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La sangre y la fe, religión y raciocinio.

Después de leer con atención el folleto de Raymond Franz, en donde expone su punto de vista acerca de la sangre y la vida, la ley y el amor; traté durante varios días de comprender el trasfondo de ello.

Al principio capté con claridad los argumentos expuestos como muy atinados e imposibles de considerar como errados. De hecho, evidencia un análisis profundo sobre el tema de la sangre sobre un fondo de conocimiento muy refinado de la Biblia.

Pero no todo esta correcto como parece. Aparecen algunos problemas. En primer lugar la posición adoptada por el escritor responde a la manera de imponer la S.W.T. sus tecnicismos y sofismas sobre la cuestión de la sangre que los T. J. deben obedecer para agradar a Dios. Los considera antibíblicos. Al comienzo el mismo aclara que la cuestión de la sangre debería dejarse a conciencia, sin señalar como equivocada a aquella persona que por convicciones religiosas se niega a una transfusión, aún a riesgo de su vida, pero al mismo tiempo sin reconvenir a aquellos cuya conciencia se lo permite.

Pero en este asunto sobre conciencia el señor R. Franz comete un error. Cuando el habla sobre lo que el apóstol Pablo se refería al asunto de la conciencia, muestra que no 'comería carne' mientras estuviera con compañeros de creencia débiles, pero que podría comerla tranquilamente si ningún miembro 'débil' se enterase. Es un asunto parecido al vino. Una persona que fue alcohólica o borracha, pero a costa de un gran esfuerzo dejó la bebida, sería desamorado invitarlo a cenar y tomar vino delante de él. De ese modo, en presencia de tal individuo solo se pondría sobre la mesa bebidas sin alcohol, pero en otros momentos, cuando ninguno de esos individuos pudiera ver, se podría beber bebidas alcohólicas de todo tipo. Sin embargo, en cuanto a la sangre ¿de qué manera el asunto puede ser a conciencia en relación a otro? ¿Significaría ello que ante un cristiano 'débil', que podría tropezar al ver o enterarse de una transfusión, el cristiano 'fuerte' debería abstenerse de la misma aún perdiendo su vida? Pero, ¿sobre qué base podría un miembro nuevo ser 'débil' en ese aspecto?

En realidad, nunca habrían 'débiles' en ese sentido si la misma S.W.T. no los hubiera formado antes por su manera de enseñar de la Biblia la cuestión legal sobre la abstención de sangre. Si desde un mismo principio el cuerpo gobernante de los T.J. hubiera dicho que se aceptarían transfusiones de sangre solo en los casos donde la persona involucrada en recibirla peligraría su existencia de no aceptarla, otra hubiera sido la historia.

Pero, ¿porque se decidió de la manera en que se lo hizo? ¿Obedeció a alguna oscura intención? La razón no es muy complicada de entender. Se debe sencillamente al temor reverente a Dios. Cuando una persona teme a Dios y cree absolutamente en que la Biblia es Su Palabra y todo lo que ella expresa es para el mayor bien del hombre, se convierte naturalmente en una persona escrupulosa en observar toda expresión considerada divina. Y si él cree eso para sí mismo, sus conclusiones en temas de conducta religiosa serán impulsadas a imponer a sus seres queridos y, pretenderá también verlas reflejada en los otros compañeros de creencia, de manera semejante a como cualquier persona bajo una ley exige que también apliquen a los demás. 

