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Ciencia hebrea antigua

Las ideas que los antiguos hebreos tenían de la naturaleza y los elementos era más mitológica que real. Eran escasos sus conocimientos debido principalmente a sus creencias religiosas que dominaban ampliamente todo aspecto de sus vidas. En gran medida compartían ideas similares de sus pueblos vecinos, que también se esforzaban por comprender su entorno, aunque previamente se filtraba por la criba religiosa. Así como ideas religiosas influyeron en la concepción cartográfica de la tierra durante el primer milenio de nuestra era, en tiempos bíblicos las ideas sobre la naturaleza, la tierra y el universo estaban invariablemente sujetas a múltiples conceptos religiosos. Debido a la carencia de conocimiento real sobre muchas cosas los pueblos de la antigüedad trataban de entenderlo desde los únicos punto de vista posibles, que son tanto el filosófico o el  religioso, o una combinación de ambos.

Veamos algunos conceptos sobre la naturaleza y el universo.

Los abismos

No tenían conocimiento sobre los océanos como los tenemos nosotros. Aunque algunas Biblias vierten “océano” en algunos lugares de las escrituras hebreas, esta palabra no proviene de la griega okeanós sino de la palabra a-bys-sou, traducido al latín como a-bys-si, que significa abismo. La palabra hebrea original de la cual se tradujo ‘abismo’es thehóhm o tehóhm. Su significado básico es ‘insondable’, dando a entender algo muy profundo, vasto, enorme. En otra palabra, desconocido. Esta palabra hebrea es vertida por la septuaginta como abismo y se interpreta como ‘profundidad acuosa’ o ‘aguas agitadas’. Cuando los griegos llamaron okeanós a los mares que rodeaban lo que ellos creían era los confines de toda la tierra hasta el vacío, los traductores del TH al griego usaron algunas veces esta expresión cuando parecía clara su referencia física. Para los hebreos la expresión tehóhm también podía significar ‘abismo celestial’ cuando se refieren a las ‘muchas aguas’ que forman grandes nubes tormentosas (Sl.29:10). Conocían el fenómeno de la evaporación y sabían que las nubes provenían de las vastas aguas o mares a las que consideraban como las fuentes abismales (Job.36:27; Is.44:27). Estas fuentes eran de donde provenían los ríos y manantiales de la tierra. También sabían sobre el ciclo de agua, al ver que la nieve se transformaba en agua (Job24:19).

La palabra océano proviene de la mitología griega, es decir, de las creencias de los antiguos griegos, la cual no difería mucho de las ideas que tenían los hebreos, con la diferencia que para estos últimos todo lo gobernaba un solo Dios, yhvh o elhoim.

Océano (mitología)

En la mitología griega, uno de los titanes, hijo de Urano y Gea. Con su mujer, la titánida Tetis, dominaba el Océano, un gran río que circundaba la tierra, a la que se consideraba un círculo plano. Las ninfas de este gran río, las oceánides, eran sus hijas, y los dioses de todos los ríos de la tierra eran sus hijos. En leyendas posteriores, cuando Zeus, jefe de los dioses olímpicos, y sus hermanos, Poseidón y Hades, derrocaron a los titanes y asumieron su poder, Poseidón y su mujer, Anfitrite, sucedieron a Océano y a Tetis como soberanos de las aguas.[1]

De modo que las ideas sobre una vasto mar que circundaba la tierra habitada-no tenían ideas de continentes-era muy común a todos los pueblos antiguos (Prov.8:27), y lo que nosotros llamamos actualmente océanos eran para los hebreos fuentes abismales (Prov.8:29). La tierra que ellos creían intuitivamente que existía era como un solo continente, rodeado de abismos (Sal.33:7; 135:6), lugar de mares agitados que ningún humano podía internarse en ellos. 

