babilonia, que se ubicaba a orillas del río Eufrates, la “profundidad acuosa” o “abismo” era una imaginaria enorme fuente del río que se pensaba existía en zonas distantes en las montañas de Turquía. Hasta no hace muchos siglos el concepto que se tenía sobre la conformación geológica del planeta distaba mucho de la realidad . (Ver arriba la representación geológica primitiva) Todavía se creía que los océanos poseían fuentes abismales y éstas estaban interconectadas con distintas regiones continentales o inclusive con otros océanos. Inclusive, hasta hoy día existen personas que creen que grandes lagos cordilleranos tienen una profundidad desconocida o ‘abismal’, e inclusive, ¡que están conectados con el océano!

De modo que no sería nada fuera de lo normal percibir los escritos bíblicos como producidos en gran parte por fuentes humanas y no divinas. Esto armoniza con muchas otras partes de la Biblia.

Las ideas originales del diluvio provenían de Mesopotamia, y no sería raro pues allí se han descubierto antiguos lechos de grandes inundaciones en épocas remotas.  Inclusive, hasta el día de hoy, luego de grandes lluvias, el desierto de Irak se inunda de manera extraordinaria. 

       

                        Inundación mesopotámica (4)                                       Registros antiguos diluvios (4)

Contrario a lo que algunos creen, la Biblia no arroja luz sobre la circunferencia de la tierra como un planeta esférico que viaja en el espacio colgando sobre nada (Job 26:7). Cuando habla del círculo de la tierra (Isa. 40:22) no se está refiriendo a la forma de una esfera sino al orbe o extensión del mundo terrestre antiguo conocido, el cual se creía estaba rodeado de mares y sobre el cual se extendía la bóveda celeste (Job 22:14). Jamás los escritores de la Biblia ni los judíos ni cristianos primitivos posteriores imaginaron, consideraron o interpretaron, leyendo dichos pasajes alusivos antiguos, una tierra esférica como la conocemos nosotros en la actualidad. La idea que se tenía era una tierra circular rodeada-circularmente-por profundos mares que se perdían en la penumbra u oscuridad en sus confines y cubierta por los cielos (desde la atmósfera, las nubes y todos los astros) que fijaban el mundo material. De allí que la palabra hebrea Te-vél y ór-bem en latín se refiriera a una especie de tienda curva, esférica, semejando a una tela de tienda que cubría al mundo conocido de entonces, abarcando tanto a los mares profundos como a la tierra habitada en un todo o conjunto universal. 

Las ideas tolemaicas del universo, que hablaban de una tierra esférica, inmóvil en el centro y girando sobre y alrededor de ella en círculos en sucesivas órbitas la luna, el sol, algunos planetas y el resto de las estrellas en la órbita más alejada, recién se establecieron durante el segundo siglo de nuestra era, provenientes de las ideas de antiguos filósofos griegos. No obstante, aún considerando a la tierra como una esfera, estas ideas eran difíciles de adoptar para la gente común, porque no les era posible intuitivamente imaginar cómo no se caerían las personas y los animales, el agua de los mares, las casas y los objetos, si éstos estuvieran abajo de ello invertidos. Los judíos de antes de Cristo no se dejaban convencer mucho sobre las ideas griegas, tales como las de Aristóteles y Eratóstenes. Aunque entre los sabios de antes de Aristóteles circulaban ideas y teorías de una tierra esférica, otros sabios se mofaban de ello. Por ejemplo, Herodoto no puede aceptar semejante teoría, enseñando más bien con el apoyo de sus conocimientos sobre geografía el concepto de una tierra plana 7. Si entre los sabios no existían acuerdos, imagínese cuanto menos respecto a creyentes religiosos judíos. Cualquier enseñanza o noción que pareciera no concordar con sus escritos sagrados eran oficialmente rechazados. Además, los judíos estaban convencidos que tal conocimiento solo correspondía a Dios, y ningún humano jamás podría develarlo, porque la sabiduría de Dios era insondable. Cualquier pretensión de explicar un fenómeno celeste o terrenal que incluyera conceptos revolucionarios diferentes a los interpretados de sus libros sagrados o de las creencias folclóricas comunes del pueblo se constituía en una influencia peligrosa que habría que evitar. De allí que tanto los judíos como los cristianos primitivos consideraban necedad esta sabiduría, especialmente la griega. Para ellos la grandeza de Dios resaltaba al contrastarse con la decepción, pequeñez y debilidad humana. Cualquier iluminación proveniente del esfuerzo humano que pretendiera elevarlo en conocimientos nuevos y revolucionarios era considerado un pecado grave, una forma de querer usurpar la posición de Dios. El único conocimiento verdadero solo podía provenir de la palabra inspirada de Dios. Sin embargo, es posible que hasta cierto grado debido las evidencias que por entonces poseían, algunos conceptos geofísicos que parecían armonizar con pasajes de los escritos sagrados eran considerados iluminadores. Posteriormente los cristianos escolásticos de los siguientes siglos adoptaron esta imagen astronómica de Tolomeo porque veían en la Biblia hebrea pasajes que creían apoyaba esta teoría. 

