Make your own free website on Tripod.com

Dios, ¿tiene nombre?

"Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre". ¿Cuál es el nombre del Padre?

"en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo." Si "Padre" es un adjetivo, un calificativo como el "Hijo", cuyo nombre es Jesús; ¿Cuál es el nombre del Espíritu Santo?

Si el nombre del "Padre" era Dios (del griego: theos = thente: ponente = todo lo puede) ¿Porqué existieron tantos nombres de diferentes dioses? Zeus, Apolo, Cronos, Osiris, etc., etc. ¿No bastaba acaso que dijeran solo DIOS, como muchos afirman hoy?

Si se dijera "en el nombre de la Trinidad, amén". ¿Problema resuelto?

¿Cual trinidad? Habrá querido decir: "en el nombre del carpintero de Nazaret (José), el hijo del carpintero (Jesús) y de la fuerza (sagrada) de la vida (?)" ¿Podría llamarse la Madre Tierra, la fuerza de la Naturaleza, la vida o algo parecido? Si se refería a la joven que lo concibió, la mujer del carpintero, ¿acaso María era una fuerza activa? ¿Sería "santa" por ser virgen (entiéndase: no le penetró ningún pene de varón)?

Están los que dicen que la trinidad es una rara composición de tres seres distintos, cada uno Dios, en uno solo, es decir formado por tres dioses en uno. Esta claro que de ese modo es un enunciado absurdo. ¿Los tres seres distintos forman un solo todo lo puede? ¿Acaso los hebreos no eran monoteístas? ¿De cuantas 'personas Dios' estaba formado su único Dios? ¿Acaso era para los israelitas y judíos el Espíritu Santo alguna 'persona  Dios' distinta pero aunada en un mismo o único Dios? 

Otros consideran al "Espíritu Santo" un personaje sin nombre diferente al Padre y también al Hijo, pero si la Biblia enseña que Dios "es un espíritu", ¿acaso no es "Santo" también? De lo contrario, ¿qué clase de espíritu es el Padre? En vista de eso otros señalan que el Espíritu Santo no es una persona, sino "la fuerza activa de Dios". De otro modo, cuando los 120 reunidos en Pentecostés "se llenaron de Espíritu Santo", ¿se llenaron de una persona?

Por eso Dios, el único objeto de adoración para los antiguos hebreos y los judíos después, tenía un solo nombre que lo identificaba de todos los demás. Jamás en sus escritos sagrados introducen alguna idea siquiera de dualidad o trinidad, al contrario, describen al Dios que adoran con características propias, con una personalidad de un solo ente diferente, propio y particular. Por ello tenía un nombre, un nombre que lo separaba del nombre de los demás dioses de los otros pueblos que rodeaban a los hebreos entonces. ¿Cual?

                                      

Ese es el nombre del Dios hebreo tal como apareció escrito en la estela moabita, fechado hacia el siglo IX antes de nuestra era, conocido y nombrado por otros pueblos de la región. En rollos de piel descubiertos en la cueva de Qumrám donde aparecen escritos pasajes de los Salmos el nombre del Dios hebreo aparece escrito repetidas veces de la manera en que aparece abajo a la izquierda:

                               

Como puede notarse, se asemeja mucho al de la estela. A la derecha aparece otra grafía del nombre de Dios, donde se utilizan las letras del alfabeto hebreo aparecido después de la cautividad acaecida a los judíos en Babilonia. Esta forma también se utilizó durante la misma época en que circulaba la grafía más antigua o arcaica mostrada. Pero habían otras formas de escribir el nombre del considerado Padre por Jesús, usadas en los primeros siglos de nuestra era.

Pues esas letras identifican al único Dios, el ser supremo cuyas cuatro letras, llamadas tetragramaton, aparecen miles de veces en las escrituras hebreas, considerado por los israelitas como un nombre sagrado que identifica al único y distinto Dios de todos, el único Todopoderoso, el único Creador, el único del cual emana la vida y la muerte. 

Hoy día, esas cuatro letras corresponden a tres letras hebreas modernas (de derecha a izquierda): iod, he, uau, he, las cuales se escriben con las letras latinas como yhvh. ¿Cómo se pronuncia? De acuerdo a Maimonides, quien dijo que se pronuncia de acuerdo a sus letras hebreas, debería sonar en español algo como iheuhe. Por cierto, no podemos saber con exactitud cómo era vocalizado en tiempos arcaicos, ni siquiera el propio Jesús lo dio a conocer. Cuando el enseñó el Padrenuestro, el nombre del Padre referido era ese, pero no aparece en la oración, solo lo indica. Los cristianos no transliteraron al griego el sonido hebreo del nombre, porque en el primer siglo de nuestra era se consideraba un sacrilegio muy grave por parte de los judíos pronunciar el nombre de manera pública. A raíz de ello, los no judíos (romanos, griegos, etc.) desconocían la pronunciación del nombre de ese antiguo Dios. Los judíos de la actualidad tampoco saben como debe realmente pronunciarse, porque sus caracteres alfabéticos hebreos eran vocalizados de maneras distintas según cómo se hallaban escritos y a qué querían referirse. A causa de ello, la pronunciación exacta del nombre del dios de la Biblia se perdió.

