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TEMAS SOBRE LA MEMORIA 

Iniciado Dic.1999

 

MEMORIA I

La mediocridad de la memoria

No me percaté de cuan importante es esta extraordinaria cualidad hasta darme cuenta de lo reducida, limitada y volátil que es la que tenemos. Por supuesto, hay personas cuya capacidad de memoria es mayor que la de otros, pero aún la de los más talentosos memoriosos no alcanza para fijar todas las cosas importantes e interesantes de la vida.

         Precisamente es la característica mediocre de nuestra memoria lo que nos hace tan tontos a veces, vulnerables, caprichosos, faltos de inteligencia y en el orden general pone limites a lo que podemos aprender y en consecuencia a los logros que podemos emprender. Quizás alguien diga que estoy hablando tonterías, sin embargo es bien conocido el refrán que dice: ‘mas vale lápiz corto que memoria larga’. ¿Quién no sabe que cualquier cosa aprendida si no se usa, repasa, practica o repite con el tiempo se olvida hasta desaparecer casi completamente de nuestra retentiva? Es imposible conservar indefinidamente información, habilidades o destrezas adquiridas si estas no son utilizadas o renovadas de manera reiterativa. Este hecho pone de manifiesto el carácter temporal de la memoria. Esta viaja con nosotros en el tiempo pero no puede ser parte del tiempo indefinidamente, aunque viviéramos indefinidamente. No solamente tenemos límites a la capacidad de memoria, es decir a la cantidad de información que podemos almacenar, sino que ésta no permanece indeleble con el paso del tiempo. Necesita de reiterados estímulos para permanecer sin grandes cambios. Los recuerdos se fijan cuanto más los exigimos. Pero si dejáramos de utilizarlos, aún los más fuertemente asilados, como el lenguaje o las operaciones aritméticas simples, comenzarán a enturbiarse a medida que transcurre el tiempo. Por supuesto, estos cambios no ocurrirán en unos años, pero si de repente dejáramos de usar ciertas cosas bien aprendidas, con el paso de varias décadas comenzarán a desenfocarse. Después de medio siglo es muy probable que recordemos muy poco de ello si ya no lo utilizamos más. Los recuerdos menos exigibles desaparecerán mucho más rápido.

         Si como humanos pudiéramos poseer una capacidad de memoria similar o idéntica a una computadora en conjunto con la capacidad de usar esa información tal como la tenemos hoy mediante el razonamiento, seríamos superhombres. Y no haría falta demasiado, hablando binariamente tan solo con unos 1.200 mb sería suficiente. Algunos creen que las fallas humanas en el campo de la memoria son causa del pecado heredado, una característica de la imperfección humana, sin embargo poseemos mayor capacidad de razonamiento que de memoria. Esto indica que fuimos creados o bien somos el producto de cierta evolución para sortear problemas del día con escasa proyección de futuro y esencialmente para disfrutar del presente sin la necesidad de ser sabios o profundos doctos excelentemente ilustrados por el cual podamos tomar decisiones inteligentes y crear nuestras propias ideas y sueños sobre la base de datos acumulados a lo largo de nuestra vida. Somos criaturas de inteligencia provisoria, no acumulativa. Como no podemos almacenar en gran cantidad información confiable debido al carácter deleble y mutable de nuestra memoria, nada de lo que podamos retener permanecerá inalterable y fiel a la verdad, pudiendo fácilmente confundirse, alterarse o perderse con el tiempo. Hay un dicho que reza “La memoria... es pariente de la verdad,  pero nunca su hermana gemela.” De allí que nuestra inteligencia personal sea tan limitada. Si no tenemos los escritos donde almacenar datos, es poco el caudal de material que podemos abarcar.

