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El carbono 14 y la Biblia

            Desde finales del siglo pasado hasta la década de los 50, las deducciones científicas sobre la antigüedad de la presencia de vida sobre la tierra en millones de años se basaba principalmente en deducciones estratigráficas, sumada a algunos métodos de datación antiguos, como el análisis de varvas, los cuales siempre fueron consideradas como mera imaginación carente de base alguna por los creacionistas y muchos devotos de la Biblia. Como los científicos no podían asegurar las fechas con exactitud, solo por ello descalificaban toda mención sobre la antigüedad atribuida a los fósiles encontrados, aunque los análisis y las conclusiones arribadas sobre los mismos eran razonables. Toda mención sobre la antigüedad de la vida sobre la tierra eran consideradas meras especulaciones de evolucionistas fanáticos que buscaban burlarse de la Biblia. Obviamente dichos argumentos usados para desacreditar algunas de las afirmaciones científicas eran incompetentes, pero se las arreglaron para denigrar las observaciones científicas que les molestaba. Sin embargo, a partir de mediados del siglo XX, el descubrimiento de la radiactividad y sus aplicaciones generaron un sinnúmero de ‘relojes’ para datar con mayor precisión los fósiles y las rocas de la tierra, y que, curiosamente, en vez de ayudar a los biblistas venía a respaldar con mayor fuerza los conceptos geológicos y paleontológicos que tanto molestaban a los creyentes. El método que mayor controversia a producido fue sin duda el Carbono 14, en especial debido a su aplicación a restos antiguos de huesos humanos o elementos asociados con el hombre, como restos de fogatas, telas y herramientas de cuero y maderas. No obstante, también los otros métodos de fechar fueron atacados como inexactos frente a las interpretaciones que los devotos hacen acerca de la antiguedad de la vida animal y vegetal en la tierra. Desde ese entonces hasta ahora, los creacionistas y muchos devotos cristianos de distintas órdenes religiosas fundamentalistas se empeñaron y continuan empecinados en descalificar el método del radiocarbono y los otros métodos como equivocados frente a su interpretación de las Sagradas Escrituras. ¿Porqué?

A continuación analizaremos algunos artículos publicados por los Testigos de Jehová en donde podemos apreciar sus argumentos y poder cotejarlos con la información especializada a fin de descubrir la manipulación o intencionalidad manifiesta en los artículos, evidenciando una clara subjetividad y parcialidad en el tratamiento del tema.

g86 22/9 27  La credibilidad de las fechas bíblicas es irrebatible.
 “Surge un conflicto cuando varias fechas determinadas por métodos radiocarbónicos indican que hace más de 6.000 años hubo hombres que encendían fogatas, fabricaban herramientas o edificaban casas. Tales fechas contradicen la cronología bíblica. ¿Cuál deberíamos creer?”

¡Hah..!, existe un "conflicto" entre la ciencia y la Biblia. Es interesante de cómo cada vez que hablan de los fechamientos radiactivos siempre introducen la idea de que son siempre engañosos si sobrepasan las fechas que da la Biblia, insistiento en las mismas argumentaciones para desestimarlos.

g86 22/9 22  El reloj de radiocarbono.  

Fecha los restos de cosas que en un tiempo estuvieron vivas. Pero ¿lo hace, realmente?

§         La madera de la embarcación funeraria hallada en la tumba del faraón Seostris III fue fechada del año 1670 a.E.C.

§         Envolturas de lino de los Rollos del Mar Muerto, fechados del primero o segundo siglo a.E.C. por su estilo de escritura, al ser fechadas por su contenido de radiocarbono arrojaron una edad de 1.900 años.

§         Un trozo de madera hallado en el monte Ararat, considerado por algunos como posiblemente madera del arca de Noé, resultó ser solamente del año 700 E.C.... en efecto, madera antigua, pero no como para preceder al Diluvio.

§         Al duramen de un gigantesco secoya de California, que tenía 2.905 anillos anuales al momento de ser derribado en 1874, se le fechó del año 760 a.E.C.

§         Unas sandalias de cuerda tejida desenterradas de una capa de piedra pómez volcánica en una cueva de Oregón, E.U.A., arrojaron una edad de 9.000 años.

g86 22/9 17  La datación científica para tiempos prehistóricos.

Los relojes radiactivos dan fechas de millones de años, pero ¿con cuánta exactitud?

Este artículo y los dos que le siguen describen y evalúan los diferentes medios de datar por radiactividad usados por los geólogos para medir las edades de las rocas y de restos de organismos del pasado. Los ha preparado un físico nuclear de muchos años de experiencia investigadora e industrial en el campo de la radiactividad.

“Una depresión geológica es rica en hallazgos arqueológicos. Los científicos creen que restos de 10.000 años de antigüedad sitúan a seres humanos en la Florida durante el período glaciar.”

“Cerca de Osaka se desenterró la choza más antigua de la Edad de Piedra que se haya encontrado en el Japón. Los arqueólogos dicen que se construyó hace 22.000 años.”

“Hace un millón de años fluía un río a través de la región oriental de Corona (California), y entre los animales prehistóricos que frecuentaban sus riberas había mastodontes, camellos, caballos y conejos.”

ESAS alegaciones recientes son típicas de las que anuncian descubrimientos hechos por arqueólogos y paleontólogos. Lo primero que la gente desea saber acerca de un nuevo hallazgo es su antigüedad. El científico que habla con los reporteros siempre tiene una respuesta, sea que se base en pruebas o sea meramente una conjetura.

Al leer informes como los susodichos, ¿se ha preguntado usted cómo pueden saberlo? ¿Con cuánta certeza se puede decir que hubo seres humanos en la Florida hace 10.000 años y en el Japón hace 22.000, o que mastodontes y camellos vagaban por California hace un millón de años?

Ante cualquier lector profano que desconoce la profesión científica puede parecerle increíble, pero el hecho de desconocer los métodos empleados no legitima la duda ni puede juzgar como impropios los resultados. Para que los lectores puedan tener mayor información no parcializada sobre el tema, incluyo extractos tomados de una enciclopedia. 

Aplicaciones científicas

El isótopo del carbono más común es el carbono 12; en 1961 se eligió este isótopo para sustituir al isótopo oxígeno 16 como medida patrón para las masas atómicas, y se le asignó la masa atómica 12.

Los isótopos carbono 13 y carbono 14 se usan como trazadores (véase Trazador isotópico) en la investigación bioquímica. El carbono 14 se utiliza también en la técnica llamada método del carbono 14 (véase Datación), que permite estimar la edad de los fósiles y otras materias orgánicas. Este isótopo es producido continuamente en la atmósfera por los rayos cósmicos, y se incorpora a toda la materia viva. Como el carbono 14 se desintegra con un periodo de semidesintegración de 5.760 años, la proporción entre el carbono 14 y el carbono 12 en un espécimen dado, proporciona una medida de su edad aproximada.[1]

Método del carbono 14

Las técnicas de datación con radiocarbono, desarrolladas en un primer momento por el químico estadounidense Willard Frank Libby y sus colaboradores de la Universidad de Chicago en 1947, suelen ser útiles para la datación en arqueología, antropología, oceanografía, edafología, climatología y geología reciente.

Por medio de la actividad metabólica, el nivel de carbono 14 en un organismo vivo se mantiene en equilibrio la atmósfera o con el de otras partes de la reserva dinámica terrestre, como el océano. A partir de la muerte del organismo, el isótopo radiactivo empieza a desintegrarse a un ritmo conocido sin ser reemplazado por el carbono del dióxido de carbono atmosférico. Su rápida desintegración limita, en general, el periodo de datación a unos 50.000 años, aunque a veces se extienda el método hasta 70.000 años. La incertidumbre de la medida aumenta con la antigüedad de la muestra.

Aunque el método se adapta a una gran variedad de materiales orgánicos, su precisión depende del valor usado para la vida media de las variaciones en las concentraciones atmosféricas de carbono 14 y de la contaminación. En 1962, la vida media del radiocarbono fue redefinida desde 5.570 ± 30 años a 5.730 ± 40 años; por ello, algunas determinaciones anteriores requieren un ajuste, y debido a la radiactividad introducida en los últimos años en la atmósfera, las dataciones de radiocarbono se calculan desde 1950. La escala temporal del carbono 14 contiene otras fuentes de incertidumbre que pueden producir errores entre 2.000 y 5.000 años. El problema más grave es la contaminación posterior al depósito, que puede estar causada por filtración de agua subterránea, por incorporación de carbono más antiguo o más joven, y por captación de impurezas en el terreno o en el laboratorio.[2]

Descripción del C14.bmp Todos los organismos vivos absorben carbono radiactivo, forma inestable de carbono que tiene una vida media de unos 5.730 años. Durante su vida, un organismo renueva de forma continua su provisión de radiocarbono al respirar y al comer. Tras su muerte, el organismo se convierte en un fósil y el carbono 14 decae sin ser reemplazado. Para medir la cantidad de carbono 14 restante en un fósil, los científicos incineran un fragmento pequeño para convertirlo en gas de dióxido de carbono. Se utilizan contadores de radiación para detectar los electrones emitidos por el decaimiento de carbono 14 en nitrógeno. La cantidad de carbono 14 se compara con la de carbono 12, forma estable del carbono, para determinar la cantidad de radiocarbono que se ha desintegrado y así datar el fósil.

© Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.[3]

Tiempo geológico

La cronología geológica cubre toda la historia de la Tierra, que comenzó hace unos 4.600 millones de años; sólo se ve superada en duración por el tiempo astronómico, que abarca la edad del Universo. Los geólogos del siglo XIX tenían pocos elementos para calcular la edad de la Tierra y sus materiales, con lo que sus estimaciones —basadas en el ritmo de acumulación de los depósitos de sedimentación— eran muy diversas, desde 3 millones de años hasta 500 millones. Utilizando principalmente la correlación estratigráfica, a partir de fósiles y de otras informaciones, consiguieron construir una escala de tiempos 'relativa'. Pero este primer intento de cronología geológica no era demasiado útil para comparar la estratigrafía de un continente con la de otro, y sin ese tipo de comparaciones la historia de la Tierra seguía siendo un enigma. El descubrimiento de la radiactividad cambió todo al sentar las bases de la datación radiométrica. Estas técnicas de datación han hecho posible hallar la edad "absoluta" de un mineral o roca, con lo que es posible calcular con una precisión sin precedentes la edad de la Tierra o la antigüedad de acontecimientos geológicos remotos.[4]

Tiempo arqueológico

Aunque en la datación de civilizaciones avanzadas se emplea con frecuencia la cronología política, para la datación de culturas poco avanzadas se usan métodos más parecidos a los empleados en geología. Por ejemplo, los arqueólogos registran cuidadosamente el orden de los depósitos sucesivos que contienen objetos de origen humano (estratigrafía). El principio de la estratigrafía es que, si los estratos no han sido perturbados, las capas más recientes están situadas sobre las capas más antiguas, relación que a veces se conoce como ley de superposición. El método estratigráfico de datación arqueológica es similar al empleado en geología. En ambos casos el espesor de los depósitos es una de las variables que determinan la edad. En ciertos pueblos antiguos la situación de las tumbas u objetos hacen que se recurra directamente a la cronología geológica para determinar la edad del depósito. Un método muy empleado para la datación de culturas humanas es la técnica del radiocarbono (carbono 14, o C14). Esta técnica se basa en que los organismos absorben durante su vida un isótopo radiactivo del carbono; los investigadores determinan la cantidad de radiocarbono que queda en las muestras orgánicas encontradas entre los objetos culturales. Este dato indica con bastante precisión el tiempo transcurrido desde la muerte del organismo.[5]

Los científicos describen la radiactividad de un elemento en función de su vida media (tiempo que tarda en perder la mitad de su actividad por desintegración). Ésta cubre un rango muy extenso de tiempo, desde los pocos microsegundos hasta miles de millones de años según sea el tipo de elemento que se trate. Al final del periodo de vida media, la mitad de la cantidad original del elemento radiactivo ha decaído; después de otro periodo igual, lo que quedaba se reduce de nuevo a la mitad, lo que reduce a una cuarta parte el total inicial, y así sucesivamente. Cada elemento radiactivo tiene su propia vida media, por ejemplo, la del carbono 14 es de 5.730 años y la del uranio 238 de 4.500 millones de años. 

Muchas fechas dadas por los científicos en la actualidad suelen ser incomprensivas para la mayoría de las personas comunes. La razón estriba básicamente en la poca o escasa educación recibida. Esta situación permite el desarrollo de distintas posturas ilegítimas respecto a los descubrimientos continuos de la ciencia. Tal como ocurre en distintos campos del adelanto humano, las personas en general ven dichos progresos con los ojos de su propia cultura y vivencias personales.

Entre estas diferencias son bien conocidas las posturas religiosas con respecto a muchos descubrimientos científicos. Todos aquellos descubrimientos que no parecen afectar las interpretaciones religiosas suelen ser aceptadas mientras que todas aquellas que de alguna manera contradicen ciertas creencias terminan no solo siendo rechazadas sino muy atacadas y denigradas. Una de ellas tiene que ver precisamente con los métodos modernos de fechar radiactivamente. 

Ahora bien, ¿cuáles son las descalificaciones a las cuales ha sido sujeto el método de fechamiento por radiocarbono? ¿Son realmente tan serias que pueden impugnar totalmente las proyecciones científicas? A continuación se muestran los datos o argumentos que pretenden invalidar dicho método, los cuales permitirán comprender el grado de entendimiento y lo que realmente desean transmitir a sus lectores los redactores de la revista ¡Despertad!, publicada por la Sociedad Watch Tower, una asociación religiosa fundamentalista perteneciente a los Testigos de Jehová. Es interesante que para crear una imagen de seriedad al tema tratado, el artículo aparecido en la revista del 22/9/86 afirma que ha sido desarrollado por un físico nuclear, pero lamentablemente desconocemos su nombre.

Veamos la manera o forma en que tratan el tema, permitiendo conocer la razón de sus puntos de vista al respecto.

g90 8/2 10-11  ¿Qué fue de los dinosaurios?
 Un método que se utiliza para datar la antigüedad de los fósiles es el denominado método de datación del radiocarbono. Este sistema de datación mide la proporción de desintegración del carbono radiactivo (carbono 14) desde el momento de la muerte del organismo. “Una vez que un organismo muere, ya no absorbe más anhídrido carbónico del ambiente que le rodea, y con el tiempo la proporción del isótopo [carbono 14] va disminuyendo a medida que sufre desintegración radiactiva”, dice Science and Technology Illustrated.

Sin embargo, este método presenta serios problemas. En primer lugar, cuando se considera que un fósil tiene 50.000 años de antigüedad, su nivel de radiactividad ha bajado tanto que resulta muy difícil detectarlo. En segundo lugar, incluso en especímenes más recientes, este nivel ha bajado tanto que sigue siendo dificilísimo medirlo con exactitud. En tercer lugar, los científicos pueden medir el nivel actual de formación de carbono radiactivo, pero no tienen manera de medir las concentraciones del carbono 14 que había en el pasado remoto.

g86 22/9 22-3  El reloj de radiocarbono.
 Un problema que persiste ha sido el de asegurarse de que la muestra examinada no haya sido contaminada, ni por carbono moderno (vivo) ni por carbono antiguo (muerto). Por ejemplo, puede que una muestra de madera del duramen de un árbol viejo contenga savia viva. O si se ha extraído con un solvente orgánico (hecho de petróleo muerto), es posible que quede algo del solvente en la porción analizada. Puede ser que raicillas de plantas vivas penetren en el carbón vegetal antiguo enterrado. O puede que este haya sido contaminado con betún, de mucha más antigüedad, difícil de remover. Se han hallado crustáceos vivos con carbonato que ha venido de minerales que han estado enterrados por mucho tiempo, o de agua de las profundidades oceánicas donde el carbonato estuvo por miles de años. Todas estas cosas pueden hacer que un espécimen parezca más viejo o más joven de lo que en realidad es.

El mayor error en la teoría de la datación por radiocarbono está en la suposición de que el nivel de carbono 14 en la atmósfera ha sido siempre igual al de la actualidad. Ese nivel depende, primeramente, de la proporción a que lo producen los rayos cósmicos. A veces los rayos cósmicos despliegan gran variedad de intensidad debido a cambios en el campo magnético de la Tierra. A veces las tormentas magnéticas solares aumentan por mil veces los rayos cósmicos durante unas horas. En los milenios pasados el campo magnético de la Tierra ha sido unas veces más débil y otras más fuerte. Y desde la explosión de las bombas nucleares el nivel mundial de carbono 14 ha aumentado considerablemente.

Por otra parte, la proporción es afectada por la cantidad de carbono estable en el aire. Las grandes erupciones volcánicas añaden cantidades sustanciales al depósito de dióxido de carbono estable, diluyendo así el radiocarbono. Durante el siglo pasado la quema de combustibles fósiles a un ritmo sin precedente, especialmente el carbón y el petróleo, ha incrementado de manera permanente la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. (En ¡Despertad! del 22 de julio de 1972 se dieron detalles adicionales sobre estas incertidumbres y otras.)”

g86 22/9 24-5  El reloj de radiocarbono. Medición directa del carbono 14

"Algo reciente en la datación por radiocarbono es contar, no solo los rayos beta que se desprenden de los átomos que se desintegran, sino todos los átomos de carbono 14 que hay en una muestra pequeña. Esto es particularmente útil al fechar especímenes muy antiguos en los cuales solo queda una fracción muy pequeña de carbono 14. Cada tres días, solamente un átomo de cada millón del carbono 14 se desintegra. El acumular suficientes recuentos como para distinguir entre la radiactividad y los rayos cósmicos al medir muestras antiguas es algo que resulta muy tedioso.

Pero si ahora podemos contar todos los átomos de carbono 14, sin tener que esperar que se desintegren, podemos obtener una sensibilidad un millón de veces mayor. Esto se logra por la curvación de un haz de átomos de carbono cargados positivamente en un campo magnético para separar el carbono 14 del carbono 12. Al carbono 12, que es más liviano, se le fuerza a un círculo más cerrado, y el carbono 14, que es más pesado, entra en un contador por una abertura.

Este método, aunque más complicado y costoso que el de contar rayos beta, tiene la ventaja de que la cantidad de material necesaria para la prueba es mil veces inferior. Presenta la posibilidad de fechar manuscritos raros y antiguos y otros artefactos de los cuales no se puede obtener una muestra de varios gramos, que sería destruida durante la prueba. Ahora tales artículos pueden fecharse por muestras de apenas unos miligramos.

Una aplicación que pudiera darse a este método sería fechar el Sudario de Turín, que algunos creen que se usó para envolver a Jesús para su entierro. Si la medición por radiocarbono mostrara que la tela no es tan antigua, quedarían confirmadas las sospechas de los escépticos de que el sudario es un engaño. Hasta ahora el arzobispo de Turín ha rehusado dar una muestra para fecharla porque se necesitaría un trozo muy grande. Pero con este nuevo método un centímetro cuadrado sería suficiente para determinar si el material proviene del tiempo de Cristo o si solo viene de la Edad Media.