A consecuencia de ello hoy día encontramos diversas formas de pronunciar ese nombre. Las más extensamente conocidas hoy por diversa labores proselitistas y de erudición son Jehová y la otra Yahveh o Iahvé. Además de éstas dos formas existen otras menos conocidas, como Yehwíh y Yehwáh, además de iabé, iaoué, Yahuwa, Yahuáh, Yehuáh y Yehowáh. Otros doctos y especialistas actuales han producido voces transliteradas al español como Ihoua, Iehoua, Yahuweh, Iahuweh (iahuweh), Yahúh, Yáo_hu (iáo_ju) y Yahvah. La primera letra tanto se pronuncia como una "i" de "iris" como una "y" de "yelmo".

Los primeros cristianos, desde el sigloI en adelante, se hallaban en la misma problemática, pues parece que los judíos también habían perdido la pronunciación exacta que sus ancestros daban al nombre de su Dios. Por ejemplo, en el año 1749 el escriturario alemán Teller expresó las diferentes pronunciaciones del nombre de Dios que él había investigado y hallado respecto a épocas antiguas tanto de fuentes judías como cristianas diciendo:

 “Diodoro de Sicilia (s.I a.E.C), Macrobio, Clemente de Alejandría (s. II E.C.), San Jerónimo (s.IV E.C.) y Orígenes (S.III E.C.) escribieron Jao; los samaritanos, Epifanio (s.III E.C.), Teodoreto (s. VI E.C.), Jabe, o Jave; Luis Cappel presenta la lectura Javoh; Driesche, Jahve; Hottinger, Jehva; Mercier, Jehovah; Castalión, Jovah; y Leclerc, Jawoh, o Javoh”.

Con respecto a la forma Jao de Diodoro de Sicilia de antes de nuestra era, en pergaminos del Qumran se ha  encontrado transliterado al griego el tetragramaton en la forma como aparece en la imagen de la derecha, confirmando como correcta la fuente de Teller y su investigación respecto a dicha forma en tiempos precristianos, salvo por la transformación de la primera letra "i" en un "jota", sonando como jamón, la que también se ha transformado en un "y" (i griega) pronunciada por variantes idiomáticas como suena al decir yaguar.

La única forma que ha sido transliterada o traducida en parte al griego en las escrituras griegas cristianas algunas letras hebreas del nombre de Dios es en una palabra compuesta donde aparece -ya, o -jah o -ia, siendo en realidad una abreviación del nombre, usado en Apocalipsis en la palabra "aleluya", también "aleluia", sonido real comúnmente pronunciado, tal como en la famosa composición religiosa coral de El Mesías de Handel o en cantos cristianos nigerianos. La expresión aleluia proviene del hebreo halaluia (o halaluya) que significa "alaben a Ia". A pesar que algunas enciclopedias, como la Encarta, afirma que "-ia" significa Señor, en realidad esas dos últimas letras corresponden a la abreviación del nombre yhvh

Además, dichas letras forman parte de muchos nombre teófonos, nombres que muchas personas siquiera lo saben, como por ejemplo Jeremías, Mateo, Juan, Abdías, Malaquías, Jeroboan, Jefte; cuyos formatos hebreos de origen contienen el nombre abreviado del antiguo Dios israelita.

El problema es que solo tenemos el nombre abreviado, y sabemos seguro (si corresponde a una transliteración exacta) que se pronunciaba Ia. En cuanto al sonido de nombre completo, no lo tenemos, a lo sumo probablemente solo sabríamos cómo empieza.

En consecuencia, cuando Jesús enseñó a pedir que el nombre del Padre fuera "santificado", ¿se refirió a que llegara a ser conocida su correcta pronunciación? De otro modo, ¿cómo puede ser santificado un nombre si no se sabe siquiera cómo debe pronunciarse correctamente?

Ahora bien, dado que al menos sabemos que el nombre abreviado del Padre se pronuncia "ia" (el sonido de dos vocales seguidas), el del Hijo es Jesús (cuyo significado del griego iasous es "ia salva", es decir yhvh es salvación), por lo menos podemos deducir que si el Espíritu Santo fuera otra persona, debería tener un nombre también. Pero no lo hay. ¿Porque entonces es mencionado como un ente separado, como algo tan especial? El asunto es sencillo. ¿Porque no dijo simplemente "el Espíritu de Dios" o "Santo de..."? No cabe duda que el material místico de las escrituras da para hilar tejidos de distintos tipos.

