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La escritura, evidencia de la evolución humana

Una de las características más sobresalientes de los seres humanos frente al resto de la vida animal es su amplia capacidad de comunicación mediante el sonido. A través de las palabras pueden expresar ideas, sentimientos, deseos, odio, ternura, y toda clase de oraciones simples y complejas para realizar distintas actividades, desde una conversación trivial hasta una mancomunión compleja de diálogos para desarrollar grandes logros colectivos. 

Algunos creyentes fundamentalistas todavía creen según la Biblia que la humanidad al principio era de un solo lenguaje o idioma, una lengua perfecta. Citan el pasaje del Génesis donde dice que a partir de hace unos 4.000 años de repente a consecuencia de un castigo divino por el orgullo humano de manera milagrosa por acción directa de Dios se generaron distintos patrones de lenguaje que provocaron la dispersión de la humanidad a los cuatro vientos de la tierra, la cual se hallaba hasta entonces concentrada solamente en las llanuras de Sinar. Pero acaso,  ¿no existían otros pueblos viviendo en distintas partes de Europa, Asia y Africa para ese tiempo y antes de eso? La arqueología y cronología científica ha podido establecer la existecia de pueblos y seres humanos no solo en algunas regiones sino en todo el globo terráqueo menos en la Antártida tanto en esa época como mucho antes todavía de los 4.000 años. Si tan solo pudieran razonar y pensaran un poco más allá de su fe miope se darían cuenta que para hablar todos un solo lenguaje deberían vivir juntos en una gran tribu o pueblo interactuando siempre unos con otros. En la medida que distintos grupos se aíslan alejándose y estableciéndose en otros lugares de la tierra con el paso de los siglos la lengua va cambiando. En realidad toda lengua siempre va cambiando, pero cada cual según la región, las actividades y creencias propias adquiren distintas peculiaridades que las distancian o diferencian. Eso lo podemos ver hoy con claridad al presenciar los dialéctos que se forman entre distintas poblaciones aunque pertenecen a una misma nación o región geográfica. Pero existe otra cuestión de fondo relacionada con el lenguaje. El intercambio comunicacional permanece en un plano sencillo si solo se halla en el sonido. La complejidad solo es posible mediante el intercambio escrito. En la ausencia de escritos las habilidades adquiridas se transmitían solamente de manera oral, especialmente de padres a hijos o clanes familiares. De esa manera, cada grupo familiar o pequeño clan se especializaba en algo que otros no, y no existía intercambio de conocimiento, porque cada grupo se especializaba en lo suyo, la competencia era mínima y en consecuencia, aunque la suma de los logros pudieron ser amplios, la comunicación y lenguaje se circunscribia únicamente en grupos separados que no relacionaban entre sí sus saberes y habilidades. En consecuencia, el vocabulario de cada grupo seguía siendo restringido, por lo que la necesidad del escrito era superflua.

Esto resulta fácil de entender. Hoy día, que vivimos en un tiempo donde el conocimiento es amplísimo, la mayoría de la humanidad solo conoce una fracción de ese saber y en el vivir diario su vocabulario es extraordinariamente simple, pero influenciados y disciplinados por otros más capaces e inteligentes hacen que la suma ordenada de las labores de cada uno puede alcanzar logros extraordinarios. Y si hablamos de la escritura es más desconcertante todavía. La mayoría de los seres humanos escriben muy poco o casi nada, aún los alfabetizados sus escritos giran en su mayoría en aspectos secundarios de la existencia, y a lo sumo, en cartas de amor. Pero solo desde que la humanidad comenzó a poner por escrito sus conocimientos principió el desarrollo que permitió extender sus beneficios a todos... o casi todos. Pero el camino del lenguaje escrito no fue fácil ni comenzó en la cumbre, como algunos creen.

La escritura vino después de la aparición del lenguaje. El lenguaje consiste en una articulación sonora peculiar con que un grupo o pueblo comunica y expone sus ideas. La escritura, además de constituirse en la mejor evidencia de la existencia de distintas lenguas antiguas, es una de las maneras de expresión más precisas de los seres humanos, pero su dominio requirió milenios y distintos pueblos desde la más remota antiguedad desarrollaron las suyas según el patrón de su lenguaje. Existen otras formas de expresión además de la hablada, como la mímica y la gráfica. Remitiéndonos a la Biblia, un escrito muy antiguo que nos habla de la primera pareja humana, Adán y Eva, aunque podían comunicarse mediante el habla hasta donde sabemos eran analfabetos. Su historia y la de sus hijos, al igual que la historia de Noé, sus hijos, Abrahám, Isaac, Jacob y José que forman parte de la Biblia,  no fueron puestas por escrito en sus épocas, sino que se traspasaron oralmente. La mayoría de los detalles importantes se perdieron, porque los registros orales se concentraban solamente en asuntos considerados de mayor relevancia, la cual obviamente se hallaba en el ámbito religioso. Nunca se preocuparon por escribir sus experiencias de la vida normal, ni siquiera de la trascendental, puesto que ocurrió después de mucho tiempo de transmisión oral. De hecho, es más fácil ejercitar la memoria para recordar una o varias historias que inventar un alfabeto o forma de escritura. Y eso es la escritura, no un don sino un invento humano. Además, era más seguro guardarlo en la memoria entrenada de personas elegidas que escribirlos en algún medio que requería una cuidadosa técnica de preparación, preservación y copiado. 

En cuanto a escritos más antiguos encontrados, datan de más de 5.000 años, y se lo atribuyen a los sumerios de Mesopotamia. Están escritos en caracteres ideográficos, un tipo de escritura muy ambigua. La forma de expresión más antigua y extensa conocida aunque no puede considerarse técnicamente un tipo de escritura, es la del arte rupestre y mueble. (Ver: Pinturas rupestres y sus enigmas)

 

            Caballos, uros y rinocerontes de Chauvet y león de apariencia humana de la gruta de Hohlenstein-Stadel, Alemania.

                          Fuente: National Geographic

Algunos signos indescifrables muy antiguos aparecidos junto a estas figuras de animales dibujadas y pintadas encontradas en cuevas y rocas en varias partes de la tierra, especialmente en Europa, Africa y Norteamérica, quizá sean los primeros pasos en el desarrollo de la escritura del tipo pictográfico, un tipo de escritura que podía dibujar lo que quería decir al combinar varias figuras. Quizá ésta fuera la que Adán y Eva pudieron desarrollar, pero obviamente era un tipo de comunicación muy incompleta. Para representar las ideas o verbos de significación abstracta se desarrolló la escritura ideográfica. En esta se combinan varios pictogramas en una secuencia para representar lo que no se puede dibujar. Un tipo de escritura de este tipo que persiste hasta nuestros días es la china.

