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Libertad de elección 

Uno de los aspectos relacionados con la existencia del mal muy usado por la religión es el denominado Libre Albedrío. Algunos, como los Testigos de Jehová, enseñan que fue el primer hombre Adán el que eligió con plena conciencia un camino independiente de Dios. Como sus hijos nacieron después de su decisión, todos se hallan inclinados naturalmente por herencia a hacer lo mismo que él, y en consecuencia Dios deja que el hombre sufra y se de cuenta que ha cometido un serio error. Para hacerla más difícil, deja que un poderoso e inteligente engañador ponga a prueba a los humanos que no quieren practicar el mal, para ver hasta dónde pueden aguantar y así dar gloria a Dios. ¿No le parece todo un desquicio? Pues bien, a pesar de ser un razonamiento estúpido, porque si la humanidad por naturaleza se halla atrapada en conducta infructuosa resulta obvio que su criterio resulta carente de importancia, muchos se dejan convencer por lo del libre albedrío, imaginando que es razonable. ¿Enseña la Biblia tal concepto? ¿Existe un marco para semejante desenvolvimiento? ¿Sirve para explicar la razón de la existencia del mal? Veamos.

                             El libre albedrío en teología

Posición oficial

            El razonamiento humano sobre la libre voluntad ha sido una preocupación constante de diversos pensadores y filósofos que intentan comprender la relación del hombre con el universo y con Dios. El debate sobre este tema es tan antiguo como la humanidad, pero tenemos registros de esos pensamientos desde Sócrates y Platón. A través de los siglos la humanidad a intentado comprender este asunto, pero parece que es imposible. Muy pocas personas siquiera conocen lo que significa. Una publicación teológica de los Testigos de Jehová, la cual cree en esta doctrina, el libro "Perspicacia..." el tomo I en la página 1164 bajo el tema "Hombre" la aplica de la siguiente manera: (resaltes con color por mi cuenta)

"Libre albedrío. Debido a que había sido hecho a la imagen de Dios y según su semejanza, el hombre tenía libre albedrío. También disponía de libertad para escoger entre hacer lo bueno o lo malo. Esta libertad le permitía dar mucha más honra y gloria a Dios que la creación animal, pues podía obedecer voluntaria y amorosamente a su Creador. Podía alabarlo de manera inteligente por sus maravillosas cualidades y apoyar su soberanía. Ahora bien, su libertad era relativa, no absoluta. Podía continuar viviendo feliz solo si reconocía la soberanía de Jehová. Esto lo indicaba el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, del que tenía prohibido comer. Hacerlo sería un acto de desobediencia, una rebelión contra la soberanía de Dios. (Gé 2:9, 16, 17.)"

"Como Adán era “hijo de Dios” (Lu 3:38), su relación con Dios era como la de un hijo con su padre; por consiguiente, debería haberle obedecido. Además, Dios creó en el hombre un deseo innato de adorarle. Si este deseo se desvirtuaba, dirigiría al hombre mal y destruiría su libertad, convirtiéndolo en esclavo de lo creado en vez del Creador, lo que, a su vez, resultaría en la degradación del hombre.

Un hijo celestial de Dios que se rebeló hizo que Eva pecase, y ella puso la tentación ante Adán, quien participó deliberadamente en la rebelión contra Jehová. (Gé 3:1-6; 1Ti 2:13, 14.) Adán y Eva llegaron a ser como aquellos de quienes Pablo habló más tarde en Romanos 1:20-23. Debido a su transgresión, Adán perdió su condición de hijo y su perfección, e introdujo el pecado con la imperfección y la muerte en su descendencia, la entera raza humana. Sus descendientes llevaron desde el nacimiento la imagen de su padre Adán: fueron imperfectos, con la muerte obrando en sus cuerpos. (Gé 3:17-19; Ro 5:12) "

En el segundo tomo de la obra, bajo el tema "Perfección" en la página 640 expresan:

"Dios ha facultado a las criaturas inteligentes con libre albedrío: el privilegio y la responsabilidad de decidir por sí mismas el proceder que deben seguir. (Dt 30:19, 20; Jos 24:15.)"

La posición resulta conflictiva

Después de afirmar que Dios dotó al hombre con la potestad del libre albedrío se agrega que también disponían de libertad para escoger entre hacer lo bueno o lo malo como si fuera un don distinto cuando en realidad se está hablando de lo mismo. Disponer de libertad para poder elegir entre obedecer voluntaria y amorosamente o no hacerlo mediante practicar lo malo y sufrir la pena capital por ello es en esencia una decisión patética y anormal que corrompe la hermosa libertad concedida a una simple expresión sin sentido práctico. Una situación así  no armoniza en un universo gobernado por el amor sincero y la bondad genuina de la cual tanto se habla. 

Si la voluntad del hombre tenía que estar sujeta a la voluntad de Dios para continuar su existencia, ya no era libre por su cuenta para decidir lo que quisiera. Si la libertad que tenía Adán según se explica era relativa, entonces su libre albedrío era relativo, en otras palabras no tenía libre albedrío para escoger entre hacer lo bueno o lo malo, pues de hacer lo malo, moriría, solo viviría si actuaba con responsabilidad. Solamente puede decirse que de poseer libre albedrío era únicamente para ejercerlo en el amplio campo de las actividades lícitas o correctas, en todo aquello en que le era permitido o en cuestiones que no involucraran la pérdida de la vida. El significado del árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo dictaba que solamente Dios podía determinar qué era lo correcto para el hombre y qué no. De modo que la libertad relativa del hombre mostraba que si decidía actuar con libertad en el campo de su relación con Dios, no tendría éxito ninguno. Si se afirma que Adán tenía libre albedrío en este campo, pues ya no lo tiene, porque murió y no existe en ninguna parte. De hecho, más bien, lo que nos muestra el relato de la Biblia es que Dios no creó a la primera pareja humana dotada con libre albedrío para vivir sin tenerlo en cuenta.

No tiene sentido que Dios dote con una capacidad a sus criaturas inteligentes que no puedan utilizar sin dañar su existencia. Es como si una autoridad que declara otorgar libertad a un esclavo le dice: “si escoges libremente desobedecerme morirás, pero si me obedeces te mantendré vivo”. ¿Qué sentido tendría tal tipo de libertad otorgada? Ninguna por supuesto, porque le obligaba a tomar una sola opción si quería conservar su vida: la de no disponer de ninguna libertad para dejar de ser esclavo. Si desobedece actuando con independencia, la pena de muerte que se le aplique atestiguará que nunca tuvo ninguna libertad. Hallarse bajo coacción para elegir lo conveniente no tiene nada que ver con ejercitar la libertad de elección según el propio juicio, sino solamente la de premiar la sumisión o sofocar la rebelión. Es un contrasentido decir que se le está otorgando a tal individuo un privilegio y responsabilidad para decidir lo que desea hacer. En realidad se le está diciendo lo que no debe hacer bajo pena de muerte si lo hace y no librado a su propia elección por un Dios amoroso. 

