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El dilema del libre albedrío y la prueba

La búsqueda del significado del relato de Adán y Eva ha sido tema de debate durante siglos, y la Iglesia Católica ha resumido este misterio según han arribado después de muchas deliberaciones a los conceptos que veremos a continuación, los cuales a su vez han sido tomados por otras religiones, como es el caso de los jehovístas.  En una nota al pie de la Biblia de Jerusalén con relación a Gén. 2:17, 3:5,22 expresa que:

"El conocimiento que Dios se reserva no es la omniciencia ni el discernimiento moral, sino la facultad de decidir lo que es bueno o es malo. Al usurparlo el hombre reniega de su estado de criatura. Esta rebeldia orgullosa contra Dios está expresada por la transgresión del precepto de Yahveh acerca de la fruta prohibida"

¿Qué quiere decir esa oración? Pues bien, los católicos al igual que todos aceptan que el hombre pueda avanzar en conocimiento y tenga la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo en el aspecto de la conducta y sus resultados. Pero hablan de otra facultad en la cual se involucra decisión.¿Cuál es? La que determina lo que es bueno o malo para sus criaturas. Ese derecho de decidir cuándo algo puede ser bueno o malo se lo reservaba Dios. ¿A qué se refiere? Bueno, puede explicarse diciendo que el hombre tenía un cierto Libre Albedrio, es decir de carácter limitado, debido a que en definitiva debía estar ligado siempre a la mayor capacidad de consejo, que era de su Creador. De lo contrario, fracasaría trágicamente. Es decir, no podía hacer simplemente lo que le pareciese mejor, sino aquello que Dios le fuera indicando. Por ello en la tercera oración expresan que es un pecado de orgullo, en el cual, como dice en la segunda, el hombre reniega de su estado de criatura. Orgullosamente supone que no debería depender de Dios, sino por saber tanto como Dios ahora quiere decidir todo por sí mismo.

Sin embargo, imaginando la escena como si fuera real, es obvio que si Adán pensó que no necesitaba o no necesitaría más de Dios para nada al tomar del fruto, estaba más que equivocado. Si nos apegamos al relato, éste es un asunto que muchos devotos suelen pasar por alto, al concentrarse solo en la actitud de Eva, en donde se explaya en ese sentido para mostrar que sí lo pensó. Cualquier ser inteligente puede darse cuenta que es inferior y pequeño frente al resto de la creación, y que muchas cosas no las conoce y hasta les teme. Considerando a Adán un ser bien dotado y educado nada menos que por Dios, su Padre, el cual ya lo guiaba y le indicaba las cosas que (supuestamente) debía hacer y cómo, en un marco de amistad y autoridad, habría sido una torpeza enorme de parte de Adán imaginar siquiera tal cosa. Sería comparable a como si un aprendiz de carpintero de repente, por insistencia de su mujer, rechazara a su maestro y dueño de los bosques y de las mejores habilidades para el arte para poner una carpinteria por su cuenta para fabricar muebles por sí mismo sin depender ni aprender más del más grande especialista. Este procerder sería insensato. Por eso la Biblia en el Nuevo Testamento dice que Adán no fue engañado o timado (1 Tim.2:14 ). Fue la mujer que culpó a la serpiente de haberla engañado, lo que significa que hasta ella, bien temprano, se dió cuenta del embuste. Eso quiere decir que Adán sabía de antemano que su desobediencia implicaría fracaso y Eva se dió cuenta después del pecado y al momento de ser requerida por el motivo de su proceder. 

Ahora bien, es probable que muchas personas a esta altura piensen que todo el problema del pecado original, tal como fue desarrollado por San Agustín, se debió al poder de la tentación. ¿Tentación de qué? Lo único que expone el relato es de llegar a ser "como Dios". Parece obvio que en el caso de Eva ella sintió la atracción, pero si Adán no fue burlado, eso significa que el no sufrió la misma presión, por lo que de ser tentado, la misma debió corresponder a otra atracción fatal. De todos modos, para un análisis serio esto de la tentación es un asunto que ni siquiera merece considerarse, ¿Porqué? Porque implicaria al mismo Dios en una suerte de complicidad. En la búsqueda del significado de la tentación muchos pensadores vieron al registro del Génesis prefigurando en forma de alegoría la indicación de las perversiones sexuales y los vicios humanos como la caída del hombre.