Para cualquier ser humano, que no tenga la necesidad de hacer profundas investigaciones teológicas, el solo hecho de leer de la Biblia que se abstengan de sangre los cristianos, aunque entienda que en el pasado aplicaba a no comer la sangre de los animales, resulta naturalmente consecuente que menos aplicaría a comer sangre humana. Recordemos el caso cuando los religiosos de los días de Jesús tropezaron cuando él mencionó que para salvarse deberían comer su carne y beber su sangre. Esta idea les resultó ofensiva. Y por extensión, no es nada difícil asociar la aplicación de sangre por vía intravenosa como una práctica también ofensiva, quizá más irrespetuosa, porque creería que estaría abusando de un tecnicismo humano para burlar la norma dada por Dios. Esto no es difícil de entender para mentes comunes. Cualquiera sabe que puede inyectarse alcohol en las venas y obtener el mismo placer que si se lo bebiera. De allí a tratar de diferenciar una cosa de otra a través de una línea de razonamiento profunda, cotejando contextos y marcos del pasado con el presente, etc. etc. no es para la gente común que necesita luchar todos los días en medio de un mundo hostil y complicado. Eso puede estar bien para los teólogos y maestros que apartan sus vidas para tratar de entender las leyes de Dios. De allí que las personas comunes buscan a los expertos en el tema para que les resuelvan el problema. Es la manera organizada de la existencia que permite el progreso. Nadie puede ser experto en todo. Si uno es un experto plomero, no puede ser al mismo tiempo un médico, ni el médico un apóstol de Jesucristo. No se puede ser experto en todo. Tampoco todos son expertos en el mismo nivel. Habrá quienes sean más expertos que otros en un mismo asunto. De allí que nacen las jerarquías y los centros de dirección. Además, el solo ver sangre, crea o no crea en la Biblia, produce una reacción negativa ante cualquier ser humano que la vea. Está asociada con la muerte. Ver un charco de sangre significa algo malo, no bueno. 

Por otro lado, para el hombre temeroso de Dios, dado que llegó a creer en el caso de los T. J., que el Diablo trata de probar la fe de los adoradores de Dios para 'comprobar' si buscan salvar su vida en vez de 'realmente' obedecer a Dios, no resulta nada difícil que sea conectado automáticamente en su mente la idea de que su integridad estaría puesta a una prueba completa nada menos que cuando su propia vida estuviera en juego. Una cosa trae la otra. Son simples conexiones: quirófano, operación, pérdida de sangre, necesidad de una transfusión porque peligra su vida, Dios ordena abstenerse de sangre, lo ha leído en las Sagradas Escrituras y encima la organización confirma lo que él piensa, por lo que considera que recibir sangre de otra persona sería peor que comer la de un animal. Resultado: recibir una transfusión de sangre equivale a darle la razón al Diablo. ¡No! ¡Por nada del mundo lo haría!... Si en ese momento se le mostrara todo el razonamiento de R. Franz a esa persona, les puedo asegurar ciento por ciento que estaría convencido que forma parte de una estratagema del mismo Diablo para que fracase su integridad a Dios. ¿Se dan cuenta?

El problema de todo es que la fe no se basa en la razón. Esto me hace recordar cuando hace muchos años conversaba con un T. J. que más tarde llegó a ser un Superintendente de Distrito en Argentina, una posición jerárquica bastante elevada al nivel de la sucursal del país. Yo también era T. J. como él, y en una ocasión discutimos sobre el tema de la sangre. Le había expresado, que aunque de acuerdo a la ley de Dios no podemos comer sangre, de todos modos la comemos. Asombrado me preguntó: ¿cómo? Pues sencillamente cuando nos comemos un churrasco. Aunque un vacuno sea bien desangrado, nunca toda su sangre es eliminada. Siempre queda algo de sangre en la carne. Sin embargo, ante este razonamiento lógico el me replicó que tal cosa que despide la carne 'no es sangre', sino que es el 'jugo de la carne'. No se lo negué, pero le aseguré que ese 'jugo' era sangre con agua. Fue inútil convencerlo. Para él era un misterioso jugo pero que absolutamente no tenía sangre. ¿Porque? Es fácil comprender: su convicción le enseñaba que si Dios ordenaba sangrar a un animal para no comer su sangre, es porque Dios sabía que no quedaría sangre alguna en el cuerpo una vez que el animal fuera desangrado. La ley de Dios es perfecta por lo que la obediencia tenía que ser perfecta. Esto es propio de los fanatismos religiosos. Tal persona no era un ignorante, sino alguien instruido, una persona educada seglarmente, pero sus ideas religiosas le impedían ver las cosas en un plano diferente. La fe le había nublado la razón. Habría sido un tropiezo a su conciencia si se imaginara que ese 'jugo' que el veía en su plato cuando se comía el churrasco contuviera sangre. De haber estado seguro de ello, y si personas como él hubieran estado en el cuerpo gobernante de los T. J., habrían prohibido comer carne de las carnicerías aduciendo que no estaban bien desangradas. Comenzarían a desarrollar inevitablemente toda clase de tecnicismos religiosos para el consumo de carne. Lo que menciono no es absurdo, es perfectamente posible, porque de hecho han existido casos reales de Testigos que han querido imponer su conciencia sobre la abstinencia de ingerir carnes rojas a otros compañeros de congregación al descubrir que efectivamente tienen algo de sangre.