Igualmente en el caso de Adán, en un curso de proceder donde el factor de la obediencia es imprescindible, es decir absoluta, ya no es posible hablar de libertad de juicio para decidir lo que mejor desee o convenga. Ni siquiera tiene sentido decir que poseía un libre albedrío relativo relacionado a la desobediencia, porque eso implicaría igualmente tener la potestad de elegir entre varias opciones según el buen juicio y no de una sola opción, sobre la cual no tiene importancia la facultad y potestad de criterio que posea. Elegir juiciosamente un proceder fatal es trágico, contranatural, a menos que esa persona vea la muerte como su única salida de su miserable vida. Adán y Eva según cuenta la Biblia vivían en el paraíso, por lo que no tenían motivos para sentirse infelices y desgraciados. ¿Quien en su sano juicio eligiría perder todo lo bueno? Nadie salvo que lo "bueno" fuera un fraude y la condición de vida insufrible. Por ello, donde la obediencia es absoluta no opera la libre voluntad en un plano carente de temor . Es una imposición independiente del criterio que se tenga. Violar esa ley puede asemejarse a como si Dios le hubiera dicho a Adán concerniente a una ley física: “Puedes brincar y saltar cuando quieras, solo que no debes arrojarte desde un precipicio porque positivamente morirás”. ¿Tenía importancia alguna el criterio personal que tuviera Adán sobre el desenlace de su violación? Así como la continuación de la vida dependía de que Adán obedeciera dicha regla física, igualmente también dependía que obedeciera la ley moral en la que se le exponía claramente que Dios era su instructor. Ante esto, ¿tiene sentido decir que Adán fue facultado por Dios con la potestad del libre albedrío para decidir por si mismo, luego de expresarle la regla básica y su consecuencia, si arrojarse al vacío desde un precipicio fuera conveniente o no? ¿Podría considerarlo Adán como conveniente en algún momento? Es un absurdo. ¿Porque entonces se enseña que Adán eligió algo que le pareció mejor? Eso es falso de acuerdo a la Biblia. De modo que correctamente uno puede concluir que el hombre fue creado con un cierto grado de libertad, pero según la Biblia no con autonomía moral o independencia de criterio. En un mandato claro se le estaba indicando que su potestad de criterio y elección sería educada y regida por las normas básicas e incuestionables que su Creador le iría proporcionando. ¿Qué sentido tendría disponer y usar de una libertad a la cual no estaba autorizado? Desobedecer significaba perder la vida, y si la opción es una sola, no hay tal libre albedrío.

Los textos citados de Deuteronomio y Josué señalan dos aspectos diferentes aplicados a criaturas cargadas de ignorancias y errores. El primero anima a obedecer a Dios para no morir y el segundo deja a consideración la religión que desean practicar, pero en un contexto cargado de advertencia y reprensión por los sufrimientos y exterminios que padecerán por sus futuros actos de infidelidad si no eligen servir a Dios de acuerdo al orden religioso imperante. En ambos casos es aplicado a todo el pueblo en conjunto y no individualmente. Cualquier facultad colectiva no representa al libre albedrío individual, aunque muchos podían estar de acuerdo con las razones expuestas para servir a Dios. No obstante, los que no estaban tan resueltos-sin duda habría siempre personas que pensaran distinto-serían aquellos que introducirían tropiezos para el pueblo, afectando la condición de todos en conjunto. Esto es muy distinto al libre albedrío que se considera otorgado a los humanos perfectos de manera individual. Además, el hecho de elegir ser un devoto de Dios o no es un asunto donde dicha libertad se castiga con la muerte si no se elige lo pretendido, lo que evidencia que la supuesta libertad era una farsa.

            Sin embargo, retomando desde el origen, suele insistirse en el libre albedrío de las criaturas perfectas para señalar que de otro modo, si no fueran dotadas de ello, serían autómatas que solamente podían hacer lo bueno. Esto es un error, porque sería como quejarse diciendo que el ser humano es un autómata porque nadie puede quitarse la vida ni causar daño. En realidad abrigamos como esperanza el día cuando ya nadie haga daño a su semejante ni se cause daño a si mismo, pero eso no significará que todos serán unos autómatas. Debe tenerse en cuenta que en primer lugar, ante una ley clara que mostraba una sola posibilidad, la obediencia o desobediencia no admite libertad de criterio. En segundo lugar si se admite que Dios gobierna a sus criaturas con amor y bondad, y que éstas son cualidades atractivas que generan en las criaturas inteligentes una satisfacción y consecuente sentido de gratitud y apego a su Creador, entonces ya no necesitan de un factor electivo independiente para decidir si quiere o no quiere apegarse a Dios, y mucho menos bajo un clima de coerción total. Naturalmente deseará hacerlo motivado por las sensitivas cualidades colocadas por el mismo Dios en sus criaturas que son estimuladas por el amor, la bondad y las atractivas metas. Ante el trato y la educación de su Padre celestial, Adán y Eva como hijos en una familia, responderían naturalmente al amor y bondad expresada. De modo que la causa de hacer lo bueno es Dios, y Dios es amor, por lo cual, el amor de Dios es la causa para hacer lo bueno. Entonces, ¿porqué decidiría alguien hacer lo malo? ¿Se debe a alguna potestad mediante la cual llegó a la conclusión que seguir siendo parte de la familia amorosa de Dios ya no era conveniente? Un análisis racional nos lleva a una encrucijada, pues ¿porqué motivo desobedecería un mandato expreso que involucraban sus propias vidas? Las evidencias internas que brinda la Biblia permite discernir claramente que Adán y Eva ya tendrían muy malas relaciones con Dios mucho antes de rebelarse.

El libro de Génesis no aporta las razones, será por eso que pasando de un plano racional a uno irracional la misma Biblia proporciona en otros lugares la respuesta, que es una sola: por falta de fe. La duda genera sospecha, una verificación inhábil puede proveer pautas inapropiadas, evidencias incompletas o mal entendidas pueden llevar a la suspicacia, la desconfianza produce descontento, el descontento provoca inquietud, la inquietud induce al enojo, el enfado precipita el juicio, y el mal juicio lleva a obrar lo malo. Pero todo ello tiene solamente algo de sentido en la inculta humanidad y en la zozobrante inteligencia del hombre que se equivoca de continuo, y no en hijos de Dios bien constituidos como se afirma que fueron Adán y Eva.

 Esfuerzos humanos por comprender el libre albedrío

            La doctrina del libre albedrío no es nueva, y el hombre ha filosofado por milenios sin llegar todavía a un acuerdo sobre la capacidad moral del hombre en este campo, por lo cual todavía se sigue debatiendo lo que ésta realmente significa.