Sin embargo, para el análisis filosófico queda el término "reniega". Eso podría indicar, no que el orgullo de Adán estuviera en el terreno de una sobreestimación de si mismo en la cual supondría que todo le iba a salir bien por su cuenta, sino en que se hallaba disgustado por no haber sido creado con ese atributo. Fue como una manifestación de protesta por algo que el pensó que Dios debería haberlo dotado. A consecuencia de ello, renunciaba a esa clase de vida y desobedece. Esta actitud en función del relato no representa ni la obtención de una vía distinta de existencia ni la esperanza de que Dios le satisfaciera con ese atributo, sino una actitud en la que detestaba u abominaba la clase de vida que Dios le había dado. Sin embargo, nuevamente estaría indicando que pretendía saber más que Dios, ya que aparentemente nada indicaba que su vida fuera una constante de sufrimiento y penas, pues la Biblia afirma que vivían en un jardín de placer, por lo que tampoco puede cerrar por ese lado.

El asunto solo podría entenderse si la capacidad de raciocinio de Adán se hallara confundida, obnubilada, presionada por ciertas cirscunstancias del momento. Debido a un malestar mental se apresura a juzgar sin tomarse el tiempo necesario para reflexionar en el asunto. Pero en ese caso sería el resultado de una debilidad, un prejuicio, una falencia momentánea, y ello es inaceptable en una criatura considerada perfecta. Se considera que su desición fue terminante y adecuadamente pensada. ¿Porqué falló?

Esto plantea un dilema. En tiempos antiguos los judíos habían llegado a desarrollar el libre albedrío, pero en un marco sumamente superficial. Para ellos hay personas que eligen rechazar a Dios y practicar el mal porque así lo prefieren y otros eligen el bien porque son rectos y solo aman lo que es bueno, por eso eligen obedecer a Dios aunque deban sufrir por ello. Sus conclusiones no profundizaban las razones que existen en la toma de decisiones. Por eso, sin pensar demasiado, trasladaban las experiencias humanas de ellos mismos y de lo que leían sobre sus ancestros como producto de una elección previa de cada persona, en la cual decidía si obedecer a Dios mediante observar la ley o no hacerlo, pensando por distintos motivos que era inútil y que no valía la pena, prefiriendo disfrutar "temporalmente" del pecado (Heb.11:25).

El problema era que tal concepción nunca sirvió para explicar el dilema de Adán, sino solo para tratar de brindar una explicación a la vivencia presente. El concepto del Libre Albedrío se alcanza a comprender y aceptar satisfactoriamente hasta el momento antes de la rebelión , pero a partir de la rebelión, lo que pasa a fallar es desconocido. No se lo puede atribuir al libre albedrío, aunque muchos sienten en virtud del relato que inegablemente tomó una desición. Sin embargo, nadie puede negar tampoco que fue una desición equivocada, completamente contraria a sus propios intereses y bienestar futuro. Por eso todo el mundo lo llama pecado, "errar el blanco" de la perfección. Pero si fue así, eso significa que existía la probabilidad de que ocurriese así como la probabilidad de lograr la victoria.

Cuando se entra en el concepto de la probabilidad, se ingresa inevitablemente en el terreno de la predestinación (Rom.8:28-30). En este campo ha habido muchas variantes sobre su alcance, pero se suele aceptar como la existencia inevitable del error pero ajena a la voluntad de cada individuo. Esa era más o menos la idea de los judíos, donde cada individuo podía elegir y decidir en qué dirección ir. Alcanzar una vida virtuosa y de obediencia a los preceptos divinos era mucho mejor y más honrosa que no hacerlo, pero inevitablemente habría personas que elegirían el mal. En vez de atribuirlo a un problema cognocitivo lo orientaban hacia el campo de la debilidad (1 Cor.10:12). A partir de allí cesaba la preocupación general sobre el asunto, ya que la gente común no alcanza a discernirlo, pero siguió siendo el dilema de los sabios. Obviamente, el nudo del asunto se concentra en porqué habría personas que elegirían el mal. La sola explicación de tener la "guardia baja" no satisface, porque en tales casos la capacidad de elegir ya no es libre sino que se halla afectada, por lo que resulta indistinta.