La escritura no fue nunca un don dado a la humanidad en la creación, como suponen los creyentes legos. De hecho, no fue fácil desarrollar una forma de escritura. Las pruebas arqueológicas revelan que a través del tiempo un mismo tipo de escritura según cada lengua fue perfeccionándose a medida que se le agregaban más figuras y se inventaban nuevas claves para ampliar el vocabulario escrito. Con el tiempo, distintos adelantos de diferentes pueblos se combinaron. Pero las tribus nómadas y las comarcas campesinas siempre fueron iletradas. Es sumamente difícil transmitir este código en una sociedad que no estuviera altamente organizada. Responsabilizar a los padres en la transmisión de la enseñanza de las artes letradas a sus hijos además de efectuar las tareas comunes de la subsistencia, era obviamente un imposible. En todo caso, solamente podían enseñarle algunas pocas palabras. Sin un sistema organizado y donde convivan muchas personas, como en grandes ciudades, es prácticamente imposible que los niños aprendan a leer y escribir. Además, esta actividad no era considerara esencial para la vida, porque básicamente no había nada que leer y menos escribir. Por eso, debía resultar imprescindible el uso del lenguaje escrito para realizar algún tipo de esfuerzo dirigido a su transmisión. Los pueblos de la antigüedad, en vez de escribir, tallaban dibujos y enormes tapices para transmitir sus sentimientos y creencias. En tiempos pasados, solamente grupos muy reducidos, tales como sacerdotes y escribas sabían leer y escribir. Los escritos más antiguos conocidos corresponden a los sumerios, y era cuneiforme. Evidentemente, la escritura fue un invento humano, originado por la necesidad de computar datos económicos, botines de guerra, esclavos, impuestos y cosas por el estilo.

La religión, además de la política, fue un centro cultural que desarrolló también la escritura. Por ejemplo, según los creyentes afirman que Moisés hace 3.500 años recopiló y escribió diversas partes del Pentateuco. No obstante, la fuente para el libro de Génesis con seguridad provino de distintos cuentos orales y no de escritos o libritos anteriores. Pero, sea como fuere, durante la época de los reyes, es muy probable que ya existían escritos religiosos para uso legal. Otros pueblos no israelitas, como los babilonios hace 3.700 años por ejemplo, poseían el código de Hamurabi. Su preservación requirió de sucesivas generaciones de especialistas en escritura en un ambiente donde la mayoría no sabía leer ni escribir. Con el tiempo la escritura se fue perfeccionando. Esdras hace 2.500 años volvió a unir todos los retazos que quedaron y escribió nuevos libros, agregando libros de profetas y de reyes. Sin embargo, hace 2.000 años eran pocos los que podían tener estas habilidades literarias. Por ejemplo, Jesús fue hijo de un carpintero, y los evangelios muestran que los escribas se maravillaban de donde sacó esa erudición. La gente común, como las que llegaron a ser discípulos de Jesús, era, además de procedencia vulgar, iletrada. Esto muestra que aún hasta los pobladores de ciudades durante el primer siglo de nuestra era, vivían prácticamente sin conocer de letras, por lo que muchos no sabían leer ni escribir. A lo sumo conocían unas pocas palabras o números necesarios para realizar sus labores. En realidad, la pericia en la lectura y escritura obedecen a distintas necesidades, y cualquier desarrollo de la misma llega hasta el nivel necesario para satisfacerla. Inclusive, hoy día, en países sin analfabetos, donde las personas saben leer y escribir, la mayoría de la gente posee un vocabulario hablado muy reducido y para ponerlo por escrito se les reduce todavía aún más. Esto es porque nadie de esas personas escriben, a menos que fuera necesario transmitir un mensaje por un fax o una carta a un pariente. Son muy pocas las personas que se desarrollan lo suficiente como para obtener una cultura lingüística amplia adquirida de libros afines a su interés y contribuir a poner por escrito sus hallazgos e ideas para la ampliación del conocimiento. La mayoría vive con lo imprescindible, no solamente en sentido material sino intelectual. No existen intereses intelectuales, la aventura por el conocimiento por lo que éste representa se deja para los considerados profesionales, creyéndose todos unos incapaces crónicos. Para los profesionales es esencial saber transmitir los conocimientos, y los avances en la tecnología y el campo de las destrezas humanas requiere asentar dichos conocimientos en libros especializados. El resto de la gente no ve necesario esforzarse por incrementar su capacidad de lectura y escritura, porque no tiene relación con sus necesidades diarias ni de futuro. Solamente muy pocas personas desarrollan el gusto por la información escrita y son relativamente pocos los que ponen por escrito sus ideas y experiencias. Demás está por decir que la capacidad de comunicación está íntimamente asociada a las destrezas literarias. Las personas con escasa capacidad de lectura y escritura pertenecen al grupo de individuos de menor amplitud de intercambio de pensamientos. Esto no quiere decir que sean poco comunicativos, sino que su caudal de expresión es sumamente restringido,  abarcando generalmente unas pocas áreas de las experiencias de la vida, tales como el juego, las relaciones sexuales, el comer y beber y la crianza de los hijos.

             La Biblia menciona que los descendientes de Caín se especializaron en distintas ramas de actividades humanas. Algunos se dedicaron a la construcción de tiendas, posiblemente el hilado o tejido y la ganadería, otros se dedicaron a la fabricación de instrumentos musicales y a su ejecución, y otros se dedicaron a la metalurgia, entre ellas al forjado de toda clase de herramientas de hierro y cobre. Sin embargo no tenemos escritos relacionadas a sus actividades específicas, desarrolladas hace unos 5.000 años, pero si tenemos innumerables cantidad de objetos artísticos y cotidianos de esa época, entre los que se destacan esculturas y objetos relacionados con rituales religiosos a lo que se le denomina arte mueble. También sabemos según los registros arqueológicos que miles de años antes, hace unos 7.000 años, en el oeste de Asia al sur de Mesopotamia, cercana a la posterior ubicación de Babilonia, se ubicaron los primeros asentamientos humanos. Sin embargo, los más antiguos asentamientos humanos hasta ahora se han encontrado al norte de Mesopotamia, fechados en 11.000 años, como lo menciona una enciclopedia:

 Los vestigios artísticos y arquitectónicos más antiguos conocidos hasta la fecha proceden del norte de Mesopotamia, del asentamiento proto-neolítico de Qermez Dere en las colinas de Jebel Sinjar. Niveles arqueológicos fechados en el noveno milenio a.C.(hace 11.000 años) han revelado que existieron cabañas de planta circular, con uno o dos pilares de piedra enlucidos en yeso. Además, cuando se abandonaron estas construcciones, se colocaron sobre el suelo calaveras humanas, hecho que indica alguna práctica ritual.