Debido a que no conocían tampoco todas las extensiones del terreno firme, se expresaban de él como extendido hacia los cuatro cabos o extremidades (Sal.72:7). La intuición no les permitía visualizar una tierra esférica. A su vez, tener conocimiento de la geografía de la tierra era un misterio en tiempos bíblicos (Job 38:18)

Los fenómenos atmosféricos

El Salmo 29 es un ejemplo de las ideas que tenían los hebreos de las tormentas. Para ellos era un secreto misterioso de cómo las aguas podían estar contenidas en nubes (Job 26:8; . Las tormentas o lluvias eran consideradas maravillas incomprensibles de Dios, y podían ser expresiones de castigo divino a los malos o bendiciones para los favorecidos, según ocurrieran los resultados (Job 36:27-29; 37:5,6 y13). Nunca meditaron lo suficiente para explicar la inutilidad de las tormentas copiosas que ocurren en los océanos.

Muchas de las menciones que aparecen en la Biblia desafiando al ser humano por su incapacidad y falta de conocimiento, usados para engrandecer al Dios de los hebreos, se han develado en estos tiempos mediante la investigación y descubrimientos humanos (Job 35:5-13; 36:29; 38:16,18,22,28,29).

Creían que todo fue y seguía siendo obra por la palabra de Dios. El efecto de una orden proferida por Su boca era tal que las partículas de materia obedientes cumplían Sus designios, haciendo que las aguas produzcan almas vivientes, la tierra produzca vegetación, las nubes lluvia y nieve. La evaporación y las masas nubosas que forman tormentas y lluvias eran explicadas como ocurridas por órdenes directas de Dios (Jer.10:13; Zac.10:1). Debido a que en algunos lugares llovía y en otros no, creían que era Dios el que disponía de ciertos conductos o canales para que fuera así, gobernados por vientos que sacaba de Sus depósitos (Job 38:25). Creían que el rayo era la luz que dispersaba a los enemigos al alumbrar sus iniquidades y el trueno era la orden de Dios que profería sus juicios (Gen.1:1-27; Job36:32,33; 37:3-6; Sal.77:18). Para ellos Dios cabalgaba en su carro de guerra sobre las nubes. 

No cabe duda que hoy todo esto se toma en un hermoso lenguaje simbólico, poético; pero en la antigüedad los hombres y mujeres devotos veían en estos fenómenos la actividad divina. Para ellos no era solo hermosa poesía, sino hechos reales que les permitían ver, no a Dios, sino su poder y accionar. A diferencia de los pueblos idólatras que tenían un dios distinto para cada fenómeno, los hebreos tenían un solo Dios para todos.

El universo antiguo

Los hebreos creían que Dios extendió o desplegó la tierra después de alejar las aguas agitadas (Job38:8), represándolas como en almacenes o fuentes abismales (Sal.33:7). Su idea de la tierra era la de una extensión de suelo muy amplio que estaba bien afirmado a un nivel más alto que los mares y ríos, lo que impedía que las aguas invadieran la tierra (Sal.24:2; 136:6). Cuando se referían a la tierra como suelo seco, lo que nosotros llamamos continente, tenían la clara idea de que Dios era el que la había colocado sobre una suerte de apoyos que solamente eran conocidos por él (1 Sam.2:8b). Luego extendió el cielo y sobre el mismo sujetó la bóveda celeste, zona donde aparecían y se movían los astros, mediante columnas que se encontraban en las partes más remotas o extremas de la tierra o lejos en el desconocido mar (Job 9:6,8; 26:10,11; Prov.3:19; Isa.42:5). Las nubes eran creación de Dios que el dispuso estuvieran en el cielo para producir la lluvia, fenómeno que El dirigía personalmente, como hemos visto. Su Dios se paseaba sobre la bóveda celeste (Job 22:14) y sobre las nubes se desplazaba (Sal.68:33). También creían que el mar era sujetado en su parte más externa como por una faja invisible, ocultada por densas tinieblas y oscuridad (Job38:9). Con respecto a las constelaciones, creían que formaban sus figuras de manera bidimensional y que Dios era el encargado de hacerlas salir y mantenerlas juntas para que recorran el cielo nocturno (Job 9:8; 38:31,32).  ¿Existe acaso una parte más lejana de la tierra, una extremidad? (Isa.40:28) Es imposible ver actualmente en la tierra una parte más lejana de otra, porque en la superficie de una esfera ninguna parte es extrema o lejana de si misma a menos que se establezca un sector de ella como su centro. ¿Cuál es el centro de la tierra? Bueno, ¿cuál es el centro de la superficie de una esfera? Cualquiera diría que el centro de una esfera es el núcleo y no un sector determinado de su superficie. Sin embargo, en tiempos bíblicos, se consideraba el centro de la tierra a una porción de la habitada y conocida por los israelitas, y para ellos según sus creencias, Jerusalén estaba en el centro porque allí estaba la "adoración verdadera". De modo que su centro era religioso no físico, pero la idea que tenían se proyectaba también al mundo físico, por lo cual creían en una tierra con extremos de los cuales habría que volver si allí se llegaba, no como hoy día que sin importar en cuál dirección uno vaya vuelve al mismo lugar.