En todo caso, los intentos por dar mayor alcance a la datación tienen poco significado mientras los problemas más importantes queden sin haberse resuelto. Mientras más antigua sea la muestra, más difícil es asegurar la ausencia completa de pequeños restos de carbono más joven. Y mientras más queremos remontarnos al pasado desde los pocos miles de años para los cuales tenemos una calibración confiable, menos sabemos de los niveles de carbono 14 de aquellos tiempos antiguos.”

  La vida media del radiocarbono puede variar según la actividad de los rayos cósmicos en la atmósfera, y según el nivel existente en el pasado las lecturas pueden ser diferentes al tiempo calendario. Hacia finales del siglo XX se han sumado a la atmósfera otros niveles de radiación que incrementaron la vida media de 5.570 a 5.730 años para 1962 (unos 160 años, equivalente al 2,8%). Por otra parte, la quema de combustibles fósiles y las actividades volcánicas tienden a decrecer la vida media al diluir el carbono radiactivo presente en la atmósfera. Si en tiempos pasados los niveles de radiación eran mucho menores, la vida media habría decrecido de manera correspondiente. 

Sin embargo, ¿puede dicha variación afectar los fechamientos a tal extremo que resulten totalmente incorrectos a tal punto que la utilidad del método resultara inútil? ¿Pueden profundas variaciones pasar inadvertidas? ¿Hasta qué grado podrían afectar realmente el alcance de este método de fechamiento? ¿Puede afirmarse que existieron grandes variaciones de los niveles de carbono radiactivo en la atmósfera en tiempos antiguos, lo que haría totalmente falible este método? 

A diferencia del punto de vista de la revista, los científicos consideran que uno de los mayores problemas del C14 es la contaminación y no las posibles variaciones. En nuestro caso, tiene que ver con la infiltración posterior de carbono más antiguo (no “más joven” como dice el artículo) , lo cual calificaría a la muestra más antigua de lo que en realidad es. Sin embargo, ¿hasta qué grado esta incertidumbre puede afectar el criterio promedio procedente de las miles de muestras analizadas? Cuanto más fósiles se daten y mayor cantidad de datos se crucen, tanto menores serán las posibilidades de manejar fechamientos erróneos. Pero ya veremos oportunamente aspectos concretos. Mientras tanto sigamos leyendo los distintos argumentos procedentes del ámbito religioso.

g82 8/3 14-15  ¿Cuán antiguos son los fósiles?
 “El reloj de radiocarbono, basado en la vida media de 5.500 años del carbono 14, es mucho más útil para hacer mediciones de edades en el período de la historia del hombre en la Tierra. En este caso no se está empleando un elemento radiactivo que ha estado aquí continuamente desde la creación. Puesto que el radiocarbono tiene una vida tan corta, hace mucho que todo éste hubiese desaparecido. Pero la lluvia de rayos cósmicos sobre la atmósfera de la Tierra está formando este isótopo de continuo.

Todas las cosas vivientes tienen carbono en toda parte de su cuerpo, y mientras están vivas, la proporción de carbono 14 que tienen es igual a la proporción de anhídrido carbónico que hay en la atmósfera. Cuando dejan de vivir y se les entierra y quedan apartados de la atmósfera, el carbono 14 va descomponiéndose poco a poco y desaparece. Por eso, si se desentierra un pedazo viejo de madera o de carbón de palo, es posible medir la proporción de carbono 14 que queda en él y determinar cuánto tiempo hace que fue parte de un árbol vivo.

De nuevo, eso es según la teoría. En la práctica, hay muchas cosas que pueden resultar en mediciones erróneas. Una cosa que fácilmente puede estropear una muestra es la posibilidad de que se haya contaminado con otras materias que pudieran contener carbono más viejo o más nuevo.

La pregunta de mayor relevancia, especialmente en lo que tiene que ver con muestras de gran antigüedad, es si había la misma proporción de radiocarbono en la atmósfera en la antigüedad que hay hoy día. No hay modo alguno de saber esto con certeza, porque depende de las lluvias de rayos cósmicos, de las cuales es bien conocido que son variables y esporádicas. Por ejemplo, si por alguna razón durante la historia primitiva de la humanidad los rayos cósmicos hubiesen tenido como promedio solo la mitad de la intensidad que tienen hoy, cualquier muestra que se tomara de aquella época parecería ser 5.500 años más antigua de lo que realmente es.

Puesto que no hay modo de averiguar la intensidad de los rayos cósmicos de las edades pasadas, sería prudente aceptar fechas de carbono 14 únicamente para el período para el cual el reloj ha sido calibrado con materias históricas, lo que permitiría retroceder unos 3.500 años. Las fechas de más antigüedad que eso pudieran ser progresivamente más inexactas.”

A esta altura deseo resaltar una pregunta clave. ¿Es cierto que es imposible constatar los niveles de intensidad de los rayos cósmicos desde hace 3.500 a  40.000 años al pasado? Estimado lector, la respuesta vendrá pronto. Mientras tanto sigamos.

g90 22/12 28  Observando el mundo
DATACIÓN INEXACTA

 “Durante décadas, los historiadores y los paleontólogos han confiado en la datación por radiocarbono para calcular la edad de los fósiles. Sin embargo, según la revista Time, “esos cálculos, aunque valiosos, se sabe que no son del todo confiables”. La revista añadía que “los niveles de carbono 14 en el aire —y por consiguiente, la cantidad ingerida por los organismos— varían con el transcurso del tiempo, lo que puede afectar los resultados de la datación”. Tras comparar los resultados de una prueba con carbono 14 y una con uranio-torio, un grupo de geólogos del Laboratorio Geológico Lamont-Doherty de Palisades (Nueva York, E.U.A.) descubrió que las “fechas del radiocarbono pueden estar equivocadas por hasta 3.500 años, quizás lo suficiente como para obligar a que cambie la opinión actual sobre preguntas importantes como la de cuándo llegó el hombre a las Américas por primera vez”.”

            Como se considera que el hombre habitó América hace unos 15.000 años, una diferencia en 3.500 años representaría un margen de aproximación del 25 %, y no una fecha totalmente basada en suposiciones.

            Con relación al comentario sobre la incidencia en la datación en función del nivel de radiocarbono en la atmósfera, se dice que la presencia de solo la mitad haría una muestra 5.500 años más antigua de lo que es. Si fuera la cuarta parte, sería datada 11.000 años más antigua y así sucesivamente. Sin embargo, ¿es correcta esta incertidumbre para descalificar las miles de dataciones realizadas? ¿Es cierta la declaración de que ‘no hay modo alguno de saber con certeza’ si los niveles de radiocarbono en la antigüedad eran similares a los actuales? En realidad no es del todo veraz esa declaración, porque no se dan cuenta de un factor relevante en donde el mismo reloj de radiocarbono lo mostraría. Existe una manera muy fácil de corroborarlo. Se basa en el cotejo de las miles de mediciones. Cualquier notable variación en el pasado aparecería como un ‘salto’ o ‘espacio de tiempo no indicado’ en las miles de dataciones de objetos y fósiles antiguos. Inclusive, si las magnitud de las afectaciones fueran geográficas serían detectadas como valles o montañas temporales. Pero una continuidad y uniformidad en las dataciones demostraría que las variaciones en las concentraciones de carbono 14 en la atmósfera no han sido tan grandes para alterar totalmente las fechas sugeridas. Por eso, una pregunta importante que debiera contestarse es: ¿existe una ‘omisión de tiempo’, o en todo caso una desregularidad geográfica, vistas ambas en todo caso como una ausencia de correlación entre las dataciones y las muestras en los fechamientos con radiocarbono?

            Pues bien, no existe. De modo que la consideración de un nivel más o menos estable con variaciones manejables no hace que sea totalmente una suposición considerar las dataciones bastante aproximadas. Existen evidencias que lo demuestran. Esto es muy importante y refuta de manera sencilla las alegaciones de su inexactitud atribuidas a las supuestas notables variaciones de nivel de carbono 14 en la atmósfera en tiempos antiguos.

            Los publicadores aluden a que el diluvio produjo enormes cambios en la tierra y pudo alterar dicha concentración, considerando que éste es uno de los principales problemas del C14.

g90 8/2 11  ¿Qué fue de los dinosaurios?
 
Esto es especialmente cierto si tenemos en cuenta que el diluvio del día de Noé ocurrido hace más de cuatro mil trescientos años produjo enormes cambios en la atmósfera y en la superficie terrestre.”