Resulta interesante notar que el nombre hebreo para Eva es javá, sonido muy parecido cuando se pronuncia jehová. A su vez permite variantes con iavá, de sonido semejante a yavé. En cuanto al termino javá, del cual se traduce Eva, significa "la que vive", "la viviente". En el islam, de orígenes compartidos con los israelitas, el nombre de Eva se pronuncia Hawa, con lo cual se refuerza su semejanza sonora con el uso actual en la pronunciación que les dan muchos devotos al nombre del Dios hebreo. Considerando la aceptación de la operación del engaño religioso, ¿estarán invocando y adorando en realidad a una forma femenina los devotos de Jehová o de Yavé? ¿Estarán dirigiendo su espiritualidad a la madre vida?

Con relación a las pronunciaciones resultantes del tetragramaton, una fuente consultada nos dice que ya sea de las provenientes de los padres griegos de la iglesia cristiana como Yavé y Yaó, así como la forma abreviada Yah y Yahú (o Jahú) para nombres propios, parecen indicar que originalmente el nombre se pronunciaba Yahwé o Yahvé. En su sentido etimológico, es la tercera persona del singular, imperfecto, del verbo havá (o hayá), que significa "ser".2 (hayá probablemente se pronuncie como haiá, N.d.A)

"Conocerán la verdad y la verdad los libertará" ¿A que tipo de conocimiento se refería Jesús?

Algunos explican, muchos, que la expresión "en el nombre" es lo mismo que decir "en el rótulo o calificativo de aquello cuyo designio o significado es por ustedes conocido". De esta manera, minimizan las diferentes pronunciaciones, como cuestión de poca importancia. Sin embargo, si Jesús lo hubiera pronunciado, ¿lo hubiera hecho sin importar cómo sonaba o lo habría hecho correctamente?

¿Esa es la "verdad" que conocerán?

"Tu Palabra es la verdad" ¿Se refería a los oráculos? ¿Cómo era posible escuchar la voz de Dios? ¿En sesiones alucinantes? ¿En estados de conciencia alterada o a través de la percepción intuitiva normal? De lo contrario, ¿señalaba acaso a los escritos de la Ley y los profetas que se hallaban resguardados en las diferentes sinagogas?

En esa Palabra escrita, en esos documentos sagrados, se hallaban las cuatro letras del nombre de Dios. ¿Sabía Jesús cómo sonaban cuando se dice que leyó de Isaías 61:1,2, pasaje donde aparece el tetragramaton? ¿Lo pronunció o usó un sustituto por costumbre en esa ocasión? (Luc.4:16-19) 

Los apóstoles y discípulos de Jesús, cuando le oyeron hablar durante varios años sobre su Padre, su Dios, ¿escucharon la pronunciación de Su nombre?

Cualquier cristiano que dijera que Jesús no lo pronunció, entonces colocaría a Jesús al mismo nivel que todos los judíos de esa época, que tampoco usaban el nombre en público. ¿Porqué? Normalmente algunos suelen decir que no lo hacían debido a una superstición judía, la cual consideraba que era un nombre demasiado elevado para usarlo en conversaciones humanas, para no pecar al "tomar en vano" ese santísimo nombre. No obstante, tampoco lo usaban aún en conversaciones de índole espiritual o religiosa.  De acuerdo a ello, si los judíos consideraban tan sagrado el nombre al punto de convertirse en inefable, muy probablemente por desconocer su correcta articulación sería la razón por la que se cuidaban de pronunciarlo.