Creían en la existencia de monstruos marinos míticos, inventados por la imaginación humana, que existían en los mares profundos alejados de las costas (Job 26:12,13).

Las revoluciones del sol eran vistas por los hebreos y judíos como un circuito en el cual este astro solamente alumbraba la tierra durante cada día de una sola vez por su pasada por ella (Deut.4:19). El lugar por donde salía era considerada la extremidad de la tierra, al igual que el lugar por donde se ponía. (Sal.19:1-6). Menos tenían noción siquiera de los husos horarios, por lo cual nunca supieron ni imaginaron que mientras ellos se acostaban y dormían por la noche civilizaciones americanas realizaban sus actividades diarias, o que los chinos se levantaran casi seis horas antes que ellos o que los íberos todavía siguieran trabajando en el campo mientras ellos cenaban y se acostaban. Cada 1600 kilómetros en sentido longitudinal, amanece una hora hacia el oeste. Actualmente, viajando en el Concorde-avión supersónico-de Paris a New York durante el atardecer, éste se convierte en amanecer, una experiencia insólita. En los tiempos de la Biblia no tenían manera de comprobar que entre el valle del Indo y la península ibérica existían cinco horas de diferencia. Salomón, el más sabio de la antigüedad según reza la Biblia durante el siglo XI a.E.C., creía que después de ponerse el sol en el horizonte, cumplía un viaje de retorno inútil a semejanza de un ciclo repetitivo para esperar su momento en volver a salir por el este (Ecl.1:5). Debía esperar hasta que las horas de la noche fueran las suficientes para brindar descanso a la humanidad, listo para volver a salir a la orden de Dios (Sal.65:8; 74:16; 104:20; Isa.45:7; Gen.8:22; Mat.5:45). Dos milagros relatados en la Biblia muestran el poder que Dios tiene sobre el movimiento del sol (Jos.10:12-14; Isa.38:8). Aristóteles también creía que la tierra estaba inmóvil y que el sol viajaba por la bóveda celeste o firmamento, aunque incorporó la idea de una tierra esférica. Afirmaba que había varias maneras de demostrarlo. Una era la desaparición paulatina de un barco en el horizonte comenzando por su casco y terminando por la punta del mástil. Otra, que cuando el sol viajaba por debajo de la tierra, en los tiempos en que se producían los eclipses de luna, enseñaba que la sombra redondeada que oscurecía paulatinamente a la misma era la de la tierra que se proyectaba por la posición del sol. Este era un aspecto nuevo en la concepción generalizada de una tierra circular en un plano o semejante a una semiesfera. Eratóstenes calculó uno siglo después la circunferencia de la tierra como una esfera y no como la circunferencia de un plano o en todo caso de una semiesfera. Sin embargo es interesante que no se dieran cuenta que la luna fuera esférica y que las fases de la misma se debían a las posiciones cambiantes del observador, el sol y la misma (). Cuando se hablaba de la luna color sangre era cuando ocurrían eclipses parciales lunares o cuando el sol se oscurecía durante el día eran los eclipses de sol (Joel 2:30). Los babilonios y luego los griegos, aunque pudieron predecir las posiciones de la luna y el sol, no entendían de cómo realmente ocurrían. Tanto los hebreos como el resto de los pueblos de la antigüedad, a pesar que observaban los cielos y los fenómenos de la naturaleza, veían en ellos actos sobrehumanos de origen divino, y nunca pudieron ir más allá para comprender o discernir aspectos de la física y la ciencia. Los intereses de los babilonios y egipcios se centraba más en la adivinación y prácticas agoreras que en la física natural. Interpretaban todo a través del lente religioso  Tan poderosos eran las imposiciones religiosas que gobernaban a los mortales, que nadie osaba contradecir nada aunque creyera otra cosa, aunque es poco probable que pudiera entender otra cosa. Es llamativo por ejemplo que los hebreos jamás mencionaron los eclipses de luna ni de sol en la Biblia, ni ninguna clase de fenómeno celestial. Los hebreos consideraban una herejía relacionarse de alguna manera con esos conocimientos celestiales, los cuales durante siglos solamente estuvieron relacionados con prácticas religiosas que les eran prohibidas (2 Rey.23:5; Jer.8:2). En vez de estudiarlos y comprenderlos rechazaron cualquier conocimiento que tuviera relación con los astros, y únicamente llegaron a considerar los fenómenos celestes como señales de juicios llevados a cabo por su Dios dirigidos a sus enemigos (Isa.13:10 y 11; Jer.15:9; Joel.2:30,31; Mr.13:24; Lc.21:25). Según los datos más antiguos sobre los que tenemos registros, solamente algunos filósofos griegos se animaron a interpretar la naturaleza desde un punto de vista no religioso. Por ello son la cuna de la civilización occidental.