            Pero si esto fuera cierto, entonces debería existir un ‘bache de tiempo’ entre 4.300 años hasta un fechamiento posterior relacionado con los restos fósiles antediluvianos datados con radiocarbono. Sin embargo no existe ninguna ‘omisión de tiempo’. Si los mamuts congelados son considerados como restos del tiempo del diluvio,(Los mamuts, la glaciación y el diluvio) su fechamiento debería mostrar ese ‘bache’. Pero algunos son fechados en 40.000 años mientras que otros en 20.000 años. Si supusiéramos que tanto los 40.000 años como los 20.000 años no son exactos, podemos promediarlos y decir que 30.000 años podría ser la fecha. Pero si de 4.300 años saltáramos a 30.000 años por la supuesta diferente concentración de radiocarbono antediluviana, ¿porqué existen muchas fechas que van desde los 4.300 años hasta los 30.000 años? Obviamente se relacionan con fósiles supuestamente antediluvianos, ya sean éstos de humanos, como de animales y otras clases de restos orgánicos, porque el reloj de radiocarbono se considera fiable hasta unos 4.000 años, donde, en palabras de los mismos devotos, reconocen que ha probado su eficacia. Por consiguiente, la gran cantidad de fechamientos después de los 4.300 años que se suceden de manera continuada, sin ‘baches’ o ausencia de correlación significativa entre la cantidad de muestras, su edad relativa y su datación radiométrica, es decir, en una proyección realista de muestras halladas, demuestra a un grado razonable que las alegaciones de algunos para descalificar las dataciones en base a supuestas notables diferencias en las concentraciones de radiocarbono atmosférico en el pasado antediluviano carecen de sustento. (Recientemente se ha descubierto un mamut de 4.000 años en el continente americano) En el continente americano, por ejemplo, las dataciones efectuadas con radiocarbono de restos orgánicos humanos no superan los 15.000 años, y corren sin interrupciones partiendo desde épocas más recientes; mientras en otros continentes dataciones similares superan los 40.000 años. Esto revela por un lado la seriedad en las mediciones y por otro lado la no correspondencia de los humanos americanos más antiguos con los mamutes congelados en Siberia considerados por muchos como evidencia del diluvio. Recientemente el mamut Jarkov, un caso típico que muestra un cambio climático, ha sido fechado en 20.000 años. Claramente los antiguos habitantes americanos existieron antes de la época del diluvio según la fecha que da la Biblia pero después de la muerte inexplicable de mamutes como Jarkov en la península de Taimir. Parece evidente que existe un serio enredo religioso.

            Sin embargo, resulta interesante el siguiente comentario sobre los errores cometidos en unos restos fósiles descubiertos en América y que fueron datados originalmente por un método llamado de racemización.

g86 22/9 26  El reloj de radiocarbono.
 Algunas de las aplicaciones del método de racemización que mayor publicidad han recibido tuvieron que ver con fechar restos de esqueletos humanos hallados en las costas de California. Uno de estos, conocido como el hombre de Del Mar, fue fechado por este método, y recibió una edad de 48.000 años. Otro, el de una mujer, fue hallado en una excavación cerca de Sunnyvale, y aparentemente era más antiguo aún, ¡de unos 70.000 años! Estas edades crearon gran conmoción no solo en la prensa pública, sino especialmente entre los paleontólogos, porque nadie había creído que el hombre hubiera estado en América del Norte en tiempos tan remotos. Surgió la especulación de que el hombre pudo haber cruzado el estrecho de Bering desde Asia hace unos cien mil años. Pero ¿cuán seguras eran las fechas determinadas por este nuevo método?

Para contestar esta pregunta se hicieron pruebas radiométricas con productos intermedios de desintegración entre el uranio y el plomo cuyos períodos de semidesintegración eran adecuados para el espacio de tiempo deseado. Se consiguieron las siguientes edades: 11.000 años para el esqueleto de Del Mar y solo ocho mil o nueve mil para el de Sunnyvale. Algo marchaba mal.

Con todo, aquí no termina la historia. Uno de los huesos de Sunnyvale fue sometido a la prueba de radiocarbono, tanto por la cuenta de partículas beta de átomos en desintegración como por el nuevo método de contar los átomos. Las pruebas dieron valores que concordaban aproximadamente. ¡El promedio fue de apenas 4.400 años!

Después de esto, ¿qué podemos creer? Es obvio que algunas de las respuestas están completamente equivocadas. ¿Deberíamos poner más confianza en las fechas de radiocarbono, puesto que se tiene más experiencia en usar ese método? Pero aun con este, muestras diferentes del mismo hueso mostraron una variación de 3.600 a 4.800 años. Quizás deberíamos simplemente concordar con las palabras ya citadas de un científico: “Quizás todas estén equivocadas”.

Este mismo año la revista Science News, bajo el título “Nuevas fechas para herramientas ‘primitivas’” informó:

  “Cuatro artefactos hechos de hueso, de los cuales se pensaba que suministraban prueba de la presencia de humanos en America del Norte aproximadamente 30.000 años atrás, son en realidad, a lo máximo, de 3.000 años de antigüedad, informaron en la revista CIENCIA del 9 de mayo el arqueólogo D. Earl Nelson, de la Universidad Simon Fraser, de British Columbia, Canadá, y sus colegas. [...]

 “La diferencia en los cálculos de las edades entre los dos tipos de muestras de carbono procedentes del mismo hueso es para no decir otra cosa peor, significativa. Por ejemplo, a un “despellejador’ empleado para quitar la carne de las pieles de animales se le dio originalmente por el método de radiocarbono, una edad de 27.000 años. Ahora esa fecha ha sido corregida a unos 1.350 años”. (10 de mayo de 1986.)”

g86 22/9 27  La credibilidad de las fechas bíblicas es irrebatible.
 la arrolladora mayoría de las fechas determinadas por métodos radiocarbónicos caen dentro del período bíblico de 6.000 años. Las pocas fechas más antiguas a las cuales se aferran desesperadamente los evolucionistas son todas dudosas.”

La racemización es un método bastante inseguro y depende de tener otros datos muy confiables sobre los cambios climáticos de la zona donde se halló el espécimen y el tipo de sedimento que lo contuvo. A pesar de los errores cometidos, este método a progresado lo suficiente para alcanzar niveles respetables de cierta credibilidad. Se lo suele utilizar en correlación con otros métodos permitiendo extender el rango hasta los 500.000 años al pasado.

 

En cuanto a las palabras de un científico al final, ¿con relación a qué considera están equivocadas las fechas más antiguas de restos humanos? Desconocer el contexto no ayuda a clarificar.

              Obviamente estos ejemplos parecen mostrar por sí mismos lo inexactos que pueden ser estos relojes, y que no pueden servir definitivamente como aproximados marcadores del tiempo. Pero, ¿cuál método creó este problema originando confusión? ¿Por qué se utilizó el de uranio-plomo? Para el caso del C14, ¿se deben estos errores a las supuestas variaciones de concentración de carbono radiactivo que alteró las mediciones? Por supuesto que no, porque aquí se trata de otro problema diferente. Si muestras del mismo fósil orgánico de Sunnyvale mostraron una inexactitud del 34 % con C14 el problema no es tan grave. Si una comparación entre el C14 y el método por uranio-plomo dieron 11.000 y 8.000 años, dando una diferencia de 4 a 7.000 años,  el asunto simplemente muestra lo inexacto del método de racemización aplicado en ese momento, señalándolo como causante de la confusión. Por otro lado, con el reloj de uranio-plomo no se dataron los restos orgánicos, sino probablemente rocas con radiactividad uránica relacionadas con los mismos,  por lo que los resultados obtenidos bien pueden ser equivocados, ya sea por encontrarse las muestras en un rango muy alejado del método o por no estar debidamente relacionados, razón por la cual no debe considerarse como errores en todos los métodos de dataciones usadas por los científicos. No es correcto concluir preguntándose sobre cuál método de datación es el mejor. Esa pregunta es infantil o claramente dicha para confundir. Solamente sirvieron como únicos recursos válidos de esa época para verificar el fechamiento dado mediante la racemización, que fue el que originó la polémica. Como se puede apreciar, fue el método de radiocarbono el que aquietó las aguas de la conmoción, porque las muestras realmente pertenecían al espacio de tiempo del rango fidedigno del C14. Sin embargo, la mención de errores entre 27.000 años a 1.350 años sobre un mismo espécimen con C14 extraído de una revista científica, en este caso un 'despellejador' fabricado en hueso, haría realmente del método un verdadero fraude científico. Es la única declaración más preocupante de todas las presentadas por ¡Despertad! hasta ahora. Pero parece que los científicos no se han percatado de semejante yerro, pues no desacreditan por ello a este método, más bien lo utilizan para asegurarse que las informaciones y datos publicados se correspondan a la verdad y no a declaraciones equivocadas. Habría que conocer más sobre el problema en particular de estas dataciones de herramientas de hueso encontradas y las enormes diferencias atribuidas. Esta mención es la única que realmente tiene verdadero valor impugnativo de todo el artículo, y llama poderosamente la atención que los publicadores no le hayan dedicado a este asunto toda su atención, salvo una pasada casi inadvertida, concentrándose en aspectos secundarios que en realidad no son de seria consideración. Esta actitud es censurable.

            Después de leer los artículos de la revista ¡Despertad!, a uno puede quedarle la idea de que los científicos están: a) tan ansiosos por desacreditar a la Biblia que siempre ‘arreglan’ sus cifras para ello, y b) que su método de radiocarbono es tan pero tan impreciso, que es lo mismo que imaginar las fechas.