Los periodos neolítico y calcolítico del arte mesopotámico (c. 7000 a.C.-c. 3500 a.C.), anteriores a la aparición definitiva de la escritura, se designan por el nombre de sus yacimientos arqueológicos: Hassuna, en el norte, es una localidad donde se han hallado algunas viviendas y cerámica pintada; Samarra, cuyos diseños cerámicos abstractos y figurativos parece que tuvieron significado religioso, y Tell Halaf, lugar en el que se realizó cerámica decorada y estatuillas de mujeres sedentes que se interpretan como diosas de la fertilidad. En el sur los primeros periodos reciben las denominaciones de El-Obeid (c. 5500-c. 4000 a.C.) y antiguo y medio Uruk (c. 4000-c. 3500 a.C.). La cultura de El Obeid se caracteriza por su cerámica brillante decorada en negro encontrada en dicha localidad, aunque existen otros ejemplos posteriores en Ur, Uruk y Eridú. Uno de los rasgos principales de la larga secuencia de niveles arqueológicos descubiertos en Eridú es la existencia de un pequeño santuario cuadrado (c. 5500 a.C.) reconstruido con una hornacina que pudo alojar la estatua de culto, delante de un altar ritual. Los templos superpuestos posteriormente son más complejos, presentando una cella central o verdadero santuario rodeado por pequeñas habitaciones con pórticos. El exterior estaba decorado con hornacinas y contrafuertes, elementos típicos de los templos mesopotámicos. En cuanto a la escultura en barro del periodo de El Obeid, se conservan la figura de un hombre de Eridú y de una mujer sujetando un niño en Ur.[1]

  Siglos después de los primeros asentamientos al sur de Mesopotamia, según las investigaciones arqueológicas disponibles en la actualidad, hubo infiltraciones procedente de los desiertos de Siria y Arabia de otros grupos humanos que hablaban el acadio. El acadio era una lengua que contenía unos 600 signos para representar palabras y sílabas, su sistema fonético constaba de veinte consonantes y ocho vocales. Distinguía tres casos-nominativo, acusativo y genitivo-y los dos géneros se identificaban por medio de sufijos. Su estilo de escritura fue jeroglífica y es la lengua escrita más antigua que se conoce. Más tarde, hace 5.250 años, nuevos inmigrantes provenientes posiblemente del norte de Mesopotamia se asentaron en esta región. Hablaban una lengua aglutinante sin relación aparente con ningún otro idioma conocido, dados en llamar sumerios. Su lengua constaba de 15 consonantes y 6 vocales. Posteriormente, desde hace 4500 años hasta 4200 años aparece el sumerio clásico, y finalmente desde los 4.200 años hasta hace 4.000 años el sumerio nuevo, al que podríamos catalogar como "postdiluviano" para aquellos creyentes en este cataclismo según la cronología por ellos aceptada. 

Otros pueblos de la antigüedad geográficamente cercanos a la región mesopotámica también se dedicaron a distintas especialidades sobre las que poseemos registros. Por ejemplo, los asentamientos más tempranos de los territorios sidonios datan de hace unos 4.500 años. Los sidonios o fenicios fueron los que trabajaron el vidrio, los textiles con su famoso tinte púrpura y la metalúrgica. Pero la contribución más importante fue el alfabeto, aunque todavía no se había alcanzado la distinción entre las vocales y las consonantes de la escritura. Pero fue un avance fundamental, porque a partir de allí, otras culturas, como la griega, incorporaron luego sobre ese primitivo alfabeto, las vocales como letras separadas, contribuyendo enormemente a la simplificación del lenguaje escrito. El alfabeto español, tal como se puede apreciar en la imagen de la izquierda, tiene sus raíces en los más antiguos desarrollos de tiempos antiquísimos. En los orígenes de la cultura babilónica, una de las primeras después del supuesto diluvio de la Biblia, el tipo de escritura de característica ideográfica adoptó la forma cuneiforme-por la manera de grabar en forma de cuña-, desarrollada por lo sumerios. Los registros más antiguos de este tipo de escritura conocida datan, tal como vimos, de más de 5.000 años, es decir, "antediluviana". La de los egipcios también era del tipo ideográfica, conocida como jeroglífica, existiendo registros de asentamientos "antediluvianos", de donde nos ha provenido su forma de escritura de hace unos 5.200 años con el jeroglífico más antiguo conocido.

     

                        Cuneiforme mesopotámica y jeroglífico egipcio. (Fuente: 6. Idem para tabla de alfabetos más arriba)

Todos estos datos permiten comprender que las lenguas que originaron los disntintos tipos de escritura ya existían muchos siglos antes de la fecha que la Biblia propone para el nacimiento de las distintas lenguas, hace 4.260 años. De hecho, como lenguas debieron existir antes aún del aparecimiento del esfuerzo por escribirla, necesidad que habría comenzado para el tiempo en que comenzaban a formarse las primeras ciudades o imperios de importancia. 

Es interesante mencionar que hay registros de asentamientos humanos datados en 9.000 años en la zona de Egipto, sin embargo la aparición de la escritura a un nivel más amplio viene acompañada del primer establecimiento político de importancia, hace unos 4700 años durante la III dinastía. Para el 2680 a.C. Snefru, el primer faraón de la IV dinastía nos deja un legado de abundantes documentos. Su hijo Keops fue el constructor de la gran pirámide que lleva su nombre, Redjedef, su hijo, introdujo el culto al sol con el nombre de Ra, un hermano suyo le sucedió en el trono, Kefren, responsable de la construcción del complejo funerario en Gizeh. Mikerios, otro miembro de la dinastía construyó la más pequeña de las pirámides de Gizeh. Durante esta época de esplendor-antediluviana según la cronología bíblica-se desarrollaron numerosos ámbitos del conocimiento, como la arquitectura, la escultura, la pintura, navegación, artes menores y astronomía. Los astrónomos de Menfis establecieron un calendario de 365 días. También se destaco durante el Imperio Antiguo la medicina, donde los médicos mostraron un extraordinario conocimiento de fisiología, cirugía, el sistema circulatorio humano y el uso de antisépticos. Las grandes construcciones, como la Pirámide de Keops  y de Kefrén  así como la Gran Esfinge ya estaban terminadas unos 250 años antes de la fecha que la Biblia da para el diluvio universal.