La naturaleza

Tenían una idea muy rudimentaria del ciclo del agua. En realidad, aunque conocían los distintos fenómenos de evaporación y precipitación, normalmente no asociaban a las lluvias y la nieve como la única fuente de agua dulce de los ríos y manantiales (Job 28:10). Suponían que hasta pudieran tener orígenes totalmente independientes. 

Un caso llamativo es Génesis 2:4-6, un relato aparentemente más detallado de ciertos sucesos ocurridos durante los días creativos ya mencionados en el primer capítulo. Este segundo relato es muy confuso en algunas partes porque se puede interpretar de diferentes maneras. Apenas comienza se torna complicado. Según las distintas versiones de la Biblia hay un acuerdo interpretativo de que antes de la creación del hombre no llovía (Gen 2:5). Debido a ello no crecían vegetales. En eso están todas de acuerdo como lo expresan en el versículo 5. Para tratar de armonizarlo con el primer relato de la creación nos situamos antes de la creación de los vegetales pero después de la aparición de los continentes. Sin embargo, a continuación en el siguiente versículo aparece un problema. Algunas traducciones, como la Val. y la NM introducen que había una neblina o vapor que regaba toda la tierra. Otras Biblias, como la BJ, traduce manantial, como una gran fuente de agua subterránea, de donde a lo mejor se quiere dar a entender que provendría la evaporación. Pero otras Biblias, como la NC, menciona que no existía el vapor que permitiese siquiera formar rocío, razón por la cual no acaecía tampoco la lluvia. El problema es que si no existía humedad alguna no podían crecer vegetales, pero el capítulo anterior muestra que éstos principiaron desde el tercer día en adelante. Desde ese día hasta el sexto en que fue creado Adán las plantas debían ser regadas con agua de alguna manera si buscamos armonizar ambos relatos. El problema es que la palabra hebrea que aparece en el versículo 6 es édh, que significa vapor o niebla. Algunos traductores, imbuidos de los conocimientos actuales sobre geofísica, aducen que se refería al vapor que provendría de mares, río y lagos. Sin embargo, como ellos mismos reconocen, en tiempos antiguos no se tenía una idea similar. Es por eso que versiones como la LXX, Sy y Vg traducen manantial o fuentes-griego pegué, latín fons- en vez de niebla o vapor. De allí que la idea que tenían los traductores antiguos y que transmitieron a muchas Biblias era la de aguas subterráneas que regaban toda la tierra. Ahora bien, si se introduce el concepto de niebla, existía evidentemente la evaporación, pero daría a entender que el suelo se regaba únicamente por condensación a ras del mismo, mediante el rocío nocturno. No se producía la lluvia. De cualquiera de las dos maneras tenemos que introducir alguna fuente de humedad para los vegetales creados desde el tercer día. Sin embargo surge un problema. Desde Génesis 2:10-14 nos habla de un huerto o jardín regado por un río que se ramificaba en cuatro. ¿Cual es el problema? Sencillamente que, si bien la presencia de ríos permiten el crecimiento de vegetales, los ríos no se pueden formar con solamente rocío. En