Obviamente que existe una diferencia entre la sangre de un churrasco y la de una transfusión. No obstante, este ejemplo ilustra cuán fácil es sin necesidad de ser un ignorante para que mediante el temor reverente a Dios producto de la fe en su palabra produjera como resultado una actitud escrupulosa y altamente reverente como la producida por la organización de los T. J. a mediados de la década del 40 respecto al tema. Máxime teniendo en cuenta las circunstancias de esa época. Recordemos la actitud que tenían los T. J. respecto a los esfuerzos médicos por tratar las enfermedades, burlándose incluso hasta por sucesivas décadas posteriores de algunos logros al pretender verlos equivocadamente como intentos del Diablo por contrarrestar la sentencia de muerte dada por Dios a la humanidad por la desobediencia de Adán. Para ellos el único que tendría éxito seguro en eliminar o aliviar las enfermedades era Dios mediante el Reino de su Hijo Jesús. Esta manera religiosa de ver era muy común en aquella época, siendo la responsable de su ataque frenético contra las vacunas, criterio que siguió medrando en las conciencias de los Testigos por generaciones. Hasta el día actual se pueden leer artículos en sus publicaciones y escuchar a muchos Testigos de más de 40 años de edad que tienden a relativizar el avance científico en el campo médico así como una posición burlesca a todos los logros y descubrimientos humanos que de alguna manera puedan objetar sus creencias.

Este asunto trae a colación otro que permanece oculto, incluso para el mismo R. Franz. El mismo admite que no puede comprender cómo es posible que la organización sea tan obtusa e ignorante en entender los claros y lógicos razonamientos presentados en contra de las ideas implantadas a todos los T. J. al insistir en contradicciones y complejos tecnicismos envueltos en mantos de gran habilidad sofista. En una clara alocución entre elegir blanco o negro mencionado en uno de sus párrafos como parte de una tendencia humana corriente, el mismo prefiere elegir una razón para no elegir otra peor. Considera que es ignorancia antes que deshonestidad. Pero claramente se equivoca, porque como vimos no es ignorancia, sino el resultado de convicciones basadas en la Biblia según criterios del momento. El problema es la "regla" que usan para medir, los preceptos utilizados como fundamentos para erigir sus ideas. Si la Biblia dice lo que ellos creen que dice, todo lo demás es mentira por más cuerdo y perfecto en coherencia que se presente cualquier asunto que les indicara lo contrario. Ello significa que tampoco es deshonestidad, porque no veo con mucha claridad que los responsables sean unos mentirosos deliberados. En cierto modo es la misma fe la que los lleva a mentir, pero ellos creen que no mienten. Por eso, a R. Franz se le escapó otra posibilidad, y que es muy común entre los humanos también: salvar las apariencias. 