        

No obstante, no hemos hallado escritos originales de esos textos de instrucción del Imperio Antiguo, salvo en copias posteriores pertenecientes al Imperio Medio en adelante, pero si existen numerosos documentos escritos funerarios que proclaman  himnos a los dioses y componen rituales de ofrendas cotidianas, y muchas inscripciones autobiográficas en las tumbas privadas que recuerdan la participación del difunto en acontecimientos históricos. De modo que tenemos registros de distintas formas de escrituras antes del diluvio, una la de los sumerios como ya vimos y la otra de los egipcios. No obstante, toda forma de expresión anterior a los 5.300 años consta únicamente de dibujos y pinturas. Los escritos más antiguos que disponemos comienzan en la forma de ideogramas a partir de esa fecha, concentrándose principalmente en aspectos religiosos, tales como himnos y descripciones sagradas. En el continente americano, aunque existieron varios grandes grupos o pueblos con distintos grados de civilidad, solo hubo una que desarrolló la escritura, encontrándose en los jeroglíficos mayas. La civilización maya ha demostrado el dominio sobre muchos campos del conocimiento, pero sus escritos no documentan tales hallazgos, más bien se concentran en la mitología, historia y rituales los cuales están grabados y pintados en estelas, dinteles, escalinatas y restos monumentales. Algo llamativo es que también inventaron el códice, fabricado en papel amate y pergaminos de piel de animales, existiendo tres de estos códices en distintos museos del mundo. El resto se puede develar en parte a través de sus logros, como el calendario maya y su organización ligada profusamente a la religión, como casi todas las civilizaciones humanas. Sin embargo, sus comienzos datan a lo sumo de alrededor de hace unos 3.500 años en adelante.

Con respecto a los registros escritos más antiguos que conocemos, muchos devotos de la Biblia aseguran que sus fechamientos son erróneos. ¿En que se basan? En el registro de la Biblia, el cual consideran inspirado por Dios y donde dice que recién las lenguas diferentes se formaron a partir del año 2260 a.E.C. en las llanuras de Sinar. Esto determina que no pueden existir, según la Biblia, ni lenguas ni escrituras diferentes anterior a los 4260 años. Tampoco aceptan un desarrollo progresivo del lenguaje y de la escritura. Aseguran, recostándose en algunos comentarios hechos por diversos estudiosos de hace muchas décadas y del siglo pasado, que el habla antigua y su escritura eran más complejas por exquisitas que las actuales, es decir, eran más cercanas a la perfección. Sin embargo, este enfoque visto de manera aislada de su contexto pretende señalar que el hombre en sus comienzos de civilización era más elaborado y elevado que el actual en su forma de hablar y escribir debido a que se encontraba más cerca de la supuesta perfección. Sin embargo este concepto es totalmente equivocado, porque las complejidades de las escrituras antiguas refleja principalmente una necesidad de cambio evolutivo hacia la simplificación debido principalmente al desarrollo en el campo del conocimiento y la amplitud del lenguaje. A medida que el lenguaje se hacía más rico por el aumento en el conocimiento a través de progresivas experiencias, la escritura original se complicaba para poder poner por escrito dicho saber. Llegaban momentos en que la escritura se complicaba tanto que solamente los pueblos capaces de modificarla o simplificarla pudieron seguir progresando al resultar más accesible a mayor cantidad de personas. Si hoy día tuviéramos que escribir una enciclopedia en jeroglíficos o cuñas mesopotámicas para la transmisión del saber humano, habría sido no solo un logro extremo de la escritura para su actualización sino un documento imposible de abarcar e indescifrable para la mayoría de la gente, asemejándose el atraso que significa una forma de escritura muy similar en la actualidad, al antiguo chino con sus más de 43.000 caracteres y miles de combinaciones. De modo que sí tenemos la certeza de que el lenguaje y la escritura progresaron en eficiencia debido al desarrollo humano-aspecto de por más obvio si comparamos el conocimiento escrito en la actualidad en sus diversos campos con el escrito hace solo mil años atrás-y que las complejidades antiguas de las lenguas y estructuras gramaticales eran los reflejos de su propio desarrollo en el pasado que necesariamente tuvo que desaparecer para poder seguir progresando. Además, también tenemos la certeza de que existieron lenguas diferentes-documentadas por sus distintas formas de escritura-muchos siglos antes del año 2260 a.E.C.. Por lo menos conocemos tres, el acadio, sumerio y egipcio.

Los primeros escritos en abundancia sobre literatura general disponibles en la actualidad provienen de la cultura egipcia y babilónica. Aunque la egipcia se inicia desde el período más antiguo del registro humano, desde unos 4.700 años a unos 4.200 años, solo existen abundantes escritos de tipo funerario de esa época, apareciendo más adelante los del tipo instructivo y expandiéndose en cantidad a partir de la segunda dinastía, desde hace 4.050 años. La escritura utilizada se inició con la ideográfica para llegar a ser más adelante jeroglífica, la cual comprendió a su vez una serie de mejoras a lo largo del tiempo. También coexistió otra forma de escritura, la hierática, inventada para simplificar la escritura tan temprano como durante el Imperio Antiguo y que se escribia sobre papiro. Una enciclopedia explica de este modo la composición de esta forma de escritura:

Inscripciones jeroglíficas

Las inscripciones jeroglíficas egipcias contienen dos clases de símbolos: los ideogramas y los fonogramas. Los ideogramas representan, bien el objeto concreto que se graba, bien algo muy relacionado con él; por ejemplo, la figura de un sol puede significar 'sol' o 'día'; los fonogramas o símbolos fonéticos (véase Fonética) se emplean únicamente por su valor fonético y no tiene otra relación con la palabra que representa. El principio en el que se asienta un jeroglífico consiste en que la figura de un objeto sirve para representar no sólo el objeto, sino también una palabra que contenga su nombre, aunque signifique otra cosa; así se consigue escribir nombres propios, ideas abstractas y elementos gramaticales que por sí mismos no tendrían representación gráfica. Los fonogramas debieron representar una consonante, o una combinación de dos o tres, en un orden determinado, mientras que las vocales no se representaban. Un signo podía servir de ideograma de una palabra y de fonograma de otra. Muchas palabras se escribieron gracias a una combinación de signos fonéticos e ideográficos; la figura del suelo de una casa significa 'casa', pero el mismo signo seguido de un complemento fonético y la figura de unas piernas que andan, se usaba para escribir un verbo homófono que significaba 'salir'. Los ideogramas escritos al final de una palabra indicaban la categoría a la que pertenece la palabra, y se les ha llamado determinativos porque así se fijaba su significado (que no siempre se aclaraba dentro del contexto). La representación de un rollo de papiro, usada con valor determinativo, indica que se trata de un significado abstracto.