cuanto a dos de sus ríos, el Eufrates y Tígris, son los únicos conocidos. El Pisón y Guihón pueden ubicarse según las referencias geográficas disponibles en otros pasajes. Del primero se dice que rodeaba toda la tierra de Havilá o Javilá, tierra ubicada al norte de la que está ‘enfrente’-al este-de Egipto (Gen 25:18; 1 Sam 15:7). Esta zona era la que ocuparon los ismaelitas y mas tarde los amalequitas. Al decir ‘según se va a Asiria’ o Asur, daría a entender que estaría entre la península de Sinaí y una zona cercana donde se ubicaría Havilá, no más arriba del Mar Muerto. Se menciona al bedelio y la piedra de ónice como recursos de esta tierra además del oro. El bedelio proviene de una planta del desierto. En cuanto al Guihón se dice que rodea toda la tierra de Cus, que según la versión de los LXX griega y la Vg era...¡Etiopía! De modo que si tenemos que considerar a las regiones mencionadas por Moisés como los lugares a donde llegaban los ríos desde Edén, obviamente eran enormes cursos de agua, como lo son el Tigris y el Eufrates. ¿De dónde venía esa agua? No es nada raro de porque los traductores antiguos creyeran que se refería a manantiales. Si no llovía, aspecto que sería además contraproducente en el Paraíso, de alguna manera se regaba la tierra. Y ahora un río que brotaba del centro de la tierra y regaba cuatro importantes áreas de la misma encajaba bien. En Génesis 2:10 dice que el río salía o procedía de Edén, es decir, del mismo Paraíso. ¡Una enorme fuente o manantial! ¿Dónde esta hoy? Algunos aducen que Moisés se refería a una geografía que había sido alterada por el diluvio universal. Sin embargo, aunque del manantial del Edén no se sabe nada y del río Pisón algunas traducciones traducen que era, no se dice lo mismo del río Guihón. Para el tiempo de Moisés existía. ¿Cuál era? Nadie sabe. Sin embargo, sí se conocen bien los otros dos. ¿Cuáles son las fuentes de los ríos Tigris y Eufrates? Las lluvias y la nieve. 

Pero para la mentalidad de un Paraíso esto no podía ser. La lluvia es un fenómeno meteorológico que obliga buscar reparo, y la nieve induce clima frío. ¡Esto no podía existir en un Paraíso! De allí las confusiones y los conceptos antiguos sobre los manantiales, los cuales se creía podían provenir de fuentes que no fueran las lluvias ni la nieve. Por supuesto, no podían saberlo ni asegurarlo. Pero de alguna manera su ilusión de una tierra paradisíaca anterior a las lluvias-que aparecen en las enseñanzas de los sacerdotes antiguos al señalar al diluvio en adelante-les permitía formar un cuadro aparentemente real con la ayuda de conceptos intuitivos y experiencias comunes de aquellas épocas. Tenían que encontrar las razones del sufrimiento e ingratitudes de la naturaleza, y para ello había que partir de un lugar idóneo, ideal. Lo que no imaginaron es que con el tiempo se sabría que los manantiales de agua dulce se producen únicamente por escurrimiento de aguas de lluvia y/o nieve, y no de alguna otra manera. De esta manera en Edén, o cerca de allí, llovía copiosamente o bien el agua provenía de deshielos de montañas, fenómenos ajenos a sus ideales de Paraíso. 

