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TIEMPO GEOLÓGICO Y VIDA                                                  Iniciado el 28/11/99

El tiempo geológico y sus nombres

Muchos fundamentalistas bíblicos se oponen a la existencia de la vida en la tierra en millones de años aduciendo que los métodos de datación científicos son incompetentes para establecer tal criterio. Suelen decir que este tema es polémico, es decir, que tanto unos como otros no tienen nada en concreto para definir cualquier aspecto importante, cuando en realidad la polémica solo se sostiene debido a sus posturas contradictorias y no en el campo del avance científico sobre el tema. Utilizando argumentos aparentes arrojan confusión en la mente de lectores profanos con ríos de tintas donde se gastan las neuronas atacando los diversos métodos cronológicos. En este asunto cabe destacar que la distribución de las eras geológicas, sus antigüedades y la ubicación de los fósiles estudiados dentro de un marco o concepto evolutivo orgánico fueron establecidas por la ciencia mucho antes que se descubrieran los modernos métodos de datación radiactiva, utilizados actualmente por los geólogos y paleontólogos en un alto grado de perfeccioamiento. Dichos métodos en la actualidad sirven para confirmar las teorías anteriores de la edad de la vida. Todas las mediciones y nuevos descubrimientos no hacen otra cosa que coincidir en los lineamientos básicos establecidos hace más de 150 años. Aunque aparecen nuevas dimensiones, correcciones, nuevas teorías, enfretamientos polémicos entre científicos y cosas así, ninguna ha echado por tierra el concepto claro de la antiguedad de la vida en la tierra. (Ver: métodos de datación)

Por ejemplo, el cámbrico fue acuñado en 1835 por el geólogo inglés Adam Sedgwick y procede de ‘Cambria’, nombre que los antiguos romanos daban a las rocas sedimentarias de Gales. El nombre ordovícico proviene del de una antigua tribu galesa, ya que las rocas de esta edad fueron estudiadas por primera vez de manera sistemática en Gales. Silúrico fue denominado así por el geólogo inglés sir Roderick Impey Murchison por una tribu británica antigua, los silures, que vivieron en la región oeste de Inglaterra y Gales, donde también se estudiaron de manera sistemática por primera vez las rocas sedimentarias de este período. El nombre devónico deriva de Devon, Inglaterra, donde se estudiaron en 1830 por vez primera dichas rocas sedimentarias. El nombre carbonífero tuvo su origen en Gran Bretaña donde se aplicó por primera vez en 1822 a los estratos portadores de carbón (del latín carbo ‘carbón’ y ferre, ‘portar’) de Inglaterra y Gales. En 1841 el mismo geólogo inglés que acuñó el término silúrico, sir R. I. Murchison, nombró en honor a Perm, una aldea del este de Rusia, el período pérmico, lugar donde se correlacionaron estratos sedimentarios de esta época, sobre la base de su contenido en fósiles, con estratos situados en Alemania, más al oeste. En todo el mundo las rocas del pérmico son ricas en depósitos de carbón, petróleo y gas. De esta manera se dieron los nombres de las épocas de la era Paleozoica y se ubicaron sus edades en millones de años mucho antes del descubrimiento y aplicación de los métodos radiactivos de fechamiento.

En cuanto a la era Mesozoica,  el jurásico toma su nombre de los estratos de roca de la cordillera del Jura.  El nombre cretácico alude a la abundancia de estratos de creta depositados durante el final del período en Inglaterra y Francia, hoy expuestos en lugares como Dover.  El tan solo imaginar el tiempo que habrá requerido para acumularse semejante cantidad de material calcáreo como se puede observar en la imagen arriba a la izquierda señala inequívocamente a una prolongada vida marina durante enormes espacios de tiempo. No obstante, si sumamos a ello el tiempo que habrá requerido para que aparezca en la actualidad como parte de una enorme masa continental, no cabe otra posibilidad en términos geológicos que hablar de millones de años de tiempo.

La era Cenozoica abarca el terciario y cuaternario. El terciario ha sido divido en cinco partes: paleoceno, eoceno, oligoceno, mioceno y plioceno. Fue una época de grandes fluctuaciones térmicas, desde el eoceno tropical hasta los períodos glaciales del pleistoceno. El cuaternario se divide en pleistoceno, que incluye los períodos glaciales, que es la primera y más larga parte del período, y época reciente o postglacial, también llamada holoceno, que llega hasta nuestros días.  En 1839 el geólogo británico Charles Lyell nombró pleistoceno al período siguiente del plioceno definido en función de la proporción de especies de moluscos y crustáceos vivos y extintos presentes en el registro fósil. Los estratos que contenían entre un 90 y un 100% de especies vivas fueron asignados a este período. Tal como el pleistoceno, el mioceno y el plioceno fueron denominados y definidos también por Lyell basándose en el porcentaje de moluscos encontrados en los registros fósiles. Al igual que el eoceno que le precedió y el mioceno que vino a continuación, el oligoceno (del griego, ‘poca vida’) fue definido en función del porcentaje de especies modernas de moluscos y crustáceos (10 a 15%) presentes en los estratos correspondientes a esta era.

A pesar de los estudios y descubrimientos logrados hasta el presente confirmando la existencia de la vida en la tierra hace millones de años, una gran cantidad de la población mundial siguen aferrados a sus creencias religiosas entre las cuales les parece que tales evidencias no son otra cosa que fanfarronadas. El problema existe a causa del escaso discernimiento por parte de tales personas aunado a sus propias conclusiones relacionadas con asuntos religiosos. Pero si se mira con cautela y razona adecuadamente se puede comprender la antiguedad de la vida terrestre. Por ese camino avanzaron muchos investigadores al observar detenidamente las distintas formaciones geológicas desde el siglo XIX. Las distintas capas sedimentarias y los restos fósiles en ellos hallados les permitió comprender su gran antiguedad. Dichos depósitos revelaban distintos ambientes, tales como continental, fluvial, marino, glacial, etc. Conociendo la velocidad aproximada que tardan en acumularse, luego a la que se elevan dichos depósitos sedimentarios, muchos de los cuales se hallan en cadenas montañosas, y finalmente la velocidad de la erosión que los desgasta hasta dejarlos al descubierto, fue posible proyectar el pasado geológico de la tierra con asombrosa precisión.

 

¿ Miles de años o Millones de años?

Durante el transcurso del tiempo, principalmente desde el siglo pasado hasta ahora, se han estudiado una diversidad inmensa de fósiles en todas partes del mundo. Por otro lado, los geólogos han incrementado sus conocimientos del subsuelo y los fondos marinos a un grado considerable hasta la fecha. Actualmente se está utilizando tecnología muy avanzada para el estudio e investigación de las capas de la corteza terrestres. (Ver doc.: La corteza terrestre) La geofísica, paleontología y la geología, como ciencias separadas, han contribuido a una mayor comprensión de nuestro planeta y su pasado como nunca antes. El gran desarrollo de la física y la química permitieron un avance extraordinario en dichas áreas al aplicar los conocimientos adquiridos. Muchos conceptos y creencias religiosas antes aplicados en el campo del estudio científico han sido descartados. No obstante, sería un error pensar que la ciencia lo sabe todo, y por otro lado, sobre muchos asuntos, como el caso de vidas pasadas, recorren muchas sendas especulativas.