            En filosofía la doctrina del libre albedrío se sitúa entre el libertarismo-conocido mejor por su faceta política como anarquismo-y el determinismo.

El anarquismo es una doctrina política que se opone a cualquier clase de jerarquía, tanto si se ha consolidado por la tradición o el consenso como si se ha impuesto de forma coactiva. Los anarquistas creen que el mayor logro de la humanidad es la libertad del individuo para poder expresarse y actuar sin que se lo impida ninguna forma de poder, sea terrena o sobrenatural, por lo que es básico abatir todo tipo de gobierno, luchar contra toda religión o secta organizada, en cuanto que éstas representan el desprecio por la autonomía de los hombres y la esclavitud económica. Combatir al Estado como entidad que reprime la auténtica libertad económica y personal de todos los ciudadanos se convierte en una necesidad inmediata y la desaparición del Estado se considera un objetivo revolucionario a corto plazo. La doctrina anarquista impone para su acción una sola limitación: la prohibición de causar perjuicio a otros seres humanos, y de esta limitación nace otro presupuesto ideológico básico: si cualquier humano intenta hacer daño a otros, todos los individuos bienintencionados tienen derecho a organizarse contra él.[1]

El determinismo es una doctrina filosófica que afirma que cualquier acontecimiento, mental o físico, responde a una causa, y así, una vez dada la causa, el acontecimiento ha de seguirse sin posible variación. Esta teoría niega cualquier posibilidad al azar o a la contingencia. Se opone con la misma radicalidad al indiferentismo o indeterminismo, que mantiene que en aquellos fenómenos relacionados con la voluntad humana, los acontecimientos precedentes no determinan de un modo definitivo los subsiguientes. Dado que el determinismo es aceptado en líneas generales como verdadero para considerar todos los acontecimientos si se exceptúan los relacionados con la voluntad, la doctrina es de la mayor importancia en su aplicación a la ética. Véase también Fatalismo; Predestinación; Principio de incertidumbre.[2]

Algunos filósofos sostienen que lo imprevisible, por lo tanto lo no causado, al ser muy frecuente en la vida, distingue a la condición humana como libre del principio de causalidad. Consideran que para que hayan relaciones de causa y efecto, deberían existir repeticiones exactas. Como no ocurre, niegan la existencia de causas relacionadas con los efectos producidos por las decisiones tomadas por la voluntad humana. Sin embargo, las posiciones filosóficas son muy complejas y muchas veces contradictorias, razón por la cual es muy difícil arribar a acuerdos sobre la materia. El creer que no existan relaciones, por ejemplo, no convalida su inexistencia por el solo hecho de no poder distinguirlas. De todos modos, la doctrina filosófica del libre albedrío establece la inexistencia de relación entre causa y efecto, proponiendo al mismo como la causa. De modo que considera la voluntad humana dentro del concepto del libre albedrío como una fuerza autónoma no relacionada con ninguna causa o motivo. Esta postura es muy importante utilizada por la jurisprudencia para hacer responsables a cada individuo de sus actos cuando violan leyes gubernamentales o principios morales. De ninguna manera consideran que la libre voluntad del individuo comparte alguna responsabilidad externa. Conocer y establecer la línea divisoria entre los elementos causales de la voluntad de los independientes de la misma seguirá siendo parte del debate irresoluble de la sociedad humana.

Si los testigos de Jehová tienen que tomar este precepto del libre albedrío para aplicarlo a criaturas consideradas perfectas, es muy evidente que no encaja dentro ningún marco coherente con el resto de la Biblia. La voluntad del hombre debe ser el resultado de una educación divina y no de un factor autónomo que lo impulse a actuar según sus manifestaciones propias. Existe una causa que gobierna la libertad humana otorgada por Dios, y esta es de acuerdo a la propia Biblia el amor. De modo que hay una relación entre las decisiones y hechos producidos por las criaturas inteligentes generadas a partir de su voluntad. Su facultad de decidir no es autónoma, sino influenciada por Dios.

Parte de la confusión con el alcance y aplicación de esta palabra combinada proviene del desconocimiento de su verdadero significado. Si entendemos primero bien lo que significa, especialmente para el lector que lee este documento, será fácil comprender luego su relación con el comportamiento humano y el relato del Génesis.

Significado básico de la palabra

            El término albedrío proviene de una palabra latina, arbitrium, la cual también se pronuncia como arbitrio. El término latino arbitrium se utiliza para designar sencillamente a la libre voluntad pero en conexión con la razón, ingenio o el propio parecer, pues puede señalar tanto la potestad de obrar por reflexión y elección como la facultad de un tribunal o juez para fallar según su conciencia. También puede usarse para señalar la voluntad regida por el capricho o apetito, y no por la razón. Otras palabras derivadas de arbitrium son las palabras árbitro, arbitrar, arbitraje, y por supuesto, albedrío. Un árbitro-del latín arbiter- es alguien que obra con independencia y dícese de un juez o letrado encargado de un litigio. La palabra arbitrar proviene del latín arbitrare, y básicamente significa juzgar. También puede indicar proceder con libertad y por extensión, ingeniarse para hacer o lograr algo. En todos los casos interviene la autoridad o poder, una facultad que posee un ente o individuo de resolver o decidir por sí mismo.

            La palabra libre proviene del latín liber, y significa que tiene la facultad de obrar de un modo u otro o no obrar. Es algo que no está sujeto o atado a la voluntad de otro. El término libertad-del latín libertare-señala la condición de libre, ámbito donde se puede decidir por uno mismo lo que desea hacer. Asociado con la palabra albedrío, el término latino combinado: liber arbitrium, significa que el individuo puede juzgar por si mismo lo que desea hacer o no hacer sin ninguna atadura o restricción, salvo la de su propio juicio según el marco en el cual se encuentra. De allí que la libertad que cada uno posee para hacer lo que quiera queda relegada a la capacidad de su propia sensatez, influenciada ésta por el entorno en el cual se mueve. En dicho marco de vida la conciencia se ve afectada por disposiciones, sean éstas las leyes naturales o normas de conducta, donde interviene la libertad de los demás englobadas en un reglamento de existencia que puede ser moral o natural. En un marco sano, de mutuo respeto y buen juicio, todo ser humano bien dotado se esforzará por hacer lo correcto y lo mejor. De otro modo, se perjudica, causándose daño, pudiendo ser fatal según el grado de violación. Por eso la libertad se convierte en un arreglo equitativo implantado por la aceptación de nuestra conciencia y la autoridad constituida para brindar a todos los súbditos de una vida independiente responsable. Libertad sin juicio o razón sería libertinaje, un desenfreno en la conducta, por ello decir ‘libre albedrío’ significa libertad gobernada por la razón propia

Aunque se puede definir también como juzgar libremente, algunos llegan a practicar la maldad o causar graves daños por su mal juicio, no porque entiendan y disciernan realmente lo que están haciendo. Están tan confundidos que le domina la maldad sin comprender lo ruin que son. Pero este es un problema aparte. De todos modos, la aplicación de leyes de conducta moral donde aparecen sanciones, está indicando implícitamente la probabilidad de cometerlos y la aplicación consecuente de las penas declaradas.