Obviamente, tal conclusión en el caso del Hijo de Dios, Jesús, sería una ruina religiosa. De allí que muchos afirman que fueron los cristianos posteriores, tildados de falsos, que apenas muertos los apóstoles se tomaron el trabajo de "borrar el nombre" de dios de los documentos cristianos por embeberse de otra doctrinas cuyos fines eran puramente carnales, según los pronósticos y descripciones dadas por los mismos apóstoles cuando todavía vivían al denunciar a aquellos cristianos diferentes. Sin embargo, todos los que señalan tal cosa reconocen que a lo sumo los manuscritos cristianos griegos contenían el tetragrámaton hebreo pero en absoluto una transliteración o en su defecto siquiera una traducción de ese tetragrámanton al idioma griego. En consecuencia, ¿qué sentido pudiera tener quitar algo que ha perdurado en muchos otros manuscritos, como en las escrituras judías hasta nuestros días? Por lo tanto, si desapareció de las escrituras cristianas, lo que habría sido sustituido desde épocas muy tempranas si lo fue, habría sido ese conjunto de letras hebreas de pronunciación desconocida, imposible de transliterar ni traducir, y no el sonido del nombre del Dios de Jesucristo. De otro modo, ¿imagina usted un complot semejante de borrar el sonido conocido del nombre de ese dios? ¿Podrían todos los cristianos perder su autenticidad y ser llevados o dejarse llevar por el error y la manipulación? Realmente, ¿tan extensa y devastadora sería la conspiración sin dejar un solo testigo? Al menos debieron quedar algunos testimonios sobre semejante conspiración. Ni siquiera una, siquiera menciones tempranas en documentos extra cristianos o de índole religiosa sobre el nombre y su pronunciación, salvo tentativas, como las de Clemente de Alejandría, Orígenes, Jerónimo. Claro está, nunca lo supo realmente ningún cristiano.

Además de no tener mención alguna sobre el nombre de dios en lo concerniente a sus letras o a su transliteración, hurgando en los escritos como de Justino Martir, hallamos en su ApologíaII 13.4 la siguiente declaración:

"Ahora bien, cuanto de bueno está dicho en todos ellos nos pertenece a nosotros los cristianos, porque nosotros adoramos y amamos, después de Dios, el Verbo, que procede del mismo Dios ingénito e inefable; pues El, por amor nuestro, se hizo hombre para ser partícipe de nuestros sufrimientos y curarlos."3

¿De qué manera describe al Dios del cual procede el Verbo? Lo define como "ingénito" e "inefable". Ingénito es por nunca haber tenido principio, no engendrado; e inefable, porque era considerado tan grandioso que resultaba indescriptible, impronunciable. De modo que, conociendo las letras del tetragramaton los cristianos no pronunciaban dicho nombre, solo se referían a él con toda clase de nombres titulares.

En una página donde trata de resumir la teología justiniana, al tratar el subtema del Concepto de Dios de Justino dice: "Dios es uno, bueno, sin principio, ingénito (agenetos), inefable y sin nombre (nadie se lo ha puesto porque no hay nadie antes que El), trascendente. Su mejor nombre es el de "Padre" por ser el Creador de todo."4

Esta situación nos muestra otra realidad. 

La lengua del Testamento Cristiano

Un aspecto muy relacionado con la difusión del cristianismo primitivo (por cierto, en el sentido de primordial u original, no como algo prehistórico o arcaico) tiene que ver con el idioma utilizado para poner por escrito el Testamento Cristiano, conocido como el Nuevo Testamento (NT), una manera de sugerir una continuidad religiosa en donde una testamento anterior es reemplazada por otro nuevo.

Ya durante el siglo III a. E.C. judíos hebreos tradujeron al griego Koiné todo el TH, llegando a ser conocido como la versión de los LXX.. Lo hicieron para que los judíos dispersos en las distintas regiones de habla griega, época de la existencia de tal imperio, los que probablemente en su mayoría por el poco uso habían perdido su cultura idiomática hebrea, pudieran escuchar o leer de las escrituras en el idioma griego que habitualmente usaban las veces que se reunían en sus respectivas sinagogas.

Por la importancia alcanzada dicha lengua fue una especie de lazo comunicativo entre las otras lenguas existentes, una forma de norma comunicativa, muy similar a como es el inglés en el mundo de hoy. Conozcamos un poco acerca de la misma. La lengua griega abarca los períodos antiguo, ático, bizantino y moderno. Entre el antiguo y el moderno difiere en muchos aspectos aunque tanto el griego clásico como el actual emplean el mismo alfabeto de 24 letras, procedente del fenicio.

Indoeuropeos procedentes del Norte introdujeron el griego en la península Balcánica en el II milenio a.C. En tiempos prehistóricos hubo pueblos que emigraron procedentes del Asia septentrional y central hasta las tierras fértiles del sur y se asentaron en varias regiones de Grecia, donde aparecieron diferentes dialectos; los cuatro principales fueron el arcadio-chipriota, el dórico, eólico y jónico. Información enciclopédica nos amplía algunas nociones básicas sobre la lengua griega:

El dialecto arcadio-chipriota, del que poco se conoce, desciende de la lengua que se hablaba durante el dominio de Micenas en el Peloponeso y algunas islas meridionales. En 1952 se descifró lo que se ha llamado escritura cretense B lineal, cuyas inscripciones se encontraron en unas tablillas de arcilla mientras se llevaban a cabo unas excavaciones en Creta y otras partes de Grecia desde 1900, y se fijaron como antecedentes del arcadio-chipriota por estar fechadas en el 1500 a.C. Estas investigaciones demostraron que los griegos tenían expresión literaria varios cientos de años antes de su primer poeta conocido, Homero, que probablemente perteneciera al siglo IX antes de Cristo.