Por otro lado, existe renuencia por parte de muchos devotos en aceptar la existencia de la vida por millones de años. Algunos creacionistas fundamentalistas creen fervientemente que la vida en la tierra no tiene más de 6.000 años. Se basan en que la duración de cada día creativo mencionado en el Génesis fue de 24 horas, y como la Biblia es palabra inspirada de Dios esa es la única verdad y punto. Obviamente es un absurdo a menos que la creación por Dios fueran actos de magia, por lo que todo lo que existe en la tierra es producto de milagros instantáneos totalmente desvinculados de las leyes que rigen actualmente la naturaleza, los cuales debieron ser creados al momento en que empezó a existir la misma. Otros más abiertos y razonables refutan el concepto de 6.000 años y ni siquiera consideran sensato hablar de actos de magia creativos, aceptando que la tierra tiene miles de millones de años de existencia, pero que la vida no tiene millones de años, apegándose a lo sumo a varias decenas de miles de años. (¡Despertad! 8/2 1990 párrafo 11) Por ejemplo, algunos razonan sobre la base de interpretaciones de la Biblia que los comienzos de la vida pudieron tener lugar hace unos 34.000 años. Sin embargo, cualesquiera sean las variantes en lo concerniente a la vida vegetal y animal, en cuanto a la aparición de la humanidad todos coinciden que fue hace apenas 6.000 años. Surge de modo inevitable una cercanía obligada por la concepción religiosa y teológica que poseen, pues de otro modo, una extensa presencia, de decenas de milenios de evolución en condiciones duras, convierte la esperanza en una quimera. En cuanto a las formaciones geológicas que contienen fósiles, algunos atribuyen al resultado del cataclismo diluviano universal mencionado en la Biblia, ocurrido según la cronología histórica disponible en las mismas Escrituras hace unos 4.300 años, apenas a unos 1.600 de la creación del hombre para aliviar de la dura existencia a la que se hallaban expuestos sus descendientes después de ser echado del paraíso. Otros consideran que todas las altas montañas de la actualidad y las enormes fosas oceánicas fueron el resultado de dicho cataclismo considerado universal, el cual no solo fue responsable de las distintas petrificaciones de fósiles sino también de las distribuciones de los mismos en las capas o estratos terrestres donde son encontrados. Muchos defensores de la Biblia cuestionan rotundamente las afirmaciones científicas de que la vida en la tierra haya existido por millones de años. Ven cualquier evidencia de su posibilidad como una afrenta a su ‘verdad revelada’, imposible de conciliar con las ‘claras enseñanzas’ de las Sagradas Escrituras. De allí sus propias especulaciones y afirmaciones sobre el tema, enseñando y afirmando conceptos confusos imposibles de entender.

  (Para más datos dirigirse al archivo víncular: Los días creativos)

Sin embargo, un análisis más minucioso de todo lo investigado hasta ahora permite llegar a razonamientos menos conflictivos. Un ejemplo para ello lo constituye el Gran Cañón de Colorado, Arizona, E.U.A., donde según las publicaciones científicas disponibles  se han realizado muchos descubrimientos y estudios en el terreno, lugar donde se pueden ver los distintos estratos o capas de distintas formaciones rocosas originadas por sedimentación que han sido expuestos gracias a los procesos geológicos de la tierra. A lo largo de toda esa zona de unos 349 Km. de largo las rocas han sufrido plegamientos y fallas, y las resultantes fracturas de las mismas han contribuido a la erosión provocada por el río Colorado que lo atraviesa. Por otro lado, la elevación continuada de la meseta de Colorado ha provocado un efecto añadido a la acción del río, formando paredes de hasta 1,6 Km. de profundidad. Gracias a estas acciones quedan expuestas a la vista las diferentes capas que se han ido superponiendo a lo largo de la historia de la tierra, capas que aparecen a la vista en las paredes laterales del cañón, de manera similar a como aparecen las franjas multicolores de una torta de varias bandas cortada con un cuchillo, revelando aspectos muy interesantes. La que se ubica cerca de la cima del Gran Cañón se llama piedra caliza de Kaibab, (Para más datos dirigirse a Desenterrando el pasado) que es un tipo de  roca sedimentaria compuesta por calcita, en donde se encuentra gran cantidad de fósiles de criaturas marinas que fijaron dicha sustancia, y  quedaron como testigos mudos de la presencia de un mar poco profundo durante una cantidad importante de tiempo. Entre los fósiles que contiene se encuentran criaturas marinas tales como las amonites. La siguiente capa hacia abajo que contiene fósiles se llama Arenisca de Coconino, unos 365 metros más abajo, formada por lenta sedimentación en la cual se encuentran huellas de primitivos reptiles y anfibios que existieron antes que los dinosaurios. La arenisca es un tipo de roca sedimentaria con granulado grueso formada por masas consolidadas de arena. El material cimentador que las mantiene unidas suele estar compuesto de sílice, carbonato de calcio o hierro, confiriéndole distintivos colores. Existen areniscas de distintas edades geológicas, y es el material natural que encierra a los depósitos de petróleo y gas. En el Gran Cañón, esta arenisca se encuentra sobre la pizarra de Hermit, la siguiente capa o estrato geológico. Esta capa era originalmente un depósito sedimentario de arcilla, pero por el efecto de la presión y calor se transformó en una roca metamórfica llamada pizarra. En esta pizarra se encuentran huellas de gota de lluvia, fósiles de insectos y helechos. Mucho más debajo de la pizarra de Hermit se encuentra un estrato rocoso que contiene escamas de pescado. Cerca de la base del cañón, se encuentra otra pizarra, la de Bright Angel, en donde se encuentran fósiles de trilobites, conchas y marcas de excavaciones de criaturas. Las siguientes capas de rocas que siguen hacia abajo, ya carecen de fósiles, por lo que nos encontramos en una edad geológica donde aparentemente no hubo vida, por lo menos del tipo encontrado en los estratos superiores. (Fuentes: geológicas y enciclopédicas generales, 2001) Ahora bien, ¿podemos imaginarnos que estos diferentes estratos sedimentarios, y posteriormente metamórficos algunos, fueron el resultado de un cataclismo? ¿Se superpusieron tales estratos atrapando los distintos tipos de vida por más de 1.500 metros de espesor a consecuencia de una gigantesca conmoción geofísica de origen divino? Decir que lo fueron se convierte más en un disparate que una afirmación razonada, en donde algunos hasta llegan a decir que Dios las dispuso en ese orden de manera armoniosa durante el Diluvio mediante la acción de Su espíritu Santo que operaba en la corteza terrestre. Pero, ¿para qué se hubiera molestado para ello?... Para crear el paisaje, aseguran, porque revela diseño... Manifiestan que la prueba está en que deleita la vista humana, un ser hecho a imagen de Dios. Pero, ¿es el paisaje el resultado de un acto creativo o es el resultado de las interacciones abióticas y bióticas en el transcurso del tiempo? Si supusiéramos que la formación del Colorado es el resultado físico causado por una enorme perturbación y conmoción de la corteza terrestre, aún dirigida, ¿cómo pudieron formarse tan diferentes tipos de capas geológicas sedimentarias de características distintivas incluyendo a su vez atrapados en su interior los fósiles de diferentes tipo de vida y de distintos medios, tales como la marina, terrestre y vegetal? Obviamente imposible a menos que Dios sea un loco de remate. Pues bien, si Dios no es un chiflado irrecuperable y no lo fueron por un cataclismo físico "normal", entonces tuvieron que formarse de manera natural a la velocidad más o menos uniforme con que ocurren los ciclos naturales de las rocas terrestres influenciadas por el vulcanismo, los movimientos de la corteza, las deposiciones de material que ocurren por decantado y arrastre, y los agentes climáticos erosivos, principalmente la lluvia, la nieve, los ríos y el viento, tal cual los podemos inferir al observar, sondear y medir la naturaleza hoy. Si al principio (en el estrato superior) tenemos criaturas marinas, esto nos está indicando un ambiente marino, donde por largo tiempo a medida que dichas criaturas morían iban agregando al sedimento su propia aportación de carbonatos de calcio para formar la caliza. Luego, yendo más abajo y retrocediendo en el tiempo, tenemos que dicha área anteriormente no fue un ambiente marino, sino un ambiente terrestre, en el cual quedaron registradas las huellas de las formas de vida que dan cuenta de ese tipo de entorno. Luego, remontándonos más hacia el pasado vuelve otro tipo de ambiente marino para volver a uno terrestre, y al final, tenemos un ambiente marino distinto a todos los demás, porque las formas de vida fosilizadas son diferentes. ¿Cuánto tiempo se habrá requerido para producir estas distintas condiciones ambientales en una misma zona geográfica? A su vez, ¿cuánto tiempo habrá transcurrido para cada uno de dichos ambientes durante el cual se produjo la sedimentación hasta alcanzar un grosor importante y las criaturas se desarrollaron, vivieron y murieron dejando registros para la posteridad? Hay que tener en cuenta también los diferentes estratos intermedios que separan a los identificados con fósiles, tiempo durante el cual aparentemente no vivieron animales en dicha área, por lo menos en cantidad. Además, no hay que olvidar el tiempo que ha transcurrido hasta ahora  para que toda esta zona se fracturara, erosionara y elevara para brindarnos ante nosotros  este enorme despliegue sedimentario. El río Colorado ha mantenido su nivel hasta ahora, lo cual indica que la velocidad del levantamiento de la meseta del Colorado se ha equiparado con la velocidad de la erosión provocada por el río. ¿Podría decirse que unos 35.000 años es un tiempo razonable para que todo esto se produjera? ¿Cuánto tiempo transcurre para que el cauce de un río se ahonde en unos 10 metros? Pues bien, el río Mississippi en Norteamérica pierde 30cm de altitud en 7.000 a 9.000 años, con lo cual un simple cálculo nos diría que necesitaría unos 250.000 años para erosionarse en tan solo 10 metros su cuenca. Si el terreno donde se ubica el Mississippi se levantara en esa misma proporción, al cabo de 40 millones de años se habría producido un cañón de 1,5 Km. de profundidad. En el caso del Gran Cañón de Colorado se calcula que comenzó posiblemente hace unos 6 millones de años, teniendo en cuenta la inclinación, el levantamiento y las fracturas.