         Tenemos un enorme poder para comprender y entender las cosas, pero concentrado en el momento en que nos dedicamos a ello. Con el paso del tiempo lo que comprendimos, cuanto más complicado haya sido, en ese mismo orden tenderá a esfumarse si no lo repasamos. Las cosas que aprendimos en la infancia, como el lenguaje, las aritméticas y otras destrezas, son aquellas que pertenecen al grupo correspondiente a la formación, algo parecido al software que se carga en una computadora para que pueda funcionar. No obstante, en la medida que absorbemos otros datos que nuestra mente con su amplia capacidad de razonar, entender y relacionar logra incorporar, estos presionan de tal manera que la capacidad de retención se debilita cada vez más, a tal grado que tenemos que concentrarnos tanto en repasar todo lo aprendido un tiempo atrás que resulta agotador. De allí que surgen las especializaciones. Existe otro dicho común que reza: "el que mucho abarca poco aprieta". Esto resume la necesidad de concentrarse en solo una habilidad específica. Cada persona se especializa en memorizar un sector del conocimiento y el saber, y cuando un grupo de especialistas se reúne bajo la autoridad de una organización dirigida hacia un objetivo determinado, los logros humanos alcanzan objetivos extraordinarios. Pero de manera individual somos de valor y amplitud muy limitada. Sin formar parte de una organización en la cual nuestra voluntad queda sometida al objetivo de la misma, jamás la humanidad hubiera logrado algo y todavía estaríamos viviendo en chozas de palos y barro criando rebaños o cultivando el suelo.

         Contrariamente a una máquina electrónica nuestra memoria es escurridiza, sutil y mudable. Podemos almacenar datos en un disco rígido o en un CD, y en cualquier momento que deseemos esa información podemos acceder a ella tecleando un computador. La información obtenida del ‘recuerdo’ electrónico siempre será completa, clara y estable, es decir: verdadera, perfecta. Pero la memoria de una computadora es periférica a nuestro cerebro. Necesitamos utilizar medios mecánicos, procedimientos de búsqueda lentos y recurrir a la conexión visual con lo cual el tiempo de acceso se dilata debilitando el tremendo poder de la unión entre el razonamiento y la memoria. Además, no podemos llevar la computadora a todos lados con nosotros ni tenerla siempre conectada ante nosotros. Por lo tanto, si esta se convierte en una excelente extensión de nuestro cerebro para entender y aumentar nuestro conocimiento gracias a su enorme capacidad de memoria y de cálculo, en la medida que avancemos progresando en nuestra interacción con ella tanto más la necesitaremos. Al mismo tiempo, seguimos creando máquinas cada vez más veloces, de mayor capacidad, más complejas, con lo cual la dependencia se acentúa cada vez más. Llegará el momento que solo necesitaremos recordar donde está la información almacenada que necesitamos conocer sin preocuparnos por el contenido de esa información. Nuestra mente quedará despejada para memorizar claves, códigos, ficheros, bases de datos, programas, y así por estilo, volviéndonos más tontos de lo que somos. No obstante, si sabemos autodisciplinarnos, podremos educar nuestra mente con los extractos correctamente seleccionados de datos computarizados de tal manera que podamos mantener una cultura amplia, definida y objetiva mientras disfrutamos de la vida y su entorno sensorial.

         Tal como vimos, no fuimos creados para almacenar información, y por ende nuestra sabiduría será siempre limitada y dependiente. Ya lo dijo el sabio Salomón: ‘las cosas de la naturaleza son fatigosas por lo innumerables y complicadas, por eso nunca el ojo se cansa de ver ni el oído de oír’ (Ecl 1:8). Exceden nuestra propia capacidad personal de memoria y por ende de relación y cálculo. Si no tenemos una memoria perfecta nuestra sabiduría nunca será perfecta. La capacidad media actual es muy reducida. ¿Sería completa para el caso imaginario de seres humanos "perfectos" como suele escucharse o leerse por allí? Podría ser algo mejor o de un nivel algo superior a la media actual, pero nunca significaría que podría hablarse de memoria perfecta. ¿Porqué? Sencillamente porque apabullaría a cualquier ser humano que la tuviera. De hecho, físicamente sería tan imposible como pretender guardar millones de Mb de información digital en un disco que solo puede contener una fracción de dicha información. La naturaleza que nos rodea posee más información que lo que nuestra capacidad neuronal podría almacenar. Y aunque algunos refieran a la inmensa cantidad de neuronas que posee el cerebro, se olvidan que para establecer o guardar datos las mismas requieren de la formación de interconexiones, las cuales solo se llevan a cabo a travéz del ejercicio diario. Pero lo que podamos abarcar diariamente es ínfimo a la cantidad real de información que existe. Una ley natural biológica del cerebro elimina con el tiempo las interconexiones que no se utilizan, y gracias a ello, podemos limpiar de nuestra mente la basura acumulada. Pero también, al no repetir durante cierto tiempo la solicitud de cierta información, sin importar lo importante que fuere, al estar ocupados en otro campo de actividad la anterior también con el tiempo se nubla y finalmente se pierde por completo. Estas circunstancias ponen de manifiesto el caracter mutable y volátil a corto o largo plazo de nuestra memoria, una característica propia del ser humano, sea considerado perfecto o no. Si no podemos recordar en los momentos que necesitamos hacerlo, por ejemplo, cuando explicamos algo o deseamos efectuar alguna tarea que requiera destreza, nuestra sabiduría será muy escasa. Quizás podamos recordar fácilmente imágenes o cuadros visuales, pero nos resulta difícil recordar palabras, nombres, conceptos o procedimientos. Nuestro hablar no puede ser fluido y carece de conectividad inmediata. En caso de efectuar una labor especializada, cometeremos torpezas. En tal caso, nuestras habilidades serán escasas. Por otro lado, captar al momento las intenciones o sentimientos de los demás, especialmente detrás de palabras o actitudes a veces confusas, es parte de la habilidad que poseen los despiertos de mente ágil y excelente memoria. A continuación, poder contestar inmediata y adecuadamente según las circunstancias es una habilidad de los sabios.