Es interesante que una publicación para el estudio de la Biblia diga que la tierra de Cus interpretada como Etiopía no sería correcta, ya que Moisés se estaría refiriendo a una zona geográfica donde habitaron los cusitas antes de mudarse a la actual Etiopía. Lindo recurso deshonesto para cubrir una mentira o un error. ¿Porqué? Pues bien, ¿era Moisés un copista o recopilador o escribía bajo inspiración? Si escribió bajo inspiración divina como se alega, ¿cómo podía referirse a lugares geográficos con el nombre de sus habitantes cuando en sus días vivían en otro lugar geográfico diferente y otros habitantes ocupaban esos territorios? ¿Cuáles eran los habitantes de la región señalada por donde recorría unos de los ríos del Edén en sus días? ¿Porqué tanto enmarañamiento? ¿Qué clase de inspiración era esa? Por otro lado, el relato transmite más bien la idea de que Moisés estaba usando nombres de zonas geográficas conocidas en sus días, pues, ¿alguien sabe o la misma Biblia aclara dónde vivieron los Cusitas antes si es que se mudaron como se afirma? Por eso, claramente es un recurso sofista para tapar un dilema.

En Oseas 13:15 describe un suceso que ocurre hasta nuestros tiempos. Las tormentas de arena con fuertes vientos suelen secar temporalmente los manantiales del desierto. Básicamente para ellos las lluvias eran las dádivas de Dios para hacer que la tierra rindiera su producto para brindar alimento a las bestias del campo y al hombre que cultivaba el suelo. Era algo que Egipto no conocía, porque allí las lluvias siempre fueron escasas. En cambio, desde Galilea hacia el oeste y al norte, las tormentas de lluvias otoñales y primaverales eran suficientes (Sal.65:9-13; Ez.34:26,27; Isa.55:10). El Jordán comenzaba a desbordarse durante la primavera. En la antigüedad, Herodoto, por ejemplo, en siglo V a.E.C., no pudo averiguar de ningún egipcio de dónde provenía y porqué desbordaba el agua del Nilo cada año únicamente durante el solsticio de verano durando 100 días, manteniéndose en su cauce durante el resto del año. Es evidente que intuían que las lluvias o nieves en territorios lejanos podrían intervenir en este suceso, pero no estaban del todo seguros.

Muchas alusiones a Dios se conectan con su gran poder al destruir al monstruo marino, Leviatán, la serpiente retorcida, Rahab, el deslizante monstruo marino, el dragón según la Septuaginta, el mítico animal malévolo (Job 26:13; Sal.74:13,14; 89:9,10; Isa.51:9) . La Biblia habla de Leviatán como un animal que Dios creó para que juegue en el mar (Sal.104:26). La Biblia suele usar a este animal para referirse a cualquier poderoso gobernante o militar que pelea contra los hebreos (Eze.29:3; 32:2). Por extensión aplica a Satanás (Rev. 20:9).

Dios era el que agitaba las olas del mar (Jer.31:35). Por la palabra de Dios un viento agita el mar y los marineros en sus barcos suben y bajan asustados por las enormes olas del mar (Sal.107:24,25,26). Estos marineros en sus cuentos de mar hablaban de los temidos monstruos marinos que agitaban las profundidades o abismos (Gen.1:21; ).

Intuían que debajo de la tierra había algo como fuego, pero no entendían lo que ocurría (Job28:5). Todos los fenómenos geológicos, así como los atmosféricos y celestiales, eran considerados actos directos de Dios, no sucesos físicos propios como resultado de las propiedades de la naturaleza (Job 9:5,6).