El dialecto dórico, en sus orígenes se hablaba en el norte de Grecia, pero sustituyó al arcadio-chipriota en el Peloponeso, además se habló en la región meridional en las islas Cícladas, la de Creta, las colonias griegas de Asia Menor, Sicilia e Italia. En el siglo III a.C. se escribieron en él muchos poemas como los de Teócrito y también hay rasgos dóricos en Píndaro. En la región de Eolia se hablaba el eolio, así como en Tesalia y Beocia. Fue la lengua en la que escribieron sus poemas Alceo y Safo, y Teócrito tres de los Idilios. El dialecto jónico se hablaba en las islas del Egeo y en casi toda la costa occidental del Asia Menor. En él se escribieron muchas obras del siglo V a.C. como las del médico Hipócrates y las del historiador Herodoto. En cuanto a la lengua de los poemas homéricos es el resultado de toda una tradición literaria que pudiera haberse iniciado en el micénico, transmitido a través del eólico y jónico para alcanzar una forma final en ático, aunque el jónico es el dialecto más representado.

El dialecto jónico dio lugar al ático, que es el elemento básico del griego clásico. Era la lengua de Atenas y su zona circundante la Ática y se distinguía de otras variedades del jónico en su característica contracción de las vocales. En función de la supremacía política y su papel predominante en el arte, la filosofía y el teatro en torno al siglo V a.C. el dialecto ático sustituyó a todos los demás y se convirtió en la lengua literaria. Su influencia fue aún mayor porque en él se expresaron los mejores intelectuales, sabios y escritores de la época, como los dramaturgos Esquilo, Eurípides y Sófocles, el orador Demóstenes, el filósofo Platón y los historiadores Tucídides y Jenofonte.

En el siglo IV a.C., gracias a las conquistas de Alejandro Magno y a la expansión de Macedonia, tuvo lugar un cambio en la población griega que llegó desde la propia Grecia hasta los asentamientos del Oriente Próximo. En este periodo, llamado helenístico, el dialecto ático, hablado por las clases cultas, los mercaderes y los emigrantes, se convirtió en lengua común por todo el Oriente Próximo. Al mezclarse los griegos con otros pueblos, la lengua cambió; el ático se convirtió en la base de una nueva forma del griego, la koiné (la norma), que se extendió por todas las áreas de influencia griega. Durante el imperio helenístico la koiné fue la lengua de la corte, de la literatura y el comercio.

La koiné se dividió en dos niveles: la literaria o culta y la lengua vernácula o popular. Usaron y hablaron la lengua culta las clases superiores educadas que hasta la conquista romana mantuvieron una vida artística e intelectual plena de vigor e independencia, y aunque no olvidaron a los grandes escritores de tiempos anteriores, desarrollaron una lengua que expresara sus nuevas necesidades, concretamente las relacionadas con las ideas abstractas del ámbito de la filosofía, la gramática, las ciencias físicas y las sociales. A la vez se simplificó la lengua con la supresión de muchas formas gramaticales irregulares y también se produjeron algunos cambios fónicos. Se perdió la condición musical del ático de Atenas; se igualaron los valores vocálicos y los diptongos se monoptonaron.

En la lengua popular, aunque en menor medida, también influyeron el prestigio de los clásicos y el nuevo pensamiento helenístico. Aceptó con mayor libertad préstamos léxicos que procedían de las lenguas del Oriente Próximo y se separó mucho de la gramática tradicional. Esta variedad se conoce por cartas de papiros y textos de algunos escritores de las clases populares. Las obras más importantes fueron los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, que ofrecen una peculiar forma de la koiné mezclada con elementos claramente semíticos. Después, los padres de la iglesia escribieron en la forma culta.[1]

De acuerdo a diversas investigaciones y estudios efectuados, la mayoría concuerda en que las diferentes cartas apostólicas fueron escritas y preservadas antes de la conformación de los evangelios, muy temprano en la historia del cristianismo, partiendo apenas a unos 20 años de la muerte de Jesús. Los dichos, historias y relatos atribuidos a Jesús circularon primero de manera oral, conformando una tradición o costumbre cultural cristiana. No obstante, es probable al mismo tiempo que poco a poco se estuvieran poniendo por escrito estas distintas historias y recuerdos religiosos, hasta que los cristianos originales vieron la necesidad de reunirlos, ordenarlos y documentarlos. El idioma elegido fue, como resultaba obvio para la época, el koiné, salvo en el caso de Mateo al inicio, el cual fue escrito en hebreo, pero tiempo después fue traducido al griego.  