Para la mayoría de las personas este ejercicio les parece un esfuerzo inútil, porque creen que sobran razones para demostrarlo. Suelen decir que la elección del mal se debe a consecuencia de los beneficios inmediatos de placer, gloria, honra y posición que se puede obtener o alcanzar de manera más fácil y sencilla que a través del camino de la obediencia y el esfuerzo honrado. Ante ello, si el interés de esas personas se concentra solo en los beneficios, tarde o temprano desarrollarán la envidia y la codicia, actitudes propias del egoísmo opuestas al amor a Dios y a su semejante, lo que los empujará a elegir el mal camino. 

Otros han dicho, basados en ciertos pasajes de escritos sagrados, que al observar las personas que los justos padecían al igual que los malos, y a muchos malos les iba bien en la vida, no tenía sentido ser justo, por lo que se sintieron inclinados a practicar el mal para obtener los beneficios que buscaban suponiendo que a Dios no le importaría. De esa manera estarían juzgando a Dios de inicuo, falto a la justicia y a la razón, con lo que su elección se basaba en su propio libre razonamiento.

Parece simple de entender, pero tiene un problema. Puede encajar de manera relativa hasta cierto grado en la vida presente pero definitivamente no encaja con la situación de Adán y Eva. En cuanto a la vida presente, el razonamiento parece perfecto pero su simpleza lo descalifica. Existen muchos otros motivos por los cuales las personas cometen males y terminan atados a conductas infructuosas o dañosas sin que siquiera hayan pensado en tales cosas, o si lo hicieron, en todos los casos su capacidad intelectual se hallaba alterada, mal orientada, confundida o movida por factores negativos externos a su voluntad. Por ejemplo, cuando las personas se hallan presionadas por distintas circunstancias, socavadas en sus fueros internos por las manifestaciones del exterior, comienzan a perder el respeto, acumulan indiferencia y proceden de manera contraria a las reglas pautadas. A eso los mismos creyentes lo suelen tapar o justificar con la palabra "imperfección heredada" y "engaños del Diablo" o "mundo frustrante". La Biblia lo llama "pecados que no incurren en muerte", es decir, la ejecución definitiva de parte de Dios, como lo fue en el caso de Adán y Eva. Muchos devotos suelen remitirse a "pruebas" de la misericordia de Dios al rescatar a personas totalmente "perdidas". Por consiguiente, ello obliga a entender esta situación original con Adán y Eva para comprender la existencia de la operación del mal en la existencia humana más allá de sus límites por poder controlarla. La prueba está en que las personas desviadas al mal suelen ser rescatables al responder bien al trato justo, respetuoso, digno y amable, emulando ellas mismas dichas cualidades en sus vidas al tratar con otros. Estas situaciones demuestran que las decisiones y acciones de las personas estan influenciadas de antemano en función de la educación, trato y condiciones que reciban además de su composición genética, por lo que su libertad de elección a partir de tales circunstancias llegan a estar más allá de su poder para controlarlas. 

¿Y qué se puede decir en el caso de Adán y Eva según el relato? ¿Porqué no encaja en absoluto en el concepto idílico del paraíso? Sencillamente porque todavía a raíz de la no existencia del pecado, al que se le atribuye el desorden actual, no había motivo alguno para pensar de esas maneras. ¿Tenían ante sí Adán y Eva un difícil camino para alcanzar el placer, el disfrute y hasta la gloria futura de ser los padres de toda la humanidad como para rumiar semejante cavilación maliciosa? ¿Veían a otras personas que desobedeciendo a Dios igualmente les iba bien en la vida? ¿Se sentían infelices o aburridos en el paraíso hasta el punto de renegar de su condición de criatura? Definitivamente no. Cualquier devoto lo reafirmará rotundamente también. ¿Entonces qué?

Mientras los sabios siguen pensando la mayoría se ocupa de otros asuntos pensando que más adelante los entenderá. 'Dios hizo a la humanidad recta, pero la humanidad se hizo inicua por su cuenta', sintetizaron los sabios (Ecl.7:29, Eclest.15:14-20). 'El hombre fue creado para la incorruptibilidad, pero por la envidia del Diablo se trastornó el mundo' (Sab.2:23,24).Y de esa manera pasaron los milenios desde el tiempo de los patriarcas hasta la actualidad. Siguen pensando que sus razonamientos son correctos aunque no lo comprenden de manera categórica. En última instancia recurren inevitablemente a la supremacía de Dios en el campo del conocimiento y su manera de ejercer la justicia como superiores al entendimiento humano, y con eso acallan sus conciencias (Rom.9:14-21; 1Cor.1:18-25). Ante la imposibilidad de considerar a Dios sujeto a error, no queda otro camino, y así el dilema permanece. En un juego filosófico religioso, Pablo afirma que el supremo esfuerzo intelectual humano es una necedad ante Dios, y por otra parte, lo necio de Dios (desde el punto de vista del esfuerzo de la comprensión humana) es superior a cualquier sabiduría humana. Con ello, la "sabiduria de Dios" se convertía en misteriosa, oculta, imposible de descifrar (1 Cor.2:7). Obviamente, lo que Pablo está tratando de lograr es de justificar la incomprensión del dilema para tranquilizar la mentalidad de los devotos, motivo por el cual desarrolla semejante argumentación cerrada.