         Si no podemos recordar la información que hemos absorbido con anterioridad en el momento oportuno, de poco puede servirnos nuestra capacidad de discernimiento. Tenemos que ordenar nuestros archivos mentales de tal manera que resulten fáciles y rápidos de encontrar. Por lo tanto debemos aprender a utilizar algún método que permita entrenar nuestra memoria. Entre los más comunes y utilizados por siglos mencionados en la Biblia están:

            o        el repaso cotidiano,

o        el uso de lo aprendido, y

o        la lectura en voz alta.

  Todos se relacionan con el estudio personal motivados por el deseo no solo de conocer sino de poner en práctica lo aprendido, tanto para el beneficio propio como para utilizar la información para ayudar a otros, como a los miembros de la familia, amigos y compañeros.

         ¿Pero que hay si nuestra capacidad de memoria es muy escasa? Sin duda aplicando estos métodos progresaremos, y podremos alcanzar un nivel mucho más elevado con relación a si no lo hiciéramos, pero nuestra sabiduría será restringida y existirá un límite que no podremos superar. ¿Podremos hacer algo específico para superarlo? Muy poco.

           ¿Hasta cuantas variables podemos abarcar en nuestra mente de manera relacionada sin perder el enfoque racional? No muchas. Una  consecuencia natural de ello es la existencia tan común del enfoque binomial: ‘si no es blanco es negro’; ‘ocurrió por esto o por aquello’; ’si no alcanzo el éxito soy un fracasado’; etc.  La naturaleza y el mundo que nos rodea poseen más variables de las que humanamente podemos abarcar. Podemos pasar de un punto de vista a otro o de una interpretación a otra diferente según los argumentos que se nos presenten o descubramos. Todo nuevo descubrimiento o argumento ejercen sobre nuestros sentidos la fuerza de la persuasión. Si no tenemos nada para contrarrestarlo, admitimos lo nuevo o lo diferente, incluso hasta lo hacemos nuestro, sin importar lo que en el pasado pensábamos o creíamos. La tremenda fuerza de los hechos o de los argumentos relacionados, a lo que llamamos ‘verdad’, nos convencen. Pero al mismo tiempo, a medida que el conocimiento se hace mayor, tenemos que especializarnos en algo más específico, con lo que nuestro ángulo de visión e interpretación universal se reduce. Y a medida que más avanzamos, personalmente tanto más se reduce nuestra vista abarcadora. Nos convertimos de ignorantes de lo mucho a sabios de muy poco.

           Nuestra memoria es como la estela de un barco que va surcando el mar. Solamente persiste la que está cercana al barco. A medida que avanzamos, los recuerdos mas alejados poco a poco se van esfumando y perdiendo en detalles, hasta que se convierte en un cuento que recordamos. Con el paso de los años, si no lo traemos de nuevo a la memoria en ejercicios reiterados, finalmente quedará muy poco de él, hasta volverse prácticamente insignificante, el cual lo rodeamos con ‘adornos’ del presente si deseamos revivirlo. El resto, desaparece.

Personalmente preferiría una capacidad de memoria más estable, pero no me pertenece criticar las obras de Dios. Él sabrá porqué hace las cosas cómo las hace. En cuanto a las facultades mentales, el Creador posee el grado máximo, por lo que desde ya me encuentro en enorme desventaja. ¿Quisiera ser como Dios? En realidad solo quisiera ser feliz, aspecto muy difícil de alcanzxar en un mundo donde existen tantas personas sufriendo y en desgracias, y por el momento no entiendo ningún mensaje religioso, en los cuales solo se manifiesta la incertidumbre divina al respecto.