Disposición de las inscripciones jeroglíficas

Las inscripciones podían realizarse vertical y horizontalmente y, por lo general, se escribía de derecha a izquierda. La dirección se fijaba por un signo aislado que se colocaba al comienzo. Las inscripciones se componían de nombres, verbos, preposiciones y las demás partes de la oración que seguían el orden de las reglas gramaticales. Las palabras que se escribían con signos aislados se agrupaban y se evitaban los espacios en blanco. Las que se referían al rey y a los dioses se desplazaban y se colocaban aparte. Los dos nombres que habitualmente designaban al rey se inscribían dentro de unas cartelas o anillos reales, que eran representaciones estilizadas de lazadas de cuerda doble cuyos extremos se anudaban en la parte de abajo.

Desarrollo de las formas cursivas

Los egipcios utilizaron la escritura jeroglífica desde que establecieron el sistema, en torno al 3000 a.C., hasta la época del Imperio romano; las últimas inscripciones están fechadas en el año 394. El número de signos, así como su forma, permaneció prácticamente constante hasta el periodo grecorromano (332 a.C.), cuando aumentó mucho el número de signos utilizados. Junto a ello, incluso en los tiempos del Imperio Antiguo, habían creado otra forma de escritura, la hierática, más rápida, que, dado el volumen de los escritos, sustituía la formas jeroglíficas y se hacía con una especie de lápices de punta roma que se mojaban en un tinte; se escribía sobre papiro. Los griegos la llamaron hierática (en griego, 'sacerdotal') porque en el siglo VII a.C. estuvo limitada a los textos sagrados. Cuando se empleó para otros textos y bajo una forma más ligada se la llamó demótica (en griego, 'popular'). No obstante, la grafía jeroglífica, a pesar de ser más elaborada que la demótica o la hierática, se siguió grabando en las inscripciones de los monumentos con fines ornamentales y testimoniales. Fue su carácter figurativo y ornamental lo que impulsó a los egipcios a considerarla como parte de la decoración de sus obras arquitectónicas.[2]

 

La literatura egipcia trata sobre diversos temas, sobresaliendo el religioso, aunque contiene bastante del seglar. Los escritos egipcios más antiguos que se conservan son textos que corresponden a inscripciones funerarias. La literatura secular, casi toda posterior, incluye historias, instructiva, poemas, biografía, registros históricos y tratados científicos, entre los que se incluyen textos matemáticos y médicos. Posiblemente alguna literatura del tipo instructiva, como La Instrucción del Visir Ptahhotep correspondientes a períodos posteriores-imperio medio-probablemente son copias de los originales "antediluvianos". Está compuesto por máximas que ilustran virtudes básicas-como moderación, sinceridad y bondad-que deben regir las relaciones humanas y describen a la persona ideal como un administrador justo. La babilónica, en especial a partir de hace unos 4.000 años, también trata sobre diversos temas, donde se consideran asuntos científicos de la época, económicos, administrativos-sobre todo cartas-y legales, entre los cuales incluye uno de los más sobresalientes, el código de Hammurabi. Además, la literatura babilónica constaba de una amplia diversidad de géneros puramente literarios, entre los que figuran la épica, la mitología, las crónicas históricas, los anales reales; los romances poéticos, himnos, plegarias, conjuros y rituales, textos sobre magia y adivinación, colecciones de proverbios y preceptos, debates fantásticos entre árboles, animales y narraciones poéticas que abordan el problema de la miseria humana. Mientras muchos de los géneros literarios están escritos en el dialecto babilónico de la parte sur de Mesopotamia, otros, tales como administrativos, económicos, legales y científicos, así como los oráculos y rituales, aparecen escritos en el dialecto asirio del norte. Se destacó principalmente en el ámbito religioso y sus conocimientos científicos estaban muy relacionados con la astronomía, ciencia que era muy utilizada como astrología, una forma religiosa de predicciones, siendo ésta una de las más antiguas conocidas.

 

La escritura y la civilización

Un aspecto muy ligado a la escritura es la civilización. Se define Civilización al estado avanzado de una sociedad que posee una unidad histórica y cultural.[3]   Cuando un grupo grande de humanos con creencias, ideas y conocimientos se asocian para formar una organización compleja y alcanzan logros importantes se dice que es un conjunto civilizado. Toda civilización se desarrolló en torno a ciudades. Las tribus, aldeas o pueblos no constituyen de por sí una civilización, a lo sumo son sociedades sencillas de logros reducidos. Los desarrollos urbanos y ciudadanos complejos siempre están ligados con una civilización.Y las civilizaciones más destacadas siempre desarrollaron algún sistema de expresión visual y escritura o sistema de extensión de la memoria. La clasificación dada por los historiadores a veces encuentra dificultades pero está bastante bien definida en líneas generales.

Clasificación

Los historiadores han encontrado dificultades para delimitar una determinada sociedad y clasificarla como civilización. Utilizan el término civilización para referirse a un número de sociedades pasadas y presentes que manifiestan modelos históricos, culturales y técnicos característicos. Algunas de estas civilizaciones son la de Extremo Oriente, que surgió en China hacia el 2200 a.C. y se extendió hacia Japón hacia el 600 d.C.; la que surgió en la India hacia el 1500 a.C.; la egipcia, hacia el 3000 a.C.; la sumeria, hacia el 4000 a.C., seguida de la babilónica, hacia el 1700 a.C.; la minoica, hacia el 2000 a.C.; la semita, hacia el 1500 a.C.; la olmeca hacia el 1500 a.C.; la grecorromana, hacia el 1100 a.C.; la bizantina, que surgió en el siglo IV d.C.; la islámica, siglo VIII d.C.; las civilizaciones incaica y azteca, que surgieron hacia el siglo XIV d.C., y la occidental, que surgió en Europa occidental a principios de la edad media y que engloba a las sociedades que se han desarrollado en el continente americano a partir del siglo XVI.[4]

El aspecto más destacado de las civilizaciones no era la asociación voluntaria de los individuos que la componían, sino de su sometimiento-la mayor parte de sus integrantes-voluntario o no al control jerárquico conformado por grupos de los más capaces o fuertes, y de los aportes que los más sabios brindaban para la estructura organizativa de cualquier civilización. Para poder funcionar, un grupo más reducido debía imponer el orden, la obediencia, el temor y los premios y castigos. La religión fue al comienzo, pero luego su resultante posterior, la jurisprudencia, fue uno de sus más destacados logros. La asociación de religión y justicia fue por milenios la guía moral de los pueblos. El código de Hamurabi es un notable documento que fue confeccionado hace unos 3780 años en donde se revela un severo sistema de justicia, característico de los pueblos mesopotámicos. No obstante, lo sumerios ya habían sentado las bases de muchos de estos conceptos jurídicos descubiertos en antiquísimos documentos jeroglíficos.