  Aplicación del significado

            De modo que el libre albedrío no es otra cosa que la facultad de la razón para emitir juicios libremente en función de nuestra propia conciencia y obrar de acuerdo a ello. En armonía al conocimiento y la experiencia, a medida que ésta aumentara, esta facultad se haría más amplia y menos equívoca. Ahora bien, ¿fueron dotadas las primeras criaturas humanas perfectas de esta facultad? La pregunta es muy interesante, porque algunos dicen que la poseían en grado relativo. ¿Tenían esa potestad como un atributo otorgado por Dios?

Pocos se dan cuenta que es necesario disponer de los principios básicos o reglamentos sobre lo que es bueno o malo para juzgar en consecuencia y obrar prudentemente en cualquier área de elección. Los hijos normalmente reciben esta educación moral o natural de sus padres o de la sociedad en la cual crecen. Adán y Eva la tenían que recibir de Dios, porque no tenían padres humanos y según la Biblia eran los únicos humanos que existían en la tierra. Correctamente Dios establecería esta autoridad moral al simbolizar su prerrogativa de señalar lo que fuera bueno o malo para sus criaturas con el simbólico árbol del conocimiento del bien y del mal. Solamente Dios estaba facultado en el conocimiento de lo bueno y lo malo, por lo cual él se constituía en el proveedor de los fundamentos correctos para edificar sus conciencias. En vista de ello, ahora, ¿estaban dotados la primera pareja humana de esta facultad para decidir sobre qué era lo bueno y lo malo por si mismos sin necesidad de recurrir a Dios? ¿Podían juzgar por su cuenta sin ninguna restricción basados únicamente en su propio juicio, facultados para ello en su propia constitución de criatura, si hacer caso de Dios o no? La respuesta cae de madura: no.

            No debe olvidarse que de pasar por alto el mandadato en armonía a la misma Biblia ya estaban condenados al fracaso de antemano. No tenían alternativa si esperaban que su vida tuviera éxito. Debían aceptar la guía de Dios para basar sobre ella sus acciones. Aunque se puede entender que dispondrían de libertad para escoger entre diversas cosas que quisieran emprender, y podrían comprender y diferenciar lo bueno de lo malo, no podían violar los preceptos divinos sin consecuencias fatales. La perfección consistía en la total obediencia al marco regulatorio dispuesto por el Creador. De modo que la libertad que poseían no era libre albedrío en el sentido de poder juzgar si las normas de Dios eran correctas o no y fueran convenientes acatarlas, porque sencillamente no podían juzgar libremente por su cuenta, debían basar sus juicios precisamente en dichas normas divinas, a las cuales fueron vinculados por educación previa. No estaban dotados de facultades cognoscitivas para calificar en igualdad a Dios porque carecían de la capacidad de conocimiento y destreza necesaria para ello. Esto no es nada raro porque sabemos que el hombre aprende por experiencia, y la experiencia es en esencia el resultado de sus errores y aciertos. Por ello no es difícil suponer que de acuerdo a la Biblia fueron creados para depender de Dios, para obrar en armonía a Sus juicios. Obviamente no podían resolver por sí mismos, solos, sin tener en cuenta a su Creador. Esa es la enseñanza básica que transmite claramente el Génesis, y mediante el cual también podemos comprender las limitaciones humanas en el campo del conocimiento y sabiduría en que se mueve el hombre. Por eso en la antigüedad Dios era lo máximo, lo absoluto, la única guía posible para el hombre desde el punto de vista de los escritores de la Biblia.

Conflictos irresolubles superados por fe

            ¿Significa esto que no podían decidir desobedecer a Dios? Es fácil entender desde el punto de vista humano actual que podrían, pero al hacerlo surgen otras cuestiones. Si el marco regulatorio de Dios se basa en el amor y la bondad, resulta muy difícil encontrar alguna razón por la cual decidieran darle la espalda a Dios. Resulta complicado entender cómo es posible que desconfiaran de Dios. El que alguien, con una mente perfecta, obrara en contra de una persona justa, recta y amorosa, y ese obrar afectara adversamente su propia vida, de su esposa y la de sus hijos, sería una seria derrota del amor, un cuestionamiento hacia su forma de manifestación. De otro modo deberíamos endilgarle a Adán y Eva una escasa capacidad de raciocinio por la cual obraron tontamente, pero este aspecto también se descarta porque los haría inocentes y culpable a Dios por crear seres defectuosos o fallar o mostrar deficiencias en su educación. Es por eso que los Testigos de Jehová, para evitar planteos difíciles e irresolubles, sencillamente aducen que la primera pareja uso del libre albedrío implantado por Dios en sus criaturas inteligentes, para de esa forma endilgar todo el problema de la existencia humana a la supuesta primera pareja humana. Para evitar preguntas de cómo es posible que usaran una potestad en estado perfecto de modo ruinoso, se afirma con ingenuidad que lo usaron mal. Pero ¿cómo pueden personas perfectas de mente, cuerpo y espíritu usar mal una potestad? Ante lo inevitable de cuestionar a Dios aceptan tal tesis incoherente, y a partir de dicha enseñanza la línea de argumentación debe continuar explicando el porqué, y ahora-si se acepta lo anterior-resulta fácil y además muy útil al complementarse con otras enseñanzas describir que decidieron elegir un proceder de independencia creyendo que sería mejor. Juzgaron libremente y decidieron-afirman-un rumbo distinto, equivocado por cierto. Entonces, ahora parece encajar mejor decir que Dios permite la maldad y el sufrimiento para demostrar que el desobedecerle acarrea muerte y destrucción. Pero, ¿necesita demostrar tal cosa un Dios amoroso?...