La esperanza entra en juego

Hasta antes del cristianismo, los judíos tenían una vaga idea sobre la esperanza futura. Si bien abrigaban la resurrección, no sabían dónde ni para qué, aunque en el fondo imaginaron un mundo perfecto donde la relación del hombre con la naturaleza y ésta consigo misma fuera radicalmente diferente a la conocida. Eso indicaba que no podían aceptar la existencia del bien y del mal en la vida humana y en la naturaleza tal como se les revelaba en la vida presente, salvo como consecuencia de un trastorno o accidente infortunado ocurrido en el pasado. No era nada raro, en conexión con este concepto, que en tiempos bíblicos los devotos hebreos siempre relacionaran las malas cosechas, las plagas y los infortunios como hechos ocurridos debido a pecados cometidos. También era común esta manera de pensar en todas partes de la tierra. Hoy sabemos que las causas son  totalmente ajenas a la conducta moral de las personas. Sin embargo, y especialmente en la corriente judeocristiana, persiste la idea de que la ambigüedad en la naturaleza se debe a algun pecado ancestral.

Durante el siglo I de nuestra era, los primitivos cristianos encontraron otra manera de ver la esperanza, que fue anunciada por el mismo Jesús. A medida que la comprendieron después de la muerte de Jesús asociada a su resurrección espiritual, imaginaron haber hallado una mejor explicación a su ya incierta e indefinida compresión del antiguo dilema. Ahora la esperanza era espiritual, fuera del ámbito de lo físico. Ahorá les pareció que el mundo físico era irrecuperable, y la única manera de escapar de él era mediante la fe en Jesucristo para obtener una recompensa celestial, no terrenal. El mundo perfecto de la esperanza antigua se orientaba ahora a una dimensión "superior", en una especie de mundo corporal celestial. De allí que dejaron de hablar de un futuro material, un paraiso terrestre restaurado, una naturaleza material en perfecto orden y en armonía al bien. Toda su atención o esperanza estaba enfocada en su "salida" a un nuevo mundo espiritual, diferente, desconocido. En esa esperanza vislumbraban en un futuro la participación de las primeras categorías resucitadas en una actividad dirigida a juzgar a los seres humanos para que también alcancen con el tiempo la misma esperanza. No obstante, dada a su fundamentación original en las escrituras hebreas, seguían repitiendo pasajes que aludían a un futuro terrestre pero en un ámbito comprensivo diferente, algo confuso, por lo que revelaba que continuaban sin entender su significado (Rom.8:19-23). En cierta medida llegaron a manifestar que los nuevos cielos y nueva tierra eran ambos espirituales, no físicos (1Cor.15:42-55; 2Ped.3:13). 

Esta concepción nueva de la esperanza (Heb.9:27), parecía justificar la razón del dilema de Adán y Eva. Creyeron distinguir en ello que Dios coloca la prueba para aquellos que buscan una vida superior. Resultaban como el oro refinado por el fuego de las tribulaciones y tentaciones terrenas (Sab.3:5-9; Malq.3:3; 1Ped.1:6,7). Los que se contentan con la vida física, terrenal, no eligen el camino cristiano. La acción del Diablo es indeseada, ni siquiera Dios la acepta, pero es necesaria y El la controla para el buen resultado de aquellos que eligen el camino cristiano (Job 1:12; 1Cor.10:13), el único camino del bien dado por Dios como gracia, en una manifestación misericordiosa a los  hijos de Adán y Eva (Efe.2:1-10).