La importancia de la aritmética      

Toda civilización ha constado de poderes de organización, mandos supremos, poderes militares, poderes religiosos, subordinación y diferenciación de los distintos grupos de individuos que la componen en las cuales se les asignan distintas responsabilidades y privilegios, todos estructurados de una manera que permitiera la superación y el bienestar general imposibles de conseguir de manera aislada o sin la presencia de una firme autoridad. Estas condiciones permitieron el desarrollo de la escritura, y a su vez, la capacidad de la escritura demuestra el alto grado de inteligencia desarrolladas por éstas, lo que permite comprender que ambas solamente pueden coexistir conjuntamente. Sin embargo, a falta de una inteligencia primaria suficiente, ninguna civilización se hubiera desarrollado.

            El hecho de que la civilización más antigua conocida tiene casi 6.000 años de antigüedad permite comprender que este salto abrupto de un mundo carente de logros civilizados de importancia a uno claramente más avanzado indica inequívocamente la aparición súbita de una especie humana superior a todas las otras que ya existían durante miles de años antes de su aparición. Todas las expresiones anteriores realizadas por seres inteligentes se circunscribió al arte rupestre y mueble, siendo una de las características de la civilización la comprensión y el uso de la aritmética como recurso necesario para interpretar y modificar o alterar el mundo que lo rodeaba.

            No todas las civilizaciones desarrollaron una escritura práctica. Obviamente debió existir primero una lengua amplia y uniforme hablada por muchas personas. La Biblia menciona que Adán les ponía nombre a los animales(Génesis 2:20). Una cosa es segura: jamás pudo haberles puesto el nombre a todas las especies, porque hubiera requerido un sistema de escritura. La memoria, por más perfecta que fuera, (ver: Memoria) no habría podido nombrar y recordar a decenas de miles de especies. No existían papeles, ni archivos, ni lapiceras, ni birome, ni lápices, ni discos rígidos para almacenar datos. Por ello, la mención de poner nombre 'a todos los animales' (Gen.2:19) es otra teoría religiosa cuya realidad a lo sumo se habría reducido a unos cuantos animales, tanto terrestres o voladores, circunscriptos hasta donde podían llegar para conocer a los que vivían en el pequeño hábitat y los alrededores por donde se movían.

            Con el paso del tiempo, a medida que los hombres eran muchos, probablemente habrían necesitado algún tipo de registro para recordar algunas cifras, fechas, nombres, o cualesquier tipo de datos importantes. Desarrollar un sistema de escritura era necesario para:

 

En la medida que el conocimiento aumentaba, habría nuevas palabras, y cuanto más  

 

se ampliara tanto más necesario era un sistema práctico de escritura. Pero el camino de la escritura no fue fácil. Por ejemplo, en el caso de los egipcios, su sistema de escritura era muy complicado.  Para escribir números disponían de un engorroso sistema aritmético con signos que representaban cantidades, tal como se puede ver el imagen de la derecha. Para  escribir el número 273.025,   debían realizar el siguiente dibujo representado en la figura de la izquierda arriba. Sin embargo, si tenían que escribir el número 897, la grafía adoptaba la siguiente forma de la figura de la derecha arriba. Imagínese lo complicado que sería realizar operaciones aritméticas modernas mediante el uso de estos sistemas de escritura. (Fuente: 6)

El sistema aritmético egipcio una vez perfeccionado no sufrió ningún tipo de mejora por siglos, pues los egipcios, más que interesados en las teorías científicas o la filosofía, estaban concentrados en resolver principalmente los problemas prácticos de la vida cotidiana, y una vez que su sistema se lo permitía, no veían ninguna necesidad de simplificarlo o mejorarlo. En cuanto al lenguaje, los primeros signos fueron simples reproducciones de objetos materiales. Si necesitaba escribir ‘pescado’, sencillamente dibujaba una figura simple de pescado, la palabra ‘sol’ era un círculo nada más, y podía representar también la idea de luz o calor. Con el tiempo se llegó a una forma más avanzada en la cual los dibujos representaban los sonidos emitidos al pronunciar la palabra. De esa manera, el círculo por ejemplo, era la expresión gráfica del sonido Ra, nombre del dios sol. Un mismo signo puede significar un objeto, una idea o un sonido. Agregándole con el tiempo signos fonéticos a medida que aparecían nuevas voces, los egipcios desarrollaron un amplio lenguaje escrito, conocido como jeroglíficos.  

                                     

                                                          Ejemplo de escritura egipcia (Fuente: 6)

Lo mismo ocurría con la escritura mesopotámica. Por ejemplo a continuación se presenta una breve reseña de la historia de los números donde aparece la forma hebrea y la romana. En el caso de la hebrea cuadrática, posterior a la más antigua estilo fenicia, se puede apreciar que cada letra del abecedario además de ser usada para escribir y transmitir palabras y pensamientos también se la utilizaba para representar números. Estaba subdividido en tres partes: unidades, decenas y centenas. Es como si nuestro abecedario español fuera usado de manera semejante. Si la "c" equivale a 3 y la "k" a 20, para escribir 23 pondríamos "ka". Sin duda, un engorroso sistema nada sublime ni perfecto como el actual. Los números romanos son más conocidos debido a que todavía se usan en distintos lugares, como para indicar la hora en los relojes, los capítulos de los libros, los siglos, etc. No obstante, todos, incluidos el hebreo, demuestran una condición más atrasada no más adelantada a la perfección.