Estos cálculos no son cuentas disparatadas, pues en muchos lugares de la tierra tenemos conocimiento por la historia registrada que muchas zonas geográficas son prácticamente idénticas a las actuales a pesar que transcurrieron 3.500 años. Por ejemplo, la historia de Egipto, el mar Rojo, la Mesopotamia, el mar Muerto y así por el estilo. ¿Qué tipo de zonas geográficas históricas han cambiado tanto por efectos erosivos de manera que quedaran irreconocibles?  ¿Cuál región terrestre se ha hundido o levantado de manera notoria durante la historia? En verdad no tendría sentido preguntar que región de la tierra ha tenido mar, tierra y nuevamente mar en un período geológico milenario. Si aún después de miles de años ciudades que han quedado sumergidas todavía no han sido tapadas por el sedimento, pudiendo ver sus restos hundidos en el fondo del mar, ¿cuánto tiempo se requerirá para que forme parte de un subsuelo de 600 metros de profundidad o de una elevada montaña? (Ver doc.: Ruinas antiguas bajo el agua) La respuesta es obvia. ¿Cuánto, por ejemplo, ha cambiado la topografía de la región de Jerusalén, una zona muy bien conocida históricamente? El valle de Hinón, el monte de Los Olivos-hasta algunos olivos que todavía están de pie son milenarios-, el Monte Moría, el Monte Sión, los valles adyacentes, inclusive el túnel de agua construido por Ezequías hace más de 2.700 años, han permanecido hasta el día de hoy sin cambios de importancia. Las ruinas de la destrucción de la ciudad, que posiblemente albergara unos 3.000 habitantes-hoy viven 500.000- ocurrida hace 2.600 años se encuentran a pocos metros bajo el nivel de las construcciones posteriores. Las alteraciones geológicas son mínimas comparadas con otras que señalan la existencia de vida muy antigua. Obviamente que tratar de circunscribir a tan solo unos miles de años las vastas formaciones geológicas-como la del Gran Cañón, por ejemplo-resulta insuficiente para explicar de manera lógica y coherente la sedimentación y cohesión de los diferentes estratos y los lapsos de vida para cada uno. Sin ir muy lejos del Gran Cañón, en el mismo estado de Arizona hace 25.000 años cayó un meteorito en la región desértica, y aunque el borde del cráter, de unos 30 metros de alto se ha erosionado bastante, todavía mantiene su paisaje característico sin muchas variantes después de tantos miles de años. De modo que, de acuerdo a los datos disponibles de los estudios científicos realizados, no solamente no pudieron formarse los distintos estratos geológicos por consecuencias cataclísmicas, sino que los mismos requirieron de millones de años para desarrollarse en lo que son hoy, atrapando circunstancialmente en su interior las formas de vida que existieron mientras se formaban. Mucho antes del descubrimiento y desarrollo de los relojes radiactivos para efectuar las dataciones geológicas, se llegó a la conclusión de que la vida en la tierra llevaba mucho más tiempo del que se creía. Por lo tanto, estos relojes radiactivos vienen a confirmar lo que ya se creía en el pasado. Y en muchas aplicaciones han demostrado su concordancia. En consecuencia no tiene sentido desacreditar los mismos debido a sus puntos débiles. En la suma de dataciones los errores se afinan. El proceso de acumulación de las rocas en estratos se realiza siempre con la misma lentitud, y era evidente que los gruesos depósitos existentes tenían que haber tardado mucho tiempo en formarse, basándose en el descubrimiento de que muchos tipos de rocas se acumulaban con tal lentitud que el proceso resultaba casi imperceptible. Por ejemplo, muchas personas han conocido el mármol, una piedra que pulida se ha usado mucho en la construcción decorativa. La materia prima del mármol es la caliza, y en buena parte proviene de abundantes depósitos coralinos de épocas muy antiguas que posteriormente sufrieron metamorfismos geológicos. Esta caliza-como el acantilado de creta de la primera fotografía-en alguna época puede ingresar por la acción de movimientos geológicos a las profundidades de la corteza, y cuando la estructura cristalina de la roca original llega a ser calentada y sometida a presión, se reorganiza formando el mármol. Luego, después de otros procesos geológicos, aflora a la superficie en zonas montañosas o se encuentra en depósitos subterráneos. En la ilustración arriba se puede apreciar el colosal tamaño de una cantera de mármol ubicada en los Alpes apuanos. Algunos tipos de mármoles conservan los restos fosilizados de antiguos constructores de arrecifes, como es el caso de la caliza organógena. Siempre merece la pena observar de cerca el mármol para ver si encontramos animales fosilizados.

Otro ejemplo notable de la antigüedad de la existencia de la vida son las cuencas petrolíferas y carboníferas. El petróleo proviene de la transformación de abundantes restos orgánicos acumulados a gran profundidad. Las marismas exuberantes del período carbonífero se convirtieron al acumularse y hundirse paulatinamente en vastos depósitos de carbón. Luego, el proceso geológico (presión y temperatura) del carbón y de organismos marinos produce depósitos de carbón mineral y petróleo. Los combustibles fósiles como el gas, el petróleo y los depósitos de carbón, se forman a partir de organismos que estuvieron vivos hace millones de años. Por ejemplo, los detritos acumulados de un bosque que creció durante varios cientos de miles de años antes de quedar sepultado, al final, acaban produciendo carbón. Precisamente por su contenido orgánico, el carbón y otros depósitos, en particular algunos sedimentos del fondo marino, son ricos en hidrocarburos complejos. Cuando algunos depósitos de carbón se calientan, sus componentes volátiles salen, atraviesan los sedimentos y se depositan en otro sitio en la forma de petróleo o gas. El proceso de formación continúa en el presente, pero es sumamente lento. Una enciclopedia nos comenta los siguiente acerca de ello:

 “El petróleo proviene de los restos de animales minúsculos que viven en el mar —y, en menor medida, los de organismos terrestres arrastrados al mar por los ríos o los de plantas que crecen en los fondos marinos— se mezclan con las finas arenas y limos que caen al fondo en las cuencas marinas tranquilas. Estos depósitos, ricos en materiales orgánicos, se convierten en rocas generadoras de crudo. El proceso comenzó hace muchos millones de años, cuando surgieron los organismos vivos en grandes cantidades, y continúa hasta el presente. Los sedimentos se van haciendo más espesos y se hunden en el suelo marino bajo su propio peso. A medida que se van acumulando depósitos adicionales, la presión sobre los situados más abajo se multiplica por varios miles, y la temperatura aumenta en varios cientos de grados. El cieno y la arena se endurecen y se convierten en esquistos y arenisca; los carbonatos precipitados y los restos de caparazones se convierten en caliza, y los tejidos blandos de los organismos muertos se transforman en petróleo y gas natural.” [1]

Hace poco una persona preguntó: "¿sigue formándose petróleo en algún lugar de la Tierra, o hay alguna razón por la que dejó de crearse?" El profesor de Geología del Petróleo en la Universidad A&M de Texas, Wayne M. Ahr, respondió:

"Actualmente en la Tierra se están formando petróleo y gas natural, pero el proceso es lento, requiere una secuencia específica de eventos, y sólo ocurre cuando las condiciones son adecuadas.