Aunque hasta cierto grado con el tiempo se aceptó que la tierra fuera esférica gracias al cálculo en latitud, con respecto a la longitud existían diversas ideas. Eratóstenes calculó la circunferencia en latitud, no en longitud, porque no tenía manera de calcularla. Se suponía-exclusivamente en los círculos intelectuales e ilustrados de la época-que sería la misma al considerar que la tierra sería una esfera perfecta. En tiempos antiguos las distancias este-oeste solo podían calcularse en base a la velocidad aproximada del barco y el tiempo de navegación. Las distancias terrestres en longitud se expresaban en días de caravana. Sin embargo, solo después del descubrimiento de América las dimensiones en longitud de Asia se ajustaron más a la realidad, porque estaban sobredimensionadas. (Ideas antiguas sobre la tierra) Esto demuestra que a partir de la lectura de la Biblia nunca se pudo comprender la realidad de la tierra como planeta en el universo ni las características geofísicas de la misma. Solamente a través de la investigación humana se conocieron datos nuevos que con el tiempo echaron por tierra las ideas aristotélicas, luego las tolemaicas, e inclusive hasta las posteriores de Copérnico. Actualmente la cartografía terrestre puede decirse que ha alcanzado un grado de desarrollo muy avanzado, aunque todavía faltan saber muchas cosas en otras áreas del conocimiento, pero al menos en este campo, hemos alcanzado un nivel completo, perfecto.

¿Quién pude negar que la ilustración presentada a continuación no representa una concepción acabada de la superficie del entero planeta, incluso debajo de todos los mares del mundo?...

 

                                                  Planisferio sin océanos de la actualidad.  (4c)

Si no lo cree, tan solo deténgase a observar la composición de la imagen superior. Realmente, disponer hoy día un planisferio como el que se puede ver arriba, donde hasta se aprecian las características del fondo de los "abismos" hebreos, o mejor, de todos los océanos, es maravillosa. Seguramente se lo debemos a los "impíos", que no se quedaron conformes con las descripciones "inspiradas" por Dios sobre estos temas. ¡Y que pequeño se ve el entero mundo de la época de Pedro comparado con el real!

Los cuatro elementos

Los antiguos sumerios, babilonios y otros pueblos, pese a realizar descubrimientos notables en matemáticas y astronomía, erraban en sus investigaciones en la comprensión de la naturaleza al personificar los procesos que observaban en ella ocurrir. No obstante, con el paso del tiempo algunos filósofos intentaron brindar explicaciones más científicas del universo que los rodeaba. A partir de entonces aparecen conceptos primigenios sobre la constitución del mismo, aunque muchos sucesos seguían siendo atribuidos a seres divinos sobrehumanos.  De esa manera aparecen en la escena humana los cuatro elementos conocidos de la antigüedad, tierra, aire, agua y fuego mencionados por Aristóteles. El quinto elemento, más filosófico, el eter, no entraba todavía en los engranajes religiosos judeocristianos. 