El orden creativo representa un intento lógico por comprender el comienzo, y cualquier pensador algo culto y sagaz podía establecer una secuencia similar. Señalar como una gran evidencia divina la mención de que apareciera la luz, el agua y la tierra antes de las formas de vida no es sensacional. Decir que los vegetales aparecieron antes que los animales no es nada extraordinario. Como en ningún recuerdo humano transmitido por tradición se mencionara la aparición de la vida animal, no resulta nada maravilloso que creyeran que el hombre apareció después.

 

La redondez de la tierra

Aunque suele citarse un pasaje de Job y de Isaías para señalar que la Biblia ya hablaba de la redondez-esférica para algunos fervorosos-de la tierra siglos antes de que la humanidad siquiera intuyera sobre ello, en realidad esos pasajes no dan a entender tal cosa. (Job 26:7; Isa.40:22) La mejor prueba de ello es lo que se acaba de decir, ni los hebreos ni judíos siquiera intuyeron de ello aún leyéndolo por generaciones de la Biblia. El norte es el llamado septentrión, un conjunto de siete estrellas asemejando un carro con siete bueyes, y que señalaba una dirección hacía los lejanos y fríos lugares de la tierra. 

Septentrión, Norte.

Osa Mayor

También conocida como Carro mayor, es una importante constelación del hemisferio norte celeste, cerca del polo norte. Los griegos la conocían en la antigüedad como la Osa y el Carro, los romanos como la Osa Mayor o los Septem triones (los siete bueyes). Las siete estrellas más brillantes de la constelación forman un contorno claramente identificable, parecido a un carro con timón.[2]  

Los lectores antiguos bien podían entender que después de la bóveda con sus estrellas existía el vacío, la nada, porque Dios todavía no había creado nada allí. Este grupo de estrellas señalaban hacia un lugar remoto de la tierra al cual no podían acercarse. En armonía a esto interpretaban que la tierra y los mares junto con los cielos estaban suspendidos en la nada, como una obra única de la creación de Dios. El circulo de la tierra de Isaías se refería al orbe terrestre, la zona de suelo firme donde se extendía la humanidad, el cual se creía tenía una forma circular. La palabra esfera en griego es sphaíra y en latín sphaera, y jamás aparece esta palabra en ninguna traducción al griego de las escrituras hebreas en la antigüedad ni ahora.

De allí que nunca por influencia de la Biblia llegaron a entender sobre la realidad de la forma física de nuestro planeta, por lo cual las alusiones que se mencionan no son otra cosa que interpretaciones modernas a la luz del nuevo conocimiento humano y no de la propia Biblia, desarrolladas con la finalidad de ennoblecer y otorgarle un halo de divinidad a la misma. Nunca los israelitas imaginaron a la tierra como una esfera sino como un complicado e indefinido desarrollo  mecánico místico. Inclusive hasta tan tarde como el siglo XV de nuestra era, cuando Galileo se atrevió a poner en tela de juicio las expresiones aristotélicas, que eran tomadas como palabra secular sagrada, y a las conclusiones de la Iglesia Católica que basándose en muchos de los pasajes de la Biblia concluyeron de la firmeza e inmovilidad de la tierra (Sal.24:1,2; 18:15, 104:5; Jer.10:12; Pro.3:19), los conceptos habían cambiado muy poco durante más de dos milenios. En la antigüedad creían que los fundamentos de la tierra eran los fondos de los abismos. Los cielos estaban firmes, la tierra también. Aunque hoy día se interpreta como una obra bien establecida por las leyes de gravitación, magnetismo, temperatura, radiactividad, y así por el estilo, en la antigüedad no podían interpretar en sus mentes otra cosa que no fuera una firmeza puramente mecánica.

 

Nov.2000


[1]"Océano (mitología)", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

 

[2]"Osa Mayor", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.