            Además del ejercicio teológico los fundamentalistas religiosos que enseñan semejante tesis cometen  serios errores además del etimológico. Aplican el libre albedrío del tipo absoluto a Adán y Eva cuando ellos mismos dicen que es relativo. Obviamente no podría ser absoluto porque de otro modo sería irracional aceptar un acto inmotivado fuera de la cadena causal, negando de ese modo el orden divino, pero al afirmar que la falla era solamente de Adán y Eva a causa del libre albedrío, impiden verlo de otra manera que no fuera absoluto. De hecho, explican que el pecado fue perfecto, es decir, no el resultado de la imperfección, es decir un equívoco, sino con el completo entendimiento y voluntad, es decir totalmente deliberado. De ser así serían totalmente independientes de Dios y hubiera carecido de sentido que para continuar viviendo debieran obedecerle siempre. Para evitar mayores enredos y confusiones, sobre la marcha cambian de enfoque y afirman que fue relativo. Esto lo hacen al expresar que la facultad de elegir era relativa, y como la usaron mal, al extralimitarse, fallaron. Esto se acepta más fácilmente porque refleja la manera de ser de la humanidad actual que se equivoca a menudo. Pero entonces, teniendo en cuenta que Adán y Eva no eran seres inclinados a cometer errores de juicio, si es relativo, necesariamente-al ser racional-debe estar conectado a una secuencia de causa y efecto. De esta manera, la decisión de la primera pareja debe estar precedida de alguna causa legítima sobre la cual basar su juicio, y los elementos de los que disponían era obviamente la educación, los preceptos y el trato recibido de su Creador. Al entender que la doctrina del libre albedrío enseña que la persona esta dotada de una capacidad libre de resolver o decidir la manera de obrar en conformidad a la reflexión y el  razonamiento a partir del caudal de su propio conocimiento, pericia y conciencia de los claros mandatos o reglas envueltas, necesariamente se torna conflictivo el que decidiera un camino destructivo. Estaría señalando un trastorno psicológico o una situación terminal desesperanzada al igual como cuando cualquier ser humano por libre elección se causa sufrimiento o se quita la vida. También es comparable a la situación de abandono que ciertas personas adoptan al perder todo interes por la vida. Sin llegar al suicidio viven como si su propia vida ya no les importara. Esto es muy complicado, porque pondría en tela de juicio la educación y el trato recibido por Dios, considerando que eran criaturas perfectas que decidieron en contra de si mismas mientras vivían en un supuesto paraíso de placer y dicha perfectas. 

Para paliar este embrollo, se explica que Adán no cultivó aprecio ni gratitud a las manifestaciones amorosas de su Padre durante el tiempo que vivió en el paraíso. Pero entonces, si fue así, entonces ya era imperfecto de antes, ya venía mal, y Dios, que todo lo ve, no lo había notado. Se le escapó este detalle en su faceta educativa. ¡Que error! Si Dios puede predecir el futuro con miles de años de anticipación, entonces la única respuesta lógica era que El quería que la situación desembocara como resultó. Se parece al caso de Judas Iscariote. Jesús sabía de antemano, según la Biblia, que sería traicionado y quién lo haría, y si realmente le hubiera interesado ayudarlo motivado por el amor para que no se descarriara y cometiera finalmente la traición, especialmente considerando que era un humano imperfecto, lo hubiera podido ayudar, pero de otro modo no se hubiera cumplido la escritura. Hacía falta un traidor y había que encontrar a uno... ¡Qué lamentable! Como novela de ficción es extraordinaria porque juega con situaciones que asombran el raciocinio natural, pero como hecho real en un contexto de supuesto ‘amor e interés por ayudar a la humanidad moribunda’ es una tragedia del espíritu divino.

Por eso, y retornando al libre albedrío que se le atribuye poseían Adán y Eva, de acuerdo al significado etimológico, ni era absoluto ni era relativo en el sentido pretendido. Sencillamente de acuerdo al relato del Génesis no estaban capacitados para escoger sobre la base de su propio juicio si obedecer o desobedecer a Dios. Solamente existía una sola alternativa válida para seguir con vida, no dos. En armonía al significado de la palabra, Adán y Eva no fueron dotados de esta cualidad para usarla con el propósito de juzgar lo que fuera más conveniente en este caso crucial, no tenían la potestad para usarla. Debían obediencia absoluto y eso es todo. De otro modo, considerando que eran perfectos, deberíamos culpar a Dios por el mal resultado de su uso al no alcanzar a discernir que se cargaban la pena de muerte. De modo que ante cualquier situación nueva, necesitaban consultar a su legislador. En consecuencia, siguiendo la línea lógica del razonamiento, nos damos cuenta que por el solo hecho de desobedecer, simplemente no tenían otra alternativa que fracasar. Habiéndose hallados culpables, pagaron con la expulsión del paraíso a una vida angustiosa para finalmente-condenados a la muerte-morir definitivamente.

Intentos para discernir

            Esto obliga a entender la situación narrada en Génesis como un problema surgido por causas distintas. ¿Qué haría que un individuo perfecto, correctamente educado y enseñado, se perturbara a tal grado para transgredir su propia libertad, usurpando algo que no le correspondía y llevando a cabo lo que no le era permitido a sabiendas de su resultado indeseado? (Ver: El conocimiento) No se puede explicar racionalmente este aspecto sin introducir el factor de la duda. Sin embargo, la duda no puede existir si no existen motivos para ella. En un mundo racional debe existir una cadena de causa y efecto. Para que la duda pudiera surgir, Dios debe permitir que sucedan ciertos hechos que la legitime. Esto llevaría a pensar que Dios sometió a prueba a nuestros primeros padres, dándoles motivos para que dudaran. Nuevamente nos encontramos en un camino sin salida a menos que cuestionemos la rectitud de Dios. Pero hacerlo sería trágico para todos los devotos. Una salida razonable, una explicación lógica podría ser que Dios deseaba que sus criaturas tuvieran libre albedrío, es decir, que pudieran decidir por si mismas, asemejándose a El, pero para ello tendrían que usarlo, y al usarlo por si mismos necesariamente se equivocarían, llegando a ser imperfectas. El único camino de la superación sería el sacrificio, el pago de los fallos cometidos. Pero este punto de vista resulta reñido con su bondad. Otra salida podría ser la razón de la existencia de la fe. La fe no podría existir si no hubieran dudas y la fe es esencial ante la propia limitación de la inteligencia y el desconocimiento abrumador de muchas cosas, poniendo en evidencia la pequeñez del humano en el universo. Una manera de probar la fe o confianza sería ver el comportamiento de una persona frente a situaciones desconocidas, inciertas o problemáticas. Si ante las dificultades o incomprensiones decide juzgar malicioso a Dios, es porque a perdido su fe en El. Pero lamentablemente, el área de la fe se sitúa en el terreno sentimental, emocional y no racional. Mediante la fe se elude brindar la explicación racional necesaria, debiendo fundamentar las doctrinas sobre la base de la lealtad y apego que brotan de un corazón agradecido y no de un estado cognoscitivo. Esta condición sitúa a Dios como un ser celoso en sentido enfermizo, y otra vez volvemos al problema básico del cuestionamiento ineludible de la esencia divina, en especial en el contexto bíblico de un ser Todopoderoso desbordante de amor.