¿Resolvia el dilema esta nueva esperanza? En apariencia sí, porque resultaba casi ineludible afirmar que era totalmente obvio que cualquiera que rechazara la armonía y el orden celestial y prefiriera la ambigüedad y presencia del mal en la naturaleza, indiscutiblemente se hallaba inclinado a lo corruptible, perverso, mundano, etc. Ya no había que hallar el porqué ni las razones de fondo de la conducta de las personas cuando existía una división tan notable entre lo nuevo por Dios ofrecido y el mundo conocido. A partir de Jesucristo, la vida física con sus enigmas e incomprensiones quedaban de lado, Dios no se interesaba en cambiar nada de la naturaleza física, todo estaba dirigido a lo celestial, algo nuevo, no un ajuste de lo viejo. Todo lo relacionado con lo físico estaba condenado a la destrucción, porque era inherentemente inicuo, inclinado por naturaleza a la corrupción (1Cor.7:5). Este mensaje es tan claro en el NT que la mayoría de las religiones cristianas de la actualidad siguen manteniendo una esperanza celestial, fuera del ámbito de la tierra física. Aunque suelen rezar que creen en "la resurrección de la carne", la mayoría no suele entender el asunto. Pero sea como fuere, es indudable la ausencia de mención alguna en el NT a una futura esperanza en una tierra literal transformada a una armoniosa y nueva condición. Cualquiera que pretenda leer esos conceptos está torciendo su significado original. De modo que por lo pronto, el dilema pareciera haber quedado arrumbado en algún rincón como un asunto de importancia menor.

Pero no todo es tan fácil. En principio, tal nueva situación implicaría que Dios diera marcha atrás con su propósito original. Una tierra justa y ordenada ya era imposible de lograr, algo que muchos sencillamente no pueden aceptar. ¿Cómo es posible que un Dios Todopoderoso no pueda lograr algo que se propone? Pero el asunto no solo se centraba en este nuevo dilema. Por otro lado, tampoco resolvía el enigma de Adán y Eva, porque si fue un error divino, ¿qué culpa tuvieron entonces en ello si su descendencia podría alcanzar otro estado? Su condena a la extinción sería injusta para un Dios que es perfecto en actividad. Además, ¿qué sentido tienen las pruebas sobre los justos, como sobre el propio Jesús, si al final el ser humano físico es inservible? Por otro lado la salvación de las personas no dejaría de estar ligada a su natural disposición a la vida física, por lo cual la acepción de una nueva esperanza de un orden diferente bien no pueda ser el deseo normal de cualquiera, con lo cual el problema se agrava. De allí que en el NT se vuelve a recurrir sobre los inescrutables e insondables caminos de Dios, sepultando de esa manera otra vez para más adelante el dilema irresuelto.

Hubo quienes en un intento por volver a las raices hebreas en una suerte de mezcla con las cristianas del primer siglo, llegaron a interpretar no una, sino dos esperanzas, una distinta de la otra. Mientras una sería terrenal, en armonía a diversos conceptos básicos del AT, la otra sería celestial, en armonía al NT, donde ésta última sería la encargada de llevar al orden y armonía a la vida física en la tierra donde alcanzarían el cumplimiento de la promesa la mayoría de la humanidad a través de una futura resurrección. Pero en esta amalgama no solo juntan los dilemas irresueltos del pasado sino que hasta crean nuevos.

Ello hace que se mantengan vigentes ambos dilemas sobre la razón de la rebelión de Adán, sin saber muy bién encima cuál de ambos tiene mayor incidencia en el conjunto. Luego, debido a su propia incertidumbre sobre el dilema irresuelto del libre albedrío, oscilan hacia posturas extremas e incomprensibles. Una de ellas es el error cometido de señalar como única vía de escape la conversión a su religión sectarista. El que elige convertirse será parte de los redimidos, los que no lo hagan, pertenecen a los malvados que no quieren arrepentirse, y serán eliminados dentro de muy poco tiempo. Aplican el tipo de libre albedrío característico de tiempos antiguos, con su carga de conflictividad, incoherencia y superficialidad, en el cual, como los judíos, también deben recurrir a la muleta de la insignificante mente humana para comprender los caminos de Dios.