 

MEMORIA II

El conocimiento y la memoria

La memoria es una capacidad elástica, de absorción restringida y sujeta a múltiples estímulos que canalizan y seleccionan lo que desea guardar. En función de nuestro esfuerzo personal podemos fortalecer la capacidad de recordar. No obstante, aunque algo sí nos interese solo podemos retener en nuestra mente pocos recuerdos de las cosas en una sola visita. Necesitamos volver al asunto, ya sea un lugar geográfico, un libro, un tema de conversación con amigos y así por el estilo, para poder ir agregando mas recuerdos. Muchos recuerdos son irreales, es decir, debido a nuestra capacidad momentánea de fijación reducida, cuando algo nos interesa de un asunto amplio, habrá aquellas cosas que nos parecerán haber oído o visto relacionado con el tema, cuando en realidad no fue así, sencillamente porque no hemos podido abarcar con nuestra mente tanta información en una sola pasada. Además, lo que restringe aún más nuestra capacidad de recordar es la diversidad de asuntos a los cuales debemos dar atención a lo largo de nuestra vida. Necesitamos las repeticiones para mantener fijado en nuestra mente los asuntos más importantes. Por otro lado, los estímulos individuales del momento darán forma a lo que querremos recordar, obviando otros detalles que rechazaremos por considerarlos menos importantes.

Estas características de nuestra memoria es lo que nos hace tan humanos, donde tienden a privilegiarse los aspectos sensitivos por sobre los intelectuales. En este campo el sexo femenino se destaca más que el masculino.

           Por milenios la humanidad estaba compuesta de creyentes porque sus ideas sobre el entorno carecían de información originada a partir de datos precisos. Los conceptos que creían no eran verdaderos sino imaginarios. Por ejemplo, atribuían las enfermedades, las plagas, las inundaciones, los volcanes y sucesos parecidos a designios divinos. Creían que la tierra era el centro del universo, que era el sol el que se movía y no la tierra, que los fósiles provenían de criaturas que habitaban el profundo subsuelo, que en el mar existían monstruos terribles, y así por el estilo. Hace relativamente muy poco que la humanidad despertó al llegar a conocer lo que antes no sabía, viviendo en la era de los más grandes logros técnicos y de poseer la mayor cantidad de conocimiento exacto, por supuesto en estado documentado.

Muchos suelen decir que a pesar de todo el avance, la humanidad sigue padeciendo los mismos problemas. Sin embargo esta declaración no es del todo exacta. Los mismos problemas que sigue padeciendo la humanidad son los de carácter moral, atribuidos a ciertas características naturales y de aquellas producto de culturas adquiridas, en gran medida bajo influencias religiosas que restringen las capacidades mentales. Muchas angustias y problemas de orden físico fueron notablemente mejoradas, y actualmente millones de personas por todo el mundo disfrutan de los beneficios de estos avances. De otro modo esas personan o nunca hubieran llegado a existir o hubieran vivido una miserable y corta vida. Pero, como es obvio, la presión de la vida que se expande rápidamente sobre la base de ciertas mejoras genera a su vez desequilibrios que la naturaleza vuelve a su lugar, considerado en este caso por la humanidad como ‘injusticias de la vida’ o ‘castigos de Dios o sencillamente "males de la humanidad’, cuando en realidad se trata de la acción de las fuerzas de la naturaleza que buscan alcanzar el punto de equilibrio apropiado. Por ejemplo, el usos de monocultivos extensos obliga a tratamientos químicos más complejos y costosos, y a su vez la necesidad de altos rindes genera contaminación del suelo, subsuelo, ríos y lagos, alterando e inhibiendo otros recursos que los mismos brindan, tales como la pesca y el turismo. Las gripes y otras enfermedades suelen venir de la mano de la cría de animales, como las aves, cerdos y vacunos. También, en otro caso, si una población crece rápidamente gracias a los avances en la agricultura y la industria pero se nuclea viviendo en las laderas de un poderoso volcán, cuando este desgraciadamente estalla matando a muchas personas, la humanidad se desgarra de dolor e incomprensión de los hechos en vez de ver el asunto como una mera equivocación humana de vivir en un lugar donde no debe. Otros dicen que la tierra tiene abundantes medios para sostener a mucha más gente que la actual, pero para ello se requiere de transportación a grandes distancias en cantidades colosales, mayor concentración urbanística, eliminación de las barreras políticas y económicas mediante un sistema de racionalización de los recursos; en otras palabras, se requiere de una calibración más precisa para un aprovechamiento mayor, con lo cual no llegamos a otra parte que a una situación más delicada y vulnerable como nunca antes. En estas circunstancias un falla en alguna parte vital de tan complejo mecanismo de subsistencia podría provocar la pérdida de millones de vidas. Esto nos muestra que los problemas de orden físico están impuestos en la naturaleza, y que la misma tiene un límite. Pero como vimos, tenemos los problemas de orden moral, que suelen complicar más la vida de lo que ya está. Estos se deben principalmente a la escasa capacidad de inteligencia que todavía millones de personas no pueden superar. Existen especializaciones de toda clase en el campo técnico, pero lamentablemente falta una amplitud básica en el campo del discernimiento moral. La educación adecuada de una conciencia sensible es la única vía de salida a este flagelo. Un conocimiento amplio libre de barreras religiosas permitiría un acercamiento mayor entre los humanos. Superado ello, los logros técnicos serían mucho más útiles y los seres humanos viviríamos con mayor responsabilidad, repercutiendo ello en una vida más placentera y satisfactoria.