El mecanismo que creó el petróleo y el gas comenzó en depresiones sedimentarias en el océano, donde se reunían minerales y arenas erosionadas. La superficie del agua estaba habitada por microscópico plancton, que al morir se hundía en el fondo. En aguas profundas o depresiones muy protegidas, las aguas quietas permitieron que el plancton se acumulara, y la ausencia de oxígeno impidió que se descompusiera. El sedimento enterró el plancton, tal vez una fracción de centímetro por año. Una vez que se acumularon unos 300 metros de sedimento, la materia orgánica comenzó a convertirse en un compuesto ceroso llamado kerógeno, mientras los sedimentos adyacentes se comprimían y transformaban en roca, como piedra arenisca o pizarra. A medida que el sedimento siguió acumulándose y empujando las capas a más profundidad, el calor interno de la Tierra "cocinó" el kerógeno, convirtiéndolo en petróleo y gas. Existieron condiciones casi ideales para la creación del petróleo en un antiguo océano llamado Tetis, que más tarde fue el moderno Golfo Pérsico. El petróleo que usamos se formó hace cientos de millones de años. Por eso no espere que el plancton de hoy se convierta en el petróleo de mañana." (Revista Discover 2001)

Otro mineral muy utilizado como combustible durante el siglo XIX y parte del XX fue el carbón. El carbón ha tenido su origen en los restos vegetales terrestres de un pasado remoto que han quedado sepultados a centenares de metros por estratos de las distintas y largas eras siguientes. Una enciclopedia lo describe de la siguiente manera:

“En eras geológicas remotas, y sobre todo en el periodo carbonífero (que comenzó hace 345 millones de años y duró unos 65 millones), grandes extensiones del planeta estaban cubiertas por una vegetación muy abundante que crecía en pantanos. Muchas de estas plantas eran tipos de helechos, algunos de ellos tan grandes como árboles. Al morir las plantas, quedaban sumergidas por el agua y se descomponían poco a poco. A medida que se producía esa descomposición, la materia vegetal perdía átomos de oxígeno e hidrógeno, con lo que quedaba un depósito con un elevado porcentaje de carbono. Así se formaron las turberas (véase Turba). Con el paso del tiempo, la arena y lodo del agua fueron acumulándose sobre algunas de estas turberas. La presión de las capas superiores, así como los movimientos de la corteza terrestre y, en ocasiones, el calor volcánico, comprimieron y endurecieron los depósitos hasta formar carbón.” [2]

Formación del carbón

 

Fuente E.Encarta

Como puede verse en la ilustración, durante el paso del tiempo antes de llegar a convertirse la vegetación en antracita, que es el carbón de mejor calidad, debe pasar por tres etapas anteriores: turba, lignito y hulla.

Ahora bien, mediante estos ejemplos presentados, ¿es posible que el mármol sea el resultado de un proceso de solo unos miles de años? Recordemos que su ubicación está asociada a formaciones montañosas, y éstos procesos orogénicos duran millones de años. A ese tiempo hay que sumarle el tiempo que ha llevado formarse la enorme deposición sedimentaria hasta poder proporcionar suficiente cantidad de materia prima para que luego por efecto de los ciclos tectónicos posteriores y el calor proveniente del manto pudiera convertirse en mármol en cantidades colosales. En cuanto a los hidrocarburos, ¿podrían alcanzar unos miles de años para que las formas de vida responsables de su composición pudieran desarrollarse, acumularse y transformarse para generar centenares de miles de millones de toneladas de petróleo y billones de toneladas de carbón? En tan solo tres décadas el consumo mundial de petróleo ha trepado a unas 100.000 millones de toneladas. Por si esto fuera poco todavía se estima que hay petróleo para 5 décadas más. En cuanto al carbón, considerando los yacimientos de importancia, a pesar de haber sido explotados desde el siglo pasado, todavía quedan más de 1 billón de toneladas. ¿Se pudieron formar estos enormes depósitos carboníferos y vastas cuencas petrolíferas en casi todas partes de la tierra en tan solo unas decenas de miles de años? ¿Pudieron quedar encerrados y sepultados a miles de metros debajo de la superficie de la tierra tan vasta cantidad de materia orgánica y en tan poco tiempo? Obviamente imposible, pero más absurdo es afirmar, como lo hacen algunos influenciados por ciertas creencias religiosas, que estos depósitos se produjeron como consecuencia de un cataclismo universal. Sin duda, muchas afirmaciones religiosas se encuentran equivocadas, pero su fanatismo o dogmatismo les impide ver con claridad y se confunden sin percibir los abundantes ejemplos que demuestran la existencia de la vida en la tierra por millones de años.

Otro campo que brinda evidencias es la Arqueología. Los arqueólogos tienen que cavar algunos metros para desenterrar objetos pertenecientes a civilizaciones pasadas. Pues bien, si en 3.000 años algunos se encuentran a unos 5 metros, ¿a cuantos metros podrían encontrarse dentro de 300.000 años? ¿Podría ser 500 metros? Pues bien, la velocidad de la formación de estratos depende de muchos factores. Está ligada a la presencia de agua, montañas, vida vegetal, animal y marina. Las rocas sedimentarias se depositan por la acción de las lluvias, el viento y la nieve que arrastran las partículas de rocas desde las partes más elevadas, principalmente desde las montañas y cerros, hacia las zonas más bajas, que pueden ser valles, lagos o fondos marinos. Una zona desértica y alejada de las montañas no tiende a formar nuevos estratos, más bien se caracteriza por la lenta erosión de los últimos estratos formados cuando esa misma zona era diferente en otro tiempo. Es común hallar en esas zonas antiguos asentamientos humanos en la forma de colinas, lo cual significa que el viento arrastró material que quedó atrapado por los restos de las construcciones abandonadas hasta que terminó por cubrirlas formando una elevación del terreno y no un subsuelo. Por otro lado, las zonas geográficas con abundantes desniveles y una elevada actividad meteorológica, desarrolla la más alta velocidad de sedimentación ubicada en las partes más profundas. No obstante, muchos de los lugares históricos no se emplazaron en cuencas terrestres, de otro modo habrían sufrido inundaciones si la zona habría sido húmeda y lluviosa. Otras en cambio que sí estaban ubicadas a la vera de ríos o en valles, son actualmente montículos y no depósitos subterráneos. De modo que para que dichos estratos no solo se acumulen en gruesas capas sino que luego se confunda con el paisaje geológico al conformar un grueso subsuelo de tal manera que se constituya en parte del mismo se necesita que transcurra mucho más tiempo que apenas 20 o 30 mil años siquiera. Esto se multiplica cuando son distintos estratos acumulados uno encima del otro, reflejando distintos climas y ambientes. Pero allí no termina, porque no se trata solamente de un cubrimiento. Las fuerzas geológicas que producen hundimientos y luego elevaciones para formar montañas ocurren muy lentamente. Las formaciones de las montañas se miden en millones de años y no en miles. Existen tan abundantes pruebas sobre la edad de las altas montañas en la actualidad que rebatir tal descubrimiento significaría ponerse en ridículo. 

De modo que no sería una simple especulación carente de razones estimar la existencia de la vida en la tierra hace millones de años cuando se encuentran gruesos y extensos estratos marinos petrificados en altas montañas como parte de su estructura. No se trata de restos esparcidos por la superficie de las montañas como imaginan algunos, sino de formaciones estructurales que son parte de la montaña y no de deposiciones superficiales. Aunque no se pueden dar fechas exactas de manera absoluta sobre sucesos prehistóricos esto no quiere decir que todo lo que se diga son simples imaginaciones desprovistas de evidencias razonables. Existen suficientes pruebas convincentes para fundamentar la existencia de la vida en mucho más tiempo que 34.000 años, de hecho, en millones de años hacia el pasado.

Sin embargo, ¿significa esto una victoria para la teoría evolucionista, en especial en lo concerniente a nuestros orígenes? ¿Existe la posibilidad de que nuestra existencia sea el resultado del accionar de fuerzas biológicas impersonales, aún sin ningún tipo de intervención sobrenatural? ¿Es cada especie de planta y de animal un diseño específico por parte de un Creador? 

 

Las fortalezas evolucionistas

Los defensores de la Evolución describen al concepto Creación como un freno al progreso intelectual sobre el conocimiento del entorno. Con el descubrimiento de los fósiles reptilo-mamiferoides de Karro y los distintos tipos de simios con características intermedias entre monos y humanos y el ave o ala antigua llamado Archaeopteryx, estos son expuestos como muestras transicionales o intermedias que los creacionistas aluden que no existen. Los  restos de ciertos huesos  existentes en algunas ballenas y delfines actuales en partes geoanatómicas específicas de su cuerpo, cerca de la cola, aluden a la existencia de extremidades anteriores en los considerados sus antepasados terrestres. Otros aspectos utilizados para defender la evolución son la existencia de especies y géneros locales aislados, aspecto que aparenta dificultar a los creacionistas al tratar de explicar las razones de su existencia como producto de numerosos “focos de creación”. Cada animal parece encajar a la perfección en el medio ambiente donde vive y no en otro lugar de la tierra. Por eso es muy frecuente encontrar especies únicas de cada región, continente o isla. (Ver doc.: Distribución animal y Endemismo) Mientras hace 280 millones de años existía el supercontinente Pangea, los animales terrestres que vivían eran similares en todas partes, corroborado por los registros fósiles encontrados hasta hoy en todos los continentes, pero cuando la separación de los mismos fue mucho más amplia, hace unos 100 millones de años, los animales continentales adquieren características peculiares a cada continente. Por ejemplo, los dinosaurios habitaban toda la tierra, pero luego aparecen animales específicos de cada región, hasta el día de hoy, donde no encontramos los mismos tipos de animales distribuidos en todas partes de la tierra. Otro aspecto argumentativo utilizado por los evolucionistas se refiere al proceso clasificativo jerárquico en la que se distribuye de forma natural animales y plantas de tal modo que sugiere la existencia de un árbol familiar. Esta interesante continuidad y direccionalidad parecen confundir a muchos creacionistas.