            El razonamiento presentado en el cual se concentran para rebatir el C14 tiene más de exageración y manipulación que de verdad. Por ejemplo, al decir que en las muestras antiguas  ''su nivel de radiactividad ha "bajado tanto" que resulta muy difícil detectarlo'', sin darse cuenta están reconociendo la verdadera antigüedad de la muestra. ¿Para qué mencionar este asunto y otros relacionados si en realidad con el C14 no se puede llegar a expresar cifras serias algunas? No tiene sentido perder tiempo en este y otros razonamientos si sencillamente el método resulta tan torpe que miopemente no distingue entre 30.000 años y 1350 años. Esta sería realmente la mejor evidencia que pondría al descubierto el método del C14 como inútil. Habría que haber empezado por este tremendo error y no con cuestionamientos vanos, lo cual pone en duda realmente la capacidad de los redactores de los artículos. ¿Porqué? Sencillamente porqué, por un lado, cuando una muestra posee niveles altos de radiocarbono, resulta también difícil determinar con exactitud la fecha, aspecto que no se menciona porque no perjudica las creencias. Nadie se horroriza si el fechamiento varía entre 650 a 870 años de cualquier muestra, porque cae dentro del terreno histórico que puede manejarse. Pero por otro lado, el que más interesa por caer fuera del terreno histórico y mencionado por el perito, hay desdén por diferencias del 20 al 30 %. Pero no solo eso. Las pequeñas cantidades de C14 que una muestra puede contener no se constituye en realidad en una razón de su falta de fiabilidad. En este razonamiento presentado cometen un error muy notable. ¿Cuál? Cuando posee solo la mitad del nivel de radiocarbono, ya es de una antigüedad de unos 5.500 años, superando en 1.200 la fecha del diluvio bíblico. No es 'dificilísimo' detectar el 50% del nivel. Pero no termina aquí, pues si posee la cuarta parte del nivel, entonces la muestra sobrepasa ampliamente los 6.000 años, siendo de por lo menos 11.000 años de antigua, y si se encuentra la octava parte, entonces se puede fechar en por lo menos 16.500 años. No resulta tampoco 'dificilísimo’ detectar una octava parte de C14 en una muestra, y mucho menos con las modernas técnicas de conteo. A partir de esa porción, cualquier minúscula cantidad de C14 que resultare “muy difícil” de detectar, nos estaría diciendo realmente que la muestra es, en honor de la verdad, muy antigua, indudablemente mucho más antigua o atrás en el tiempo que la fecha que proporciona la Biblia para la existencia de Adán y Eva. Además de esto, los redactores de dicha revista no dicen a sus lectores que existen miles de muestras de restos humanos sobre los cuales no es posible utilizar el método del radiocarbono. ¿Por cuál motivo? Se debe a que ya no poseen en absoluto restos radiactivos de C14, y la mayoría están transformados en roca. Esta realidad esta bien documentada para cualquiera que desee analizarla. Por ejemplo, los restos humanos de Atapuerca debieron ser datados usando otros métodos indirectos. De modo que los dos primeros " serios problemas'' del C14 no son un impedimento para distinguir la antigüedad de un resto orgánico.  Hasta no hace mucho tiempo, el límite práctico para detectar y cuantificar cantidades pequeñas de C14 se situaban en unas 2 milésimas del nivel establecido, lo que equivale a los 50.000 años mencionados. Durante muchos años era el límite práctico del C14, porque introducía, tal como lo dice el artículo, un margen de error mayor conforme más antigua era la muestra. Pero no basta con decir una verdad y luego introducir argumentos absurdos. Hay que decir toda la verdad, aspecto que el artículo no lo hace. Obviamente no han insistido en la notable discrepancia mencionada tangencialmente debido seguramente a factores valederos que les hubiera impedido presentarla como tal, razón por la cual solo introducen distraidamente el comentario para dejar que sus crédulos lectores la complementen con su gran imaginación.

            ¿Qué ocurre con el tercer 'serio problema', según el brillante físico nuclear ‘el mayor’, que afecta tan gravemente la fiabilidad del C14 por cuya razón cualquier fechamiento mayor de 6.000 años debe considerarse como una tontería? Ya lo he considerado, pero lo haré de nuevo, porque mediante este argumento, cuando les fallan los otros, se afirma que las antigüedades asignadas no se corresponden con las fechas reales debido a notables cambios atmosféricos que supuestamente desde hace 4.000 años hacia el pasado mantenían muy reducidos los niveles de C14, empujando hacia atrás en el tiempo cualquier muestra orgánica asignada históricamente entre 4.300 a 6.000 años. Si “el diluvio del día de Noé ocurrido hace más de cuatro mil años produjo enormes cambios en la atmósfera” como se alega, alterando tan gravemente los niveles de radiocarbono que inutiliza el reloj que los científicos han descubierto, en realidad el mismo reloj, al grado que se lo reconoce confiable, debería mostrarlo. Sea que la vida media fuera muy distinta o el nivel totalmente diferente o cualquier otra cosa, de tal manera que alejara las fechas reales, cualquier muestra de esa época sería detectada por el C14 y se evidenciaría como una brecha o vacío en el tiempo. Habría muchas muestras hasta de 4.000 años, pocas de entre 4.000 a 30.000 años y muchas de 30.000 a 50.000 años. Si se afirma que las fechas antiguas no son tan antiguas como se cree, entonces no podría haber una continuidad en las mediciones. Contrario a lo que se afirma, de que “las pocas fechas más antiguas a las cuales se aferran desesperadamente los evolucionistas son todas dudosas”, en realidad no son ‘pocas’ las fechas antiguas mayores de 6.000 años, ni tampoco son ‘todas dudosas’, aunque es cierto que algunos se aferran a ellas. Pero ese es otro problema que no viene al caso. La verdad es que existen numerosos fechamientos antiguos realizados con C14 en restos humanos encontrados en diversas partes del mundo que van desde los 4.500 años a los 40.000 años de carácter suficientemente fiable desde el punto de vista objetivo que alcanzan y sobran para desestimar totalmente dicha afirmación. Resultan mucho más especulativas y carentes de datos que las sustenten las distintas afirmaciones y suposiciones arribadas por los detractores del C14, demostrando incluso carencia de capacidad científica al analizar los ‘serios problemas’ presentados.

En la siguiente ilustración se puede apreciar cómo resulta dificultoso mediante el método del radiocarbono determinar la antiguedad de muestras que superan los 40.000 años, mientras resultan muy exactas muestras menores a ese límite, pero lo suficientemente elevadas como para superar ampliamente el límite cronológico que se interpreta de la Biblia.

       

El cráneo hallado en la República checa tiene una alta precisión en la antiguedad, y resulta interesante además observar mediante comparación las diferencias con una especie de humano encontrado en Irak cuya frente es más chata, de marco superciliar muy prominente similar a los simios, nariz grande y mentón retraído, ubicándolo como más prehistórico en sentido evolutivo. Aunque hoy día se pueden hallar ciertos razgos coincidentes en cráneos modernos, los mismos no son tan acentuados como en los antiguos Neandertales.

Las variaciones en el nivel del radiocarbono de los últimos 40.000 años, que es el límite práctico del método, no han sido tan notables como para invalidar si una muestra es muy antigua o no lo es. Para asegurar que la Biblia dice la verdad en cuanto al comienzo de la humanidad hace 6.000 años, entonces los niveles de C14 para muestras de restos humanos fechadas entre 5.000 a 40.000 años deben indefectiblemente obedecer a cambios tan abruptos en el nivel de C14 ocurridos entre los 4 a 6.000 años que deberían haber descendido hasta unas 60 veces al actual para las muestras más antiguas posibles de medir razonablemente con dicho método. Como veremos más adelante, las correlaciones efectuadas con otros métodos indirectos, radioactivos y por aquellos que pueden medir los efectos de radiaciones de bajo nivel, permiten asegurar que no existieron semejantes cambios. Sencillamente no es cierto lo que afirman. La prueba más evidente y contundente sobre su postura evasiva se puede apreciar en que jamás han tratado en alguna de sus publicaciones sobre las correlaciones efectuadas para calibrar el método de radiocarbono. Solo insisten en los aspectos negativos, pero no dicen nada de cómo se buscó la manera de minimizarlos o corregirlos. El que los científicos lo hayan hecho pero la organización religiosa calle al respecto, muestra su preocupación. Si tales correlaciones fueran débiles y sus resultados dudosos, mostrando resquicios, ya nos habríamos enterado de ello por los ríos de tinta que habrían usado para atacarlos.

Esta evasiva y manera no objetiva de tratar el material se puede apreciar al tocar el tema del conteo de los anillos de los árboles.

Dendrocronología... datación por anillos arbóreos

Frente a estas fallas fundamentales, los que han empleado el radiocarbono para fechar han resuelto normalizar sus fechas con la ayuda de muestras de madera datadas por la cuenta de los anillos anuales de los árboles, en especial los del pino aristado, que vive por centenares y hasta miles de años en la región sudoeste de los Estados Unidos. A este campo de estudio se le llama dendrocronología.

Por lo tanto, ya no se cree que el reloj de radiocarbono dé una cronología absoluta, sino una de fechas relativas. Para obtener la edad verdadera, la fecha de radiocarbono tiene que ser corregida mediante la cronología basada en los anillos arbóreos. Por esto, al resultado de una medición de radiocarbono se le conoce como “fecha de radiocarbono”. Al someter esta fecha a cotejo por una curva de calibración basada en los anillos arbóreos se deduce la fecha absoluta.

Esto es válido hasta donde se pueda considerar confiable la cuenta de los anillos del pino aristado. Ahora se presenta el problema de que el árbol viviente más antiguo cuya edad se conoce se remonta solamente hasta el año 800 E.C. Para extender la escala, los científicos tratan de parear por superposición el patrón de anillos gruesos y delgados de madera muerta de los alrededores. Juntando 17 restos de árboles caídos, aseguran poder remontarse a más de 7.000 años en el pasado.

Pero las mediciones por los anillos arbóreos tampoco subsisten por sí solas. A veces hay incertidumbre en cuanto a dónde exactamente colocar un trozo de un árbol muerto, y por eso, ¿qué hacen? Solicitan que se le haga una medición de radiocarbono y luego se basan en esta para colocarla en su lugar. Esto nos recuerda a dos cojos que tienen una sola muleta y se turnan para usarla; mientras uno la usa, el otro se apoya en él para mantenerse en pie.