No es normal que las personas reconozcan ante los demás sus equívocos, y menos si de alguna manera actuaron con sinceridad pero metieron la pata hasta el caracú y su reputación se viera afectada. En situaciones apremiantes es muy común que hasta justifiquemos la mentira si no tenemos otra solución a mano, y no precisamente porque decidamos mentir o busquemos algún beneficio económico u otra clase de poder, sino solo zafar. Ahora bien, cuando de zafar se trata, si podemos alejarnos del asunto y ocuparnos de otra cosa, todo sigue sin mayores problemas. Sin embargo, cuando se ocupa una posición de prestigio y responsabilidad, y a causa de nuestras palabras y acciones otras personas están involucradas en el problema, esta cuestión de mentir y zafar se torna en una costumbre crónica cada vez que se presenta el desafío. Hay que seguir en el rumbo tomado, ya es tarde para volverse atrás. Existen muchos compromisos y asuntos relacionados de todo tipo que dependen de ello como para dar paso a las dudas y sincerar la cuestión. Solo es admisible el sinceramiento en asuntos de menor importancia, pero en los más serios no es posible. Se torna necesario agotar todas las posibilidades para defender cualquier asunto que haga peligrar toda la entera estructura. En esos casos no es difícil comprender que hasta se manipule conscientemente antes que perder toda una carrera, una apuesta de toda la vida, y más que eso: la propia reputación de la Biblia como la Palabra de Dios y de la organización que tanto ha luchado por colocarla en el más alto plano de credibilidad ante el mundo entero. ¿No se le ocurrió ésta? ¿Porqué no? El menciona el encubrimiento, pero solo esa mención puede dar una idea diferente a la de salvar las apariencias por una razón suprema, por lo que definitivamente no la tomo como tal. En otras palabras, se la toma muy en serio cuando por la conducta humana no es tan importante aunque la vida sí es importante. ¿Se entiende?

Me pregunto sobre R. Franz. ¿Es un investigador independiente ajeno a los intereses religiosos por el cual encontró dichos errores en la organización o fue él mismo parte de ella por muchos años creyendo esas mismas enseñanzas en otro tiempo? Debemos admitir que no fue un simple e insignificante 'publicador' de alguna congregación, ni tampoco un 'siervo ministerial' ni un 'anciano' de alguna comunidad local. Si aún lo hubiera sido, el darse cuenta de ello habría sido una labor hasta cierto grado encomiable, pues estaría reconociendo haber sido burlado. Pero este caso es casi opuesto. Fue nada menos que un miembro del Cuerpo Gobernante de los T. J., la máxima autoridad mundial del movimiento religioso. Para llegar a ese nivel, si no fue por acomodo entonces debió ser a través un continúo esfuerzo en donde debió evidenciar una clara lealtad a la organización, demostrando que se encontraba en plena conformidad y armonía a todas las enseñanzas que se publicaban en toda la literatura religiosa. Una vez como miembro del mas alto tribunal, su voz y voto debía estar en consonancia con todo lo que creyó veraz y correcto en el pasado, aprobando todo el material publicado para enseñanza de todos los fieles por el mundo. Lejos de impresionar su anterior posición, recurso publicitario muy usado en este mundo hipócrita, la misma lo coloca en una situación muy comprometedora. ¿Acaso solamente en dicho tema sobre la sangre se percató de la manipulación ideológica? ¿No posee la organización un largo historial sobre manipulaciones, charlatanerías, equívocos y sofismas?

La ingenuidad de R. Franz me llama la atención. No puedo creer que una persona de su nivel no se halla dado cuenta de todo ese laterío por tantas décadas pasadas. Además de los históricos patinazos del pasado, uno de ellos con respecto a las vacunas, un tema también relacionado con la medicina como el analizado por el señor Franz, existen muchos otros de otra índole que todavía permanecen vigentes, los cuales no solo ponen en entredicho a errores, arbitrariedades y contradicciones de la organización, sino hasta de la propia Biblia. El mismo fue miembro activo de ese cuerpo al cual ahora llama como 'necio' y 'perjudicial'. Los equipara a los líderes religiosos de los días de Jesús. ¿Acaso fue R. Franz el descubridor de la 'libertad cristiana' de la que tanto habla? ¿Cómo es posible que ahora se dirija a esa organización como un ente invisible y poderoso que decide sobre la conducción nada menos que de la considerada 'única religión cristiana verdadera' en el mundo como un fuerza poderosa que no quiere entender razones? ¿Quiénes son los que deciden y gobiernan? El mismo asegura que son 'hombres falibles', por lo que su problema es contra la resolución de la mayoría de ese grupo. Ante ello la pregunta es, ¿fue ingenuidad y aceptación de buena fe de parte de R. Franz a todas la equivocaciones ya cometidas, y solo se percató recientemente sobre la cuestión de la sangre, un tema tan antiguo que viene desde 1945?