La única manera de incrementar nuestro conocimiento es leyendo lo que otros han descubierto y han puesto por escrito cada uno sobre su especialidad. La tarea de reunir y compaginar conocimientos incrementa la sabiduría. Sin embargo, adquirir tal sabiduría por experiencia personal es imposible debido a nuestra escasa capacidad de memoria. Indefectiblemente estamos limitados en esta área, sencillamente no podemos hacerlo.

La imprenta recién se desarrolló en occidente en el siglo XV, precisamente porque ahora era necesario ejercer dominio mediante el intelecto. Antes no era necesario, porque la ignorancia en el conocimiento de la gente común era tal que la ausencia del saber facilitaba su dominación ejercida por el temor y el poder, especialmente por la clase clerical religiosa.

Sin embargo, a medida que la población de la tierra se incrementaba y la divulgación de ideas y conocimientos alcanzaban a divulgarse, paulatinamente fue fortaleciéndose el deseo de saber. La tarea de realizar manuscritos limitaba la amplitud del alcance del conocimiento. Hacia mediados del siglo XV ya existía papel en cantidades grandes, y durante el renacimiento, el auge de una clase media próspera e ilustrada aumentó la demanda de materiales escritos. La aparición de la Reforma con la figura inicial de Martín Lutero y las subsiguientes guerras religiosas, dependían en gran medida de la prensa y del flujo continuo de impresos.

Se hicieron progresos en anatomía y medicina, especialmente tras la traducción de numerosos trabajos de Hipócrates y Galeno en los siglos XV y XVI. También fueron traducidos en el siglo XVI algunos de los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances se destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. Hacia fines del siglo XVI, Galileo dio un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la física. Se transformó la geografía gracias a los conocimientos empíricos adquiridos y a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes y por las primera traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón. Con la imprenta se incrementó el número de ejemplares ofreciendo a los eruditos textos idénticos con los que podían trabajar convirtiendo el trabajo intelectual en una labor colectiva.

No obstante, la necesidad de obtener conocimiento de la página impresa y la consiguiente masiva divulgación del conocimiento tiene una faceta vulnerable: la propagación de información falsa. Las propagandas políticas, publicidad engañosa, sermones religiosos, práctica de la superstición y divulgación seudocientífica, mucha de ella para esquilmar a los ingenuos que padecen males reales o imaginarios, ha contribuido a formar mayor confusión que claridad. Esto es porque todavía la humanidad privilegia el halago de los sentidos a la capacidad intelectual, principalmente de índole moral. Ejemplos de ello lo encontramos en la propagación del comunismo, el fascismo, la liberación sexual, la astrología, las medicinas no convencionales y las religiones y sectas. Para ello necesitamos armarnos de responsabilidad moral y de una fuente confiable sobre la cual sepamos con certeza que no miente. La filosofía, sicología y la psicología no sirven para este propósito, y las instituciones religiosas y sus enseñanzas tampoco, pues de otro modo hubieran impedido las mayores tragedias y miserias humanas. En buena medida sus fracasos han hecho que millones de personas se dejen llevar a una vida disoluta y sin sentido más que el de la satisfacción personal. El ser humano común necesita de una fuerza espiritual que tenga poder y que pueda impresionar su mente y sus sentimientos de manera concisa y efectiva, que pueda producir en él una condición satisfaciente a fin de impulsarlo a realizar los cambios necesarios para una vida mejor.