Uno tiene que preguntarse cómo es posible que se hayan preservado trozos de madera al aire libre por tanto tiempo. Parecería más probable que las fuertes lluvias se los hubieran llevado, o que alguien que pasara los hubiera recogido para usarlos como leña o darles otro uso. ¿Qué impidió su putrefacción, o que fueran atacados por los insectos? Es verosímil que un árbol vivo resista los estragos del tiempo y el clima, y que a veces uno de ellos viva mil años o más. Pero ¿qué hay de la madera muerta? ¿Subsistió por seis mil años? Raya en lo increíble. Sin embargo, en esto se basan las fechas de radiocarbono más antiguas.

A pesar de esto, los expertos en radiocarbono y los dendrocronólogos se las han arreglado para poner a un lado dudas de esa índole y conciliar las diferencias e inconsecuencias, y se sienten satisfechos con el compromiso a que han llegado. Pero ¿qué hay de sus clientes, los arqueólogos? No siempre están contentos con las fechas que reciben para las muestras que envían. En la conferencia de Upsala uno de ellos se expresó así:

“Si una fecha obtenida mediante el carbono 14 apoya nuestras teorías, la ponemos en el cuerpo del texto. Si no la contradice enteramente, la ponemos a pie de página. Y si es completamente ‘inoportuna’, la abandonamos”.

Algunos todavía piensan así. Recientemente uno escribió acerca de una fecha de radiocarbono que supuestamente marcaba el tiempo en que principió la domesticación de animales:

“Los arqueólogos [están comenzando] a dudar de la utilidad inmediata que tengan edades obtenidas mediante radiocarbono simplemente por salir de laboratorios ‘científicos’. Mientras más confusión haya con relación a qué método, qué laboratorio, qué período de semidesintegración y qué calibración merece más confianza, menos obligados nos sentiremos nosotros los arqueólogos a aceptar, sin dudar, cualquier ‘fecha’ que se nos ofrezca”.

El radioquímico que había suministrado la fecha replicó: “Preferimos tratar con hechos basados en mediciones exactas... no con la arqueología de moda o emocional”.

Si los científicos discrepan tan claramente acerca de la validez de estas fechas que se remontan a la antigüedad del hombre, ¿no sería comprensible que la persona profana sea escéptica con relación a las noticias basadas en la “autoridad” científica, como las mencionadas al comienzo de esta serie de artículos?  

Las discrepancias aludidas no afectan la antiguedad del hombre, sino las teorías que se han edificado relacionadas al linaje y de fechas originadas con anterioridad, y forman parte de la reputación de distintos eruditos, profesores, paleontólogos y otros universitarios de turno en lo relacionado con sus convicciones e intereses profesionales, personales y comerciales. Las personas profanas deben saber esto, no para aceptar cualquier cosa que se publique sobre cómo y cuándo vivían tales hombres prehistóricos con tal que el medio cite el nombre de los científicos involucrados en diseminar dichas teorías, sino en decantar de todo el material el concepto principal del mismo, que es la gran antigüedad del hombre en la tierra comparada con la antigüedad que brinda la Biblia.

Con relación a decir que el radiocarbono solo puede ser fiable si se basa en los anillos de los árboles vivos, y que "raya en lo increíble" encontrar "trozos de madera al aire libre" por no decir correctamente troncos muertos más antiguos todavía no descompuestos, y que para confirmar la antiguedad de los 'pedazos' para 'armarlo' se use la "muleta" del C14, es claramente un error de concepto por falta de cuidado en informarse bien, por no decir otra cosa. 

Lo cierto es que se trata en principio de comparaciones efectuadas para cimentar confianza en un método tan nuevo y raro de entender en sus comienzos comparado con la relativa sencillez de contar los anillos de los árboles vivos aún, conocido y usado ampliamente durante muchos años antes de aparecer el C14. Las comparaciones entre las dataciones con radiocarbono de muchos troncos con la edad que mostraban sus anillos permitió alcanzar, no solo una confianza en el nuevo método, sino algo más importante que no mencionan y siquiera explican bien. Consiste en alcanzar una precisión mayor al desarrollar las curvas de calibración. Era necesario saber si las fechas obtenidas por C14 no solo fueran coincidentes con el conteo de los anillos, sino conocer la relación en un registro de continuidad entre ambas en función de la antigüedad. De encontrar discordancias no se hubiera podido avanzar. Una vez establecidas las edades cercanas como correctas y desarrollado la curva de ajuste para ese tramo, al hallar troncos muertos más antiguos todavía y que no habían alcanzado un grado de descomposición limitante, al fechar la capa externa del anillo, si ésta entraba en una fecha ya calibrada, se podía conocer la edad del comienzo del tronco al analizar su duramen. Contando los anillos se establecía el año calendario del inicio de la vida del árbol y luego datando con radiocarbono el centro del tronco, al partir de una fecha ya calibrada ubicada en la capa externa, se podía extender el ajuste del método hasta el año que posibilitara la antigüedad del duramen más antiguo hallado que todavía no se hallara descompuesto. De ese modo, se logró alcanzar calibraciones hasta los 7.000 a 9.000 años hacia el pasado basándose en la dendocronología. 

Este es un aspecto que deliberadamente las publicaciones religiosas pasan por alto, porque señala el arduo trabajo de investigación y ajuste de la presición del C14 alcanzada hace ya varios años, en vista de la inseguridad en sus comienzos debido al problema de si los niveles de C14 en la atmósfera habrían variado demasiado en el pasado distante.

No obstante, aquí no termina el esfuerzo científico por hallar la manera de precisar el resto del rango del C14. Estudios posteriores permitieron detectar que los corales pueden datarse no solo con radiocarbono, sino midiendo la desintegración uranio-thorio. Cuanto más th230 posea un coral tanto más antiguo es. Al correlacionar ambos métodos, se pudo extender la curva de ajuste hasta el límite práctico del C14, que es de 40.000 años.

 

Sin embargo, algo que jamás dirán, lo más interesante de todo, es que al desarrollar la curva de ajuste se descubrió que a medida que más nos adentramos al pasado, existió mayor cantidad de C14 en la atmósfera, tanto que para una fecha donde el C14 daba 17.000 años, era en realidad de 20.000 años calendario. Este avance, tal como lo expuse antes, no lo mencionan ni en letra chica las revistas religiosas, porque obviamente va en contra de sus creencias y razonamientos bíblicos. Para ellos tuvo que ser, ¡al revés!, es decir, mucho menor para encajar con los fechamientos tan antiguos. Por eso solo se concentran en aspectos secundarios, insistiendo siempre en sus mismas argumentaciones impugnativas sobre la base de la ignorancia de sus lectores.

            Otro aspecto falaz es asegurar que los fechamientos con radiocarbono antiguos se corresponden a unas pocas muestras. En realidad existen cientos de fechamientos muy antiguos con radiocarbono. Sin embargo, es muy importante aclarar, que el método por radiocarbono no es el único para distinguir cuán antiguo es un fósil encontrado. Mucho antes de los métodos radiactivos, principalmente a través de las mediciones y estudios estratigráficos, ya era posible detectar si algún resto hallado era realmente antiguo o reciente. Los métodos radiactivos han sido muy útiles para no solo confirmar los avances ya hechos en arqueología y paleontología, sino para poder determinar con mayor precisión la antigüedad real de cada una de las innumerables muestras fósiles. A medida que los métodos radiactivos se han perfeccionado desde su aparición en la década de los años 50, además de aparecer muchos otros radiactivos nuevos, así como mediante comparaciones entre sí y con otros métodos-como el paleomagnético-ha permitido disponer de una amplía gama de datos para el análisis y el estudio profundo, resultando en que la capacidad del radiocarbono de señalar mayor precisión se haya fortalecido. Algunos sitios arqueológicos prehistóricos (Ver tambien: Rastros de la humanidad antigua) Cada método era usado en función de la antiguedad de los fósiles hallados, pues los rangos de cada uno varían entre sí, pero en su conjunto sirven para abarcar inmensas cantidades de tiempo. Por otro lado, el hecho que hubiere mayor cantidad de fechamientos con radiocarbono dentro de los 6.000 años no indica de por sí nada extraordinario. Más bien, por un lado muestra la magnitud con que ha sido usado, y por el otro, sencillamente a medida que más nos alejamos hacia el pasado, menos cantidad de muestras antiguas tenemos. Seguramente existen ocultos bajo metros de sedimentos muchísimos restos fósiles humanos que esperan ser encontrados algún día.

      Tampoco es bienintencionada la declaración de que el C14 solamente es útil si se puede calibrar con 'materias históricas’. Tal como lo demuestra el ejemplo del fechamiento del duramen de la sequoya, existen otras maneras de realizar comparaciones. El C14 posee su propia fiabilidad para indicar si una muestra fósil es o no es muy antigua y no necesita de ‘apoyos históricos’ para demostrarse útil. Ese argumento no es otra cosa que un recurso manipulador, porque saben que no existen registros escritos (eso es 'materias históricas) que superen los 4.000 años. Lo cierto es que para ser más preciso, se recurren a curvas de calibración desarrolladas a partir de materiales históricos u objetos de edades conocidas, para tener en cuenta las posibles fluctuaciones del nivel de C14 en la atmósfera durante el pasado que pudieron afectar las muestras, tal como ocurrión en un comienzo con las comparaciones efectuadas con el conteo de los anillos. En la actualidad la curva de ajuste en el rango del C14 llega a los 40.000 años, aunque llegando al extremo del rango la impresición se incrementa. Pero la mayor o menor precisión no descalifica de por si una gran antigüedad de una muestra. Lo que estamos discutiendo no es precisamente cuántos años exactamente tiene de antigüedad un fósil, sino, si es no es realmente más antiguo que la edad de 6.000 años considerada según la Biblia como el inicio de la existencia de seres humanos. Sería completamente de estúpidos insistir en la descalificación completa de los fechamientos, aparentando desear se brinden indicando el día, el mes y el año de la muestra... ¡Es un absurdo!