La respuesta a estas preguntas son claves, porque, ¿siempre ha sido tan analítico, usando lógica de alta complejidad, revelando un profundo conocimiento general, una exhaustiva investigación y un gran discernimiento teológico, o fue el resultado de su entrenamiento dentro de la organización y de su actividad desarrollada como miembro activo en altas esferas de la misma? ¿Habrá sido por ello que alcanzó los más altos niveles jerárquicos dentro de la S.W.T.? ¿Fue como consecuencia de ello que se percató en estos tiempos finales de su larga carrera de tales errores? Si así hubiera sido, evidentemente debería demostrar como hombre honesto una profunda desilusión. No obstante, de la lectura de su folleto se puede detectar una muy llamativa tranquilidad religiosa, como si formara parte actualmente de un grupo no organizado de personas en paz con Dios cuando a todas luces había pertenecido por muchos años a la 'única religión verdadera'. Ahora esa organización a la que sirvió gran parte de su vida es una que se rige 'por ley' como la farisaica, mientras que parece haber otra que no necesita obedecer a la tal, sino que se lleva por 'la bondad inmerecida de Dios' en un marco, no de obediencia a reglas humanas-las dictadas por esa organización obviamente-sino por el amor. Todo ello suena muy lindo, pero quiebra inevitablemente una posición reclamada por la propia S.W.T. ante todos los creyentes y ante el mundo por la que el señor R. Franz parece no sentir nada al respecto.

El asunto que aparece en el fondo obligando a salvar las apariencias (raramente no mencionado por R. Franz), tiene que ver precisamente con la posición que han adoptados los T. J. ante el mundo en su larga carrera de predicación. Nadie puede negar que los T. J. fueron y siguen siendo la organización religiosa que más se ha preocupado por engrandecer el nombre de Dios y su Palabra la Biblia ante el mundo. Su defensa de la Biblia como palabra de verdad ha sido superior al de cualquier otra religión, e incansablemente han enseñado a todos los que ha podido sobre las maravillosas promesas de la Biblia de un  Nuevo Mundo de justicia y plena felicidad. Esta actitud probablemente hizo que se sintieran como los únicos aptos para hablar de Dios, razón por la cual se han considerado y siguen considerándose como los únicos cristianos verdaderos. Los demás son de la 'cristiandad', 'cristianos nominales', de palabra no en los hechos, es decir, falsos. Es, según pregonan a diestra y siniestra, la única organización religiosa que enseña la 'verdad de la Biblia' al mundo, y es por lo tanto el único conducto que usa hoy Dios mediante Su Espíritu Santo para salvar a las personas de la destrucción venidera. Han llegado a creerse que por tantos años de labor infatigable y abnegable, Jesús los ha nombrado 'sobre todos sus bienes' espirituales en la tierra hoy. Todo esto era avalado en su momento por el mismo R. Franz. Ante tanta glorificación, asunto que ya viene desde la época de Russell su fundador, no es para menos que resulta imposible cambiar de la noche a la mañana enseñanzas claves o serias así nomás de un plumazo. ¿No pensó en ello el señor R. F.? ¿Cómo se le explica a los ingenuos creyentes que las enseñanzas de ayer, las cuales se establece que fueron el producto de un estudio sincero y profundo de las Sagradas Escrituras bajo la guía del Espíritu Santo buscada en oración, hoy resulta que se habían equivocado al medio? ¿Bajo la guía de que clase de Espíritu Santo llegaron a considerar la 'revelación de Dios a su debido tiempo' asuntos que ahora están errados? Si de alguna manera esto se supiera de tal manera en el conjunto de fieles, se debilitarían a tal grado que en poco tiempo abandonarían la religión.  ¡No quedaría ni uno! 