Además expresan que la existencia de desacuerdos y debates no son dañinas, sino que muestran la buena salud de la cual goza esta ciencia y que los científicos que rechazan la evolución son ‘analfabetos’. Es más, aducen que los creacionistas se ven sumidos en enormes complicaciones para poder explicar el sentido de muchas observaciones detalladas, las que desde el punto de vista de los evolucionistas habrían sido puestas por el Creador de manera cuidadosa para confundirnos, aspecto que ambos obviamente descartan.

El hecho de que los organismos vivos actuales no existían desde el comienzo del registro fósil y la mayoría de los organismos que vivieron en el pasado ya no existen ahora, comenzó a generar múltiples ideas sobre el origen de la vida. Casi todos los tipos de organismos aparecieron en algún punto del registro fósil, se mantuvieron durante un período y luego desaparecieron. Muchos de ellos desaparecían lentamente, pero hubo por lo menos siete ocasiones de acuerdo a los registros fósiles en que desaparecieron enormes cantidades de vidas al mismo tiempo.

La selección natural propuesta por Darwin y Wallace, según muchos académicos, parte de tres observaciones fundamentales.

1) Cada generación produce muchas más crías de las que puedan sobrevivir hasta la edad adulta, lo que hace que

     tengan que competir por los recursos.  

 

2) Cada individuo es diferente de los demás, aún hasta entre hermanos donde se presentan pequeñas diferencias.

     Las circunstancias de vida puede  hacer aparecer ciertas diferencias como más efectivas a ciertos individuos

     dentro de un grupo determinado, permitiendo que éstos estén en mejores condiciones para alcanzar la edad

     adulta.

 

3) Los rasgos favorables de los padres se transmiten a los hijos.

Finalmente, la evolución actualmente descansa más segura sobre las supuestas pruebas moleculares modernas. De esta manera se redefine a la evolución como el cambio a través del tiempo de las frecuencias génicas de las poblaciones, lo que produce nuevas especies a lo largo de muchas generaciones. Distintas organizaciones religiosas protestantes que se apegan a la creación (Adventistas, Testigos de Jehová) admiten la aparición de todas las diferentes especies de animales a partir de unos pocos géneros básicos, es decir, una forma de evolución a pequeña escala limitada según lo que sería la Familia en la clasificación científica correspondiendo a lo que ellos llaman el "género" o "genus" bíblico. Eso es idéntico salvo el cambio de términos a lo que señalan los evolucionistas, pero en períodos de tiempos más largos. Paradójicamente esta posición creacionista culmina en absurdas contradiciones. (Ver doc.: Género & especie) Como se ha descubierto que el código genético es el mismo en todas las formas de vida existentes en el planeta, desde una diminuta criatura unicelular hasta el ser humano, y solamente las variaciones y la existencia de los distintos géneros o especies se debe a la frecuencia genética, se concluye científicamente que todo tuvo un origen común.

Las conclusiones no necesariamente son objetivas

Pero, el hecho que exista un solo código genético no anula de por sí la existencia de una voluntad creadora, del mismo modo que la existencia de un formato típico de automóvil aunque aparecido en distintas formas y características a través del tiempo no establece que todos fueron el resultado de cambios ajenos a la voluntad humana, como el producto de fortuitos ensambles con resultados felices. (Ver doc: Fechamiento genético)

En realidad ha sido muy beneficioso y cautivante las investigaciones realizadas por tantos científicos en el campo de la geología y la paleontología, y su modo de ver los asuntos nos permite sin duda aumentar nuestros conocimientos. No obstante, estos mismos conocimientos suelen ser usados dogmáticamente para rebatir la existencia de una inteligencia superior responsable de todo lo que nos rodea. En ese aspecto creo que los que opinan así cometen el mismo error que cometieron los dogmáticos religiosos en el pasado. Ellos mismos se dicen que un científico debe estar abierto a todas las preguntas, pero es muy obvio que hay muchas de ellas que están muy lejos de ser contestadas aunque presuman que todo puede ser resuelto mediante el método científico. Se debe tener cuidado en que los muchos logros obtenidos no nos arrastren a la insensatez. La misma teoría de Einsten contradice nuestros conceptos mecánicos más estables, y sencillamente no podemos explicar la relatividad del tiempo cuando nadie bien ilustrado la descarta, porque ha sido comprobada. Por otro lado, nadie descree en la existencia del tiempo, pero ¿cuándo comenzó el primer minuto? ¿Cómo es posible que no transcurra de manera abosluta en cualquier lugar del universo? No solo explicar los principios se torna complicado para el hombre, sino que existen sobradas evidencias de la existencia de fuerzas inteligentes sobrehumanas. Lo que no sabemos es hasta qué grado estas fuerzas tienen que ver con actos creativos del espacio y terrestres, y porqué, de existir, se escondería un Ser supremo o Dios detrás de nuestras miserables vidas.

Tratar de explicar la aparición de la vida y su extraordinario despliegue de formas y categorías únicamente a través de conceptos mecánicos carentes de un factor voluntario externo necesariamente se complica, porque deben rellenarse muchos interrogantes y vacíos con vagas especulaciones para darle la forma deseada, que en realidad es la buscada desde un principio y consiste en el rechazo de toda noción de Dios. Si la meta de la investigación es demostrar la inexistencia de un Creador u origen sobrenatural, veo mal encaminada la misma, y de ser así entonces la vida no tiene ningún propósito más que el cada uno quiera darle. Ni siquiera los logros humanos tiene valor alguno, y ser bondadoso o malévolo carece de importancia moral, solo es para nuestro beneficio o utilidad directa. De este modo nuestra existencia es totalmente intrascendente y la naturaleza es dios. Nuestro destino esta en sus manos y nosotros no somos otra cosa que simples espectadores fugaces de sus designios mecánicos regidos por fuerzas que desconocemos ni podemos predecir ni manipular, al que solemos llamar azar. Atribuirle a todo lo que nos rodea un carácter carente de una voluntad superior genera en la concepción mecánica de las cosas más dudas que aciertos. Ni que decir cuando la ciencia trata desde esta misma óptica  explicar los fenómenos paranormales. Queda totalmente empantanada.

Por otro lado, si la vida existió por millones de años sobre la tierra, esto no favorece tampoco a la sola evolución, puramente mecánica, porque es perfectamente posible para un Dios que es considerado desde la eternidad hasta la eternidad o para seres sobrehumanos muy antiguos haber participado en actos creativos. 

Para muchos creyentes en la Creación los registros fósiles disponibles parecen apoyar la creación más bien que la evolución, porque los devotos insisten que:

1º: siempre aparecen formas de vida complejas súbitamente,

2º: las formas de vida son diferentes, y no es posible explicar satisfactoriamente el porqué algunas habrían

     cambiado mientras otras han permanecido igual,

3º: ausencia de ‘eslabones’ de transición entre diferentes familias biológicas, y

4º: ausencia de rasgos corporales parciales, todas las partes están completas.