 

Un detalle interesante de estos primeros desarrollos-ya bien avanzados-de la escritura humana, era que sus signos no constituían un alfabeto propiamente dicho, porque no incluían las vocales como sonidos separados. Unos de los primeros sistemas de escritura que alcanzó a separar las vocales de las consonantes fue el idioma griego, hace 2.800 años, basado o inspirado en la escritura sumeria de los fenicios. Hasta entonces el lector vocalizaba los sonidos de las palabras escritas según un patrón o código establecido por cualquiera de las distintas lenguas. Así es como los progresos de la escritura primitiva fue ascender de ideográficos a silábicos antes de llegar a los alfabéticos. Una enciclopedia lo explica de la siguiente manera:

 Sistemas ideográficos o morfemáticos

Se caracterizan porque sus signos, que se llaman ideogramas, representan palabras completas. En algunas ocasiones los signos representan toda una serie de palabras derivadas, y en otras un solo signo representa varias palabras separadas y distintas. En un sistema ideográfico puro estas ambigüedades quedan sin resolver. Sin embargo, para resolverlas existen unos signos determinados que aseguran la lectura correcta. Esos signos se usan como indicadores fonéticos y semánticos, y se suelen llamar complementos fonéticos y determinativos. Los determinativos son los que indican la clase o la categoría gramatical a la que pertenece la palabra que representa el ideograma. Los determinativos son también ideogramas, pero no se leen, sino que sirven para expresar una clase semántica, como dioses, países, pájaros, peces, verbos de acción, verbos que significan proceso, objetos de madera, de piedra, y así sucesivamente. Los complementos fonéticos tienen un uso parecido, pero muestran de forma más específica cómo se pronuncia toda o parte de la palabra que representa el ideograma. Por ejemplo, dentro de la escritura del español, el ideograma 2 se lee dos. Sin embargo, cuando se escribe el ordinal, hay que añadir el complemento fonético o y el ideograma más el complemento 2.º, se lee segundo, si el complemento fonético se combina con el determinativo que expresa femenino ª, el logograma se transforma en 2.ª y se lee segunda. En este ejemplo se emplean los signos con una finalidad fonética (y no ideográfica). En otras palabras, el signo º funciona no para traer a la mente una idea y la palabra con la que se asocie, sino que trae a la mente un sonido que forma parte de la palabra representada por el ideograma completo. Los indicadores fonéticos surgen a partir de unos ideogramas que tuvieron el mismo significado que el sonido que representan. A este procedimiento se le llama transferencia fonética. Los indicadores fonéticos tampoco se leen, sólo sirven para facilitar la lectura de los ideogramas básicos.

Se ha visto hasta aquí un sistema en el que los elementos de una lengua se representan únicamente por medio de los ideogramas. Ahora bien, esta escritura resulta adecuada para muchos nombres y verbos simples y primitivos, pero no para los adjetivos y los adverbios que suelen ser palabras derivadas, ni tampoco para los pronombres o los nombres propios, y mucho menos puede representar los matices que añaden las terminaciones de caso o de la conjugación verbal. Por lo tanto, según lo que se definió anteriormente, no es un sistema de escritura completo ya que no transcribe todo lo que expresa su lengua. En resumen, si no cumple con este requisito, un sistema ideográfico no será completo, por mucho uso que haga de los indicadores semánticos y fonéticos.

Sistemas silábicos

 Para superar las deficiencias de la escritura ideográfica, se empleaba el principio de transferencia fonética. Cuando se utilizan signos que representan sonidos, sílabas en este caso, se pueden escribir todas las palabras que no era posible hacerlo con la escritura ideográfica. Además, cuando se añaden los signos silábicos a las raíces, es posible representar morfemas, es decir las terminaciones de caso o las de la conjugación verbal. Hay que destacar que deben leerse e interpretarse porque son elementos de la lengua escrita, frente a los indicadores fonéticos.

Un sistema mixto, el ideosilábico, es el primer paso para uno completo. Una vez alcanzada la capacidad para expresarlo todo, el problema se plantea ante la disyuntiva de reducir la ambigüedad o hacer más económico el sistema de escritura (número de signos necesarios para escribir cualquier realización). El problema reside en que se requiere un elevado número de signos, porque el número de palabras que tiene una lengua es también elevado. El segundo paso consiste en reducir el número de signos imprescindibles y eso se puede conseguir si se agrupan en uno sólo todas las palabras de significado parecido, o en emplear el mismo signo para palabras distintas, pero aun así, este sistema necesita unos quinientos o seiscientos signos. Además, la ambigüedad es mucha, a menos que se empleen indicadores, lo que significa sacrificar su ventaja principal, que consiste en tener menos signos por cada realización. Por otro lado, el número de signos que precisa un sistema silábico puro pocas veces supera los doscientos. Frente a la escritura ideográfica, la silábica ofrece una ventaja adicional, no hay que interpretarla puesto que las palabras se escriben sin ambigüedad fonética. La desventaja consiste en que de promedio, el sistema necesita más signos para escribir cada realización. En su forma más sencilla, un sistema silábico está formado por signos de vocal más consonante y signos para las vocales aisladas.

El siguiente paso consiste en reducir la lista de sílabas a signos que representen sólo consonante más vocal, sin diferenciar las vocales. Así se equipara el número de signos al número de sonidos consonánticos de la lengua, pero se aumenta la ambigüedad, porque el lector debe suplir el sonido vocálico correcto. Dado que se trata de escribir sílabas, los signos necesarios para escribir cada realización son tantos como los de la escritura silábica pura, que además expresa cada una de las vocales. El sistema silábico reducido necesita muchos menos signos y cada uno puede ser más sencillo. Sin embargo, mucha gente considera que esta forma de escribir es un sistema alfabético, o más adecuadamente semialfabético, puesto que no indica cada fonema aislado.

Sistemas alfabéticos

El último paso hacia una escritura completamente alfabética consiste en escribir por separado los sonidos vocálicos de los consonánticos, lo que precisa de unos cuantos signos más, pero elimina la ambigüedad de tener que suplir las vocales al leer. Por tanto hay más signos para escribir cada realización, aunque el sistema completo necesite menos signos y más sencillos. Puesto que cada uno representa un fonema, la palabra así escrita es su transcripción fonética y no hay que sustituir ningún sonido al leerla.

Estos sistemas trazan la teoría y los procedimientos de escritura, pero hoy por hoy no existen sistemas de escritura que sean una forma pura. Existen elementos de uno y otro tipo incorporados a alguna de las formas que conocemos; un ejemplo de ello es el número de logogramas que son necesarios en los modernos sistemas alfabéticos.

Historia de la escritura

Los sistemas de escritura tienden a ser conservadores, incluso no faltó en sus orígenes la atribución de ser un regalo de los dioses. Todo cambio o modificación ortográfica plantea grandes dudas, e incluso en los congresos de lingüistas que se plantean la necesidad de reformar la ortografía para eliminar pequeñas incoherencias, existen grandes resistencias para llevarlo a cabo, y es difícil llegar a acuerdos y compromisos. Dado este grado de conservadurismo, la sustitución o las mayores innovaciones de la escritura sólo tienen lugar cuando un pueblo se la presta a otro porque lo domina o lo coloniza. Por ejemplo, los acadios adaptaron a su propia escritura la parte silábica del sistema sumerio que era ideosilábico; no obstante mantuvo sus propios ideogramas y los empleó como si fueran un sistema de taquigrafía (véase Lengua sumeria). Cuando los hititas adoptaron el sistema acadio, eliminaron los signos silábicos ambiguos, es decir, los homofonémicos o sus contrarios, polifonémicos, así como también muchos ideogramas sumerios, pero conservaron la ortografía silábica de los acadios (véase Lengua hitita).