Resulta obvio que deben arreglarla de alguna manera menos visible y dificultosa de descubrir, tanto para mantener su prestigio ante los demás como para aquietar sus propias convicciones en el marco de la fe a la cual apostaron. ¿Cómo arreglar semejantes entuertos? Y en este asunto tienen mucha experiencia, sea consciente o inconscientemente. ¿Cómo hicieron y hacen? Pues nada mejor que mediante la complicación explicativa en donde se imponen posiciones arbitrarias, inconsistentes y contradictorias de alta escuela. Si no se puede explicar algo de manera clara, pues entonces levantemos la polvareda necesaria. Manteniendo esa táctica por 10, 20 o 30 años según el tipo de embrollo, donde gradualmente se va desplazando hacia un punto de vista más acorde a la lógica actual, bajo el pretexto de la 'luz aumentante', se cambia luego sin tantos traumas a otro punto de vista cuando la mayoría de los miembros de la religión se han olvidado o se han muerto o se han hecho viejos y tontos para distinguir siquiera los errores de sus propias creencias gracias al lavado de cerebro recibido. Jamás habrían llegado a esa 'luz aumentante' mediante la alegada 'guía del Espíritu Santo' si no fuera por el real incremento en el conocimiento seglar llamado por ellos "mundano", es decir, de Satanás. Sin el desarrollo en el saber humano general hasta el día de hoy se estaría enseñando muchas cosas de la Biblia como hace 2.000 años. Muchas partes de la Biblia antes consideradas narraciones reales son hoy simples historias simbólicas o mitología. Es cierto que ante ello, algunos fundamentalistas como los T. J., Adventistas, Evangelistas y otros continúan insistiendo y negando todo, pero ya se han ganado la burla y descrédito general. En el caso de los T. J., se han visto envueltos en graciosas posturas, sospechosas actitudes espiritistas o en burdos yerros interpretativos de la Biblia. Después de pasar días y días estudiando la Biblia y analizando lo que dice y lo que no dice, obligando a todos a aceptarlo como 'la última revelación de Dios a su debido tiempo', arriban tiempo después a conclusiones que más adelante deben cambiar por otra distinta al hallarse equivocada. Lo más interesante al final es que todo parece quedar ante la pequeña mente pensativa de los fieles como un progreso 'honesto' por parte de su organización, cuando a la luz de todo lo implicado es una farsa, o mejor dicho, un típico desarrollo evolutivo del intelecto religioso humano, es decir, con todas sus virtudes y todos sus vicios. Por eso aclaro que esta farsa no es deliberada, como calculada con precisión para otros fines diferentes, sino en su mayor parte producto inevitable de las convicciones a raíz de la fe adquirida en un marco de temor reverente a Dios, una profunda escrupulosidad y una total convicción de que la Biblia tiene la razón en todo aunque la lógica y los descubrimientos humanos muestren lo contrario en distintas situaciones. Eso hace que tarde o temprano sus ideas, creencias y conceptos se vean ante el ridículo de la verdad o realidad hallada o descubierta, obligándolos a desarrollar estrategias combativas para contrarrestar cualquier oposición como si fuera el veneno del Diablo.