Estos puntos son considerados muy importantes para los creyentes. Sin embargo no resultan definitorios, porque suelen considerarse de manera subjetiva y en un contexto equivocado. Por ejemplo, en cuanto al primero así como el cuarto es casi imposible en la actualidad determinar la relación entre dos especímenes descubiertos que pudieran haber tenido alguna relación. En ocasiones hasta se interpreta una cría de una misma especie como especie distinta cuando más tarde se decubrió que no eran distintas. A su vez, la existencia de órganos rudimentarios desacredita el cuarto punto. Con respecto al tercero (que no es más que otra forma de presentar el mismo planteo), existen fósiles de ciertas líneas muy bien documentadas que revelan cambios a través del tiempo en aspectos que dificultan verlos como una línea distinta, debido a la ubicación cronológica, como por ejemplo el de las ballenas y los caballos. Asimismo, los archivos geológicos y la distribución geográfica de las especies en el tiempo revelan comunidad de origen. Pero los creyentes en actos creativos individuales suelen decir que sencillamente se tratan de especies creadas que desaparecieron, evitando relacionarlas con sus sucesoras, o bien remarcan que pertenecen a la "misma familia biológica", señalando que sencillamente son variedades. Ellos esperan que la ciencia encuentre una larga secuencia de restos petrificados que muestren a una rata transformándose en un caballo criados por un ancestral campesino que documentó tal suceso, algo imposible. No obstante existen algunas evidencias. Por ejemplo el Archaeopteryx, el ave más antigua conocida que posee cola y cabeza de reptil y plumas en sus alas se ubica entre las aves actuales y los dinosaurios del pasado. Y; ¿que hay de los dinosaurios emplumados?...  Estas evidencias les complican tanto a los creacionistas que los obliga a usar sofismos para evitar se reconozca su debilidad en sus enseñanzas bíblicas ante los crédulos, entrando en absurdas contradicciones. (Ver :  Controversias con Archaeopteryx

El que no se puedan dar respuestas satisfacorias ante cualquier pregunta de cómo ocurrieron infinidad de hechos minúsculos del pasado no significa que no pudieron haber ocurrido de una determinada manera principal. Existen abundantes hechos, tales como la variación en estado doméstico y en estado de naturaleza; la lucha por la existencia y la supervivencia de los más aptos, o selección natural; las gradaciones de estructura con cambio de funciones; la regresión genética; las costumbres disonantes respecto a la conformación; las leyes sobre cruzamientos; las gradaciones en la fertilidad con la imposibilidad en definir los límites; la sucesión geológica de especies y su distribución geográfica; la clasificación genealógica con los grupos subordinados a grupos; los organos rudimentarios, atrofiados y abortados heredados; los caracteres embriológicos; el.uso y desuso; la mayor variabilidad de los caracteres específicos respecto a los genéricos; el parentesco entre especies extintas y actuales; y otros tantos más que señalan claramente que las especies actuales de vida animal y vegetal han descendido de un número menor de otras especies desde un pasado remoto, modificándose, diversificándose y extinguiéndose durante las extensas y variadas épocas de la tierra. (Para más datos sobre conceptos relevantes tomados del libro "El origen de las especies" de Charles Darwin que aún perduran y no han sido rebatidos, pueden ir a fundamentos del darwinismo.)

Por otro lado, resulta poco satisfactorio afirmar todos los puntos como pruebas derivadas de los registros fósiles cuando apenas representan el 1% de todas las especies que existieron. El archivo geológico es sumamente incompleto, la preservación de los restos son ocasionales y han existido enormes períodos de tiempo durante el cual los lugares de depósitos variaban, por lo cual en lugares donde se acumulaba material pasó a ser un lugar donde dejó de hacerlo, más bien y en muchos casos enormes períodos de erosión arrastraron millones de toneladas de material con cualquier resto que hubiera quedado preservado a su destrucción, con lo cual se perdieron para siempre. El haber hallado las líneas de algunos géneros resulta muy útil para tener una idea del resto, de allí que muchas deducciones son rechazadas por los creyentes fundamentalistas de la Biblia porque no pueden ver a todas las conexiones de las miles de especies de animales actuales en la forma de huesos descubiertos en los museos. El 99% de todas las osamentas desaparecieron, solo una fracción muy pequeña de toda la vida animal que ha existido a fosilizado, y de ella aún faltan hallar miles de muestras más todavía, y lo peor es, que solo podemos hallar secciones diminutas de restos de vida atrapadas de esa época en particular separadas por grandes intérvalos de tiempo con las otras, no hallando nada entre ellas, porque no pudieron ocurrir semejantes sucesos anómalos de conservación o bien se destruyeron, imposible de verlos ya nunca más. No obstante ello, aparecen datos y evidencias. Por ejemplo, cuando hace poco se halló un resto de un dinosaurio con plumas aunténtico en la provincia de Liaoning en el noroeste de China, un dromaeosaurio de 130 m.a., un terópodo carnívoro de unos 60 cm de la cabeza a la punta de la cola, aporta mas información importante que apoya la relación entre los dinosaurios y las aves de hoy.

Por cierto, los datos más relevantes son aquellos relacionados con nuestros antepasados. Podemos hallar abundantes restos óseos de humanos prehistóricos de distintas razas o especies y diferentes a la nuestra, así como de homínidos que alcanzan a 2 o 3 millones de años de antigüedad. Toda esta información disponible es realmente fascinante a la vez que totalmete dilapidaria ante cualquier concepción religiosa judeocristiana.

En cuanto a los debates científicos relacionados con la determinación del origen de cada forma de vida y sus cambios, debemos tener en cuenta que se hallan en el plano más allá de las comprobaciones básicas de la existencia de la vida en millones de años y de muchos adelantos en el conocimiento cierto de muchas cosas relacionadas con la misma. No obstante algunos todavía pueden pensar que más que revelar buena salud pone en evidencia una enfermedad seria. Pero los debates sobre cuestiones todavía no comprobadas enriquecen más que enferman. Enfemarían si se las toma como expresiones dogmáticas a las cuales suelen estar acostumbrados los fundamentalistas religiosos. Muchos científicos respetados no solo no están de acuerdo con algunos conceptos evolucionistas, sino que los desacreditan completamente favoreciendo la creación dirigida por un ente inteligente y sobrehumano. Ante todos presentan sus evidencias para ser discutidas. En tales casos, sus puntos débiles se hallan en la teología. Las bases fundamentales de la evolución son interpretaciones de hechos que pueden no corresponder a la faceta que se asegura. Por ejemplo, el factor genético de cada criatura o vegetal puede demostrar con elocuencia la tremenda presión que ejerce para mantener la línea generacional invariable a través del tiempo. En el caso de los insectos, que son animales de una duración de vida muy corta, por lo cual en un lapso de semanas se multiplican continuamente, vemos que sin embargo, sin importar los millones y millones de reproducciones, cada especie sigue siendo la misma a través de las incontables eras geológicas. Actualmente se han descubierto cambios genéticos en ciertas especies de moscas debido a cambios climáticos, pero esto no puede atestiguar que algún día estas moscas se conviertan en langostas o en arañas. (Ver doc.: Cambios genéticos) Las arañas del carbonífero, así como las cucarachas, libélulas, moscas, hormigas, etc., siguen siendo las mismas sin importar los millones de años transcurridos. ¿Qué haría que algunas especies evolucionaran, transformándose en otra especie diferente de animal mientras otras especies permanecen invariables en sus estructuras generales sin importar la cantidad de tiempo transcurrido? Quizás fueron más grandes, más largas o de formatos diferentes, pero pueden clasificarse fácilmente dentro de los géneros o familias conocidas en la actualidad. Parece existir una inteligencia superior que decide estas cosas, quien determina lo que será cada animal y no las células o la estructura de células de un complejo organismo por sí mismas. No sabemos si partió de una especie ya existente o formó una completamente nueva de manera independiente. El que los insectos y otros animales tengan muchas crías, o que tengan que competir no prueba de por sí la evolución aunque obviamente condiciona una forma de vida altamente competitiva. Decir que la evolución es un hecho, en el sentido de asegurar que todo lo que se enseña o se asegura sobre ella es una realidad indiscutible, es un poco apresurado, porque contiene todavía numerosas especulaciones y controversias sobre incontables descubrimientos. Probablemente en parte la evolución tenga razón, de hecho, existen numerosas evidencias razonables sobre su ocurrencia; por otro lado es posible que entes sobrehumanos intervinieran en la vida de la tierra desarrollando nuevos formatos, en especial en lo concerniente al hombre, tal como los humanos lo han hecho al domesticar vegetales y animales. Esto es algo que no sabemos, es decir, no podemos negarlo como tampoco asegurarlo. Concluir como lo hacen algunos fundamentalistas religiosos que podemos estar seguros que no es en absoluto de ese modo en base a lo que la Biblia enseña también es errado, porque es claro que muchos relatos de la Biblia, como el diluvio o el éxodo de Egipto o la antiguedad de Adán como el primer ser humano creado en la tierra no responden a las realidades históricas. De allí que un concepto en parte evolutivo sea valedero, y la creación  de nuevas formas de vida por entes sobrehumanos tal vez lo sea también, pero tal como lo cuenta la Biblia y asociado a una sola persona creadora, todopoderosa, un Dios, un Ser Supremo lleno de bondad y amor, en la que para los cristianos a enviado a su hijo a la tierra o según los católicos fue dios hecho hombre, no solo ha perdido fuerza real, sino que es cuento ficcioso carente de pruebas serias y objetivas tal como lo son actualmente los milagros curativos y los contactos extraterrestres.