¿Se pueden adoptar otros criterios que contemplen distintas variantes en función de los condicionantes humanos para dejarlos en la buenas manos de Dios, que sabrá cómo aplicarlos correctamente en cada caso? Se puede. En realidad se pueden tejer cientos de conceptos y posturas. El problema es que el dilema original tampoco se resolvería, y a su vez, se tornaría cada vez menos entendible y más comprometido. El planteo sería: si Dios está dispuesto ahora a contemplar todas las variables, ¿porqué motivo no las desplegó en el comienzo? ¿Adquirió experiencia y ahora sabe como hacer mejor las cosas? Esto sería inaceptable. Además, cuanto mayor la adaptabilidad, mayor la dispersión religiosa. ¿Seguiría necesitando de una sola vía o canal religioso para la salvación? De ser aceptado, implicaria reducir los criterios, pero de aceptarlo, implicaría aumentar los dilemas.

En otro orden, de acuerdo al último libro de la Biblia, el Apocalipsis, estos religiosos de dos esperanzas han interpretado de acuerdo a ciertos pasajes, que una vez que todos los humanos resucitados y los que hallan pasado con vida a través del fin del mundo alcancen la perfección en mente y cuerpo físico, serán probados nuevamente. ¿Cómo dicen? Si, una "pruebita" más (Apoc.20:7-10). ¿Para qué? Señalan que es para demostrar a la perfección, ahora por sí mismos de todos los que vivan entonces su desición de escoger la vida o la muerte en base a su uso del libre albedrío. Lo interesante que aquellos que tengan la esperanza celestial no serán asignados a esta prueba. ¿Porqué? Explican que la razón se debe a que habrán sido "perfeccionados" a tal grado por Dios al momento de ser resucitados como criaturas espirituales que a partir de entonces Dios no dudará o desconfiará que alguna vez tales personas se inclinen al mal otra vez. Serán incorruptibles (1 Cor:15:50-57). ¿Porque este aspecto es imposible de aplicar a seres humanos de carne y sangre? ¿En qué sentido fue "perfecto" Adán? ¿En la inocencia solo? ¿Porqué se hallan sujetos a la "muerte segunda" los "demás de los muertos" o de la 'segunda resurrección'? ¿Es inevitable que para una vida eterna en la tierra deban pasar por un examen? Y una vez que lo aprueben, ¿porque no adquieren la incoruptibilidad, valiendo decir que "pueden" morir? ¿Podrán elegir el mal en un futuro? ¿Significa entonces que lo seres de la "primera resurrección", los "incorruptibles", carecerán del libre albedrío por el cual siempre podrán demostrar mientras vivan que eligen amar a Dios, tal como se suele responder para el caso de Adán y Eva? Como pueden ver se produce una regresión al suceso primigenio de Adán y Eva y la prueba, con lo cual el dilema no solo se instala nuevamente, sino que se convierte en menos incomprensible al aparecer como un requisito para seguir viviendo mientras en el otro extremo otras criaturas se vuelven totalmente incorruptibles.

Ante semejante situación, surge una pregunta inevitable: ¿fue parte del plan de Dios la prueba original? No se puede responder negativamente si se necesita de nuevo al mismo personaje causante de la prueba. Uno puede decir que la obediencia sí era de esperar, apropiada exigir, pero no la aparición de Satanás nuevamente para llevarla a cabo. ¿Porqué es necesario pasar esta clase de prueba? Para ubicar a todos al mismo nivel y responsabilidad de Adán y Eva. ¿En qué? ¿Ante la situación de pasar frente a la acción engañadora y tentadora del mismo Satanás de nuevo? Cómo se puede ver aparece otro serio dilema. Satanás es socio de Dios, un personaje imprescindible o una herramienta necesaria para verificar la fibra o condición de cada cual, para descartar lo indeseado. En un marco de respeto sagrado, en medio de una gran familia regida por amor y cariño, parece aberrante, horroroso, que la vida o la muerte de cada individuo dependa de cómo resulte la prueba. Para colmo, se refiere que la prueba posiblemente tenga que ver con reflotar el orgullo, mediante el cual las personas que caigan por ella desarrollen cualidades malvadas por libre elección. Tan solo ver que un Dios Todopoderoso y Creador del universo sea el responable de tales condiciones en las cuales los resultados son aleatorios resulta indignante y sumamente frustrante.