El núcleo de la congregación cristiana lo componían los primeros apóstoles y discípulos de Jesucristo, que se comunicaban en el lenguaje hebreo o arameo, propio de su origen cultural, los que a su vez en su mayor parte eran ‘iletrados y del vulgo’. Con el tiempo muchas personas, tanto comunes como cultas y generalmente de habla griega se convirtieron al cristianismo. Aunque además de personas de habla griega muchos de esos prosélitos o nuevos discípulos hablaban otras lenguas, el Koiné era el nexo natural entre todos ellos. Sin embargo, solamente algunos podían alcanzar a dominar ese idioma, especialmente por escrito y su lectura.  

El arameo era la lengua común en la época de Jesús. Cuando Jesús hablaba, tanto con samaritanos así como con judíos, lo hacía en arameo, existiendo diversos dialectos del arameo, tales como el galileo, el palestino, el imperial y siríaco, además del antiguo. Los diversos pueblos dispersos por el oriente medio podían entenderse mediante el arameo. La mayoría de la gente común no hablaba ni leía dos idiomas, ni siquiera leía ni escribía el de cuna propio. La gente vulgar, quizás podía entender expresiones pronunciadas en griego o latín, pero en su mayoría era iletrada, es decir, analfabeta. De allí que los escritos religiosos no estaban dirigidos a todas las personas cristianas para que pudieran leerlo en sus casas. Se leían únicamente en lugares de reunión, donde una persona letrada podía leer el documento, y otros podían traducir a las lenguas de los oyentes. De allí que el don de lenguas fuera tan importante en la congregación cristiana primitiva. Cualquier cristiano letrado en la lengua franca de intercambio común que supiera leer y escribir el koiné, se encargaba de leer de los evangelios o cartas apostólicas y el mismo u otras personas capacitadas para traducir (que poseían el don de lenguas, entiéndase como traductor sin milagro) se encargaban a su vez de traducirla al idioma de los oyentes presentes que no entendían el griego. 

Tal parece que en ese tiempo hasta las mismas personas que practicaban o eran creyentes del judaísmo hablaban diversos idiomas según el lugar donde vivieran. En el libro de los Hechos, capítulo 2:8-11, pone de manifiesto la cantidad diferente de idiomas o dialectos concurrentes para la fiesta religiosa en Jerusalén, donde año tras año participaban de peregrinajes y rituales de adoración. Al menos aparecen unas 17 lenguas distintas. Ello explica porqué resultaba tan necesario que existieran traductores.

Como los manuscritos antiguos costaban mucho tiempo, dinero y esfuerzo realizarlos y duplicarlos, todos los cristianos debían acudir a los lugares de reunión para escuchar en su propia lengua el mensaje evangélico. De  modo que el griego koiné fue el idioma elegido como el más apropiado para documentar el TC, no para que lo leyeran los discípulos o se utilizara para efectuar proselitismo en las calles, sino como medio de almacenamiento ideal de la literatura al corresponder en aquella época a un idioma de uso de intercambio común, resultando apropiado como depósito y fuente de enseñanza de fácil preservación y fiel transmisión.

En el evangelio de Juan se halla lo que puede ser una evidencia de la fuerte presencia del griego en la región de Jerusalén a principios del primer siglo. En la versión conocida como Biblia de Jerusalén, cuenta que Poncio Pilato puso un cartel sobre la cruz de Jesús en el cual decía “Jesús el Nazareno el rey de los judíos” en tres lenguas distintas; en hebreo o lengua judía; latín, o lengua oficial, usada por magistrados y servidores del imperio romano, como soldados; y en griego, es decir el koiné, lengua de intercambio general y usada por muchos pobladores de origen judío o prosélitos del judaísmo que venían a adorar a Jerusalén provenientes de otras ciudades (Juan 19:19,20. BJ).

Mas tarde, en los siglos siguientes, estos documentos fueron preservados y diseminados al ser copiados al griego culto, después al latín, con el tiempo al inglés y finalmente a una multitud de idiomas cuando la imprenta y la abundancia de papel barato permitieron imprimir millones de ejemplares.

Apóstoles se alejan del nombre de Dios

Cuando entendemos este aspecto de la lengua usada para documentar las enseñanzas del cristianismo, nos llama poderosamente la atención que el nombre de Dios, el conocido tetragrámaton de letras cuadradas hebreas o del tipo arcaico, no fuera transliterado ni traducido en letras griegas al igual que los demás nombres de las escrituras, como por ejemplo, el del propio Jesús. Hasta la palabra hebrea Mesías se tradujo como Cristo, y se formó el vocablo Jesucristo.