Mi propósito mediante el ejercicio de preguntas presentado no es poner en ridículo al señor R. Franz sino en tratar de ver una realidad que suele perderse en las brumas. De alguna manera el y otros ex Testigos, como el caso del señor K. H. Geis, siguen insistiendo en la Biblia como el valor más alto que existe al cual seguir ateniéndose, razón por la cual, como el caso de Geis, apelan ante el tribunal que decide su expulsión, como demostrando inconscientemente que no desean ser echados, sin darse cuenta que sus descubrimientos, aunque correctos, no pueden ser implementados. De ello me di cuenta yo mismo en su tiempo, por lo que simplemente tuve que desasociarme, porque ya no podía escuchar ni menos aparentar que apoyaba tantas fábulas y tonterías religiosas. Por eso, todos los que han alcanzado un nivel de entendimiento que les permitió descubrir las falsedades ya no pueden pertenecer más a la organización, y menos en creerse ahora ellos los capacitados para enseñar la Biblia a los demás. Así fue como siempre se han formado las distintas sectas, llena de buenas intenciones y gran sinceridad, pero de todas ninguna hasta ahora ha podido resolver nada, y eso que se han recalentado los sesos en descubrirlo. Al principio todo iba bien, pero con el tiempo degeneraron.

De modo que no es nada extraordinario encontrar con el tiempo creencias y posturas absurdas o equivocadas. ¿Puede estar Dios detrás de todo esto? Puede. Cuando Jesús estuvo en la tierra, dijo que sus discípulos serían 'pescadores de hombres'. Y como es sabido, no se pueden pescar peces sin usar señuelos. Los señuelos son eso, falsedades, cosas grandilocuentes, llamativas, atractivas, asustadoras y así por el estilo. Los mismos animales en la naturaleza engañan a sus presas para cazarlas. Ello no es nada extraordinario. Por eso, los discípulos de Jesús deben usar métodos, lo más camuflados posibles, para atrapar personas, eso sí: todo para salvarlas, no para comerlas. Si Jesucristo fue realmente el Hijo de Dios, de un Dios presentado en la Biblia como el Creador Todopoderoso y que realmente salva mediante Jesús, no se puede ver de otro modo que ése. Su mismo ministerio claramente se presentó, por lo menos tal como lo señalan los evangelios, de modo elocuente en obras y palabras que generaron una revuelta nacional. En consecuencia, ¿qué importancia puede tener todo el amor al prójimo si en el fondo le mentimos para atraerlo? ¿Que es aquello que hace imposible encarar el problema de frente, con la verdad real? Por eso, el tema del amor puede ser muy convincente por lo atractivo, pero en un contexto de mentiras se convierte en una monstruosidad.

De modo que el centro de la cuestión no son debates teológicos sobre el significado de las palabras ni cuál es la organización que enseña la 'verdad', sino en porque Dios miente. ¿Porqué necesitan ser engañados con artilugios los individuos para alcanzar la salvación? ¿Porque no usar la verdad directamente? ¿Porque necesita de la fe y no del raciocinio? ¿Porque ocultarla en misterios o en complicadas interpretaciones llevando a proferir dichos como correctos si después deben cambiarse por otros más correctos pero que al final no lo son? Porque tanto hablar de la 'verdad progresiva' cuando en realidad es la 'mentira progresiva'? Nadie, pero nadie puede dar una explicación satisfaciente. ¿Es acaso una 'evolución religiosa'? ¿Que hay detrás de tanto misterio?

Todas las religiones creen responderlo, pero todas adolecen del mismo problema. Son cajas de misterios que solo aparentan resolver el entuerto de la vida humana. Todas contienen idealismos, creencias inexplicables, teoremas filosóficos, falsedades, tonterías, y hasta algunas, bastante de porquerías. No hay religión que no haya incurrido o incurra en disparates, tontedades o contradicciones. No se salva ninguna. ¿Alguien cree conocer el misterio y probar lo contrario? Averíguenlo y contéstenme si lo saben.

Los dichos que halagan adormecen el intelecto pero las palabras que cuestionan e irritan el alma despiertan la sabiduría.

Para distinguir una gran imagen la luz es solo una parte necesaria. La otra son las sombras. Sin contrastes no hay nada que discernir.

Mayo2002

edgardokomar@yahoo.com.ar