La sola mención de prueba determina que habrá ganadores y habrá perdedores. Nadie pone a prueba alguna cosa si está seguro que no fallará para el propósito para la cual la hizo. Para evitar este planteo se introduce el libre albedrío como excusa. Pero igualmente surge el dilema del porqué escogerían con plena capacidad intelectual un camino opuesto a la vida, una actitud de renegar de su condición de criaturas después de alcanzar una vida dichosa al fin. Eso, ademas de impugnar el valor del libre albedrío debido a estar sujeto a coherción al señalar una sola salida feliz posible, mostraría igualmente que Dios tiene sus dudas sobre la calidad de sus criaturas. Una prueba de ese tipo se parece al control de calidad de una fábrica que descarta todo aquello que sale defectuoso, y sabemos que ello se hace por el hecho ineludible de la existencia de fallas en distintas partes del proceso de fabricación de cualquier producto. Y la misma Biblia afirma que habrá una gran multitud de perdedores de la vida. Considerando al Apocalipsis como el final de la Biblia, que cierra el dilema del principio, dejaría ver que en realidad lo de Adán y Eva fue simplemente una derrota. Su derrota equivalió a la pérdida de una vida dichosa, muriendo para siempre y generando con ello milenios de injusticia, depravación, crueldad, guerras y toda clase de angustias, alterando hasta la naturaleza del planeta. Podían haber ganado, pero les tocó perder. ¿En base a qué? ¿Al libre albedrio? Como puede verse, el dilema toma otra dirección, pero su significado se transforma en tenebroso.

Se parece a escalar una gran montaña. Subir hasta la cima de una colosa montaña rocosa coronada de nieves eternas y descender, es una prueba. Si no lo cree, pregúnteselo a cualquier montañista. Es imposible asegurar en un 100% el éxito en la misión. De lo contrario, si careciera de peligros, no seria una prueba sino un paseo. La historia atestigua de centenares de escaladores que han perdido su vida al encarar semejante prueba de su resistencia, fortaleza, habilidad, ingenio y capacidad. Aquellos que retornan después de alcanzar la cumbre, obtienen su satisfacción plena al demostrar sus aptitudes, logrando respeto, honra y hasta gloria de los demás en función de la dificultad de la misión. ¡Logró algo difícil! ¡Pasó la prueba! Los más famosos son aquellos que resistieron las peores pruebas y alcanzaron las cimas más difíciles.

Pero esta manera de presentar el sentido de la existencia, esta explicación del dilema irresuelto, semeja un torneo de lucha por la vida, pero en donde se pone en juego la virtud contra la malicia de manera obligatoria a todos en alto nivel sin posibilidad alguna de evitarla. Se parecería a la lucha de los antiguos gladiadores en la península itálica, donde un esclavo podía morir o seguir viviendo en función de su habilidad para vencer a su contrincante en un juego macabro. Si los espectadores sintieron satisfacción por su manera de pelear, podían perdonarle la vida, y seguir luchando. Un esclavo podía lograr su libertad si alcanzaba a salir con vida de una serie de combates en donde en todas habría demostrado un desempeño excepcional. ¿Porqué esta forma tan repulsiva? Para satisfacer el goce y la aventura de los espectadores romanos.

Ante semejante ilustración bien comparada, ¿será ése el sentido del Libre Albedrío? ¿Significará la lucha del intelecto por la perfecta manera de resolver cualquier situación en dónde se pondrá a prueba la voluntad de elegir una conducta de obediencia en medio de situaciones contrarias al sentido de la misma? Para ilustrarlo. Cada carpintero deberá realizar un mueble cabal, pero el dueño de la carpinteria deja que un perverso arruine distintas herramientas para que le resulte dificilísimo lograrlo. Los que salgan con fallas, pierden, los que logran un resultado óptimo a pesar de todo, ganan. Interesante como divertimento, pero no si la  pérdida significa la vida. Si tiene ese sentido, entonces no solo no existe libre albedrío al no tener otra alternativa, sino que en buena parte su resultado depende del azar, donde hasta el mejor empecinado en alcanzar la victoria puede perder por algún factor fortuito inoportuno. Encima, dada la característica de la prueba en la que participa la propia vida y la calidad de su entorno, puede ser tan frustrante para muchos que simplemente le den un puntapié a todo. ¿Será a ello que se refiere como inescrutables e insondables caminos de Dios? ¿No habría motivos de esa manera para que muchos renieguen de su vida? ¿Habra sido ese el motivo de Adán? Sin poder asegurarlo, sí puede explicar sin ninguna dificultad para entender la razón de la rebelión. Ahora sí hay un motivo para hacer "lo malo". Pero como ningún ser humano puede aceptarlo, permanece la INCERTIDUMBRE.