            Es cierto que la fe es una de las enseñanzas fundamentales del cristianismo, y sin fe es imposible agradar a Dios.(Heb.11:6) Sin embargo la fe, aunque parte de una necesidad comprensible, no es del todo racional, porque no está delineada por comprobaciones externas, ni evidencias concretas.(2Cor.5:7) Al contrario, la fe se opone a lo racional, porque obliga a confiar en alguien, en este caso en Dios de manera absoluta, aún sin entender o comprender porqué actúa de una manera tan conflictiva. (Prov.3:5) De hecho, las manifestaciones de Dios descritas en la Biblia son muchas incomprensibles, sobrenaturales e inexplicables. Por fe se debe obrar en armonía a los mandatos divinos. ¿Fe en qué? En su amor. Como el amor es una cualidad que tiene que ver con los sentimientos, es el corazón el que debe ejercer fe. (Rom.6:17; 10:8) Pero el amor es racional y se puede ver y comprender, de hecho todo lo que sensorialmente captamos del mundo exterior es lo que cimenta nuestros fundamentos más profundos de la razón y la conciencia. Entonces ¿porqué se debe tener fe es su amor? Este se podría manifestar claramente de manera racional en los relatos y juicios divinos. Adán y Eva los tendrían ante su vista y percepción. Según parece no les satisfizo y hasta nosotros no comprendemos el porqué de su nefasta actuación. Entonces, como no alcanza esta explicación, ya que cada individuo no tiene más evidencias que relatos escritos y explicaciones elaboradas, la otra fuerza dominante que entra en escena es el temor. Ahora sí hay motivos para tener fe. Si no demuestro mi fe debo temer al Dios que me condenará a muerte por desconfiar de él. La propia Biblia manifiesta que debemos obrar nuestra propia salvación con temor y temblor. (Filip. 2:12) Concluyendo, Adán no temió a Dios. Por tal motivo no siguió sosteniendo su fe, probablemente porque no creyera en absoluto que realmente viviría para siempre.

  La fe invalida el Libre Albedrío

Ante esta situación podemos comprender fácilmente que en realidad Dios en armonía a la Biblia no desea que sus criaturas humanas obren conforme a su libre juicio motivados por su propia reflexión, separado además de toda coerción u hostigamiento. De modo que no disponemos de libre albedrío para decidir si vamos a obedecer y agradar a Dios o no. No existe alternativa, u obedecemos a Dios y vivimos o lo rechazamos y perecemos. No hay lugar en el futuro arreglo de vida eterna de parte de Dios para las personas que escojan desobedecer sus normas y sus leyes. Esto en realidad no estaría mal, lo que si está mal es el de colocar a las leyes de Dios en una situación de conflicto de decisión cuando en realidad deberían ser totalmente apetecibles. Escoger un proceder motivado por el nefasto futuro que nos esperaría si no lo hiciéramos no implica ninguna libertad de elección inteligente. Lo sería si los resultados no fueran nefastos, sino digamos de otra índole que nos hiciera apreciar con mayor amplitud una atractiva personalidad divina. Aquello que pesaría entonces serían sus cualidades y no su sentencia. Pero la Biblia muestra que el ser humano no fue dotado de estas posibilidades, por lo cual no estamos facultados para juzgar por nuestra propia cuenta, porque por naturaleza tenemos limitaciones para realizarlo con éxito. Sea Adán y Eva o el resto de la humanidad la situación parece ser la misma. Al escoger un camino u otro sobre la base del discernimiento y criterio personal, aunque sopesemos basados en nuestro mejor propio juicio, normalmente equivocamos. Son muchos los factores externos que moldean nuestros patrones del pensamiento, sobre los cuales no poseemos control. Es por eso que el llamamiento no se hace sobre la base de la reflexión, la exposición clara de todos los puntos que quisiéramos comprender. De allí que se nos ponga la vida y la muerte enfrente para sensibilizar nuestro temor natural. Esta orientado fundamentalmente sobre los sentimientos y la confianza, incentivados por actos milagrosos para atraer la atención y precipitar el razonamiento. El único conocimiento permitido para absorber, meditar y reflexionar es el de la Palabra de Dios, la Biblia. Todo lo que está escrito en ella es para nuestro bien, y debemos aceptarlo sin dudar. Por ello, no es posible actuar por reflexión independiente cuando se necesita de fe, y mucho menos cuando ella se basa en el temor. Además, es sabido de los conflictos que se producen entre los sentimientos y el raciocinio. Si debemos confiar en Dios motivados por sentimientos profundos, la razón y buen juicio generalmente quedan de lado. El fanatismo y las posiciones dogmáticas son muy comunes en el ámbito donde rigen las creencias más queridas. El libre albedrío no es tal, sino una forma de disposición emotiva basada en la convicción es la regente de la acciones de tales individuos. Los que disponen de tal libre albedrío son en realidad las criaturas que no obedecen a Dios, aquellos que no lo toman en cuenta. Por eso cometen tantas equivocaciones y su vida espiritual es tan conflictiva. Aquellos que deciden tomarlo en cuenta y hacer su voluntad no lo hacen por su propia sabiduría sino particularmente sensibilizados por su propias desgracias, ante los cuales son llevados por la sugestión y el encantamiento reflexivo, pero una vez entregados, deben dejar de lado cualquier reflexión o pensamiento humano que les impida entender lo que están haciendo. Su fe reemplaza al raciocinio. La expresión “nadie está obligado a servir a Dios” es en realidad una afirmación desamorada cuando se llega a esa condición.

Obviamente, cualquier camino que sigamos para poder entender el relato de Génesis resulta conflictivo, imposible de resolver racionalmente. Es que no tenemos una potestad para hacerlo aunque desde el principio el hombre parece haberla reclamado. La única vía de resolución es la fe, un camino irracional, o dicho de una forma menos traumática, no racional para nosotros. Creer tranquilamente en las explicaciones que se dan sin dudar aunque no las comprenda es la manera perfecta de tener fe y continuar demostrando que uno se esfuerza por llegar a ser considerado digno de la aprobación divina. El campo del razonamiento es muy limitado, en realidad está seccionado en partes lógicas, posibles de ensamblar hasta cierto grado, pero absurdas a nuestro escaso entendimiento al final. La necesidad de milagros prueban justamente la limitación racional humana. Cómo no podemos comprender el significado básico de muchas cosas, Dios legitima sus dichos con hechos sobrenaturales. De otro modo habrían bastado unas claras explicaciones para que todos entendieran. Sin embargo, el ser humano se enfrasca en profundos razonamientos para tratar de entender, y por medio se su propio juicio no alcanza a conocer a Dios, aceptar a la Biblia como Su Palabra y obrar en armonía a ella. Solo a través de los sentimientos y el conflicto con el dolor o sufrimiento el ser humana busca a Dios permitiendo mansamente que su racionalidad sea sometida.