Es cierto que hoy día no hay elefantes en América ni marsupiales en Asia, no encontramos osos en Australia ni hay orangutanes en África. Muchas especies de plantas y animales son oriundas de ciertos continentes. Si bien existen muchas evidencias que demuestran claramente una diversificación producto de una descendencia con modificación a partir de ancestros comunes, ¿prueba esto definitivamante que la evolución es un hecho para toda forma de vida, y que todos hemos tenido un origen común? ¿Porqué tenemos que creer que la acción creadora se ve limitada a una sola área terrestre y tiene que efectuarse toda en un lapso corto de tiempo? Estas preguntas plantean hechos que permiten incorporar dudas a las afirmaciones científicas que hasta el momento carecen de datos concretos. Por otra parte, muchas interpretaciones de la Biblia son equivocadas, a veces apresuradas, queriéndole atribuir conceptos que no menciona. Mucha culpa de ello la tienen personas que se consideran autoridades en la materia biblística, pero que en realidad carecen de razonabilidad y objetividad en las cosas que afirman. Para seguir manteniendo a los creyentes o captar nuevos candidatos suelen recurrir al fraude educativo (por ejemplo, ver acerca de la formación del ojo y la manera intencionada para obstruir información veraz y razonable). Además, muy poco podemos encontrar en la Biblia sobre datos zoológicos y botánicos que algunos pretenden que contenga. Por lo tanto, jactarse que la Biblia es un libro científicamente desacreditado pertenece a aquellos que ignoran realmente su contenido. Es un libro religioso, y como tal, contiene leyendas y mitos, plasmada por seres humanos tal como muchos otros pueblos los han tenido y permanecen hasta el día de hoy. No podemos utilizar la Biblia para resolver los conflictos con la ciencia ni para establecer verdades. De ella solo podemos ampliar nuestro conocimiento y disponer de material  para extraer algunos conceptos prácticos o para arribar a conclusiones personales. A lo sumo solo sirve para la fe, si es que la misma le resulta útil de algún modo al que cree mientras cree. De allí que la fe y la ciencia son distintas, y la realidad física del pasado de la tierra no guarda relación con la realidad religiosa escrita en la Biblia. Es un documento imperfecto, inspirados por la imaginación y deseos de humanos antiguos, pasado de moda, desacreditado en sentido moral, aunque expone ciertas realidades humanas de esas épocas con gran detalle, brindándonos información y datos que en buena medida están relacionados con la manera de ser y pensar de muchos pueblos y culturas en la actualidad.

Por otro lado, cuestionar como simples especulaciones carentes de sustento declaraciones de la ciencia en la que atribuyen la existencia de la vida por millones de años está fuera de lugar. Simplemente afirmar que nadie sabe en realidad como pudo ser el pasado no establece nada ni desacredita nada. En el artículo de la revista ¡Despertad! del 8/2/90 mencionada al comienzo, se puede ver fácilmente cómo se manipula la información científica para que parezca decir otra cosa, cometiéndose varios errores de interpretación, aparentemente deliberados, que no son detectados por la mayoría de las personas a las que van dirigidas. Por ejemplo, pretende establecer para desacreditar algunos conceptos científicos vertidos, como válida una línea argumentativa que haría contemporáneos a los dinosaurios con los humanos, cuando se reconoce que existieron hasta en la Antártida. Pues bien, dado que los redactores de dicha revista no aceptan la existencia humana con más de 6.000 años, esto quiere decir que debería suponerse que dichos dinosaurios desaparecieron durante el Diluvio universal, tiempo durante el cual se cree que se formaron los casquetes polares. 

Sin embargo esto es imposible porque al estudiarse los núcleos de hielo formado por las capas de depósito de nieve por las tormentas en la Antártida, estas revelan una continuidad de por lo menos 120.000 años, tiempo durante el cuál comenzó la última glaciación. Además los geólogos al estudiar los restos del pasado de los glaciares han descubierto que la Antártida contuvo en otra época mucho más hielo del que contiene ahora. En Groenlandia también se realizaron estudios similares, mostrando una equivalencia climática al del polo sur. Esto revela que por lo menos la Antártida ha estado cubierta de hielo por decenas de miles de años, y los dinosaurios que hallan vivido allí debieron estar antes de ello. Esto ha debido de ser así para armonizar con las diferentes eras glaciales que existieron en el pasado, cuyas huellas han quedado grabadas en rocas antiguas que actualmente se encuentran lejos de los polos, y en especial por las consecuencias aportadas por la última glaciación. (Ver doc: Pruebas existencia glaciares) Estudios recientes demuestran en realidad que la glaciación responde a ciclos que se repiten cada 100.000 años aproximadamente. Por ejemplo, del estudio de la columa de hielo de más de 3,6 kilómetros de espesor cerca de la base rusa de Vostok en la Antártida ha sido posible develar la temperatura y concentración atmosférica de CO2 y metano por más de 400 mil años en el pasado.

      

Estos datos permiten visualizar con claridad que los casquetes polares han existido por lo menos unos 420.000 años, es decir, hasta donde fue posible estudiarlo. Aunque se cree que principiaron hace 15 millones de años, de todos modos el medio millón de años ya es mucho más tiempo que los escasos 4.300 años señalados por algunos devotos religiosos. Ante tales evidencias es común escuchar de los detractores que los científicos a lo mejor están "leyendo mal" y en consecuencia malinterpretan los datos recogidos. Siempre introducen el factor del error y con ello a la duda como perfectamente posible. Pero, ¿saben ellos cómo se determina el paso del tiempo en las capas de hielo? ¿Cuánto conocen de los estudios realizados? Pues en realidad nada, solo suponen que el error "puede" existir, y sobre esa base imaginaria lanzan su ataque y refundan su fe. ¿Le parece razonable tal postura? ¿Cuánto conoce usted, estimado lector del tema? ¿No le parece que antes de establecer una postura habría que verificar todos los datos y la manera en que son obtenidos? ¿Creería Ud que existe un complot a nivel científico mundial para atacar la fe de un grupito de devotos fundamentalistas? 

Pero esta no es la única prueba que demuestra la existencia de los dinosaurios antes de la historia humana, pues existen muchas otras que prueban que esa clase de vida existió hace millones de años. Algunos creen que durante el Diluvio se produjeron cambios cataclísmicos en la corteza terrestre, separando continentes, elevando montañas y creando fosas oceánicas. Si esto fuera así y para armonizar con el planteo aparentemente sensato que introducen, la América del Sur debió separarse abruptamente de África durante ese tiempo, porque existen evidencias paleontológicas combinadas con las geológicas en las cuales se demuestra que vivieron criaturas como el  mesosaurus, pequeños reptiles localizados en sedimentos del pérmico inferior  en las mismas  rocas coincidentes de ambos continentes. Esto no podría ser si ambos continentes no hubieran estado unidos y el mesosaurus viviendo allí. Ahora bien, si necesariamente tuvo que producirse un desplazamiento de los continentes de manera tan rápida, la única forma sería la de un deslizamiento sobre el lecho oceánico que separan en la actualidad ambos continentes por una distancia de unos 4.000 Km. Esto es imposible porque, por un lado la corteza terrestre continental no flota o se desliza sobre la corteza oceánica. En segundo lugar, debajo del sedimento del océano Atlántico se han descubierto largas marcas que indican el camino que han recorrido las placas al separarse. La simetría perfecta de la dorsal centrooceánica con los continentes y la formación de los medios diques verticales son las huellas que nos muestran la lenta separación continental desde el centro del océano Atlántico, a una velocidad que actualmente se ha podido medir con exactitud mediante el Global Positioning System (GPS) que va desde 1 hasta 7,5 cm por año según el lugar, velocidad a la cual se sigue formando nuevo lecho oceánico compuesto de basalto a lo largo de la dorsal centroatlántica.  Ya en la década de los años 60 y 70 los descubrimientos paleomagnéticos del fondo oceánico proporcionaron la prueba fundamental de su lenta formación, reformulando seriamente la antigua teoría abandonada de la deriva continental de Wegener, ahora bajo el nuevo concepto de Tectónica de Placas. Suponiendo la velocidad mayor, América del Sur estaría unida a África hace por lo menos unos (40.000.000/7,5) 53 millones de años. (Ver: Planisferio sin agua e Imagen Dorsal del Atlántico Sur abajo)