Para nuestro caso el radiocarbono es realmente útil para establecer si cualquier muestra pertenece al período histórico o es más antigua que eso. Los procesos de sustitución orgánica de los fósiles por minerales duros como la sílice llevan varias decenas de miles de años. Cuando restos óseos o vegetales no contienen restos orgánicos es porque se han sustituido. Pero si éstos todavía están presentes y sus niveles de radiocarbono son indetectables o muy bajos, las muestras nos dicen que son muy antiguas, por lo general de decenas de miles de años. Según veo tendrán que buscarse otros argumentos más convincentes. Les sugeriría insistir en lo mencionado en el artículo de la revista CIENCIA del 10 de Mayo de 1986.

A los T.J.no les importa si las fechas obtenidas sean de 7.000, 10.000. 20.000, 40.000, 70.000, 100.000, 400.000, u 800.000 mil años para restos humanos ni mayores que eso para restos animales, porque para ellos todas están equivocadas, porque de otro modo la Biblia sería la equivocada y "Dios no puede mentir" (1 Juan 4:8), razón por la cual nunca estarán dispuestos a aceptarlas a menos que tuvieran que aceptar que 'Dios miente'. Lo malo de sus argumentos es que carecen de fundamento, chocando uno tras otro con las evidencias. No es posible que rechazen cualquier datación de humanos prehistóricos más allá de los 6.000 años sobre la base de argumentos que alegan errores insalvables o fallas que no existen cuando todas las evidencias muesran con claridad ante una mente imparcial y objetiva, más que la exactitud de la fecha, la gran antigüedad de la misma, muy superior al escaso límite impuesto por la Biblia. Si se debe a posibles errores humanos según el punto de vista con que las enfrentan, entonces no necesitan de argumentos humanos para defender los relatos bíblicos cuestionados. ¡Sean francos y de una sola palabra, señores! Y si discuten, ¿háganlo con calidad no con charlatanería! En vez de darse cuenta que la discusión no gira alrededor de la precisión de las dataciones sino en la enorme antiguedad de las cientos de evidencias descubiertas sobre la prehistoria humana que superan, aún con todos los errores que supuestamente les endilgan, el rango fijado por "la palabra de Dios", respondan a ello y no a asuntos triviales o de importancia relativa que no hacen al caso. Ni que hablar de las antigüedades de la vida animal y vegetal. Seguir discutiendo tantas evidencias a esta altura del progreso humano con argumentos vencidos y ocultamientos deliberados es no solo una torpeza intelectual que los crédulos no pueden detectar sino un desprecio hacia la verdad y una hipocresía religiosa. Claro, ellos insisten cuando no pueden seguir manteniendo su credibilidad, que todas las evidencias en contra de la Biblia son obras y engaños llevados a cabo por el diablo para calumniar a Dios. Pero, ¡porque no lo admiten de entrada! No perciben lo falso de semejante postura cuando es presentada como último recurso. Aún si fuera cierto, sería ridículo, pues colocaría a Dios como un ser débil que permite cualquier manipulación productora de engaños sobre la base de una fe victoriosa que necesita apoyarse en la ignorancia y la credulidad y no en el raciocinio saludable. Si eso es "amor de Dios", entonces la "verdad" es una farsa.

Otros métodos no descriptos por la organización religiosa

Métodos con torio 230

Los métodos basados en la proporción de torio se utilizan en dataciones de sedimentos oceánicos demasiado antiguos para poder utilizar las técnicas con radiocarbono. Con el tiempo, el uranio del agua del mar decae en el isótopo torio 230 (también llamado ionio) que se precipita en los sedimentos del fondo oceánico. Puesto que se ha desintegrado durante más tiempo, los científicos detectan una disminución de la concentración en niveles superiores, se puede desarrollar una escala temporal.

El torio 230, que forma parte de la serie de desintegración del uranio 238, tiene una vida media de 80.000 años. La del protactinio 231, derivado del uranio 235, es de 34.300 años. Ambos elementos precipitan con las mismas proporciones pero a velocidades diferentes. Su relación varía con el tiempo, mostrando diferencias mayores en los sedimentos más antiguos.

El método de datación del ionio-torio, aplicado a muestras del fondo marino formadas en los últimos 300.000 años, se basa en el supuesto de que el contenido inicial de ionio en los sedimentos acumulados ha permanecido constante en toda la sección estudiada y que no deriva de la desintegración de uranio. La antigüedad de la muestra depende del exceso de ionio, ya que éste decrece con el tiempo.

En el método del déficit de ionio, el cálculo de la edad de un fósil de concha o coral, entre 10.000 y 250.000 años, se basa en el aumento de ionio hacia un equilibrio con el uranio 238 y 224, que entran en el carbonato poco después de su formación o entierro. Se pueden usar relaciones de desequilibrio similares para evaluar edades de carbonatos en tierra; esta técnica es un complemento de la metodología del carbono 14.

Métodos con plomo

La edad plomo-alfa se estima determinando, con técnicas espectrográficas, el contenido total de plomo y de radiactividad alfa (derivada de la transición uranio-torio) en concentrados de circón, monacita o xenotima. El método plomo-alfa, o de Larsen, se aplica en rocas posteriores al precámbrico. En la técnica del uranio-plomo, la antigüedad de un material geológico se calcula basándose en la velocidad conocida de la transformación radiactiva de uranio 238 en plomo 206 y de uranio 235 en plomo 207. Emparejándolo con el ritmo de desintegración de torio 232 en plomo 208, se pueden obtener tres medidas independientes de la edad de una misma muestra. La razón entre las concentraciones calculadas de plomo 206 y 207 se convierte en una edad llamada plomo-plomo. Este método se aplica mejor en materiales precámbricos. Además, se puede calcular una edad uranio-uranio, derivada de la proporción entre uranio 235 y 238, calculada como un subproducto de la técnica de datación del uranio-torio-plomo.[2]

POR TRAZAS DE FISION

         Existe un mineral común llamado circón, que se forman en el magma atrapando en su interior una pequeña cantidad de átomos de uranio, que al ser inestables, con el tiempo, después de aflorar a la superficie y transformarse en cristal, emiten partículas que dejan trazas diminutas dentro del mismo. Cuanto más tiempo haya permanecido el cristal de circón desde su formación, mayor será la cantidad de trazas visibles en el interior. Contando las trazas se puede calcular el tiempo transcurrido. De todos modos este sistema no es muy preciso para períodos geológicos cercanos, pero tiene la ventaja de ser muy seguro pasando los 100 millones de años. 

 

 

 

 

 

 

                    Los cristales de circón son excelentes indicadores de tiempos prehistóricos en miles de millones de años.

Esta técnica, también conocida como método de la trazas de fisión espontánea, se sirve de los rastros de las trayectorias de partículas nucleares en un mineral por la fisión espontánea de impurezas de uranio 238. La edad se calcula determinando la razón entre las densidades de trazas   de fisión espontánea y las de fisión inducida. Este método proporciona los mejores resultados en micas, tectitas y meteoritos. Se ha  usado para asistir en dataciones de 4.000 a 1 millón  de años, intervalo no cubierto por las técnicas del carbono 14 y del potasio-argón.  Sin embargo, las rocas sometidas a altas temperaturas o a bombardeo de rayos cósmicos pueden producir fechas erróneas.[3]  

 

Los estratos sedimentarios que contienen circones no son apropiados para datar el mismo, pero los producidos por las erupciones volcánicas, como las cenizas depositadas que cubran ciertos depósitos en los cuales se hallen fósiles de ínterés para conocer su antiguedad, resultan muy apropiados para obtener una idea aproximada de la antiguedad de los mismos. La seguridad de tales dataciones debe confirmarse mediante estudios geológicos del terreno que permitan establecer si los estratos involucrados poseen una secuencia comprobable de deposición.

Avances recientes

Existen nuevas técnicas utilizadas para datar depósitos de rocas determinando concentraciones de isótopos de renio y osmio.[4]

 

Métodos que miden la exposición a la radiación

Además de los métodos que miden la desintegración, existen otros métodos, que miden los efectos de la exposición a la misma de ciertos minerales o composiciones. Se trata de aparatos que pueden medir de alguna manera los resultados de una muestra en función del tiempo que ha permanecido expuesta a la radiación, o bien, oculta de una determinada fuente de ella. Para ello, el material debe cumplir con el requisito de haberse formado o ubicado en cierto lugar en la época a la cual se desea datar.