Volviendo nuevamente a la memoria, podemos visualizar el importante papel que desempeña en la adquisición de la sabiduría y a su vez el cuidado que debemos tener en la clase de información que pretendamos incorporar. Fundamentalmente se requiere de una gran objetividad, una prudencia bien manejada y un interés especial por la verdad, cualidades que impedirán aceptar definiciones sobre las cuales todavía no estamos seguros y también evitará que resultemos propagadores de conceptos erróneos. Nuestra limitada capacidad de retener información indeleble acumulativa nos convierte en posibles víctimas de la ignorancia y el manipuleo mental. Quizá algunos crean que saben mucho, que tienen la verdad, pero en realidad  carecen de profundidad, no pueden enfrentarse ante otros razonamientos más que con la discusión, el palabrerío, la imposición impresionable, la negación y el auto convencimiento. Una verdad bien fundada no tiene porqué protegerse del conocimiento falso, ni tiene la necesidad de ocultarse o aislarse ante razonamientos distintos ni tiene que ser proferida con actitudes impresionables. Sencillamente no siente temor, y tiene el valor de enfrentarse ante cualquier intento por acallarla de manera tranquila y calmada. Es nuestra debilidad mental la que nos obliga a veces distanciarnos de los detractores y es la debilidad mental de otros la que resulta a veces en aparentes victorias del conocimiento. De todos modos, hoy día el conocimiento es tan abundante, los descubrimientos, experiencias e investigaciones son tan innumerables que resulta imposible para una sola persona poder siquiera compilarlos de escritos, analizarlos, juzgarlos y guardarlos en un orden lógico, coherente y lo más apegado a la verdad en su memoria. El saber ha sobrepasado la capacidad individual aún en la especialización. Parece que estamos retornando a la época de ser creyentes, porque no nos queda otra cosa que creer o desechar, poner fe o desconfiar, señalando una faceta humana que parecía haberse perdido en el pasado.

Cerebro Vs Computadora

Características de la memoria

Sabemos que nuestra memoria no es como una videocámara. Almacenamos piezas y partes de lo que vemos, escuchamos, sentimos, olemos, palpamos y gustamos. Todo queda registrado en partes o trozos distribuidos en diferentes lugares de nuestra memoria. Algunas pueden ser vívidas, otras no tanto y otras quedan en el inconsciente. Cuando necesitamos recordar, por ejemplo para meditar, reinterpretar, descifrar o contar, tenemos que reconstruir los recuerdos como si fuera armar un cuadro o pintura con trozos o pedazos que podemos encontrar en el baúl de los recuerdos. Sin embargo, estos recuerdos no son copias idénticas de lo que realmente apareció, se escucho, o se olió. Son ‘imitaciones’ de esas cosas reales, y los recuerdos son a su vez ‘copias’ de esas ‘imitaciones’. De allí que, ante un mismo fenómeno, diferentes personas generalmente cuenten diferentes vistas del mismo. En la suma de muchos cuentos quizá se pueda obtener una idea bastante clara de qué fue lo que realmente vieron, por supuesto en sus detalles, que es lo que hace que las cosas difieran una de otra.

Podemos comparar a la memoria a un enorme gavetero, en donde se guardan en cada gaveta trozos de cada cosa. Cuando necesitamos recomponer un recuerdo, comenzamos a abrir cada gaveta hasta recuperar todos los trozos y así recordar. Pero este gavetero posee una característica. Cuanto menos lo usamos, se oxida y se tranca. Cuando queremos recordar algo que hemos guardado hace tiempo, nos encontramos con el problema de que la gaveta no quiere abrirse. Y así no podemos formar el recuerdo de lo que tenemos guardado. Esta interesante característica no es un problema de la memoria imperfecta, como dicen algunos, sino de un recurso necesario para evitar abrumarnos con información no imprescindible. Es importante que las gavetas permanezcan cerradas, es importante olvidar muchas cosas triviales y carentes de sentido, hasta puede ser necesario olvidar una destreza adquirida para poder concentrarnos mejor en otra. Una memoria que pudiera recordar rápidamente todo lo que concientemente uno deseara, podría ser abrumador. Una memoria que recordara con cierto esfuerzo lo que necesita saber es más práctica aunque evidentemente mucho menos eficiente.