Desde ese tiempo hacia el pasado los terrenos donde vivió y murió el mesosaurus estarían unidos, razón por la 

cual los fósiles encontrados biológicamente iguales se corresponden geológicamente. Idénticas pruebas también se encontraron entre los Apalaches Norteamericanos y el plegamiento caledoniano de Europa, los cuales han demostrado ser los restos de una gigantesca cadena montañosa surgida al colisionar los primitivos continentes cuando se formó Pangea y que luego al separarse Laurasia con el paso del tiempo la erosión desgastó estas enormes cordilleras hasta dejarlas en lo que son hoy. Por ello en ambos restos montañosos se encuentran los mismos estratos rocosos y en el mismo orden  con los mismos plegamientos y con fósiles idénticos de la misma edad. Todo esto hubiera sido físicamente imposible que ocurriera en tan solo una decena de miles de años. Esto explica el porqué científicamente se expone a la tierra como un planisferio cambiante cada tantos millones de años en donde se juntan y se separan grandes extensiones de suelos conformando los continentes, tal como se puede apreciar en la imagen de arriba donde se muestra el desarrollo del continente antártico a través del tiempo geológico. (Para más datos dirigirse: Deriva continental). Estas evidencias impiden validar en modo alguno las ideas religiosas interpretadas de la Biblia y los argumentos por ellos mencionados resultan estériles para descalificar algunas afirmaciones científicas, asemejándose más bien a respuestas a preguntas originadas en otras épocas o formuladas por personas o grupos desinformados, o bien presentadas con la finalidad de desacreditar algunas afirmaciones científicas para así poder acreditar las interpretaciones teológicas del momento.

                    

          Sección del fondo oceánico que muestra la dorsal del Atlántico Sur ubicado entre América y Africa.

Por otro lado no es relevante señalar-expresado por el artículo de la revista-que los dinosaurios no son lagartos sino reptiles. No tiene mucho sentido decir esto con el propósito evidente de sugerir una ciencia débil y desconcertante, porque los lagartos también están incluidos dentro de la clasificación de reptiles, al igual que las tortugas, los cocodrilos y las serpientes. En realidad todavía no se sabe con certeza si eran de sangre fría o caliente, por lo que la definición rigurosamente exacta en la tabla taxonómica carece de importancia. Sin embargo, al decir que los dinosaurios fueron descubiertos en el año 1824, parecería indicar que antes nadie se habría topado con fósiles de estos animales extintos. En realidad a partir de ese año los hombres de ciencia de entonces pudieron comprender en cierto modo a que tipo de animales pertenecieron, identificándolos con criaturas semejantes al lagarto. Hacia tiempo que parte de los fósiles de estos animales habían sido descubiertos, pero eran considerados otra cosa. Por ejemplo, unos 147 años atrás, es decir allá por el 1677, una sección de un fémur de un dinosaurio herbívoro fue descrita por Robert Plot como Scrotum Humanum, denominado así por otro desconocido creyendo que era la parte petrificada de los testículos de un gigante antediluviano. Era obvia la influencia que ejercía en la ciencia de entonces los relatos de la Biblia en el mundo cristianizado. Eso resultó en que nadie se interesara en aquel entonces por buscar más restos para confirmar dicha descripción (Ver doc.: Conceptos contradictorios, Princpgns), porque sencillamente todos estaban convencidos que era tal cosa. Creyeron haber hallado la confirmación de que la Biblia expresaba un relato auténtico. Nadie jamás pensaría, dudando de la Biblia según la interpretaban entonces, que hubieran existido animales diferentes antes del tiempo aceptado para la creación. Pero el avance científico en la materia vino a confirmar lo equivocado que estaban. En otro caso ocurrido en 1731, el filósofo suizo llamado Johann Scheuchzer publicó un grabado dos años antes de su muerte, cuando tenía 60 años, donde aparecía un fósil que halló en 1726 al que llamó Homo diluvii testis (hombre que presencio el diluvio bíblico). Lo describió como "el esqueleto óseo de uno de esos hombres  infames cuyos pecados trajeron al mundo la espantosa desgracia del  diluvio". Parece obvio que bajo la influencia de la Biblia muchos creyeran haber encontrado los restos del cataclismo diluvial, y Johann tenía el suyo. Sin embargo, más tarde quedó demostrado que el fósil de Johann correspondía a un ejemplar de salamandra de 8 millones de años de antiguedad. Hasta el día de hoy no se han hallado restos humanos algunos de gigantes antediluvianos. Ni siquiera se han hallado evidencias de un diluvio universal, al contrario, todas las evidencias geológicas y biológicas disponibles en la actualidad señalan que nunca ocurrió semejante cataclismo como el descrito en la Biblia, y mucho menos hace 4.300 años. No obstante, un recuerdo transmitido por la humanidad antigua puede tener alguna relación, pues hace unos 15.000 años ocurrió un súbito incremento de la temperatura de la tierra, donde en el lapso de unos pocos miles de años la misma se elevó en unos 8ºC en los polos, motivando el fin de la era glacial al inundarse miles de kilómetros cuadrados de lineas costeras por todo el mundo cuando se elevó el nivel del mar. Estos son los hechos reales hasta ahora disponibles, y los mismos tienen una relación con el mito bíblico, solo que el relato se halla en un contexto religioso en donde se atribuye dicha variación climática de importancia a un ser divino como castigo y bendición para la humanidad. Ante la falta de mayor conocimiento en los seres humanos de entonces no es difícil comprender la razón de su marco religioso. Casi todas las cosas que descubrían difíciles de interpretar, las relacionaban con aspectos religiosos. Por ejemplo, los restos de un antiguo molusco llamado actualmente Gryphaea, eran hallados   en la antiguedad en distintas partes de Europa, y dado que habitualmente se los encontraba                  Gryphae     diseminados por el suelo, a falta de una mejor explicación se les llamaba uñas del pie del diablo porque se parecían a la cutícula córnea que tiene la pezuña de las cabras. Al no comprender que éstos restos fósiles se desprendían de rocas ubicados en estratos por la erosión, creían que eran los restos que dejaba el diablo al cortarse las uñas.                 

En consecuencia, cuando vemos que diferentes partes de conceptos científicos actuales no son contradictorios o ideas aisladas difíciles de conciliar con otros descubrimientos, nos permite obtener mayor credibilidad. Cuando diferentes tópicos encajan como piezas de un rompecabezas, la imagen formada tiene mayor sentido, y aunque no tengamos la certeza absoluta podemos adquirir una probabilidad razonable. Muchas ideas y teorías del pasado se han ido confirmando con el tiempo hasta que en el presente algunas se han establecido como hechos indiscutibles.

La existencia de la vida en la tierra tiene millones de años de antiguedad y durante ese tiempo han existido distintas formas de vida en su mayoría ahora extintas. Las distintas formas de vida que existieron en un pasado no se han repetido, muchas otras diferentes ocuparon su lugar en los distintos reinos y líneas taxonómicas principales, revelando más una adaptación y transformación a travéz del extenso tiempo que una creación particular hace apenas unos miles de años atrás. Aquellos que basándose en la Biblia nieguen esta realidad científica comprobada están equivocados, y los relatos bíblicos que les sirven de inspiración no corresponden con la ralidad histórica. Son meras expresiones simbólicas producto de la fe de antiguos pueblos que debieron de desarrollarse para brindar el apoyo y motivación necesaria a sus creencias religiosas en el marco del conocimiento disponible que poseían entonces. El avance en el conocimiento científico en la actualidad ha superado dicha situación producto de la ignorancia y subordinada a las teorías religiosas que implicaban y demandaban credulidad voluntarista e ingenua. Los dogmas han cedido a la experiencia ante mentes inteligentes.

Por otro lado, si Dios existe, de su parte hasta ahora no se ha mostrado más que a través de interpretaciones humanas cargadas de errores e ideas falsas, con lo cual sigue siendo esquivo y confuso, y nuestra vida, si bien se convierte en más misteriosa con su ausencia, su presencia no la convierte en mejor, sino que, si la vemos en un contexto amplio y realista, desprovisto de toda credulidad ingenua, la torna más cruel y desgraciada.

 Para datos enciclopédicos generales visitar documento : Geofísica general.

Nota: si algunos documentos no aparecen al picarlos, pueden solicitarlos personalmente en el libro de visitas del sitio, y les será enviado gratuitamente al correo indicado.

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 Mar.2002

 


[1]"Petróleo", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2]"Carbón", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.