Quizá, después de todo, la religión sea un invento del humano contradictorio, un ser profunda e irremediablemente religioso, cuya principal finalidad sería poder explicar la razón de la muerte, o bien Dios está fuera del alcance de nuestra racionalidad. Es lo que dicen los agnósticos. ¿Será por ello que se escapa de nuestras posibilidades racionales por entender las causas del mal requiriendo en su lugar de la fe? No parece existir otra explicación más razonable dada nuestra propia limitación del raciocinio. Al no ser dotados en la creación de una capacidad por la cual podamos por nosotros mismos juzgar correctamente, nuestro ámbito racional se limita solamente a comprender las órdenes divinas y ponerlas por obra. Si ante la evidencias del amor de Dios no reaccionamos con fe en su sinceridad y confiamos plenamente en El, habremos fracasado y no tenemos esperanza ninguna.

  La fe reñida con la inocencia

Sin embargo, la explicación que la Biblia indirectamente ofrece sobre la fe, tampoco resuelve el problema. Las personas inocentes no desconfían. Creen con naturalidad. Los que desconocen el pecado no saben de engaños. La ausencia de maldades hace al inocente. Creer que Adán tuvo libre albedrío porque a nosotros nos parece sensato no lo confirma. Por ejemplo, ¿porqué erramos nuestro juicio nosotros? “Porque somos imperfectos” se afirma. Entonces, ¿era perfecta la potestad de Adán? Si lo era, ¿cómo es posible que fallara? Para fallar tenía que ser imperfecta como la nuestra, limitada al conocimiento que disponemos en el momento, o bien que no poseía tal capacidad autónoma, tal como lo da a entender la misma Biblia. Por eso fracasó al tratar de usar una herramienta que no poseía. Pero, nuevamente, ¿cómo podía usar algo que no poseyera? En realidad tenía conciencia que necesitaba de la guía divina para tomar sus decisiones, pero en esta ocasión la desechó. ¿Porqué? ¿Consideró que era incorrecta? ¿Sobre la base de qué? ¿Quería ser independiente para sufrir y morir? Algunos expresan que lo que hizo lo llevó a cabo sin pensar ni entender completamente lo que estaba haciendo. Sin embargo, parece más lógico interpretar que Dios mismo ha creado a sus criaturas inteligentes para que vivan-o mueran-en un marco en el cual invariablemente ya estaba calculado o determinado estas interacciones entre el bien y el mal. Si existía un castigo por una conducta impropia, era obvio que podía ocurrir. Pero para exonerar a Dios de toda responsabilidad, toda la culpa debe corresponder a cualquiera de sus criaturas que las transgreda, razón por la cual se afirma que actuaron por su propia cuenta con la inteligencia y capacidad moral perfecta. Sin embargo, esta postura no puede exonerar a Dios, porque sigue siendo el responsable de las reglas de juego, y no coordina con la imagen de un Padre amoroso y sabio que Jesucristo a enseñado. Sea cual fuere la explicación, ninguna puede mantenerse firme racionalmente. Pensar que Dios nos dotó con la posibilidad de ser unos monstruos perversos pero que si nos refrenamos y hacemos el bien seremos glorificados, es una burda psicología infantil. Es religiosamente una encrucijada del misterio, un tema de debate eterno que involucra al Creador y su relación con la existencia del bien y del mal. (Ver: perfecto imperfecto)

Por más que busquemos, toda la lógica disponible nos muestra que no es posible separar la existencia del bien de la posibilidad del mal. Si existiera solamente el bien, el mal no tendría razón de ser. Dios no solamente tiene conocimiento de lo bueno, también abarca lo malo. Esto nos permite comprender que siempre tendremos antes nosotros, perfectos o no, la necesidad de luchar, de trabajar y lograr el resultado del bien ante el poder omnipresente del mal. Toda adversidad o dificultad, problema o desafío se constituirá en el mal que debemos vencer. Lo adverso cohesiona la existencia y permite los logros, cerrando el círculo de la vida. Estamos obligados a participar mientras estemos vivos, debiendo aceptar las reglas de esa participación procedentes de Dios o de la naturaleza.

En consecuencia, si Adán y Eva eran realmente inocentes no hubieran tenido ninguna necesidad de desarrollar o cultivar fe. Tranquilamente confiarían en su Creador sin dudar, pues no habrían existido motivos de duda alguna. El que dudaran o descreyeran ponía de manifiesto la existencia del mal y la ausencia de la inocencia.

Si tal como se explica el hombre podía tener muchos excelentes motivos para hacer lo bueno, evidentemente la pregunta obligada sería ¿qué motivos podría tener para hacer lo malo? Si consideramos lo malo como un error, obviamente no tendría sentido que un hombre perfecto equivocara su destino por una cuestión de elección con la cual habría sido dotado. Si hacer lo malo deliberadamente y sufrir la muerte ocurre como producto del libre albedrío, con ello no quedaría exonerado Dios, porque entonces esta potestad ya vendría con defectos incorporados o con la posibilidad de adquirir defectos posteriores en su desarrollo ya predeterminados, concibiendo una situación precalibrada para que esto ocurriera en determinadas situaciones. No sería completa para lo bueno porque fallaría en algunas ocasiones. Por otro lado, si hacer lo malo era una posibilidad en el universo divino que no tuviera que ver con el libre albedrío, entonces el juicio o criterio de la persona involucrada no es del todo responsable, pues al obrar por falta del juicio apropiado lo tornaría inocente. En tal caso debería tener que ver al menos con alguna otra causa, aunque no parece posible desvincular del todo a Dios del cuadro, porque la única causa posible de visualizar sería el arreglo implantado por Dios en el universo, en el cual la posibilidad del mal es esencial para la conquista y dominio del bien. En ese arreglo existencial habrá inevitablemente personas que fracasarán y otros que saldrán victoriosos, recibiendo la gloria por el dominio que lograron sobre el mal. No hay otra salida, pero aunque parezca razonable, los derrotados no lo serán enteramente por su propia culpa. Si no existiera la posibilidad de la derrota no habría sentido de la gloria y gozo por el éxito. ¿Quién separa éstas zonas grises imposibles de develar al entendimiento humano? ¿Quién es culpable completamente y quién no? La fe dicta que Dios mismo, al considerar Su juicio enteramente justo.