Existe una incoherencia notable con respecto a la memoria. Tiene que ver con el poder sicosomático que ejerce nuestra convicción sobre ella. La persona que piensa que su memoria es deficiente, o aquel que comprende y distingue la precariedad de la misma, está en desventaja con aquel que piensa que su memoria es excelente y de lo mejor. Las personas que creen en su memoria influyen de tal manera que ésta se desempeña mejor que de aquellas que no lo creen. Una contradicción. El convencimiento puede hacer de algo precario algo un poco mejor o mucho peor, según sea el mismo. Esto pasa en muchos órdenes de la vida relacionado con distintas cosas, en donde el carácter de las cosas está determinado por la influencia de nuestras ideas. Si crees puedes, si no crees no puedes. Aquí aparece el poder de la fe desplegado en un marco místico, sin darnos cuenta que nada cambia tan sustancialmente como creemos pero que llega a ser algo nuevo cuando lo desestimamos. Una suerte de ambigüedad de la realidad. Esa es la razón por la cuál solemos no entender porqué otra persona no ve o siente las cosas como nosotros las vemos o sentimos, y viceversa. De esta manera, la memoria entra en el terreno de lo enigmático.

La selectividad de la memoria

Más que hablar de una memoria dividida en volátil y permanente tenemos que definirla como selectiva, una especie de mecanismo biológico que descarta lo que de entrada no consideramos importante en ese momento. Cuánto menos atención reciba el objeto o asunto que nuestros sentidos detectan, menor será la posibilidad de recordarlo, a menos que fuere muy reciente, de último momento. Solamente podemos recordar cualquier cosa que de alguna manera llamó nuestra atención en determinado momento, y su permanencia en la memoria dependerá de la importancia o valor que le demos a tal asunto.

La memoria que muchos definen como volátil no es otra cosa que un asunto al que se le brindo escaso valor, o tal vez solo pasajero. En realidad puede haber una multitud de cosas que nuestros sentidos pueden detectar, sea ver, leer, tocar, escuchar, oler o cualquier otra cosa, pero que si no le damos ninguna importancia siquiera nos percatamos de su existencia. Por ejemplo, si deseamos escuchar una voz entre un murmullo, solo podremos recordar a lo que le prestamos atención, pero si nos preguntan que otros sonidos escuchamos solo diremos que murmullos, aunque otros en el mismo momento pudieran concentrarse en otras voces componentes de dicho murmullo y decir otra cosa distinta. Lo mismo pasa con la vista. Todo depende de qué es lo que queremos ver más bien de lo que estamos viendo en un determinado momento de un conjunto. Ello es así, muy fácil de comprobar. Por ejemplo si les preguntamos a distintas personas que estuvieron observando un mismo paisaje notaremos que cada uno revelará aspectos distintos, porque vio algo diferente del otro. A lo mejor uno de ellos, si le interesan los pájaros mencione que vio tal y cual especie en la orilla de un arroyo mientras que otro solo diga que vio un arroyo cristalino con unos pájaros, mientras otro mencione las dimensiones del cerro cubierto de árboles, otro nos refiera las especies botánicas que lo cubren, y así por el estilo. De hecho, hasta no sería nada raro que algunos menciones cosas que otros siquiera se percataron que estaban en ese paisaje. Lo que nunca podremos escuchar en una misma descripción de cada uno de los observadores. Esto es porque han retenido en la memoria distintas informaciones en función del conocimiento e interés particular de ese momento aunque todos aparentemente vieron lo mismo. La realidad es que no todos vieron lo mismo, aunque todos miraron en la misma dirección y vieron el mismo conjunto del paisaje. Lo retenido en la memoria palpable al momento de brindar todo lo que vieron revela el aspecto de la selectividad de la misma. Obviamente, para que esta prueba sea bien evidente, los observadores no deben saber de antemano que serán interrogados después para que cuenten lo que vieron, porque ello estimulará la concentración y los relatos se asemejarán. La prueba debe ser efectuada con toda la naturalidad posible

 