Un método es el de luminiscencia ópticamente estimulada (LOE). Se basa en una inestabilidad de los electrones que caen cada tanto en una trampa originada por defectos en la estructura cristalina del cuarzo. Mientras las partículas o el mineral de cuarzo no sea expuesto a la luz del sol, dichos electrones se pueden ir acumulando según el tiempo que permanezcan ocultos de la misma en ese hueco cristalino. Conociendo el ritmo y la cantidad de electrones a través de una medición, se puede calcular el tiempo desde que el cuarzo estuvo expuesto a la luz del día. Este método sirve para fechar estratos desde el presente hasta unos 500.000 años. Mediante este método se pudo fechar el sedimento de cuarzo que contenía los últimos restos hallados de Genyornis newtoni, una enorme ave extinta no voladora australiana de 200 kilogramos de peso. Se deseaba sabe cuándo se extinguió. El resultado dictaminó que se extinguieron hace 60.000 años. Dicho resultado se cotejó con otro método conocido, pero más perfeccionado, el de racemización. Mediante un examen de las proteínas conservadas en el interior de los cascarones de los huevos de dichas aves, tomando en consideración las variables de los cambios climáticos habidos en Australia durante los últimos 100 mil años, la fecha resultante también arrojó 60.000 años. Otro método que abarca un rango igual es el de la termoluminiscencia, aplicado tanto a minerales como al vidrio natural. Suele aplicarse a cerámicas. Cuando éstas son cocidas, el reloj vuelve a cero.

Otro método avanzado es el de resonancia orbital de los electrones (ROE). La tierra está sumergida en una radiación de bajo nivel de uranio, torio y potasio. Cuando la radiación golpea los átomos de un material cristalino como el esmalte dental, desplaza electrones que se pueden contar mediante el método señalado. Cuanto más electrones desplazados posee un objeto tanto más antiguo es. Es aplicable también a minerales, concha y coral. En la cueva de Qafzeh, Israel, se hallaron un cráneo junto con otros fósiles, como un diente de caballo y pedernal quemado. Se sospechaba que eran muy antiguos. Mediante este método se fecharon  los dos primeros. Arrojaron, el cráneo y el diente de caballo, la increíble edad de 100.000 años. El pedernal quemado fue datado mediante el método de termoluminiscencia. Consiste en recalentar el material para medir luego la cantidad de luz que emite. La fecha obtenida coincidió con el ROE: 100.000 años. El rango del ROE va desde los mil años a 1 millón de años.

Finalmente, otro método de la serie es el denominado huellas de fisión (HF). Es aplicable a minerales y vidrio natural, y posee un rango que va de los 500 mil años a mil millones de años.

 

Lista de métodos

Una serie descrita en un página web describe los siguientes métodos: metodosdatacion.htm

Veamos con más detalle algunas de ellas.

DATACION RELATIVA

Además de los distintos ‘relojes’ mencionados utilizados para realizar mediciones más o menos absolutas, existe otro método de fechar de índole relativa. Este sistema, el más antiguo, se basa en varias teorías geológicas aplicadas a los estratos sedimentarios. Para el mundo judeocristiano la edad de la vida en la tierra no tenía más de 6.000 años, a los sumo 10.000 años. Pero desde finales del siglo XVIII los geólogos de entonces comenzaron a socavar la idea de una tierra joven y de la vida en ella cuando descubrieron que las rocas del planeta están organizadas en un sistema de capas. Del trabajo de los primeros geólogos como William Smith, James Hutton y Charles Lyell, se llegó a la conclución de que las rocas se acumulan en estratos o capas, donde los inferiores se suponen más antiguos que los superiores y que este proceso se produce siempre con la misma lentitud (de acuerdo al principio de uniformitarismo de Lyell). La constante pulverización de las montañas y la suave lluvia de sedimento en el fondo de los ríos, lagos y océanos ocurren lentamente comparado con la corta vida humana, y para que realmente mediante esas fuerzas se hubiesen creado los paisajes que vemos hoy, la tierra y la vida fósil atrapada entre sus capas tendría que tener millones de años de existencia. De allí aparece la clásica columna estratigráfica como la mostrada a la derecha, donde se asocian los distintos sedimentos con sus fósiles respectivos. 

Ultimamente la geología se ha convertido en una ciencia que ha avanzado mucho en el campo del conocimiento. Hoy día se conocen con más precisión muchas cosas que en el pasado se intuían o simplemente se desconocían. Entre los conocimientos geológicos se sabe que continuamente, aún las rocas mas duras, se desintegran y, existe un continuo movimiento de las partículas que forman el suelo de la tierra. El agua, la nieve, el hielo y el viento muelen las rocas y las arrastran formando depósitos. A su vez, las cenizas volcánicas se depositan formando mas estratos. Las lavas volcánicas proveen rocas nuevas para continuar este proceso mientras en las subducciones continentales el magma refunde el lecho marino junto con los sedimentos depositados. Las masas continetales se mueven viajando por el globo terráqueo y los lechos oceánicos se reconstruyen nuevamente.

  Todo este proceso es casi imperceptible al ojo humano,

  porque los cambios notorios ocurren después de miles y

  millones de años. Y así es como durante el transcurso

  del tiempo se han acumulado diferentes capas de estratos

  provenientes de distintas  fuentes. Ocasionalmente restos

  de vidas del pasado quedaron atrapadas cuando se

  depositaban ciertas capas, transformándose con el paso 

  del tiempo en fósiles. 

  Muchos de estos fósiles se hallan actualmente a ras del 

  suelo debido a la erosión constante que sufre el terreno,

  pero forman parte indiscutible de la capas sedimentarias.

  En altas montañas o e excavaciones mineras aparecen

  restos fósiles  revelando la vida existente hace millones de

  años cuando la capa original no era  más que fino polvo

  que se depositaba en el fondo de algún río, lago, océano o

  dunas de arena. Después de situar en un mapa todas las

  unidades litoestratigráficas conocidas en el mundo, se

  elaboró un esquema teórico continuo llamado columna

  estratigráfica.  A partir de ésta, se establecen con relativa

  facilidad la antigüedad de una unidad  litoestratigráfica

  determinada respecto a otras. La creación de esta

  columna  geológica conforma la base de la geología            

  (Haga doble clic para aumentar imagen)     moderna, y es aquella que aporta los diferentes nombres geológicos conocidos, como ‘cámbrico’, ‘carbonífero’, ‘jurásico’,  etc.. La creación de esta estructura intelectual se encuentra hoy día muy  bien establecida en la teoría de la geología moderna, aunque en realidad existen todavía muchas imprecisiones. Para un lego presupone pensar que la columna estratigráfica es una superposición de distintas capas de depósitos rocosos de distintos orígenes de uniformidad universal sobre la tierra, de las cuales las que están más abajo son siempre las más antiguas. Sin embargo esto no es siempre así, y la aplicación de nombres tales como el decir ‘esta roca es del devónico’, ‘esta es del  jurásico, etc., se origina primariamente en función de las teorías geológicas establecidas en combinación con las paleontológicas aceptadas en la actualidad. Cuando se proceden a fechar los estratos geológicos, son requeridas algunas rocas testigos de origen volcánico, pero cuando no las hay en el lugar donde aparecen los estratos sedimentarios que se desean determinar, las dataciones suelen establecerse sobre la base de los fósiles encontrados, tales como restos vegetales, partes de algunas especies bien conocidas o fósiles pequeños, llegando muchas veces a adaptar o descartar en otras circunstancias dataciones absolutas si éstas no coinciden con las teorías paleontológicas establecidas, o bien, si no se encuentran fósiles conocidos, las dataciones pueden provenir de otros estratos superiores, inferiores o cercanos a la zona. Resultados exitosos permiten aventurar hasta cierto grado en el fechamiento indirecto o relativo, porque hasta el momento no se han encontrado, por ejemplo, primates en sedimentos del jurásico ni trilobites en sedimentos del cretácico. Alrededor del mundo se han establecido con gran precisión fechas radiactivas y por otros métodos de alta fiabilidad la edad de muchos restos sedimentarios conocidos y en consecuencia la edad de los fósiles en ellos encontrados. Dicha relación armoniosa ha permitido fundamentar las primitivas deducciones relativas de las edades de las distintas formas de vida, razón por la cual sus nombres siguen vigentes en la actualidad. De ese conjunto surge la teoría de la evolución de la vida en la tierra, tal como se puede apreciar en la imagen de la izquierda arriba. En ella se puede apreciar un proceso continuado de la aparición de las distintas formas de vida, desde las más simples al principio hasta las más complejas al final, ligadas con las estructuras geológicas de la columna estratigráfica en sus edades respectivas. 

 

(Para más datos dirigirse a TIEMPO GEOLÓGICO Y VIDA )

 

Conclusión

Además de la estratología, la geología posee varios conocimientos suficientemente cimentados y comprobados, tales como la tectónica de placas, un mayor entendimiento de la actividad volcánica, la formación de suelos marinos, la aparición y movimiento de los suelos, la formación de las montañas, la deriva continental, así como de la velocidad de cada uno de estos fenómenos, que posibilitan calcular de manera aproximada diferentes espacios de tiempo, los cuales asociados a la paleontología permiten armar un cuadro suficientemente amplio y cada vez más lógico sobre el pasado de la tierra. (Ver: La corteza terrestre) Cuando estos conceptos se suman a los sistemas de fechado, y concuerdan con las teorías o conocimientos previos, la probabilidad se hace cada vez más razonable, aunque la certeza absoluta de todas las cosas del pasado jamás resulte  conocida. Calendario cósmico.  No obstante, todo lo que hoy sabemos es sin duda un enorme avance en el campo del intelecto y conocimiento humano. Todavía permanece escondido en la naturaleza que lo rodea mucha información reveladora que paulatinamente nos seguirá proporcionado un cuadro máa amplio y colorido. La "verdad" que busca el ser humano se halla en la naturaleza, el mundo físico a su alrededor, y ella, si sabemos leerla, jamás miente. Es inmutable, perfecta, absoluta. 

 

                                                                                    Abr2000


[1]"Carbono", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[2]"Datación", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[3]"Datación con carbono 14", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[4]"Cronología", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

[5]"Cronología", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.