La fe se edifica sobre la ignorancia, porque aunque tengamos inteligencia, hay más espacio para la credulidad donde la incertidumbre y sospecha la demuele. Los sentimientos son la cuenca para el asiento de la fe. En el corazón se encuentra la persuasión del alma. Si la razón no se doblega ante la grandiosidad, la excelsitud aplasta la razón y demuele el corazón. La duda hace a la existencia de los incrédulos y engendra la desconfianza y el odio. Debemos superar las realidades de la vida, pues ese ese parece ser en esencia el mensaje de Jesús. ¿Tiene sentido todo esto en un marco donde Dios es el Absoluto de todo?  La verdad es que hasta las mismas personas que tienen fe afirman que no es coherente su tesis sobre el tema, pero de ser así el camino que queda es desconfiar de Dios, y no pueden dudar de Dios porque eso sería desastroso, con lo cual admiten la irracionalidad de sus creencias sobre la base del temor.

Tampoco resulta posible abarcar todo en un marco de picaresca relación, como la de un padre que juega con sus hijos, porque no se trata de aprender en situaciones controladas, sino de sufrir las peores consecuencias y crueldades humanas. Eso es asunto serio y no cabe la mentira o engaño pedagógico. Sería muy cruel de parte de Dios una situación de semejante naturaleza. Mejor es no creer en un Dios como la Biblia lo pinta.

La justicia prima la razón sobre la fe

En realidad el libre albedrío tiene más sentido en un mundo sin Dios que en una vinculación religiosa cristiana, en donde se pretende explicar las causas del mal y la bondad y amor de un ser supremo que busca ayudar a los descarriados humanos que libremente escogen otra cosa. En tal situación dicho concepto se torna tan engorroso e irracional que únicamente los que tienen fe creen entenderlo, es decir, solo creen, porque fuera de creer no entienden nada.

Si aún bajo coacción la primera pareja de seres considerados perfectos por los devotos prefirieron morir antes que hacer caso de Dios y seguir supuestamente felices, algo terrible debieron vislumbrar en el trasfondo, pero si obraron imprudentemente al equivocarse claro está que no debería pesar por transmisión hereditaria una pena capital por un error de criterio abarcando a todos sus descendientes que no tuvieron nada que ver con el ejercicio de ese albedrío, máxime cuando en poco tiempo se dio comienzo a proteger a asesinos confesos como Caín y las leyes morales sobre conducta humana se dieron a solo un puñado de personas 1500 años después. Mantener bajo la pena capital y a una vida miserable a todos los descendientes de Adán por milenios en medio de la ignorancia no es más que un exceso judicial divino si realmente partió de allí. Asimismo, tratar de justificar semejante proceder sobre la base de la adoración requerida no es otra cosa que un desquicio moral.

La pintoresca historia de Adán y Eva en el Paraíso encaja muy bien como una leyenda mediante la cual se trata de explicar desde una autoridad religiosa la razón de la efímera condición humana en un contexto donde la presencia de un Creador descrito por Jesucristo como Amor debe ser enajenada a toda costa de todo compromiso por dicha situación. La constante referencia  a la salvación no es más que un recurso para desviar la atención del origen confuso de la supuesta pérdida de la idílica vida al comienzo. Consecuentemente, si humanos perfectos fallaron en una cuestión tan tonta acarreando tan terrible destino, menos se les puede exigir a humanos equívocos, reduciendo la salvación a una restringida franja de devotos sentimentalistas. No deja de ser un risueño cuento con características pueriles, repletas de incoherencias como los razonamientos de los niños.

La tendencia de la humanidad es la de reflejar a sus dioses y donde la maldad abunda es porque el bien no es un valor respetado ni preciado, sino aleatorio, producto del pensamiento humano y no parte de la naturaleza de la creación. Las muchas y confusas explicaciones para coordinar tantos desfasajes no hacen más que minimizar el respeto hacia la justicia divina, factor esencial para la actitud desafiante llevada a cabo por aquellos humanos “descarriados”.

Si solamente se puede comprender a Dios mediante la fe y no la razón, no puede existir justicia alguna, porque la misma es producto de la razón y no de la fe o confianza. Esta virtud tan ensalzada en el N.T. no es más que un claro desvío para desembarazarse de los entuertos racionales a las que conducen los contenidos de los relatos del A.T. Con solo leer el libro de Job se podrá comprender la dimensión de la incertidumbre humana. Este otro camino aparecido, edificado sobre el amor y el perdón, obviamente resulta más atractivo que el anterior, pero deja sin explicar porqué Dios se tardó tanto en revelar a una parte de la humanidad esta faceta tan atractiva de su personalidad. No obstante, aún así, de existir tal faceta, la situación resulta más complicada aún e imposible de resolver.

El que introdujo la noción de muerte desde el principio fue el mismo Dios, y la pena capital aplicaba a cualquiera que tratare irrespetuosamente al símbolo de la prerrogativa divina de enseñar y de dirigir a los seres humanos en el camino del bien. De acuerdo a las leyes de las probabilidades la Biblia sin quererlo presenta a la muerte como un suceso inevitable. En definitiva, Dios desea que aquellos que no le rindan adoración mueran, y todo el tema del bien y del mal no es más que accesorios teatrales que llenan el escenario distrayendo la atención, o bien todo es un disparate producto de la afectada mente de los devotos incongruentes que escribieron esas historias.

¿Podría ser simbólico?

Pero considerando que el árbol y su fruto prohibido eran un “símbolo” no resulta irracional que también lo es todo el relato, cuyo objetivo es ilustrar una situación antes que contar una historia. De ser así, probablemente la meta de la intervención sobrenatural sea la de llevarnos al razonamiento mediante el cual podemos alcanzar estos resultados, los que a través de la reflexión alcanzamos a comprender el alcance de nuestras acciones en función del respeto que tengamos hacia la “sabiduría procedente de arriba”. Sin relatos complicados o incongruentes no podemos dilucidar su objetivo si solo nos quedamos con la simple historia. Si el raciocinio no es retado a actuar solo los incapaces se quedan con la fe y los obtusos e incompetentes tiran cualquier ejercicio intelectual individual todo por la borda. La única manera de progresar en el conocimiento es a través de la consideración seria, objetiva y positiva, requiriendo detenerse y reflexionar. De alguna manera gracias al relato de la Biblia y a las enseñanzas de otros que tratan de interpretarlas podemos crecer en mayor conocimiento y entendimiento. Al menos a esto hemos llegado hasta ahora al considerar la noción del Libre Albedrío, y una puerta siempre se abre ante el espíritu del que quiere pasar por ella. Quizás eso sea todo por ahora o algo mejor encierre la vida futura, pero sea lo que sea, no cabe duda que respetando la guía moral brindada por la Biblia nos beneficiará. Nunca nos causará daño, al contrario, puede ayudarnos a vivir mejor aunque no alcancemos a comprender muchas cosas todavía. Quizás lo peor es sufrir en carne propia el mal y la crueldad humana, como millones de personas la han sufrido. El solo pensar en ello me lleva a cuestionar la paz presente.

 

                                               E.K.Jul.2000-Jul.2001



[1]"Anarquismo", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2]"Determinismo", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.