En todo caso, se cree que los primeros cristianos procedieron con la misma práctica judía cuando éstos tradujeron al griego koiné el TH en la versión llamada Septuaginta o de los LXX en el siglo III a. E.C.,  en la cual aparece en algunos de sus manuscritos hallados de copias posteriores el nombre de Dios con las letras hebreas cuadráticas o de otros estilos en el documento traducido al griego, dejándolo de ese modo sin transliterar ni traducir. 

Sin embargo, de esta manera, cualquier lector de koiné no sabría como pronunciarlo cuando llegara al tetragrámaton, sobreentendiéndose se refería al nombre de Dios. Pero, ¿cómo se pronunciaba? La única manera de saberlo era por transmisión oral, pero si los cristianos lo hubieran sabido, habrían puesto su pronunciación en griego, al igual que lo hicieron con todos los demás nombres. Pero no aparece ningún tetragámaton en las escrituras cristianas. ¿Porqué?

Esta situación llevó a pensar durante mucho tiempo que el nombre de Dios no figuraba en la Septuaginta, la versión griega de las escrituras hebreas, también usadas por los cristianos, concluyendo que por ello los cristianos no lo usaron al componer el TC. Sin embargo, esta conclusión es indebida considerando que el propio "Hijo de Dios" la habría dado a conocer, sin importar si el tetragrámaton estuviera o no estuviera en la Septuaginta. Pero descubrimientos de papiros de la Septuaginta del II siglo a. E.C. y en manuscritos griegos hasta fines del primer siglo, revela el uso del tetragrámaton en distintos caracteres hebreos, lo que indica su existencia.

Pero no confirma su uso o pronunciación, en primer término por su diferenciación idiomática del texto y luego debido a la variedad de combinaciones de caracteres con formas arcaicas y modernas. De hecho, dado el bajo índice de uso del nombre de Dios en el TC aún restaurado en las Biblias Jehovístas de la actualidad en comparación con el TH, permite suponer que los cristianos primitivos no lo pronunciaron ni en griego, ni en arameo, ni en hebreo, ni en latín, ni en ningún otro idioma. En otras palabras, el problema del nombre de Dios y los cristianos primitivos persiste, señalando una seria gravedad.

En el siguiente gráfico se puede apreciar la intensidad del uso del nombre de Dios en hebreo en el TH y el TC en orden cronológico de los libros canónicos según el escritor de la Biblia de acuerdo a una versión Jehovísta, la Traducción del Nuevo Mundo editada por la Watchtower, NY, que ha restaurado el nombre en el TC suponiendo que existía en los documentos originales griegos cristianos en la forma del tetragrámaton hebreo.

Podrá apreciarse la notable baja general en los ocho distintos escritores cristianos, sobresaliendo solamente Santiago y luego Judas como aquellos que lo habrían usado más veces en sus escritos. Llama la atención el poco uso dado por el apóstol Juan, uno de los íntimos de Jesús, también Marcos y Mateo. En cambio, la mayoría de los escritores del TH sobresalen por mucho debido la cantidad de veces que mencionan el nombre divino, salvo Salomón, Daniel y Mardoqueo. El profeta Ageo es el campeón, también Malaquías, Zacarías, Sofonías y Amós. En cuanto a los demás, prácticamente triplican en su uso con respecto a los escritores cristianos.

De todos modos, considerando a los de bajo perfil en el uso del nombre divino en el TH, los escritores que  lo han usado con una baja intensidad son Nehemías, Abdías, Habacuc, Nahum, Oseas y Gad y Natán.

Teniendo en cuenta que las sustituciones efectuadas en el TC en las versiones protestantes corresponden en su mayoría a pasajes del TH incluidos como citas por los escritores cristianos a manera de una restitución legítima, dando por sentado o presuponiendo su existencia primigenia, además de incorporar el interrogante de porqué fue suplantado, quiénes lo hicieron y cómo fue posible hacerlo en una especie de conspiración de manera tan perfecta, llama enormemente la atención su bajo nivel de utilización o perfil en el testimonio evangélico. En su mayor parte se concentran en el Hijo de Dios.

No obstante, además de las sustituciones por comparación con las citas bíblicas del TH, existen otros tantos reemplazos (de ninguna manera son restauraciones), cómo son el caso de varias partes de Santiago, Judas y de otros pasajes distribuidos por el resto de los demás escritos, basándose éstos en los cambios efectuados por versiones Jehovístas de la Biblia producto de las reformas protestantes ocurridas a partir del siglo XVI en adelante. En cada pasaje donde aludiera al Dios Creador le asignaban “Jehová” si la forma de la oración lo permitía, aunque se limitaron de no hacerlo en todos, dejando en algunos casos el término Dios o Señor. 