El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C. Como está escrito con caracteres ideográficos, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de transferencia fonética y se puede rastrear su historia hasta averiguar cómo se convirtió en escritura ideosilábica. En el caso de los egipcios se conocen escritos que proceden de unos cien años después y también testimonian el principio de transferencia fonética. Puede que la evolución de la escritura egipcia respondiera al estímulo de la sumeria. Casi a la vez, en Elam se desarrolló la llamada escritura protoelamita. Todavía no ha sido descifrada y no se puede decir gran cosa sobre ella excepto que es ideosilábica y el número de signos que tenía. Algo después, surgieron también sistemas ideosilábicos en el Egeo, Anatolia, el valle del Indo y China. Otros pueblos tomaron sus silabarios para escribir sus propias lenguas.

En la última mitad del segundo milenio antes de Cristo los pueblos semíticos que vivían en Siria y Palestina tomaron el silabario egipcio bajo la forma más sencilla y reducida (esto es, los signos de consonante más cualquier vocal), y abandonaron sus ideogramas y su silabario complejo. Este nuevo silabario estaba prácticamente hecho, porque los egipcios nunca escribieron vocales. El primer documento de escritura semialfabética se ha encontrado en las inscripciones conocidas por protosinaíticas, que están fechadas en torno al 1500 a.C. Otro sistema de escritura parecido data del 1300 a.C., y se ha encontrado en la costa norte de la actual Siria, en Ugarit, pero en este caso los caracteres de la escritura eran unas cuñas como las de la escritura cuneiforme de Mesopotamia. En toda la zona se escribía de forma parecida y fueron los griegos quienes tomaron su escritura de los fenicios. Dieron el último paso, pues separaron vocales de consonantes y las escribieron por separado; así se llegó a la escritura alfabética en torno al 800 a.C. Todavía no se ha alcanzado una escritura alfabética tal y como aquí se ha descrito al definirla como un sistema completo.[5]

 Clasificación actual de las lenguas

De esta manera se alcanzó un tipo de escritura mucho más práctica y mejor dotada para poner por escrito un mayor y abundante conocimiento humano, al mismo tiempo que el desarrollo de los números y la matemática posibilitó el enorme salto en el conocimiento humano. Sin embargo, no todos los pueblos desarrollaron sistemas de escritura parecidos. Actualmente las lenguas del mundo se subdividen en tres ramas principales, monosilábicas, aglutinantes y flexivas.

q       Monosilábicas. La palabra consta de una sola sílaba, y cada sílaba o palabra representa una idea. No tiene alfabeto, gramática, casos ni declinaciones. El valor de esas palabras, que es una raíz, depende del lugar que ocupa en la proposición gramatical. Carecen de prefijos y sufijos. Ejemplo de estas lenguas son el chino, annamita, siamés, birmano y tibetano. Los caracteres se escriben uno debajo del otro en líneas verticales y de derecha a izquierda. Pese a las diferentes pronunciaciones el lenguaje escrito es muy homogéneo.

q       Aglutinantes. Constan de varias sílabas, pero mientras la raíz permanece invariable representando la idea principal, se agregan prefijos o yuxtaponen sufijos. Son aglutinantes el japonés, coreano, turco, húngaro, guaraní, dravidas, africanas, etc.

q       Flexivas. Se componen de dos o más sílabas que pueden modificarse y combinarse con otras raíces. En ellas se agrupan las siguientes:

o       Semíticas; hebreo, sirio, árabe.

o       Camíticas; copto, bereber.

o       Arias o Indoeuropeas; indio, iranio, griego, italiano, español, francés, rumano, portugués, galés, escocés, irlandés, sueco, noruego, danés, inglés, holandés, alemán, ruso, búlgaro, croata, servio, polaco.

 

Actualmente la tendencia mundial de las lenguas es hacia una creciente expansión de las de flexión, un aislamiento e inmovilidad de las monosilábicas y una retirada de las lenguas aglutinantes producto del avance de la civilización. Por ejemplo, la máxima dificultad del idioma japonés estriba en su forma de escritura compuesto de un enorme número de sus signos. El alfabeto inglés tiene 26 letras y el español 28. Los japoneses se valen de 25 caracteres o ‘ideogramas’ básicos tomados del chino, pero necesitan una multitud de ideogramas para escribir. Un individuo corriente debe conocer unos 6.000 ideogramas para su vida corriente, los periódicos utilizan unos 8.000 y los hombres de mayor cultura emplean unos 28.000 ideogramas. Mientras el japonés hablado es relativamente fácil de aprender, el escrito es muy complicado y cuanto más ideas distintas debe transmitir se vuelve indescifrable, incluso para los mismos japoneses. El idioma chino tampoco no resulta demasiado difícil aprenderlo, pero la escritura china es realmente una carrera académica. Es casi impenetrable, pues  posee unos 42.000 caracteres gráficos diferentes. De allí que el título máximo al que se podía aspirar era el de profesor, que estaba por encima del de doctor. Conocer tantos ideogramas por separado para formar palabras según estuvieren ordenadas de una manera particular, es realmente una barrera natural hacia la analfabetización y un seguro claustro del desarrollo individual en el conocimiento humano de cada chino al cercenar su capacidad de lectura. Su única posibilidad de desarrollo consiste en aprender otro idioma, siendo el inglés el más conveniente en la actualidad.

Como se puede ver, el hombre a progresado tanto en escritura como en aritmética, lo que le permitió alcanzar los logros actuales, totalmente imposibles si todavía estuviéramos con las existentes hace apenas 6.000 años. No cabe duda, la expresión humana mediante soportes externos, en especial el largo camino de la escritura, es el documento más fehaciente y certero para demostrar la evolución y progreso intelectual del ser humano.

Ver tema relacionado: Babel y los idiomas

.May.2000


[1]"Mesopotamia, Arte y arquitectura de", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation.

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[2]"Jeroglíficos", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[3]"Civilización", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[4]"Civilización", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[5]"Escritura", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 6   Historia dinámica. A.Aubert; F.durif; L.M. de Tomada.