Estos cuatro elementos confinados a la parte central de la concepción primitiva del universo tienen mucha relación con las ideas de los escritores bíblicos. En la antigüedad los estados actuales de la materia-sólido, líquido y gaseoso-eran considerados-a falta de mayor información-elementos, es decir, las sustancias básicas o más simples con las cuales estaba formado el mundo físico visible, la naturaleza. Todo lo que fuera sólido se consideraba como o que contenía el elemento tierra. El concepto actual que tenemos de tierra como es el caso referido al planeta, abarcan la hidrosfera, atmósfera y litósfera, pero en tiempos pasados cuando se referían a la tierra se centraban básicamente en la parte sólida. Todo lo que fuera líquido era o contenía el elemento agua, razón por la cual  hasta fines del siglo XIII todas las sustancias líquidas eran representadas por el agua como elemento. Y todo lo que fuera traslúcido o invisible, liviano, traspasable y flotara era parte del elemento aire, relacionado con lo espiritual. El cuarto elemento era el fuego, asociado con la luz y el calor y por ende era interpretado con el poder iluminador, destructivo y purificador. De allí que al usar el fuego cuando se quemaba una rama verde al aire libre se explicaba que el humo que emana era parte del elemento aire, un cierto líquido que hierve en los extremos era considerada elemento agua y la parte incombustible que queda como cenizas era considerada parte del elemento tierra. De esta manera se explicaba que la vegetación era una combinación de tres elementos del universo y que el fuego era el que exponía esa combinación, es decir iluminaba lo que estaba oculto. Aquellas sustancias que a través del fuego no se disgregaban en otras eran consideradas puras.

La tierra firme siempre fue un elemento físico así como figurado. Así como la tierra es sólida y sirve de apoyo o base para todo lo demás, representaba las partes firmes o sólidas de las cosas. También el aire o expansión o cielo tienen su connotación relacionado con lo espiritual. Dada su aparente invisibilidad toda connotación espiritual se relacionaba con el aire. El alcohol que emanaba del vino era considerado el espíritu del vino. El aire relacionado con el proceso de respiración llamado aliento era considerado el espíritu de los seres vivos. De ese modo el espíritu era considerado algo sutil y fundamental en el principio de la vida. Por eso siempre se creyó que los espíritus viven en el cielo o expansión, también atmósfera, siendo parte de ella. Del Diablo se dice que es la autoridad del aire o atmósfera actual. Y con respecto al agua así como el fuego, además de sus menciones físicas y cotidianas, eran considerados en sus aspectos más desarrollados como elementos de castigo y tribulación usados por Dios (Sal.66:12; Isa.43:2). El agua limpia o pura siempre se consideró como el elemento que representa la verdad o esencia de las cosas que nutren el pensamiento para dar vida. Una vez que entraba en contacto con la materia para formar objetos dejaba de ser pura. Su estado inestable e impuro del agua salada del mar ilustra la conducta maligna de los pueblos. A su vez, en grandes cantidades sirve para arrastrar y disolver la maldad, y así retornar a la naturaleza a un estado más purificado. La alta concentración de sales del Mar Muerto se consideraba como consecuencia de los malvados disueltos, así como la esposa de Lot se dice que se convirtió en columna de sal. En sentido inverso se pensaba que el agua pura procedente de Dios podría purificar al Mar Muerto a tal punto que la vida marina podría prosperar allí. No obstante, otro elemento es más poderoso que el agua para purificar, el cual domina incluso sobre ella, el fuego, el cual puede separar la sal del agua. Pedro, por ejemplo, muestra que la tierra actual está reservada al fuego, el cuarto elemento. La tierra entera, según su convicción como creyente, ya sufrió por la acción del agua, y ahora el otro elemento destructivo, el fuego, entraría en escena por causa de los pecados de la humanidad. Desde tiempos muy remotos se pensaba que el desequilibrio entre los elementos de la naturaleza se debía a las desviaciones hacia el mal de los habitantes. Cuando estos elementos limpiadores actuaran, los que fueran justos saldrían ilesos mientras que los inicuos perecerían. Noé y su familia fueron los justos que se salvaron del agua del diluvio, los israelitas que cruzaron el mar rojo fueron salvados mientras que los egipcios fueron muertos por el mar; el fuego destruyó Sodoma y Gomorra pero Lot y sus hijas se salvaron (Gen.19:24,29; Jud.7). Estos son puestos en la Biblia por los creyentes como ejemplos amonestadores de la destrucción futura para apuntalar y sostener la fe de los píos en contra de los escépticos, para que sigan creyendo con esperanza firme de que el castigo y premios divinos "no dormita", pues esos "hechos" son una muestra real del accionar de la justicia de Dios a su debido tiempo.