Características de la mente

Toda mente humana esta abierta a la sugestión, el adoctrinamiento, al engaño. ¿Porqué? Esencialmente debido a la combinación entre la conciencia intelectual y la imaginación mental que todos poseemos en distintas medidas sobre las cosas que ignoramos y no entendemos. Esta condición establece el terreno fértil para cualquier captación de cosas nuevas. Está deseosa de aprender, de entender, y fundamentalmente para superar los problemas e incertidumbres de la vida para ser feliz. La gran responsabilidad recae en aquellos que se constituyen en los maestros de la juventud. Los incentivos y las negaciones preparan un marco por el cual recorrerán de adultos cada cual sus propias vidas. Como humanos todos poseemos una condición innata de depositar confianza, de creer en lo que nos enseñan y de actuar en consonancia a ello. Esta condición determina la apertura inicial de nuestras mentes, pero se acentúa cuando somos adultos jóvenes y se va asentando a medida que adquirimos experiencia y conocimiento.

Las malas experiencias en nuestras vidas nos hace menos confiados cuando somos adultos, y más pragmáticos antes ideas que nunca conocimos. Sin embargo, a pesar de ello, muchos adultos suelen ser arrastrados a corrientes místicas inverosímiles, debido a rupturas en su propia integridad espiritual o intelectual. Cuando la imaginación sobrepasa el terreno de lo posible el individuo puede ser seducido a creer en mentiras totales.

La memoria tiene mucho que ver en este tipo de susceptibilidad. La capacidad de absorber información debe estar coordinada con la capacidad para procesarla, de otro modo resulta poco atrayente a nuestra capacidad retentiva guardar información decodificada. Por otro lado, puede ocurrir que muchas áreas de almacenamiento neuronal estén ocupadas por información falsa, aquellas que por distintos motivos fue aceptada en su momento como verídica o digna de crédito e importancia para guardar. Estas facetas condicionan cualquier capacidad individual de superarse cognoscitivamente, atados principalmente a nuestra escasa capacidad intelectual, al menos para hacer bien las cosas, en las cuales todavía no nos podemos poner de acuerdo. De todos modos, a nivel  individual se suman muchos que contribuyen ampliamente al avance en el conocimiento general que actualmente poseemos. ¡Aprovechémoslo!

No guardamos en la memoria una suma de todas las imágenes que vemos, sino que recreamos las imágenes que creemos se hallan guardadas como tales o como películas mediante recursos propios de edición que tenemos en la mente. Vale decir que basándose en ciertos estímulos básicos vinculados con tales recuerdos, del bagaje de archivos visuales componemos una imagen que representa a aquella que relacionamos con el recuerdo. Es como reunir trozos de distintas partes para elaborar una escena o imagen que nos recuerda algo específico. Funciona de manera similar a la imaginación, como la que ponemos en funcionamiento cuando leemos una descripción de un lugar, un paisaje, un suceso, etc. Si es un paisaje nuestra mente toma ciertos clisés ya incorporados para recrear un paisaje, como un arroyo, árboles, animales, cielo azul, nubes y así por el estilo, según el formato que deseemos darle. De manera parecida, cuando traemos a la memoria, por ejemplo. un lugar donde estuvimos hace algunos años durante unas vacaciones, solo podemos rescatar unos pocos elementos, como alguna fragancia, una curva emocionante, el humo de un volcán, una trucha saltando del agua y así por el estilo. Si recordamos una trucha saltando del agua, solo tenemos una imagen breve de un suceso muy focalizado, el cual nuestra memoria lo ubica en un ambiente que recrea, colocando agua que corre, plantas, piedras, cielo y momento del día. Puede que algunos posean alguna correspondencia, pero por lo general el ambiente será muy diferente del real. Las plantas tendrán un aspecto generalizado tal como conocemos su aspecto promedio y pondremos los árboles, arbustos, pasto, ramas y así por el estilo donde nuestra mente quiera colocarlo y no de acuerdo a como es realmente, porque la imagen completa de dicho lugar no la tenemos, las piedras serán más o menos parecidas, pero no iguales, el arroyo podrá ser más ancho o más angosto, el agua correrá a la velocidad que imaginemos, las formas de las orillas y de los accidentes del lugar serán casi exclusivamente colocados por nuestra imaginación desarrollada en base a los archivos comunes guardados, el tamaño de la trucha será aparente y no el real, y así por el estilo. Es de esta manera como recreamos un recuerdo con solo un poco de información guardada específica; el resto lo agregamos para que se “parezca” al que nuestra memoria cree es.

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edgardokomar@yahoo.com.ar Ago2001