Sin embargo, en varios pasajes se pasaron de la cuenta al cambiar por “Jehová” claras expresiones de “Señor” que aluden o pueden aludir perfectamente a Jesucristo, como por ejemplo en Fil 4:1, 4 y 5; 1 Tes. 4:16,17; 5:27; 2 Tim 1:16; 2:24; que otras versiones de la Biblia perciben y evitan. 

Contrario a esto, en pasajes donde el escritor cristiano alude de  memoria-no textualmente-a un pasaje del TH donde aparece el tetragrámaton en las versiones hebreas, la expresión “El Señor” no es cambiada a “Jehová”, como es el caso de 1 Pe. 2:3, expresión que tiene su equivalente al Sl .34:8, pero que en la carta de Pedro se hace aludir a Jesús, y nada menos que en la traducción del Nuevo Mundo de la Wachtower. Otro caso parecido es 2 Tim 2:22, que en traducciones Jehovístas es interpretado como “Jehová” al aludir de manera recordatoria a un pasaje de  las escrituras hebreas (Hech 2:21 con Joel 2:23),  pero que la versión mencionada (Trad NM) coloca nada menos que “Señor”. También se intercambian entre sí el nombre “Jehová” con el título “Señor”, confundiendo sobre a quién alude, en pasajes como 2 Tim 4:18 con 2 Ped 2:9, los que a su vez provienen del Sl 34:19 (NM).

En muchos otros pasajes, donde los apóstoles y discípulos aluden directamente al Creador, llama la atención que no utilicen su nombre personal, apareciendo en las versiones Jehovístas como “Señor”, “El Señor”, “Señor soberano”, “Dios”, etc. Pasajes como éstos son Hech. 4:24; 17:24; Rom 10:12,13;  2 Cor 5:11; 1 Tim 1:14; 2 Tes 3:3; Heb 1:10; Rev. 6:10; 11:4; 11:15; 16:5. Parece raro que en algunos pasajes, en vez de poner siquiera “Dios” en griego pusieran “Señor” cuando en su comentario también aluden a Jesús usando la misma expresión “Señor” en la misma oración. Al menos hubieran sido-los escritores originales-más claros o explícitos. 

Por cierto, en las escrituras griegas cristianas también es abundante el uso del título “Dios”cuando se alude al Creador en ves de usar su nombre, diferente  modalidad de los escritos de TH. 

 

En el gráfico de arriba puede notarse el contraste entre el NT y el AT en lo concerniente al uso de tetragrámaton y el título Dios. En el NT la suma de ambos se halla muy por debajo del promedio de las escrituras del AT. En el NT rellenan el resto de las menciones con términos como Señor, aludidas principalmente a Jesús, además del uso amplio de su nombre personal. ¿Porque existe esta notable diferenciación?

Ante ello no se dice nada. Esta ausencia de respuesta presupone que los cristianos ulteriores, los "otros", en un complot diabólico quitaron por todas partes el nombre de Dios de los documentos cristianos reemplazándolo por el título "Dios". Pero, ¿cómo es posible que en tantos lugares donde aparece “Dios” en el TC fue porque los cristianos de principios del segundo siglo se ocuparan de sustituirlo por el tetragrámaton? No olvidemos que hasta daban su vida por sus creencias, sufriendo persecusión y males de todo tipo, por lo que suponer siquiera que además de todo ello se ocuparon en tergiversar los documentos históricos cristianos, y solamente en sustituir cuatro letras referidas al nombre de Dios por su título, seria un absurdo total. Es totalmente inaudito. En consonancia, los documentos históricos muestran otra cosa.

De hecho, los relatos cristianos hasta parecen confundir a ambos, debido a la enorme difusión, importancia y gloria otorgada a Jesús. Mientras en los escritos del TH el nombre de Dios ocupa un lugar de primordial importancia en la mayoría de sus libros, en el TC al referirse a Dios es mencionado de manera lateral o secundaria. Todo esto ha servido nada más que para confundir. Valiéndose de estas imprecisiones es como surgieron tantas interpretaciones y corrientes distintas del cristianismo que fueron historia en el pasado y continúan hasta nuestros días.

De hecho, la filosofía griega vino en rescate de esta confusa pero atractiva secta judía y pudo amalgamar con el tiempo una religión imperial. Lo demás es historia muy bien documentada.

                                                                         R.N.E.C.Ago2000


[1]"Griega, Lengua", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

2"Yahvé", Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R) 99. (c) 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

3 Sitio sobre Justino Mártir, www.puc.cl/facteo/patres/xjustin.htm

4.www.esacerdotales.org/hist/pa05.html  

Ante cualquier consulta pueden dirigir su correspondencia a edgardokomar@yahoo.com.ar