De modo que los cuatro elementos mencionados según la concepción filosófica griega formaron parte de los conceptos religiosos de los pueblos de la antigüedad según sus diversas manifestaciones, y los judíos y primeros cristianos no escaparon a ella. Los pensamientos filosóficos de hombres pensadores del pasado, influidos por creencias religiosas de un pasado anterior, les sirvieron de inspiración para elaborar nuevas ideas, las que a su vez resultaron de fuentes inspiradoras para creyentes posteriores, y así sucesivamente, sin muchas variantes por siglos y siglos. Las analogías o simbolismos que en la actualidad se les otorga a dichas expresiones revelan el origen de las mismas, es decir, a los conceptos antiguos que sirvieron de inspiración. Hoy día, a pesar del alcance en el conocimiento científico, todavía persisten estas viejas formas de expresión como simples referencias poéticas, y debido a este avance los devotos de la actualidad continúan tratando de armonizar la ciencia con la religión en intentos tan ingeniosos como desesperados en medio de intrincadas interpretaciones. En el pasado esas expresiones comunicaban ideas concretas, conectando al oyente con el mundo real físico visible y su proyección imaginaria invisible. Hoy día, a los creyentes no les queda otra alternativa que manifestar que tales expresiones son totalmente simbólicas, alegóricas, mitológicas. Mientras lo hacen, muchos aseguran al mismo tiempo, contradiciéndose a sí mismos, que siguen siendo reales.

Esa es la razón de porqué hoy, distintos predicadores cuando se remiten a las escrituras sagradas afirman que están dirigidas al corazón y no a la mente. Los relatos y narraciones de la Biblia, a diferencia de antaño cuando comunicaba de manera testimonial realista, seria, objetiva, ahora pretenden que sea alegórica, ilusa, ficciosa, idealista. Apelando a lo sentimental y soñador pasan desapercibidos los antiguos y milenarios errores conceptuales, transformando la interpretación de esos pasajes en vaguedades hipotéticas y fantasiosas.

 

                                                            May.2001


[1]"Aristóteles", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2]"Geografía", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[3]"Estrabón", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.  

4  Otras fuentes: Historia Dinámica A.Aubert, F.Durif, L.M. de Tomada, 1970. 4b Rocas y fósiles, editorial Planeta.

* Es la estrella más brillante de la constelación Osa menor, muy cercana a la Osa mayor o Septentrión, grupo de estrellas que señalaban el norte en la antigüedad. La estrella polar tenía la particularidad de mantenerse inmóvil mientras las demás cercanas a ella aparentaban moverse en el cielo en un semicírculo inverso al sentido de las agujas del reloj.

* Otro navegante, el cartaginés Hannón (s.IV a.E.C.) bordeando la costa africana por el Atlántico llego hasta lo que hoy es Sierra Leona.

5 Los nueve libros de la historia, Herodoto, libro II, Euterpe, página 149, biblioteca Edaf, traducido por P. Bartolomé Pou.

6 Item "5" pero página 341.

7 Item "5" pero página 340. 02/02/05